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7 de LIBROS y Cuentos de terror de la literatura




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EMPESEMOS CON UNAS HISTORIAS ....



¿Una broma?

- … ¡Vamos! ¿En serio crees que me voy a tragar un cuento así? -expresó sinceramente Adrián.
- No es cuento, es verdad. Esta casa está embrujada. Prácticamente ya es de noche. Espera un rato y verás -le aseguró Fabricio.

Estaban en la sala de una gran casa. Fabricio estaba sentado a sus anchas en un sillón grande, con un brazo colgando del apoyabrazos, como si lo que acababa de decir fuera una cosa ordinaria; Adrián se encontraba sentado frente a este, y al escuchar aquello había despegado su espalda del sillón y se inclinaba un poco hacia adelante, examinando atentamente la mirada despreocupada de su compañero. Él no creía, pero estaba algo desconcertado. ¿Fabricio quería jugarle una broma pesada? ¿Pero por qué? Tenía que indagar mas:

- Voy a hacer que te creo por un instante -dijo Adrián, con el tono mas hiriente que pudo-. ¿Sabías que la casa estaba embrujada antes de comprarla o lo descubriste después? Supongo de después, ¿no?
- Ya lo sabía al comprarla.
- ¡Aja! Es menos creíble todavía. Por qué ibas a comprar una casa embrujada. Cuento tuyo ¡Jeje!
- Te repito que es verdad. Tenía mis razones. Espera un momento mas, ya debe estar por empezar. Sí, en cualquier momento.
- ¿Empezar lo qué? -le preguntó Adrián.

Como respondiendo a su pregunta, llegaron ruidos desde varias habitaciones. Adrián miró a Fabricio, este sonreía triunfal.
Seguidamente escucharon unas risas infantiles. Se las oía ir de cuarto en cuarto, como si atravesaran las paredes. Finalmente se detuvieron en la habitación mas alejada, y tras un instante de silencio las voces infantiles empezaron a reír con mas fuerza.

- ¿Hay niños en la casa? -preguntó Adrián.
- Los hubo, supongo, aunque puede ser que esos espíritus no sean de niños. Suelen ser engañosos…
- No, no te creo. Es una broma tuya. Seguramente montaste todo esto, ¿no es así? Sabes qué creo, me parece que aún me guardas rencor por lo de Yolanda. ¿Me equivoco?
- No, estás en lo cierto. Aunque solo éramos adolescentes me dolió profundamente que me quitaras aquella novia, aunque recién la conocía. Fingí durante años que no me importaba tanto para un día vengarme. Y esa venganza la voy a consumar hoy. ¿Conforme? -explicó lleno de un obvio sarcasmo Fabricio.
- Bueno, ahora que lo pienso me parece absurdo lo que te dije. Pero no pueden ser fantasmas.
- Ve y compruébalo. Aquí te espero -lo desafió Fabricio. Adrián era de los que no pueden rechazar un desafío.

Se levantó y fue rumbo a la habitación. El corredor se le hizo larguísimo. Las risas infantiles sonaban con mas fuerza. Adrián se repetía mentalmente que no eran fantasmas. La sola idea era absurda. Pero las risas seguían sonando.
Abrió la puerta de golpe. Eran dos chiquillos, estaban saltando sobre una cama enorme. Sus ropas eran antiguas. Dejaron de saltar y lo miraron muy serios. De un instante a otro pasaron a ser dos viejos, y sonrieron con una malicia que le heló la sangre a Adrián.
Desanduvo el corredor a la carrera. En la sala no había nadie. Cuando intentó salir de la casa, la puerta estaba cerrada. Entonces una voz le dijo desde afuera:

- ¡Todo lo que te dije era verdad! ¡Jajaja! ¡Por fin voy a tener mi venganza!
- ¡Fabricio, por favor, déjame salir! ¡Oh dios mío! ¡Esas cosas vienen hacia aquí…!

Fabricio se alejó de la puerta y se marchó lanzando unas carcajadas de demente.





El circo (novena parte)
El enorme monstruo que imitaba la apariencia de un payaso avanzaba pesadamente entre los árboles. Esperaban que llegara en cualquier momento, pero de todas formas el asombro no fue poco, y se impresionó mas Diego, porque era la primera vez que lo veía. Y ahora aquel ser lucía mas aterrador que en el circo, pues ya no le interesaba ocultar su verdadera naturaleza, solo quería aterrar y matar al que acabara con su circo, y a todo el que se interpusiera en su camino.
El ser los vio y empezó a emitir una risita macabra que se desparramó con fuerza por toda la arboleda.

