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Cómo festejamos el Centenario de la Independencia

Nunca hubo festejo real de nuestro Primer Centenario. Sí el pueblo paraguayo siguió como pudo las efemérides de 1911. Ojalá en el 2011 sea diferente.


Cuando los acontecimientos histórico-políticos que han ocurrido en un país son de importancia, debemos recordarlos. En primera instancia, analizando con objetividad lo positivo o negativo que nos haya dejado el hecho y su repercusión en el presente, pero ignorarlos u olvidarlos nunca. Son la fuente nutricia de una nación, constituyen la base de nuestras definiciones socio-políticas, parte de la memoria colectiva y de nuestra identidad cultural.

En el caso que nos ocupa, el Centenario o Primer Centenario que tuvo el país, como Estado independiente, es un caso ya estudiado; pero, por haberlo hecho ya, no se ha agotado.


Entrando en el Centenario de 1911



Para ese entonces el Paraguay poseía unos 700.000 habitantes y la Capital orillaba unos 70.000. Aparte de ella, solo Concepción, Pilar, Villarrica y Encarnación son centros de alguna importancia. El año anterior, 1910, tanto México, el México de Porfirio Díaz, y Argentina, con sus 5.000.000 de habitantes, se habían vuelto una potencia económica y también militar. Buenos Aires, con 1.000.000 de habitantes, era una de las grandes ur-bes del mundo. Las dos van a festejar su Primer Centenario de vida patria y lo hacen a lo grande. Buenos Aires, destacadamente, se permite mostrar esculturas, aveni-das, teatros, y hasta la presencia de la Infanta de Borbón, hermana del extinto Rey de España Alfonso XII. Único reconocimiento con presencia de realeza que tuvo república alguna de América.

Algo debía hacer el Paraguay para festejar lo suyo, pero el tiempo político y el econó-mico eran antagónicos a estos deseos. La revolución de 1908, la de 1909 y otras seme-jantes, enervaban el comercio y los fondos para una obra semejante. Tanta dificultad de nuestro momento nacional, que de esa época surge un dicho atribuido a un comerciante argentino --vendedor de ventiladores--, quien decía a sus compradores que sus venti-ladores eran mejores, puesto que tenían "más revoluciones" que las que había en el Paraguay.

Por lo expuesto, era inejecutable hacer cualquier preparativo de fiesta de abolengo, por lo que se halló la salida --decreto mediante del Ejecutivo--: que el Centenario de la Vida Independiente se haría en 1913, fecha en que, 100 años antes, por Congreso de la Nación, se declaró formalmente la Independencia Nacional.

Pero pocos pensaron en la efeméride. Los liberales estaban muy divididos entre Cívicos, Jaristas y Radicales; y los colorados no se habían repuesto de su caída de 1904. Otros grupos significativos no había, ya que los socialistas y anarquistas eran casi inexistentes.




1908 a 1912 se suceden en el gobierno el general y Dr. Benigno Ferreira, Emiliano González Navero, Manuel Gondra, Albino Jara, Liberato M. Rojas, Pedro Peña, de nue-vo Liberato Rojas, de nuevo Emiliano González Navero y luego Eduardo Schaerer. En 36 meses tuvimos nueve presidentes. El que era Presidente el 14 de mayo de 1911 fue el coronel Albino Jara. Y digo 14 de mayo, porque entonces era norma festejar como Día de la Independencia Nacional esa fecha, que mucho más tarde se trasladó al 15 de mayo. Fíjense que en Asunción existe la calle 14 de Mayo y no la 15 de Mayo. En esos momentos, vivir en la ciudad o en el campo era un peligro. De a miles emigraban para-guayos a la Argentina y al Brasil.

Pero, sin embargo, algo hubo.

Desde enero de 1911, en los diarios capitalinos se anuncia la preparación de los álbumes Monte Domecq y luego el de López Decoud. Paralelamente a ello, en los diarios aparecen pedidos-colectas pro víctimas de las revoluciones. Klug y Marés, la célebre librería, anuncia tarjetas postales referidas al Centenario.

