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Vidas al Pepe!!! Satiricon

Trascripto de la revista Satiricon N°19 - Junio de 1974.

"Si la nada es lo que nos espera después de la muerte, vivamos tratando de
hacer que esto sea una cosa injusta." Unamuno

Vivir es melancólico. Porque uno sabe, por ejemplo, que se va a morir. Vivir es
como una pelea que uno sabe que va a perder. Luchamos diariamente contra la
muerte y casi siempre la vencemos. Hasta que un día nos gana y no nos dá
revancha. Vivir es triste. Porque uno no sabe bien para qué vive, aunque le
mienta a sus amigos que vive para pintar, para cantar, para viajar, para seducir
señoritas. No, uno no vive para eso. Debe haber funciones universales que se nos
han asignado, pero no las conocemos. Y este desconocimiento nos provoca la
angustia en contra de la Gloria del Universo. Otra posibilidad todavía más cruel
es que tales funciones no existan. Y que el Universo sea una mescolanza de
casualidades sin ton ni son, entre las cuales, estaría nuestra vida mias. Triste
destino el del pobre cristiano. Trabaja, sufre, padece los rigores del calor, se
enferma, el día menos pensado se muerte. ¿Y todo para qué?


Desde chicos, nomás, el establishment procura ocultarnos la crueldad de nuestro
destino. Por todos los medios trata de convencernos de lo útil que resulta
estudiar inglés, labrar la tierra, seguir una carrera o hacer gimnasia.
Estas minucias sólo sirven en realidad para resolver problemas menores, cuales
son: el buen pasar, el prestigio y la salud. Pero no aclaran ni un poquito el
misterio capital, el sentido mismo de la vida. El establishment no responde a
nuesras curiosidades metafísicas por dos razones.
Uno, no le conviene revelar la inutilidad de cualquier esfuerzo humano, para
que la gilada no se le tire a chanta.
Dos, desconoce por completo el sentido del Universo.