- ¡Entremos! -dijo Mauro, y los tres se precipitaron hacia la casa.

Cuando miraron por la ventana, el payaso ya estaba en el patio. Diego sintió que se le erizaba la piel.
El ser tenía una cabeza enorme, proporcionada con la grotesca anchura de su cuerpo, y una papada fofa se agitaba como gelatina sobre sus hombros y sobre el pecho. Medía fácilmente unos tres metros y medio de altura. Su boca descomunal era un hueco plagado de un desorden de dientes retorcidos, y una lengua asquerosa y renegrida se agitaba con la risa espeluznante de aquel monstruo. La nariz, roja y enorme, se inflaba y arrugaba como si la bestia estuviera respirando, y por los agujeros que tenía por orificios nasales, escurría un líquido negruzco que le chorreaba hasta la boca. La piel del rostro era blanca, los ojos, rojos, y el monstruo era completamente clavo, con prominentes arrugas en la cabeza.
Unos disparos lo hicieron estremecer a Diego, entonces reaccionó y disparó también.
Como suponía Willy y Mauro, las balas no tuvieron efecto en aquel cuerpo de tonel. Ni siquiera le estaban agujereando la ropa, porque esta era parte de su piel, y aquella “carne” no venía de este mundo. Le apuntaron a la cara pero sin obtener resultados. Era peor de lo que pensaban los cazadores de monstruos, los disparos ni parecían incomodarlo, solo aumentaron la risa del monstruo hasta volverla carcajada.

La carcajada ahora era tan potente que les resonaba en el cuerpo, así como se siente el rugido de un león. En ese punto el payaso se había detenido en el patio, y con un gesto de la mano los desafiaba a que le dispararan. Así se divertía aquel ser. Quería demostrarles que no podían lastimarlo. Después normalmente venía el terror, sus víctimas huían despavoridas, y comenzaba lo mas divertido para él: las personas aterradas le sabían mas deliciosas. Pero ahora se estaba enfrentando a otro tipo de gente.

- Probemos con las linternas -dijo Willy.

Por entre las maderas de la ventana solo podían proyectar unos haces de luz ultravioleta, no todo el rayo, pero fueron suficientes para hacer reaccionar al payaso, que al primer contacto con la luz empezó a echar algo de humo y cambió la carcajada por un grito de dolor.
La luz lo hizo retroceder hasta los árboles, y desde allí empezó a gritarles con una voz aguda y ronca pero potente:

- ¡Malditos sean! ¡Voy a empezar a comerlos por los pies! ¡Voy a succionar sus tripas cuando aún estén vivos! ¡Malditos! -y después siguió hablando pero en un idioma que les era incomprensible.
- Parece que se enojó -comentó Willy-. Mauro, ¿cuánto falta para el amanecer?
- Un buen rato. La noche todavía está con toda su fuerza -le contestó Mauro, sin mirar su reloj.

Esto le resultó raro a Diego; Mauro parecía sentir la noche, y también estaban los gruñidos que emitía al pelear. No sospechaba algo malo, acababa de conocerlos pero ya confiaba en aquellos hombres.
Ahora sabía que existían los vampiros, que había otro tipo de monstruos… solo podía suponer qué mas habría, y lo que fuera ya no lo iba a sorprender, creía él. Las historias de hombres lobo nunca le habían resultado muy disparatadas o improbables. Pensó brevemente en eso mientras observaba a Mauro; este, aunque sentía la mirada de Diego, no dejaba de vigilar al payaso-monstruo.

- Eso no va a detener a ese monstruo -opinó Mauro-. ¿Entraré en acción ahora?
- Mejor espera un poco mas, amigo -le dijo Willy-. Ahora que somos tres se me está ocurriendo un plan, pero hay que entretenerlo mas. Si se nos viene muy encima, sí, muéstrale quién eres.
- ¿Y quién es? -les preguntó Diego-. O mas bien, ¿qué es? ¿Un hombre lobo?
- ¡Vaya! Este sí que es astuto -opinó Willy, refiriéndose a Diego.
- Soy un hombre, que puede convertirse en hombre lobo, sí. Mas no soy un monstruo como ese. Cuando me transformo, aquí -Mauro tocó su cabeza con la mano-, sigo siendo yo, no pierdo la conciencia ni nada. ¿Entiendes?
- Entiendo y me alegra saberlo, porque empezaba a creer que ese monstruo era mucho para nosotros.

