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Criaturas de leyendas en la realidad (segunda parte)

Sirenas



Por lo del imaginario colectivo, y por aquello de las leyendas míticas, queremos creer que las sirenas existen o han existido en realidad. Pero por desgracia, creo que este tema tendrá que seguir formando parte de esos sueños perpetuos de la humanidad. Todos hemos he imaginado alguna vez a esas sirenas intentando engañar con sus cantos a los argonautas de la Odisea y como no, puestos a imaginar, el cine y la mitología se han encargado de que en esos sueños las sirenas sean unos seres de una belleza descomunal. Que salvan a los desvalidos marineros en el último momento para depositarlos con suavidad en las arenas de alguna playa desierta.


Poco o casi nada conocemos de las profundidades marinas, muchas especies quedan todavía por descubrir y la mayoría de ellas posiblemente nos sorprendan por su morfología y sus características, pero dudo mucho que aparezca algún día una bella Ariel en las redes de algún barco pesquero. En general, estos animalitos de las profundidades se pueden calificar de muchos modos, menos de bellezas descomunales.

No se sabe muy bien cuando comenzó en mito de las sirenas ni porqué, quizás en aquellos siglos en los que el miedo al mar y las leyendas, se propagaban en los mesones ayudadas por las pintas de cerveza negra entre rudos marineros, que no dudaban en asegurar haberlas visto allende los mares, transformando sus paupérrimas travesías en grandes aventuras, quizás para emular aquellos fantásticos viajes de los cuentos épicos griegos. Los marineros de Colón aseguraban ver sirenas allí donde solo había Manaties y el bestiario nórdico europeo, hacía lo mismo con morsas y mantas marinas.

Hoy en día, la red y la propagación de ciertas obras de artistas plásticos, no ayudan a eliminar el mito si no todo lo contrario. En cientos de sitios se pueden encontrar las imágenes de estos artistas asegurando rotundamente que son el descubrimiento del siglo y que claro, si las sirenas existen, también deben de existir los tritones y las hadas y toda la familia de seres mitológicos. Pero la realidad es mucho más cruda que todo esto, y quizás empujada por nuestro empeño nos regala una enfermedad, la sironomelia, para mostrarnos con total crueldad como son las sirenas de verdad.

Os dejo una muestra de la obra de este genial artista, Juan Cabana. Todas las creaciones están hechas con materiales reales, piel, escamas y dientes de peces y animales. Tras las fotos os dejo un poco más ampliado el tema de la sironomelia.

http://www.youtube.com/v/ylOv5APLYvo
link: http://www.youtube.com/watch?v=ylOv5APLYvo
http://www.youtube.com/v/SSBZ96fWWZ8
link: http://www.youtube.com/watch?v=SSBZ96fWWZ8





Yeti



La India milenaria se encarama hacia Oriente, rompiéndose y empinándose en desfiladeros, cordones de elevados riscos, selvas colgantes que acaban por meterse resueltamente en los comienzos de las altas nieves, donde reina el Abeto Tibetano, ese árbol que llega a crecer más arriba que ningún otro. También la India se rompe en reinos e historias distintas, hasta que llega a compartir los Himalayas con Nepal, China y el Tibet.

Los Himalayas, esa majestuosa cordillera que ostenta las cumbres más elevadas del planeta, fueron siempre motivo de fascinación y desafío para los occidentales. Los montes Anapurna y Everest fueron el premio místico del europeo así como los inaccesibles lamasterios y conventos-fortalezas eran las rutas místicas del pueblo nativo.

Más arriba de la selva y el abeto, en los vertiginosos campos de las nieves eternas, resulta casi imposible describir el paisaje. La altura es superior a los cinco mil metros, y sin embargo se tiene la sensación de estar sobre colinas y tierras planas, suavemente onduladas, que aquí y allá tropieza con los grandes montes vedados para el hombre. Sólo dos o tres rutas pueden hallarse, practicables únicamente bajo las más propicias condiciones climáticas, para los majestuosos gigantes.

En aquel paisaje impera una fauna zoológica que ha sido satisfactoriamente estudiada. Pero también hay allí otros moradores para quienes los Lamas, sacerdotes de las diversas formas del budismo, tienen nombres inquietantes: los Tchang-Po, “devoradores del aliento vital”, demonios que persiguen implacablemente a los desdichados que se extravían en aquellas soledades, y que acechan también a los agonizantes para “cazarles el alma y comérsela”.

Es allí, en los venerables montes Himalaya, donde sin duda alguna está la Patria del Yeti, el “Abominable Hombre de las Nieves”, el “Metoh Kangmi”, de los porteadores nativos.