Muchas veces, los autores de esta nota han sospechado que hay alguien que lo
sabe todo, pero que demasiado piadoso o demasiado perverso como para revelarlo.
En realidad, digámoslo de una vez, lo que el hombre quiere saber es si es
inmortal.
Si no lo es, querrá saber por lo menos por qué.
Y si lo es, querrá saber de qué manera ejercitará su inmortalidad.
Teorías hay muchas.
Está ese viejo cuento chino que dice que el hombre es eterno porque la
humanidad es eterna. En primer lugar, eterna un soto. Cualquier bomba
misedrable, cualquier dedo nervioso puede terminar con el género humnano en un
repeluz.
Y en segundo lugar, el perdurar en la raza será muy gratificante para la raza
pero no para uno. Esto uno puede percibirlo claramente cuando se muere algún ser
querido. La humanidad sigue en pie, per ouno sabe que no es lo mismo ("Sus ojos
se cerraron y el mundo sigue andando". Alfredo Le Pera). Es que cada individuo
es irreproducible, al menos para él mismo. Y algunos para todos: a la muerte de
San Martín no la arregla el nacimiento de un Mitre. A la de Gardel, la aparición
de un Néstor Fabián.
Otro tipo de inmortalidad bastante indeseable es la que se desprende de la
teoría de las Reencarnaciones. Ser inmortal en estas condiciones es más cruel
que morirse para siempre. Solamente el pensar que lo que uno más quiere en esta
vida no será siquiera un recuerdo en la próxima, nos produce un profundo encono
contra el individuo que seremos en el futuro. No nos vengan tampoco con la
historia de la inmortalidad por las obras. ¡Qué clase de inmortalidad es esa que
su mismo títular no alcanza a disfrutarla!...
De todas maneras, la alternativa que aparece como más viable ante el sentido
común es la de que todo termina con la muerte. Debemos desconfiar sin embargo,
de todo aquello que aparezca como probable ante el sentido común. Dice Sábato
que la verdad debe ser extraña. Y aconseja el filósofo de Santos Lugares
alejarse de las cosmovisiones verosímiles, anotando que el sentido común
auspició todas las teorías erróneas que en el mundo han sido: la planicidad de
la tierra, si inmovilidad, su carácter de centro del Universo.
Por otra parte, y esto lo decimos nosotros, el hombre sospecha su eternidad.
Parece hecho para ser eterno, aunque se rompa.
Cuando uno es chico cree que va a poder hacer todas las cosas, como si
presintiera que va a vivir siempre.
Los mayores nos anotician de nuestra fugacidad, y uno crece, eleige, desecha
destinos y contrae fatalmente la melancolía y la tristeza por los hombres que
uno no será.
El apetito de permanencia es una constante en la condición humana. Perich decía
que lo vergonzoso en este mundo es el poquísimo tiempo que uno está vivo,
comparado con lo mucho que uno va a estar muerto.
Y no sólo esto es terrible, porque además de que se vive poco se vive como la
parte de atrás.
Y a la condena de su brevedad, el hombre añade de la injusticia, el
desencuentro, la miseria, los amores imposibles y otros azotes.
A todo esto, usted se dirá, amigo lector: -¡Pero, vivir es al pepe!. Sí, le
respondemos nosotros. Y será inútil que usted nos venga con que es artista y se
cree más valioso que los recaudadores de impuestos. Será inútil que usted
esgrima el pretexto de que es rico y se crea más afortunado que los miserables.
Será inútil porque su destino no es mejor que el de nadie. Por l omenos a los
efectos de esta nota.
Pero no se nos entristezca, compañero, que alguna esperanza queda.
En lo esencial, el hombre sospecha que el pasado permanece en algún sitio y el
futuro ya existen en algún otro lugar.
Esto no es un elemento cultural.
Es un presentimiento.
También es un presentimiento -a veces- la existencia de Dios. Pero el ejercicio
de la razón nos impide casi siempre gozar de los beneficios de la fé.
Un personaje de Bioy Casres decía: "Sólo pido un pequeño milagro para tener
fé".
Es la misma postura de los escépticos de barrio que aseguran que nadie volvió
para contarlo.
Si somos inmortales, no los sabemos y esta ignorancia nos angustia.
A esta altura ya debemos estar pareciendo descreídos.
No es así.
Quisiéramos creer en la misericordia Divina. Y aún cuando el aspecto visible
del Universo denote una gran perversidad, seamos humildes y pensemos que nuestro
conocimiento de la realidad es ínfinito para sacar conclusiones.
Todo esto que se ha dicho hace más admirable al hombre.
El sabe que va a morir, pero vive.
El sabe que va a perder, pero juega.
El consuelo que nos queda es perder con dignidad. Jugar todo el tiempo como si
pudiéramos ganar. Y una vez pelados, levantarnos de la mesa sin una protesta,
tanto como para que al Destino, que nos trampeó, le remuerda la conciencia
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6Comments
      elpuma01

      En este párrafo, es inconfundible Dolina: Vivir es melancólico. Porque uno sabe, por ejemplo, que se va a morir. Vivir es
      como una pelea que uno sabe que va a perder. Luchamos diariamente contra la
      muerte y casi siempre la vencemos. Hasta que un día nos gana y no nos dá
      revancha. Vivir es triste. Porque uno no sabe bien para qué vive, aunque le
      mienta a sus amigos que vive para pintar, para cantar, para viajar, para seducir
      señoritas. No, uno no vive para eso. Debe haber funciones universales que se nos
      han asignado, pero no las conocemos. Y este desconocimiento nos provoca la
      angustia en contra de la Gloria del Universo. Otra posibilidad todavía más cruel
      es que tales funciones no existan. Y que el Universo sea una mescolanza de
      casualidades sin ton ni son, entre las cuales, estaría nuestra vida mias. Triste
      destino el del pobre cristiano. Trabaja, sufre, padece los rigores del calor, se
      enferma, el día menos pensado se muerte. ¿Y todo para qué?

      Ustedes qué piensan...? Saludos.

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      hernantaringa

      me sumo al pedido.. el que las consiga tiene mis 10 diarios por 1 mes..

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      kaesarii

      Gracias, che, por publicar este texto... Sabés dónde podrían conseguirse números de la revista Satiricón? +10

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      logicaldevil

      Los autores son Carlos Trillo y Alejandro Dolina, generalmente escribian juntos.

      0
      baco

      heeee.. es muy largo "!!!!!llegue a la mitad.,.. y me aburrio....

      0
      petete1973

      Está muy bueno !!!! ¿quien es el autor? ¿Dolina?

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