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Al amanecer...(Crepypasta)



Salió de su casa al oír ruidos extraños, antes miró por la ventana y la noche parecía calma, sin viento, tranquila ambientalmente. Entonces pensó que podía ser un animal, en el campo hay animales por todos lados, y más en esas zonas donde habita el gato del pajonal, felino aguerrido que deambula la noche y ataca los animales de este buen hombre solitario en su vida. Salió con la escopeta calibre .28 que heredó de su hermano, que fue asesinado en una casería de huemul, ahí nomás cerca de la frontera con chile y tiraron el cuerpo para el otro lado, para el lado de ese país.
Sabiamente el viento subió la intensidad, los árboles se comenzaron a aplaudir las hojas, a partir de sus pies y hasta la cabeza, lo avasalló una corriente interna fresca, como nunca antes lo había invadido, pero éste no era un frío típico, como el de siempre y al que él acostumbra, éste era distinto, le hizo erizar los pelos del brazo y de todos lados. Entre la arboleda y pastizales pudo ver como unas siluetas se movían casi al son del reciente viento, tomó su escopeta y comenzó a disparar a la oscuridad, trata de agudizar la vista, y notó que ya no estaban más, fue retrocediendo lentamente para poder entrar a su casa, pero algo le impide avanzar, es un montículo de tierra, era tierra que no se parecía a la de su suelo, otra contextura, otro color y pensó “esta es tierra de cementerio, sigue levantando la cabeza, y denota más de esos montículos pequeños de tierra que rodean la casa, el miedo se apodera de él, sigue allí, parado en el pórtico, ahora se gira por completo y ve en sus paredes unos dibujos que no reconoce, como esotéricos, de brujería o algo así.


Ya con un miedo imparable, ingresa rápidamente a su casa, adentro, la luz del candil flamea hasta apagarse, en el aire queda ese olor a petróleo quemado, y el humo invisible por la oscuridad.
Enciende un cerillo, se apaga, enciende otro, con el resplandor se iluminó una parte del comedor, se apaga ese cerillo, enciende otro, pero ahora no está solo, lo rodean personas, son seis, visten harapientos y sin cabello, pelados, sus cuerpos son blancos, pero sus bocas negras y los ojos también, se le caen los fósforos y la vela que estuvo a punto de encender, tantea el suelo para poder tomar esos elementos, encuentra la caja, también un fósforo, lo prende, mientras la llama se expande, alumbran algo que lo hizo retrocede arrodillado, pero al hacerlo se chocó con esas cosas, lo que vio eran pies y piernas de esos entes, sus venas eran violáceas y la piel pálida, sus uñas marrones y un olor vomitivo. Se pone de pie en un cimbronazo, recula, se choca cosas, la mesa, caen sillas, se precipitan cristales y ollas provocando un gran estrépito. Logra alcanzar la puerta y salir, no sin antes agarrar la escopeta y disparar algunos tiros, se abalanza al exterior, ya afuera, ni siquiera mira hacia atrás, solo atina a huir, corre por el monte, unas cuantas veces cae rodando por la sinuosidad del terreno, por el relieve natural de los elementos y la gran oscuridad, se detiene, respira agitado, no quiere hacer ruido para no atraer a esos fantasmas, encuentra al tanteo un cobijo, se acurruca como un bebé.
El canto de un ave lo despierta, el sol lo encandila, se frota los ojos, se pone de pie y vuelve corriendo a su casa, es el amanecer, tiene frío ya que su cuerpo yació en el asfalto desnudo, nadie se percató de él, cubrió su cuerpo con unos trapos que encontró, y que seguramente eran de algún vagabundo, una mujer pasa a su lado hablando por celular, se apresura, mientras, en su cabeza va elucubrando todo, corre desesperado, olvida lo de anoche, como tantas noches, esas apariciones, sabe lo que son, pero esta vez piensa que fue más allá, que algo malo ha hecho, anda descalzo, llega, en su cabeza destellos de imágenes, recuerdos de la noche, refuljan como una película, la escopeta, los disparos, el delirio de la historia del hermano que nunca existió, el año 1890 que siempre lo persigue y nunca entendió por qué…
La policía traslada los cuerpos a la morgue en las camillas lúgubres y frías, son seis cadáveres, sus hijos y su mujer, esa noche se olvidaron de atarlo como todas las noches por su sonambulismo, heredado, dicen los médicos de algún antepasado lejano.


Adiós...!

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