Check the new version here

Popular channels

Vendetta

Por Mª José (Todos los derechos reservados por la autora
)



Como cada noche, me despierto empapado en sudor, provocado por la misma pesadilla que atenaza mi alma. Ellos, los sicarios, vienen a matarme por una traición cometida hace mucho tiempo…

NAPOLES 1940
Mi padre, regentaba un pequeño negocio que junto con mi madre y hermanos nos hacía dejarnos el sudor y la vida, para pagar el tributo a la mafia napolitana que, mes tras mes, nos arruinaba más. Se acercaba el día del pago y mi padre, estaba angustiado, por no tener el dinero necesario que le exigían. Trabajaba de sol a sol y no teníamos dinero ni para comer. Cierta mañana me dirigía a clase y un presentimiento me hizo dar media vuelta y correr hacia mi casa.
Corrí todo lo que las fuerzas daban de sí y, al girar la esquina escuché el sonido de una ametralladora.
No pude hacer nada por ellos. En la puerta del local, me topé con dos matones protegidos por sendas gabardinas y, sobre sus cabezas, llevaban unos sombreros de ala ancha con lo cual apenas se distinguía el rostro.


Uno de ellos me empujó al salir y caí al suelo mientras me decía:
¡Aparta muchacho!
Sólo pude apreciar una larga cicatriz en la mejilla de uno de ellos y las iniciales de la matrícula en el coche con el cual huyeron a gran velocidad.
Entré en el local y la imagen que vi, jamás se me borrará de la retina. Las paredes estaban pintadas de sangre que caía deslizándose por las paredes como el agua de lluvia en un cristal. Los cuerpos de mi familia, o lo que quedaba de ellos, era una mezcla de vísceras, miembros amputados y restos de jirones de piel que colgaban como si fueran manteles sobre una mesa. Al acercarme un  poco más, mis pies notaron algo pegajoso, se trataba de un trozo de intestino envuelto en sangre.
Salí a gran velocidad de allí y vomité durante un largo rato. Lo que en un principio era dolor, se fue transformando en odio, ira y venganza. Me juré a mi mismo que sus muertes no quedarían impunes y durante tres días vagué por la ciudad sin probar apenas bocado hasta que al cruzar una calle vi el coche aparcado frente a un bar.
Me dirigí henchido de odio hacia allí, pero me paré y sopese la situación. Ellos estaban armados y yo era un chaval de catorce años, poco podía hacer. Durante un tiempo estuve trazando el plan de mi venganza y armado de valor pero tiritando por dentro ,entré al bar.


El matón de la cicatriz me puso la mano en el pecho y me preguntó:
-¿Dónde crees que vas? ¿Acaso crees que puedes entrar así como así?-dijo
-Busco trabajo-dije clavándole una mirada llena de odio.
-¿Qué sabes hacer?-me dijo él.
-Puedo hacer de chico de los recados-contesté levantando la barbilla.
Una sonora carcajada salió de la garganta del matón y alguien a su espalda preguntó:
-¿Qué ocurre Vittorio?
-Nada señor, este chico se cree que somos la caridad-dijo riendo entre dientes.
El jefe, debía ser, me hizo una seña para que me acercase y me dijo al oído:
-Mucho valor demuestras tener, sabiendo que de aquí no sales vivo si queremos-replicó.
Tragué saliva pensando que mi final estaba decidido pero él solo dijo:
-Está bien, comenzarás haciendo ciertos recados y, según te portes así te trataremos.


Habían tragado el anzuelo, por lo menos tuve suerte y no me liquidaron con sus enormes pistolas. Mi carrera fue ascendiendo vertiginosamente; al principio eran trabajos de poca importancia, llevar paquetes a cambio de dinero, quemar camiones con licor.
Pero a medida que fui creciendo me gané su confianza y pasé a ser su mano derecha.
Aunque era algo que odiaba, tuve que matar a demasiada gente, pero cuando reventaba sus cabezas pensaba en Vittorio y me sentía mejor, lo que menos me gustaba eran las torturas a las que sometíamos a los soplones.
Me encargaba de ponerles unos electrodos en los genitales y con sólo bajar una palanca la descarga era brutal. Reconozco que alguna vez se me fue la, mano y les quemaba vivos, pero en el fondo disfrutaba con ello. Lo que menos me apetecía era liquidar a los tipos dentro de un coche, su sangre mezclada con restos de cerebro, me salpicaba entero y era algo que me sacaba de quicio.
Cuando vi que era el momento, me puse en contacto con un federal que conocí en un arresto y le dije que si me protegía ,les diría todo lo que sabía de Don Mario y los negocios ilegales que tenía.
Llegado el día me encontraba allí para no levantar sospechas .De pronto un golpe echó la puerta abajo y una legión de policías federales inundó la sala. Cientos de disparos salieron de las armas de ambos bandos, me tiré al suelo y fingí que disparaba aunque estaba tan cubierto de sangre, que mi aspecto era irreconocible. Me arrastré como pude hacia Vittorio y asestándole una cuchillada en un ojo que se reventó al instante le dije:
-Esto por lo que hiciste con mi familia- dije con ira.


Nos llevaron a los que quedamos vivos a comisaría y una vez dentro, pasé a ser un testigo protegido. Les dije todo cuanto sabía sobre ellos y, a cambio, me proporcionaron un billete de ida a New Jersey con distinta identidad y un futuro de por vida…
De aquello intenté olvidarme, pero las pesadillas volvían cada vez con más intensidad.
Aquella noche no podía conciliar el sueño y me quedé leyendo hasta tarde. De madrugada oí un ruido rondando la habitación y me incorporé de golpe. Encendí la luz de la mesilla pero solo se movía la cortina de la ventana.
Al levantarme para cerrarla, una pesada mano cubrió mi boca y observé con horror que era ellos, los sicarios de mi sueño.
-¿Creías que iba a ser tan fácil?-dijo una voz que conocía de sobra.
Al volver la vista le vi, aunque bastante mayor, Ahí estaba Vittorio con su enorme cicatriz y un parche en un ojo. Quise gritar al ver cómo me colocaban un fuerte esparadrapo en la boca y uno de ellos arrancaba una sierra mecánica.
Acercándose con sigilo me dijo Vittorio:
-¡Procuren que quede irreconocible!
Lo único que pude hacer, fue cerrar los ojos mientras un dolor lacerante se instalaba en mi mano derecha……
0No comments yet
      GIF
      New