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Vegeta es más pechofrio que Goku



Los fracasos de Vegeta



Pocos personajes tan admirados y a la vez tan infortunados como Vegeta. Su éxito siempre fue indirectamente proporcional a su popularidad entre los fans, y esto encuentra explicación en la perversa mente de Toriyama, que en entrevistas ha confesado ir casi siempre contra los deseos que los seguidores de la serie le expresaban por correspondencia. Si los fans querían un Vegeta ganador, Tori no sólo les regalaba uno perdedor sino que de yapa (?) lo hacía morir. Y fue así la vida de este tipo, de fracaso en fracaso… ¿Cuántos exactamente? ¿Cuatro? ¿Cinco? ¿Veinte? ¿Ciento dos? ¿Fracasos ad infinitum? (?) Vamos a contabilizarlos, como siempre, según mi rebuscado criterio acerca del concepto.

Para dar con las primeras frustraciones de Vegeta debemos remontarnos a sus difusos orígenes. De chico lo tenía TODO: Era el distinguido príncipe de una de las razas de guerreros más poderosas del Universo; el Emperador espacial, Freezer, lo había elegido como su protegido; por su condición de hijo del Rey Vegeta, era el heredero a la corona; cochecito que quería, cochecito que tenía (?). Como vemos, todo lo que un niño de cinco años puede desear. Y de repente, su castillo de naipes se derrumba ante su perpleja mirada. Su planeta entero cae bajo las garras del mismo Freezer que, cagándose en la diplomacia (?), lo convierte en polvo cósmico, dejando a Vegetita con el eterno título de “Principito” (?) de la nada.



Con ese estigma a cuesta, Vegeta desarrolla el resto de su infancia y adolescencia al servicio del verdugo de sus coterráneos, mientras va germinando un enorme resentimiento hacia todo el mundo.

Con el frustrado deseo de convertirse en Rey (nunca lo manifiesta, pero el hecho de que repita a todo momento su condición de Príncipe, hace pensar en que adentro, muy adentro (?), lo anhelaba), se dispone a alcanzar la inmortalidad, tras enterarse de la existencia de unas misteriosas esferas que pueden cumplir lo que sea.



Y así es como aterriza en el planeta Tierra, confiado en hacer de su visita un mero trámite de expropiación (?). Pero los fantasmas de las desilusiones de la infancia lo acosan. Cuando las cosas iban de mil maravillas, aparece un tipejo de cabello alborotado, un guerrero de “clase baja” que en teoría nada tiene que hacer frente a uno de “élite”, y estrella contra la pared al principito. Los sueños de Vegeta se diluyen ante su categórica y humillante derrota en manos de la férrea defensa terrestre, que sabiéndose inferior, le ha dado muestras de coraje al soberbio Saiyajin del espacio. Su muerte en manos de Krillin (!) es inminente y gracias a la piedad del bueno de Gokú consigue zafarse de la apremiante situación.

Y a volver a empezar. Una de las virtudes de Vegeta es la de nunca rendirse, su desmesurado orgullo no se lo permite, además de una pequeña cuota de obstinación. Quizás la clave de lo constantes de sus fracasos se deba a su incapacidad de reconocer la derrota (sí, ya sé, flor de pelotudez esto que digo, porque los personajes no tienen vida propia y el que decide sobre sus actos y sobre su suerte es el autor, pero bueh, quedaba lindo (?)). Se anoticia de que Freezer emprende viaje al planeta Namek, destino que él ya ha decidido durante su estadía en La Tierra. Con su rival muy adelantado, Vegeta comienza a diagramar planes para salirse con la suya.
Y no lo hace nada mal, nadie niega la inteligencia de este personaje. Engaña a sus enemigos, les hace frente en los momentos indicados, aprovecha sus distracciones, se alía por conveniencia y traiciona para quedarse con todo. Con ayuda de la fortuna, todo se cumple a la perfección. Ha conseguido las esferas, mantiene fuera de su alcance a sus adversarios, se encuentra a un sólo paso de la gloria.

¡Zas! Ooootra vez contra la pared. Inesperadamente es engañado por Gohan y Krillin, se esfuma la posibilidad de pedir su deseo al Dios Dragón y para hacerla completa, es acorralado por un cabreado Freezer, su más temido opositor. No le queda otra alternativa más que volver a aliarse con otros para sumar fuerzas. Se fastidia por rebajarse así, pero nada es tan grave como para desviarlo de sus objetivos. Siempre tiene un haz bajo la manga. Siempre está agazapado, listo para dar el zarpazo que lo aventaje. Y lo ha conseguido… finalmente es el elegido… ¡Es el Super Saiyajin de la leyenda! El único capaz de plantarle cara al tirano de Freezer. Después de todo, alguna vez tenían que salirle bien las cosas…

Pero no, nada de eso. Vegeta resulta no ser el Súper Saiyajin. Freezer lo apalea, lo hace arrastrarse, lo hace ¡llorar! Y cae, y llora, y suplica a Gokú, y muere, y es sepultado por éste, su rival. Otro fracaso, dos consecutivos. Y para colmo, Kakarotto, el de clase baja, consigue transformarse en el legendario Super Saiyajin, se carga a Freezer, es el héroe, una vez más. ¿Vegeta? Es revivido y sin acusar recibo, debe resignarse a entrenar silenciosamente con un único objetivo entre ceja y ceja: Superar a Gokú. Con su suerte, seguro puede lograrlo (?).