El 13 de mayo de 1911, en el órgano oficialista de prensa El Monitor se da a publicidad el "Canto Secular", de Eloy Fariña Núñez, que, según Francisco Pérez-Maricevich, apa-reció primero en folleto. Esta obra poética, altamente declamativa, es posiblemente la más extensa escrita en el país y tiene algunos ribetes románticos, otros --muy pocos-- modernistas; pero, sí, esta obra magna del poeta conlleva una tónica de expresión na-cional, más que un enfoque solo nacionalista. Al comenzar dice: "Oh Gran Tupã", haciendo referencia al Dios aborigen, modismo que utilizará luego Natalicio González en una clásica obra poética suya.

Sobresalen los álbumes de Ramón Monte Domecq y de Arsenio López Decoud, que hablan al unísono del Primer Centenario en 1911. Los dos llevan en su pie de imprenta el año 1911, impresos ambos en Buenos Aires, en la Compañía General Americana de Billetes de Bancos, el de Monte Domecq, y en Talleres Gráficos de la Compañía Gene-ral de Fósforos, el de López Decoud. Pese al pie de imprenta, estos álbumes comenza-ron a circular en 1912, y algunos sostienen que en 1913. Sorprenden por la belleza de su presentación y la erudición de sus escritos; los datos completos que conllevan y las tomas fotográficas, que son, muchas de ellas, verdaderas obras de arte.

De los dos, el mayor en formato y cantidad de páginas es el López Decoud, que supo traer, por la arista intelectual del propio Arsenio López Decoud, a los mejores intelec-tuales de ese tiempo. Los costos deben haber resultado elevadísimos, y puede decirse que con posterioridad, hasta el día de hoy, no hemos tenido otra hazaña editorial de ese tipo.

Amén de ellos, tanto los álbumes mencionados como el "Canto Secular" citado, por la temática contenida, llevaban a tener un notorio acento lopista, en una época en que el debate era marcadamente definitorio: o se era lopista o antilopista. Marcaba casi una toma de posición ideológica.




Qué hicimos en 1913


Como se dijera, la festividad de la Independencia Patria quedó postergada a 1913. El 15 de agosto de 1912 fue la primera vez que se juraba en el país en esa fecha --suba presi-dencial--, ya que antes coincidía el hecho con la fecha de la jura de la Constitución de 1870 (un 25 de noviembre). Asumió el cargo en la ocasión don Eduardo Schaerer, quien con anterioridad, con los liberales radicales, venció casi al mismo tiempo --aunque en sitios distintos-- a colorados y a Albino Jara, quien moriría en la ocasión. Al presidente Schaerer le caben muchas discusiones, pero fue el primer presidente civil que concluyó su mandato. En 1913, justamente durante su gobierno, se inauguró el servicio de tranvía eléctrico, que iba a cruzar lo que hoy es el microcentro y llegaría hasta Villa Morra; y, aún más, haciendo crecer notoriamente el casco urbano poblado.
De igual manera, al llegar por primera vez al país un avión, invento aún reciente, se sentaría el presidente Schaerer en el asiento del acompañante, siendo de seguro el pri-mer presidente americano que así lo hacía. Ese año se empalmaba el tren de Encarna-ción a Posadas, cruzando en ferryboat el tren el río Paraná. Una vinculación --entonces rápida-- con Buenos Aires y Montevideo. Coincidentemente, en un plan de modernizar la llamada Plaza de Armas, se procedió lastimosamente a demoler la que fuera la Casa de los Gobernadores, como una mala señal del festejo que se pretendía hacer. Por lo que notamos, ni en 1911 ni en 1913 hubo una memoración oficial formal de ese acontecimiento político.


Conclusión


Como vemos, nunca hubo festejo real de nuestro Primer Centenario. Sí el pueblo paraguayo siguió como pudo las efemérides de 1911. Las de 1913 fueron actos de gobierno y de desarrollo. Cabría mencionar, más como anécdota, que por ley del 12 de mayo de 1911, firmada por el entonces presidente Albino Jara, se declaró feriados los días del 13 al 20 de mayo de 1911 inclusive, en homenaje al Primer Centenario de la Independencia Nacional, contradiciendo la anterior ley que la postergaba a 1913. Como puede notarse, la desorganización fue grande, pero algo quedó en esos álbumes, en el "Canto Secular'".

Ojalá el Bicentenario permita cubrir con mayor claridad y dignidad los vacíos que de-jamos notoriamente de llenar, hace casi 100 años.











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