Fue precisamente Sir Edmund Hillary, el primer conquistador del Monte Everest, quien difundió al mundo el nombre “Yeti” para designar al “Metoh Kangmi”. Según refiere el valeroso explorador británico, fue cuando habían sobrepasado ya las últimas filas de abetos tibetanos y se adentraban en la desolación de la blancura eterna, que las presencias extrañas comenzaron a dejarse sentir, aunque sin dar ninguna muestra visible o audible de su existencia. Era más bien una sensación de estar siendo observados, que afectaba tanto a los nativos como a los europeos de la expedición.

Sólo la gran fatiga, el esfuerzo sostenido que exigía centrar toda la atención en cada paso, impidió que se posesionara de todos una neurosis colectiva. El cansancio dejaba muy poco lugar para el enervamiento.

Sin embargo, una noche el campamento fue visitado mientras todos dormían extenuados. Algunos admitieron haber sentido ruidos leves, semidormidos, pero no atinaron a reaccionar. No obstante, al amanecer, descubrieron en torno del campamento una serie de huellas enormes que habían roto la gruesa costra de nieve endurecida.

Aunque la nieve no resultaba un buen material para preservar con nitidez la forma de las huellas, éstas daban la impresión de corresponder a enormes pies desnudos, casi desprovistos de arco plantar, con un dedo mayor muy pronunciado y al parecer sólo tres dedos más. Sir Edmund y varios de los otros europeos eran hombres habituados a las montañas de muchas latitudes del mundo, y no confundirían fácilmente las huellas de un gran oso con las de pies humanos desnudos. Tampoco los Sherpas que hacían de guías baqueanos. Por otra parte, fuera de un oso de gran tamaño, no había ningún otro animal conocido que tuviera una corpulencia y un peso tan grandes como para romper la costra de nieve sólida en la cual los pasos humanos apenas si dejaban un tenue rastro con las botas reforzadas.

A la vista de las huellas, los porteadores nativos se dieron a la fuga, contra los esfuerzos y amenazas de los europeos que veían con desesperación cómo equipos y alimentos valiosos quedaban abandonados y perdidos. De los sherpas, sólo se mantuvo al lado de los europeos su jefe, Ten Sing, quien por orgullo y sentido de la lealtad se sobrepuso al temor.

Mientras huían, los porteadores gritaban llenos de pavor: “¡Yeti!... ¡Yeti!”.

El Yeti es la bestia-humanoide, el “Pithecantropus” mejor conocido, mas también es uno de los menos vistos. No obstante, hay una gran cantidad de huellas, recogidas por viajeros a quienes muy difícilmente imaginaría uno en ánimo de andar gastando bromas.

Entre los primeros relatos occidentales al respecto, está el publicado en 1889 por el Coronel británico L.A. Waddell, bajo el título “Among The Himalayas”, en que reporta sus experiencias al efectuar la travesía de la región montañosa entre el Darjeeling, en la India, y el Sikkim, donde Persia y China se fundieron durante siglos. El Cnel. Waddell informa así sus propios hallazgos de las huellas del Yeti:

“Cruzaban nuestro camino, alejándose hacia las cimas más altas, algunas huellas grandes en la nieve. De acuerdo con los nativos, se suponía que eran los rastros dejados por hombres salvajes y peludos que se cree viven en las nieves perpetuas, así como los míticos leones blancos cuyo rugido tiene fama de hacerse oír durante las tormentas. Todos los tibetanos creen en esas criaturas.”

Hay abundantes relatos posteriores de europeos que encontraron nativos y sacerdotes que afirmaron haber visto directamente a las misteriosas criaturas que dejaban tales huellas. Mas por ahora prestemos atención a los rastros mismos.

En 1972, una fundación norteamericana de protección e investigación sobre la vida silvestre envió una expedición a los Himalayas, encabezada por los doctores en zoología E.W. Cronin y Howard Emery. En el reporte de su investigación, que titularon “Evidencia Reciente sobre el Yeti, un Primate desconocido de los Himalayas”, informaron que a tres mil seiscientos metros de altura, al Oriente del Nepal, en la región llamada Kongmaa Laa, su campamento amaneció rodeado de extrañas huellas, de 25.5 centímetros de largo, en que se evidenciaban claramente un grueso dedo gordo, cuatro dedos más pequeños y un talón ancho y redondeado. Calcularon que se trataba del rastro de un ser bípedo de un peso aproximado de 75 kilos. Ambos zoólogos concordaron en que habían recibido la visita de un Yeti de pequeño tamaño.