Una nueva etapa comienza. Se cierne otra amenaza sobre La Tierra, los androides del Dr Gero. ¡Ja! No son rivales para un Vegeta que ha conseguido alcanzar el nivel de Super Saiyajin y que, fortalecido, le da su merecido al Nro-19 y hace temblar al Nro-20 que huye despavorido al presenciar semejante despliegue de poder. Ha vuelto el Príncipe, con todo su honor. Es SU momento.

Sin embargo… el presente es distinto a ese desolado futuro de Trunks. No hay dos… hay tres, hay cuatro… Hay cinco androides en total. Y ya han pasado los más débiles. Nada que el renovado Vegeta no pueda arreglar. Mientras Gokú sufre en cama por una afección en el corazón, él se encarga de hacerle frente a los enemigos.

El principito se mide ante la Nro-18. Parece que el encuentro es parejo, pero es una parada difícil y por regla (?), Vegeta debe perder. Y así lo hace, sufriéndolo por partida doble por ser ante una mujer y la sociedad japonesa es muy machista (?). Al menos ahora sabe que no puede hacerles ni un rasguño a los cyborgs que amenazan la vida de Gokú, y en un breve retiro (?) se las toma a entrenar dentro de la Sala del Tiempo. Lo hace junto a su hijo del futuro, Trunks.



Y vaya que es fructífero el entrenamiento. Vegeta se potencia y, consciente de la dimensión de sus nuevos poderes, ni siquiera le es necesario usarlos completamente. Con ello le basta para darle una verdadera paliza a un Cell que sobre la tierra no tenía rival que pudiera vencerle. Paren… ¿Vegeta finalmente eliminando al principal villano de una saga? Na, es joda, no puede ser… Y sí, flaco, es joda (?). Pecando de arrogante, le permite al Bio androide absorber a la Nro-18 y con ello lograr la perfección. Cell le agradece este gesto a Vegeta de una manera encantadora: Le da por culo (?).

Ay… Vegetal (?). El Príncipe de los Saiyajins vuelve a un segundo plano y como espectador de los Cell Games se liga una buena tunda por parte de los tiernos Cell Juniors. Cabe mencionar que, aún así, concreta un EXTRAORDINARIO (?) papel en la eliminación definitiva del bio androide, asistiendo a Gohan con rayos de energía calórica (?) que impacta contra el cuerpo de Cell, estorbándolo (?) mientras éste mantiene un durísimo duelo de Kame Hame Ha’s frente al hijo de Gokú. No hay duda de que su aporte fue decisivo (?) para acabar con la amenaza.



Igual, hay que decir que contra a Cell les cabió a todos porque el mundo entero sabe que su vencedor fue el gran Mr Satán. Saaaaaa…tán, Saaaaa… tán (?).

Sobre el final de la serie, más frustraciones le depararían a este carismático personaje. Cuando al fin parece haberse puesto a la altura de su acérrimo rival, Gokú, ambos pelean y éste lo boludea (?) al no develarle todos sus poderes y, sobre todo, su transformación de Super Saiyajin 3. Pero Vegeta no se resigna. Creyendo haber peleado contra un Gokú en su máximo nivel, arremete contra Majin Boo, quien acaba de despertar, y como última alternativa para aniquilarlo se autodestruye junto al monstruo… para enterarse, ya en el Otro Mundo, que el gordinflón ha podido salvarse regenerando su cuerpo sin ningún problema.

En la agonía de la saga, una vez desarticulado el intento de ganar por la vía Pothara (?), Vegeta actúa por última vez como partenaire de otra gran victoria de Gokú y sus amigos (todo el mundo (?)), siendo inobjetablemente abatido por Boo perdo dejando una imagen de heroísmo y persistencia, dignas de un campeón si no estuviésemos hablando de Vegeta (?).



En fin, el derrotero de Vegeta arroja un positivísimo saldo de cero objetivos cumplidos sobre un montón (?). No se convirtió en Rey, no alcanzó la inmortalidad, no mató a Freezer, tampoco a Cell y menos a Boo (todos objetivos que él se trazó). Debió conformarse con ser el segundo Saiyajin (de su tiempo) en lograr el estado de Super Saiyajin y el tercero en llegar al segundo. Siendo que sus pretensiones siempre fueron altas, podemos decir que su vida como guerrero fue de fracaso en fracaso, teniendo como consuelo el haber sido verdugo de un millón doscientos mil peleadores de segunda línea como Kiwi, Dodoria, Zaabon, Gurdo, Jeice, Pui Pui, Nro-19 y, dándoles sólo el golpe de gracia, Nappa, Recoome y Butter. Bien (?).

Lo que es inobjetable es su arrollador éxito en la vida amorosa, donde su premio (?) fue nada más y nada menos que la codiciada Bulma, aunque, claro, como competidor tuvo a otro que de perdedor ha hecho carrera (?), el simpático Yamcha.



Un personaje con todas las cualidades para triunfar. De muchísimo carácter, inteligencia y sobrada habilidad para pelear (quizás el más hábil de todos). Con un amor propio del que ningún otro dentro de Dragon Ball puede jactarse, y un orgullo propio de cualquier miembro de la realeza. Merecía sin dudas su minuto de gloria en la serie (algo más que sus demostraciones de hombría y madurez durante la saga de Boo), pero al parecer fue la antipatía de Tori para con él la que primó a la hora de situarlo eternamente a la sombra de Gokú.

¿Y a usted qué le parece? ¿Puede definirse a Vegeta como un completo fracasado o todas sus virtudes combinadas alcanzan para aplacar esa indiscutible condición?


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