Mientras tanto, el payaso calculaba desde los árboles. Ahora tenía que ser mas prudente y atacar por otro lado, tenía que sorprenderlos, y tenía los poderes para hacerlo. El payaso aterrador sonrió asquerosamente.
De repente, los vampiros que yacían en el patio se fueron irguiendo, mas había algo extraño en sus movimientos; parecía que una fuerza invisible los levantaba. Al incorporarse del todo los brazos se les quedaban meciendo, flácidos.

- ¡No puede ser! -gritó Mauro.
- Lo veo y no lo creo -dijo Willy. Por lo que él sabía, los vampiros no podían revivir de nuevo una vez exterminados.

Todos los del patio se habían levantado y caminaban tambaleantes hacia la casa, como zombies.

- No revivieron -dijo Diego-. Son como títeres, no se mueven por su cuenta. Mírenlos bien.
- Tienes razón -afirmó Mauro-. Debe ser cosa del payaso…

Cuando miró hacia los árboles, el payaso ya no estaba.

- ¡Fue una distracción! -gritó Willy.

Los vampiros cayeron al suelo todos a la vez. Un instante después escucharon un golpe fuertísimo en la cocina, como una explosión.
El payaso había derrumbado la puerta y gran parte de la pared de un golpe, y ya entraba a la casa.

- ¡Entró! -exclamó Willy-. Mauro, ahora sí vas a tener que enfrentarlo. Yo los voy a dejar por un momento. Trataré de volver cuanto antes. Tengo un plan, pero no hay tiempo para explicaciones.
- Vete, nosotros nos encargamos, ¿o prefieres ir con él, Diego? -le preguntó Mauro.
- Me quedo. Nunca me gustaron los payasos.

Cuando el monstruo atravesaba la cocina, rompiendo todo a su paso, Willy salió por la puerta del frente. Toda la casa temblaba ahora, y era como si una aplanadora intentara atravesarla.
Mauro se quitó la mochila y comenzó a sacarse también el abrigo, y le dio instrucciones a Diego:


El circo (octava parte)

A Diego no le gustó nada el nuevo giro que presentaba la situación: ¿un nuevo monstruo? Ahora que tenía dos aliados inesperados, surgía otra amenaza. ¿Acaso todo iba a seguir empeorando aquella noche?

- Oigan, ¿cómo es el asunto de ese monstruo que dicen? ¿No es un vampiro?
- No, de eso estamos seguros -le contestó uno de los tipos, mientras vigilaba hacia afuera. Después volteó hacia Diego-. No me había presentado; en el apuro en que nos encontramos… Me llamo Mauro.
- Diego, y realmente me alegra tenerlos de mi parte.
- Yo soy Willy -se presentó el otro, y le estrechó la mano-. Diego, es de suponer que los vampiros del circo te hicieron algo, por eso el incendio.
- Acabo de enterrar de nuevo a mi tío; lo convirtieron en vampiro.
- Lo siento. Dime, ¿viste el espectáculo de los vampiros esos?
- Parte de él, me fui temprano.
- Entonces no viste al payaso gigante, es el que cierra la función. Al verlo la gente debe creer que usa zancos o alguna prótesis, y que casi todo su cuerpo es relleno, pero se equivocan. Como ya dijimos, no sabemos exactamente qué es, solo que no es un vampiro. Debe ser una especie de demonio, suponemos. Hemos escuchado sobre otro circo cuyos payasos no son gente, aunque tampoco eran vampiros. Esos no usaban máscaras, su cara era así. Por suerte ese circo ya no existe mas. El monstruo de este circo probablemente es de la misma especie que aquellos, aunque este es mucho mas grande.
- ¿Un payaso gigante? -preguntó Diego, y revisó las balas que le quedaban en el revólver. Volvió a recargarlo.
- Oh sí, un payaso aterrador -y Willy recargó también su metralleta.

Los vampiros se movían entre los árboles, moviéndose de tronco en tronco, acechando ahora. Escudriñaban hacia la casa, emitían una especie de chillido, comunicándose, y evaluaban el ataque. Podría decirse que se volvían mas listos, aunque su humanidad se había desvanecido; el que pensaba era el monstruo.