En 1975, los integrantes de una expedición polaca al Monte Everest reportaron haber hallado huellas semejantes aunque mucho mayores: cuarenta y dos centímetros de largo.

El jefe de equipo de esta expedición, Andrew Dzávada, hizo el siguiente comentario a los periodistas, en marzo de 1975:

“Las huellas eran claras durante más de una milla, y constatamos que pertenecían a una criatura muy pesada que caminaba normalmente en dos pies. En mis 29 años de experiencia como escalador en Europa y Asia, he visto huellas de muchas clases, y por cierto también las huellas de diferentes clases de oso, pero esas huellas que vi en la base del Everest me obligan a creer en lo increíble.”



Algo más que huellas

Y dos años después, a principios de 1977, los montañistas Joe Tasker y Peter Boardman tuvieron una experiencia bastante más impactante mientras acampaban en el Changabang, a 5.100 metros de altura en los Himalayas, en un campo de hielo y nieve endurecida que formaba abruptos muros con una temperatura de 18 grados Celcius bajo cero.

A medianoche fueron despertados por un estrépito del equipo de cocina al ser arrojado al suelo, y escucharon gruñidos rabiosos, como si hubiera una pelea bestial afuera de las tiendas. Con mucha sensatez optaron por no salir a investigar hasta que estuviera claro. A la salida del sol descubrieron que todo había sido rudamente trajinado aunque sólo faltaba una caja en la que guardaban 36 barras de chocolate dulce. Encontraron asimismo una serie de huellas de 36 centímetros de largo que se acercaban y alejaban del campamento. Eran huellas de pies desnudos.

“Ningún ser vivo podría subsistir a esta altura y con esta temperatura. Bueno, pero hubo alguien allí. Quizá haya sido un Yeti. Pero sabía lo que estaba buscando, pues los chocolates estaban empaquetados en plástico, dentro de las mochilas, junto a los demás alimentos.”

Así lo comentó Joe Tasker, y agregó que, un año antes, en la región del Dunagiri, él y su compañero Dick Renshaw habían sido ya visitados durante la noche por merodeadores de esta misma naturaleza que también habían sustraído cuantos chocolates pudieron encontrar.

on muy numerosos los testimonios sobre huellas y visitas misteriosas, de las cuales se infiere que estas criaturas sienten curiosidad por los seres humanos y de paso estiman que la presencia de humanos significa una posible comida tan fácil como exótica y deliciosa.

De los encuentros directos con los “Pithecantropus” Yeti, uno de los más interesantes data de 1921, referido por el Teniente Coronel británico C.K. Howard-Bury, quien, con un grupo de escaladores expertos intentaba conquistar la vertiente Norte del Monte Everest. Divisaron a lo lejos un grupo de puntos oscuros que se movían en la nieve a una altura aproximada de 6.900 metros. Al observarlos con prismáticos, les pareció que se trataba de alguna especie de monos. Cuando llegaron allí encontraron huellas “enormes”. Desgraciadamente no indicaron el tamaño exacto que querían decir con “enorme”.



Otra observación digna de confianza fue hecha por N.A. Tombazi, miembro de la Royal Geographical Society, durante una expedición fotográfica a los Himalayas. Cerca del glaciar Zemu, a 4.500 metros de altura, los sherpas le advirtieron la presencia de una figura humana a no más de 270 metros de distancia. En su reporte a la Royal Geographical Society de Londres, el fotógrafo señaló que la criatura caminaba erguida arrastrando unas matas de rododendro. Iba desnuda y parecía oscura contra la nieve. Al sentirse observada, la criatura se esfumó entre el denso matorral, antes de que Tombazi pudiera fotografiarla. Cuando éste llegó al lugar donde había estado la criatura encontró huellas semejantes a las humanas pero de 17 a 21 centímetros de largo.

Un testigo sherpa, Pasang Nyima, nepalés, informó al zoólogo Charles Stonor que había visto un Yeti tres meses antes. Tenía la estatura de un humano pequeño, como de un metro cincuenta, con pelos largos en la cabeza, cuerpo y piernas, pero no en el pecho ni en el rostro. Caminaba erguido y parecía ocupado en desenterrar raíces. Cuando advirtió que lo espiaban, lanzó un grito y se metió corriendo en el bosque, siempre erguido.

El mismo Stonor recogió otro testimonio de un aldeano de Pangboche, de apellido Mingma, quien pudo observar a un Yeti de pequeño tamaño desde el interior de un refugio. Señala que la criatura se movía a zancadas largas y ligeramente inclinada. Pudo distinguir bien su rostro, con nariz aplastada, muy hundida en su nacimiento; la cabeza cónica y puntiaguda con una cresta de pelos. Vello castaño en el rostro y dientes grandes y planos, como de caballo aunque con colmillos bastantes destacados.

