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¿Vivimos en una simulación?

¿Vivimos en una simulación?
¿Es real todo lo que conocemos nuestros recuerdos nuestra familia?
¿O es parte de algo mas grande, algo que escapa a nuestra comprensión?


Actualmente, sabemos que todas las cosas del mundo contienen una cantidad determinada de información. Esto lo incluye todo; desde átomos o partículas elementales (que registran pocos bytes), hasta el propio universo (que registra cantidades ingentes de bytes). Hoy las cosas se estudian a través del procesamiento de la información; la cantidad de datos que puede procesar una molécula, un cerebro, el universo…. Todo registra información, y podemos medir cuánta registra.
Toda la información, desde la que llevan las partículas hasta la que manejamos, comenzó a procesarse, a mutar y multiplicarse a partir del Big Bang. En realidad, el universo no hace más que computar datos desde sus comienzos. Todo lo que oímos, vemos, pensamos, etc, es información.



La distancia entre 2 puntos es en teoría infinitamente divisible. Y por lo sucedido hasta el momento, no sólo eso, sino también a la práctica (ya que siempre vamos encontrando componentes más pequeños).
De este modo, observamos una distancia infinita, como algo «aparentemente finito» (físico y delimitado). Pero, si no se encuentra nunca algo indivisible, eso significa que el soporte material mínimo e indispensable sobre el que se sustenta la materia que conocemos, «el ladrillo indivisible primordial», no existe (o, en todo caso, según la teoría de la simulación se estaría computando, actualizándose acorde a las herramientas de medición que se utilicen en cada momento).
Podríamos concluir que el soporte atómico del que estamos hechos es infinitamente divisible y teórico y, por tanto, lo que experimentamos es una especie de «aproximación virtual probabilística aparente» (aunque resulte ser extremadamente convincente).
Pero lo cierto es que, con toda seguridad, nuestros sentidos nos engañan. Después de todo, no olvidemos que andamos literalmente entre nubes de electrones (y que el espacio entre átomos es equivalente al espacio que hay entre estrellas).

Según un equipo de físicos de la Universidad de Washington, entre los que se encuentra Martin Savage, una simulación informática humana podría llegar a aclarar si el cosmos es una realidad artificial.
Los científicos esperan que, con el paso del tiempo y a medida que aumente la potencia de los ordenadores, se puedan realizar simulaciones más potentes y a mayores escalas. ¿Podría comprobarse entonces la veracidad o la falsedad de la teoría de que vivimos en una simulación?
Según Martin Savage: «Si el universo fuera realmente una simulación llevada a cabo con recursos finitos, eso dejaría una huella en el comportamiento de los rayos cósmicos de muy alta energía. Las desviaciones anticipadas por la relatividad podrían ser más apreciables a ese nivel energético. El hecho de no encontrar variaciones de este tipo sugeriría que no nos encontramos en una simulación o que, para detectarla, sería necesaria una mayor precisión en nuestras mediciones, por el tamaño minúsculo del entramado espacial».
Y añade: «Si consigues hacer una simulación lo suficientemente grande, de ella emergería algo muy parecido a nuestro Universo».
Según el científico, deberíamos buscar en el universo en que vivimos una «firma» análoga a la que nosotros mismos estamos utilizando en nuestras simulaciones a pequeña escala.

Los investigadores sugieren que, si nuestro universo fuera una simulación, entonces podría haber otras simulaciones ejecutándose al mismo tiempo, que serían universos paralelos al nuestro y darían forma a la idea de multiverso.
En cuyo caso, ¿podríamos comunicarnos con otros Universos, si todos ellos se están ejecutando sobre la misma plataforma? La interesante película de ciencia ficción “Nivel 13” profundiza en estos supuestos.

Parecería que estamos tomando automáticamente como referencia estructural la escala atómica (ya que incorporamos componentes atómicos que nos definen y condicionan), en base a la proyección ejercida por el universo que nos contiene (gracias a programaciones funcionales y leyes axiomatizadas que no estamos en disposición de cuestionar; las leyes universales). Y, con ello, es evidente que estamos desechando datos. Todo lo más pequeño que un átomo es un sustrato teórico intangible, y todo lo más grande que un universo es de una condición que se desconoce. Esta «situación» es muy conveniente, ya que nos permite disfrutar de esta sensación de «anclaje» sobre un sustrato que parece ser en el fondo, completamente virtual, teórico y aparente.
Y así, una célula es como un universo desde el punto de vista de un electrón, y un electrón vive también una compleja realidad desde el punto de vista de estructuras sub-cuánticas que ni siquiera tomamos en consideración y que desconocemos, pero que son susceptibles de teorización y experimentación futura. Y un componente teórico deja de serlo cuando hay herramientas capaces de descodificar esos datos (pasando a formar parte de la base de datos conocida, e implementándose estructuralmente en la simulación).



Desde el punto de vista de la programación de software, nuestro universo podría haber sido creado hace cinco minutos con la exacta configuración que tenía en ese momento (incluyendo todas nuestras memorias, y el estado de toda la materia y energía del universo), y no podríamos saberlo.
Pero tampoco hay que desesperarse por la naturaleza de nuestra realidad. Después de todo, ¿qué diferencia habría entre un universo real y otro universo copia? ¿Qué diferencia habría entre materia e información? ¿No sería lo mismo tener una unidad mínima de materia en cierta posición, que tener «algo» que se comportase como si fuera una unidad mínima de materia, en la misma posición?

Que las «leyes universales» de funcionamiento de nuestro universo son en realidad «programas» a los que irremisiblemente se ajusta la simulación, no podríamos conocerlo dada nuestra encasillada condición.
Un paquete de información primordial (Big Bang) no necesariamente contendría toda la evolución y sucesos posibles y probables de este universo de forma predeterminada y laboriosamente calculada, sino que determinados programas que etiquetamos como «leyes incomprensibles bajo las que estamos sometidos y que no se discuten», dictaminarían el devenir procesal evolutivo de la simulación.

Aunque la mayoría atribuya a la intencionalidad de Dios dicha simulación (o realidad para quien sea escéptico en este sentido), también cabe otra posibilidad; Nuestra realidad podría no ser necesariamente una representación inteligente y concienzudamente diseñada por alguien bajo algún propósito brillante, sino discurrir gracias a un causal paquete de información que contenía los suficientes datos estructurales como para desarrollar un universo más o menos funcional (gracias a subrutinas provenientes de procesos absolutamente desconocidos).
Y el «agente activo detonador» (por llamarlo de algún modo), no tendría por qué ser consciente de las implicaciones a todos los niveles posibles que conllevan sus actividades.
Podríamos ser simplemente un «desecho» procesal de otros desarrollos que no comprendemos. Un mero residuo aparentemente muy complejo, pero… ¿En base a qué comparación? (si no conocemos otra cosa, ni tenemos constancia alguna de alternativa posible a lo que vivimos).
Como afirman muchos, nuestra existencia podría deberse a un propósito magníficamente diseñado y que conforma una realidad tan perfecta, que no cabe otra posibilidad que rendirse a una omnipresente divinidad creadora. O podría deberse a meros procesos causales fundamentados por actividades mucho más complejas en otros planos que nos trascienden (y objetivamente, y visto en mayor perspectiva, nuestra existencia pudiera hasta no ser tan perfecta como nos parece a simple vista; y ni siquiera intencionada). Ciertamente, nada puede hoy demostrarse en ambos sentidos, y es algo que por el momento es motivo de intenso debate en la actualidad.

Les dejo un video del usuario de youtube Espelufrío...


link: https://www.youtube.com/watch?v=N2m9LSVeDZQ
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