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[info][megapost]200 años bicentenario del paraguay


Mayo Español
Luis Verón

Hace dos centurias en España (y un poco más), se dio la revuelta popular contra las fuerzas invasoras napoleónicas y que inició la guerra independentista, no solo española, sino de todo su viejo imperio colonial americano.Hasta el reinado de Carlos III, España disfrutó de la bonanza, fruto de sus conquistas y colonizaciones. Pero también se sintieron señales de que los recursos se iban agotando, por lo que tuvo que realizar sus famosas reformas, con el propósito de conseguir una mayor eficacia de sus instituciones.

Un Imperio en Decadencia

l ciclo de constante progreso se revirtió durante el reinado su hijo Carlos IV (1788-1808), sacudido por los efectos de la Revolución Francesa. El temor a un contagio de las ideas revolucionarias surgidas en el país vecino, impuso el cierre de las fronteras españolas de los Pirineos y la política ilustrada dio marcha atrás.Las ofensivas fracasadas contra la República francesa, aliada con Inglaterra, fueron sustituidas por la Alianza con Francia contra Inglaterra, cuya flota de este país merodeaba constantemente las costas españolas, como una forma de mantener las rutas comerciales abiertas, transportando las mercancías en buques de guerra. La guerra franco española contra Inglaterra llevó a la eliminación del poderío naval español con la derrota en Trafalgar (1805).

Servida estaba la Mesa

El tratado con Francia -propiciado por Manuel Godoy, valido del rey Carlos IV, llevó a España a caer bajo la influencia napoleónica. Su flota quedó prácticamente bajo el control francés. España se veía encadenada a los intereses de una Francia enfrentada con toda Europa y, en función de ello, lanzada al torbellino bélico del expansionismo napoleónico.Prosiguiendo su colaboración con Francia, Godoy permitió la entrada en España del ejército español, que pretendía atacar Portugal. El 17 de marzo de 1808, el motín de Aranjuez obligó a Godoy a renunciar y forzó la abdicación de Carlos IV en su hijo Fernando VIII.La situación era bastante confusa: Por primera vez en la historia española, un rey era arrebatado de la corona por su propio hijo, sumado a la invasión napoleónica. Había una suerte de contraposición de sentimientos: por un lado la sociedad española se libraba de un rey impopular y de un valido, más impopular todavía, Manuel Godoy, pero a costa de la pérdida de su soberanía.Esta situación era el comienzo de una serie de situaciones que iban a sucederse vertiginosamente, llevando al país a una larga guerra y en una auténtica revolución, cuyos resultados iban a dar lugar a la apertura de una nueva etapa en la historia no solo de España y de Europa sino también a la americana.

La Bota Napoleónica en España

El 23 de marzo de 1808 entraba en Madrid el general Joaquín Murat (casado con la hermana menor del Corso). Su primera medida fue evitar el traslado de Godoy de Aranjuez a Madrid, para evitar intervenir a su favor, extendiendo la ira popular contra el valido a las tropas francesas. Carlos IV y su esposa María Luisa fueron confinados en El Escorial bajo vigilancia francesa. El 24 de marso, llegaba a Madrid Fernando VII, proclamado rey de España. Trató de afianzarse en la capital, con la esperanza de que los franceses le reconocieran rey de España. Napoleón no lo hizo y le siguió tratando como Príncipe de Asturias.En medio de la confusión generada por la situación, Napoleón ordenó el traslado de la familia real a Francia, específicamente a Bayona, en la frontera franco-española, sobre el mar catábrico, para entrevistarse con los personajes en disputa: Fernando y Carlos IV. El propósito del emperador francés era sustituir a los Borbones en el trono español por un miembro de su familia. Carlos IV no puso reparos. Fernando VII sí. Dudaba de las intenciones del emperador, pero ansiaba ser reconocido por él en el trono de España. Dejó una junta gubernativa y se trasladó a Bayona, donde llegó el 20 de abril, siendo alojado en una modesta residencia, donde recibió la visita del emperador. Dispuso éste que Fernando VII renunciara a sus derechos al trono en favor Napoleón. Fernando se negó y, cuando Carlos IV y María Luisa llegaron, Napoleón intentó convencer a ambos de la conveniencia de renunciar al trono.