- ¿Cómo pudo sobrevivir al incendio? -siguió indagando Diego.
- Debe ser porque ese desgraciado no se encontraba en ningún remolque, estaba en la carpa, y esta no se incendió. Seguramente debe saber que fuiste tú; esos monstruos tienen algunos poderes. Si no ha venido todavía es porque se estaba divirtiendo, masacrando a los policías que vigilaban el lugar tras el incendio. Íbamos a ayudarlos, pero cuando rodeamos el terreno yendo por esta arboleda, vimos a estos vampiros y la luz de tu casa. Los policías ya estaban perdidos. De haberse quemado también la carpa el Sol hubiera destruido a ese monstruo. Diego, si quieres huir mejor hazlo ahora. Los vampiros ya vienen pero te cubriremos.
- ¿Huir? Esos desgraciados invadieron esta propiedad y mataron al único pariente que me quedaba, y a nuestro perro. No, huir no. Me quedo aquí. Hace un momento creí que era el fin, y ahora tengo una nueva oportunidad para liquidar a esas cosas.
- Así se habla -dijo Mauro-. Te comprendo perfectamente. A mí también me motivó la venganza.
- Bien, tu ayuda no nos viene nada mal -le aseguró Willy-. Hasta ahora fuiste muy bueno exterminando vampiros. ¿Cómo estás de balas de plata?
- Me queda un montón.
- Excelente. Toma esto -Willy sacó una linterna de su mochila -. Es una linterna de luz ultravioleta. Creo que va a ser nuestra mejor arma contra el payaso. Las balas de plata no deben tener el efecto que tienen en los vampiros, pero por lo menos lo molestarán.
- ¿Ustedes andaban tras los de este circo nomás, o cazar vampiros es una especie de trabajo para ustedes?
- Mas bien sería como un deporte extremo ¡Jeje! Y también es una misión. Y cazamos también a otros monstruos. Nos hemos topado también con algunos hombres lobo, ¿verdad Mauro?
- Con algunos, sí -comentó Mauro, sonriendo.

Los vampiros se decidieron y atacaron. Entre las maderas que tapiaban las ventanas surgieron unos fogonazos, y los que fueron mas osados cayeron. Algunos corrían alrededor de la casa, no ofreciendo un blanco fácil.

- Vamos a tener que salir -propuso Mauro, evaluando la situación por la ventana.
- Opino lo mismo -dijo Willy-. Tenemos que liquidarlos lo antes posible, porque en cualquier momento puede sumarse el payaso, y ahí la cosa se va a poner mas fea para nosotros. Diego, tenemos que luchar espalda con espalda ahí afuera. Van a rodearnos, a intentar que nos separemos, pero hay que mantenerse firme. Si ves que es mucho para ti, quédate adentro.
- Los acompaño.
- Pero tienes que confiar en nosotros, y hacer lo que te digamos, no puedes paralizarte o dudar, ¿bien?
- Hagámoslo.
- Yo salgo primero -les dijo Mauro. Empuñaba un revólver en la zurda y un cuchillo en la derecha.

Salieron por el frente de la casa, por donde había mas patio. Los vampiros empezaron a rodearlos.

- Todavía no dispares ni enciendas la linterna -le indicó Willy a diego-. Tiene que venir todos. Aguanta… todavía no, que vengan todos…

Los vampiros los rodeaban y avanzaban agazapados, mostrando los dientes, amagando embestidas.
Cuando el círculo que formaron se iba cerrando mas sobre los tres hombres, Willy gritó “¡Ahora!”, y se desató la balacera. Los monstruos se movían muy rápido, pero al ser iluminados por las linternas ultravioletas caían o se detenían como su la luz los golpeara, e inmediatamente echaban humo por todo el cuerpo y gritaban horriblemente; y en ese momento venían los balazos.
Fue un momento caótico, vertiginoso y rápido. Cuando quedaban solo tres vampiros, Mauro de pronto se apartó de sus compañeros de lucha y los atacó solo.
Diego nuevamente se sorprendió con la agilidad y evidente fuerza de Mauro, y de nuevo lo escuchó gruñir. Willy bajó el arma y contempló con una sonrisa como su compañero despachaba a los últimos vampiros. Evidentemente confiaba en la habilidad de este.
Lo habían logrado, pero estaba por comenzar otro enfrentamiento.
Diego y Willy se acercaron a Mauro. Diego iba a hacer un comentario sobre su habilidad, pero Mauro volteó de pronto hacia la arboleda y les dijo, señalando un rumbo con el brazo:

- Ahí viene el payaso gigante.

Cuando buscaron con la vista entre los árboles, resaltó la figura obesa y gigantesca del payaso. Iba rumbo a ellos.

Continúa...







                                                     IT - Stephen King

La historia se presenta alternada en dos épocas: el pasado (1957-58) y el presente (1985). Los hechos acontecen en la comunidad de Derry, en el estado de Maine, Estados Unidos. Bajo la ciudad, a un nivel inconsciente para todos los pobladores, un monstruo despiadado de apetito insaciable, esta malévola criatura atormenta a la comunidad desde tiempos remotos. Este monstruo es un ser de otro mundo, capaz de leer las mentes y provocar los miedos, los cuales constituyen su alimento (preferiblemente los de los niños y adolescentes, cuyos miedos son muy sencillos de elaborar). Su disfraz más común es el de un payaso Pennywise, con el que atrae a sus jóvenes víctimas, a las cuales aterrará hasta la muerte, a los adultos los atrae con lo que desean. Una vez saciado su apetito, duerme durante casi tres décadas, hasta que vuelve a despertar para alimentarse y hartarse, cumpliendo así un ciclo sin fin.

Aunque permanece oculto y acechando la mayor parte del tiempo, se enfrenta dos veces con los protagonistas de la historia; siete niños que se hacen llamar «Los Perdedores» cuyos nombres son: Bill Denbrough, Ben Hanscom, Beverly Marsh, Richie Tozier, Eddie Kaspbrak, Mike Hanlon y Stan Uris.

El primer encuentro (en 1958) sucede cuando son niños, asustados e indefensos, pero con una poderosa capacidad de imaginar; unidos por sus lazos de amistad, reúnen la fuerza para enfrentarse a Eso y detener su ataque. Para lograrlo, lo enfrentan en primer lugar, en la casa abandonada en Neibolt Street, después en su guarida; una vieja red de cloacas bajo la ciudad. En esta guarida, el monstruo toma la forma de una araña gigante y sale gravemente herido, aunque logra escapar. Entonces, los niños hacen un pacto: Si Eso regresa, ellos también regresarán. Eventualmente todos, excepto Mike, se van del pueblo y continúan con sus vidas. Inclusive, empiezan a perder los recuerdos de su infancia.








                                        El exorcista - William Peter Blatty

El terror comenzó tan discretamente que al principio pasó inadvertido. Pequeñas molestias en Regan, para las cuales Chris MacNeil, actriz y madre, encontraba fáciles explicaciones. Parecía como si Regan hubiera sido invadida por una personalidad diferente. ¿Era posible que anduviera suelta una fuerza demoníaca? Si los médicos y la psiquiatría no ayudaban, ¿el exorcismo podría ser la respuesta?







                                                Dracula - Bram Stoker

Jonathan Harker ha sido contratado por un misterioso conde que habita en un castillo de la lejana Rumania. Para Harker, ese viaje representa una inusitada aventura jamás imaginada en su honrosa y rutinaria vida como ayudante en un bufete de abogados.
La señorita Mina, prometida de Jonathan, es una mujer muy inteligente, bella y escrupulosa a quien le cambiará la vida radicalmente. El conde la acecha.
El conde Drácula es un hombre sabio, enigmático y eterno, cuya sed insaciable de venganza y poder lo ha llevado a desarrollar un plan para salir de su tierra milenaria hacia Londres en pos de nuevas almas. Esta novela clásica de Stoker conjuga aventura, terror, misterio y por momentos desborda erotismo y sensualidad, lo que resulta sorprendente en su época. Hoy sigue ofreciendo al lector sorpresa y fascinación dentro de la mejor literatura.
Como nuestro prologuista lo refiere; "los cuatro primeros capítulos son la obertura espectacular, ascendente y terrorífica de un viaje de negocios que se transforma en pesadilla". La pesadilla la vivirá un puñado de hombres empeñados en cazar al monstruo.






Frankenstein - Mary Shelley

La noche del 16 de junio de 1816, después de que Lord Byron y Percy B. Shelley discutieran largamente sobre la posibilidad de descubrir el principio vital de la naturaleza y transferirlo a un cuerpo inerte, Mary Shelley tuvo una memorable pesadilla sobre la visión de un monstruo creado por la ciencia humana. Éste sería el punto de partida de una de las obras más proféticas de la historia de la literatura: Frankenstein o el moderno Prometeo. Un drama romántico sobre la voluntad prometeica del ser humano, decidida a emular y planteando nuevos problemas morales de consecuencias desconocidas. Los recientes avances de la ciencias biológicas, en esta época de clones y transgénicos, nos invitan a recorrer, convirtiendo su obra en un clásico tan vivo y actual como hace casi 200 años.




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