Reacción Popular

La creciente presencia francesa, la marcha de los reyes a Bayona, las noticias de su abdicación y la instauración de una nueva dinastía francesa, dieron origen a los alzamientos del 2 de mayo de 1808. Ese día arrancaron los alzamientos de Madrid, en el que el pueblo atacó al poderoso ejército de Napoleón, el cual después lo castigó con una terrible represalia. Lo destacable fue la valerosa audacia de los madrileños y sangrienta crueldad de los franceses, tal como puede verse en el célebre cuadro de Francisco Goya, “Los fusilamientos del 3 de Mayo en la montaña del Príncipe Pío de Madrid”. Esta obra de Goya es, sin duda, el más dramático cuadro de historia de toda la historia del arte. En este cuadro Goya no solo consiguió un recordatorio de un hecho concreto, “consiguió un manifiesto patriótico, pero por encima de la fácil exaltación del heroísmo madrileño o de la crueldad y perfidia francesa, supo expresar, en toda su violencia, la crueldad inexorable del hombre contra el hombre y a la vez su exasperado y rebelde deseo de libertad, además de haber sabido encontrar un lenguaje plástico de fuerza desconocida hasta ese momento, que abría las puertas al expresionismo”, como dice el historiador de arte Alfonso Pérez Sánchez. En efecto, “el grupo de fusilados es algo por encima de la realidad humana. No puede hablarse de realismo ante esas figuras amontonadas y sin huesos. Pero el grito de la figura central se materializa en su deslumbrante vestidura y en el gesto de sus brazos alzados, hiriendo nuestros oídos y nuestra alma con más fuerza que una minuciosa y fotográfica reconstrucción del hecho. Frente a ellos, el grupo de los soldados, representados de espaldas, sin rostro, paralelos y unánimes como autómatas despersonalizadas, cumplen su cometido sin saña, como una inexorable máquina de matar, que encarna todo lo oscuro y cruel de la condición del hombre”.

Una Jugada Magistral

Ante la negativa de Fernando VII de renunciar al trono español, y conociendo las noticias acerca del levantamiento de Madrid y la generalización de la rebelión popular contra los franceses, napoleón llevó a cabo una magistral jugada para hacerse con el trono español. Consiguió que Fernando abdicase en su padre, sin saber que éste había firmado la tarde anterior un tratado con Napoleón, por el cual cedía su corona “a la única persona que en el estado a que han llegado las cosas puede restablecer el orden”. ¿Quién era esa persona? Naturalmente, Napoleón.

Un Rey Francés para España

Primeramente Napoleón pensó en su hermano jerónimo para el trono español, pero éste había sido nombrado rey de los Países Bajos. Entonces, la opción era José, entonces rey de Nápoles. Este no era un novato en lides políticas y diplomáticas. Era el primogénito de ocho hermanos y había nacido en Córcega en 1768.José Bonaparte estudió derecho y ejerció brevemente la abogacía, pero la muerte del padre le obligó a volver a Córcega, donde ejerció algunos cargos públicos y se dedicó al comercio. Se casó con una rica heredera. Cuando su hermano Napoleón inició su meteórica carrera, José fue uno de sus principales colaboradores. Fue senador, diplomático, comisario de los ejércitos napoleónicos y rey de Nápoles. Esta condición fue propicia para ser elegido como monarca de España.Los españoles no aceptaron su nombramiento y se levantaron contra la imposición de una dinastía extranjera apoyada por las armas francesas. Esa reticencia a aceptarlo fue motivo del surgimiento del mito de Pepe Botella, un borracho empedernido y jugador de naipes que abonó el ingenio popular. Por el contrario, era abstemio, si bien gustaba de jugar, pero sin sobrepasarse a lo razonable para la época.El levantamiento popular del 2 de mayo de 1808 se extendió rápidamente a todos los confines españoles. La chispa de ese “incendio” fue el traslado del infante Don Francisco y su hermana, la ex reina de Etruria, hacia Bayona, convocados por Napoleón. Ese viaje coincidió con las noticias de las abdicaciones de los reyes Carlos IV y Fernando VII y el nombramiento de José I, quien fue proclamado el 6 de junio de 1808, rey de España y de las Indias. Llegó a Madrid el 20 de junio y su entrada a la capital española fue recibida con frialdad, pese al aparatoso ceremonial militar que le acompañó.Así empezó su reinado, lo que significó la caída del imperio español en América. Pero eso es harina de otro costal. O, mejor, de otro artículo próximo.

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