El más alto número de testigos se reunió en el lamasterio de Thyangboche, situado a casi 4.000 metros de altura, durante una fiesta religiosa, en noviembre de 1949. Los testigos, unos 140 sherpas y una docena de monjes budistas tántricos, señalan que el Yeti salió súbitamente del bosque. Tenía el pelaje gris y su estatura alrededor de 1.80 metros. Parecía despreocupado y de buen humor, y se paseó sobre la nieve rascándose, gruñendo y jugando con montones de nieve fresca. Los monjes entonces hicieron sonar gongs, valvas y trompetas, y el Yeti se alejó. Los lamas tántricos suelen depositar alimentos en lugares especiales para que los recojan los Yetis.

De los Yetis, fuera de sus huellas y avistamientos ocasionales, lo único concreto que se ha encontrado hasta ahora son muestras de su excremento, que no deja de ser un factor importante para reconocer a las especies zoológicas. En este caso, los excrementos del Yeti son por completo distintos de cualquier otro de origen animal. Al ser analizados indicaron una dieta a base de materia vegetal, insectos, ratones, aves y... tierra. Es posible que coman tierra para compensar algunas carencias de minerales. Se sospecha también que roban ocasionalmente ganado, en especial yaks, terneros, ciervos y carneros. Lo más probable es que sean omnívoros y coman cuanto puedan hallar.

Otro testigo ocular de gran prestigio es el célebre montañista británico Don Whillans, quien observó un Yeti de gran tamaño, alrededor de tres metros, recortado contra el cielo claro, junto a un abeto que le permitió calcular la estatura del ente. Lo escuchó asimismo lanzar un grito muy extraño, como canto de un pájaro. Bien iluminado por la luna, el enorme corpachón se veía desnudo aunque cubierto de pelos, y su apariencia era vagamente humana. Pudo observarlo alrededor de 20 minutos, hasta que el ser misterioso desapareció moviéndose a gran velocidad. Al día siguiente, encontró huellas de 52 centímetros hundidas profundamente en la nieve. Este relato lo hace el célebre escalador luego de haber conquistado la cima del Anapurna, en su expedición de 1970.

En su libro “Where the Gods are Mountains”, el profesor René von Nebesky-Wojkowitz, quien realizó investigaciones de terreno durante tres años en la zona del Tibet y Sikkim, entre 1953 y 1956, afirma que el Yeti es un Pithecantropus real, un ser que, sin ser del todo humano, es mucho más que un mono. Señala que su habitat está en los bosques más espesos de la zona alta en los Himalayas. Su estatura media es de 2.25 metros. Está cubierto de pelaje castaño oscuro; tiene brazos largos y cabeza puntiaguda, rematada en un cono cubierto de terminaciones musculares. El rostro es simiesco pero mucho más humano que el de un chimpancé o un orangután. Duerme durante el día y se desplaza de noche. Suele adentrarse en las nieves en busca de un liquen rico en ciertas vitaminas.

Por su parte, el investigador francés Heuvelman, en “En el Rastro de los Animales Desconocidos”, menciona que los lamas del Tibet hablan de tres tipos diferentes de Yeti. Unos son gigantes carnívoros y pueden ser muy peligrosos en ciertas circunstancias. Miden entre 3.9 y 4.8 metros y viven sólo en las zonas nevadas arriba de los cuatro mil metros. A estos gigantes los llaman Nyalmo. La segunda clase son los llamados Rimi, que miden desde 2.10 a 2.70 metros, habitan entre los tres mil y cuatro mil metros, alimentándose de animales, insectos y plantas. Bajo el nivel de los 3.000 metros viven los Yeti de menor tamaño, como los humanos o menos, se les llama Rackshi bompo, a los que los sherpas llaman Yeh-teh o Mih-teh. Son los que dejan las huellas más pequeñas, que se pueden hallar con mayor frecuencia. Es posible, señala Heuvelman, que estos Rackshi bompo sean hijos de los Rimi, en su etapa de crecimiento, que viven en zonas más llevaderas y protegidas por las espesas selvas.

http://www.youtube.com/v/RRAvKWG8D9Y&feature=related
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Pontianak




Pontianak es una vampiresa chupa-sangre, que merodea en los árboles y en los cementerios del sudeste asiático. En realidad, el nombre significa “fantasma que lleva-niños”, porque la creencia dice que es una mujer que ha muerto dando a luz.
Pontianak aparece como una hermosa mujer hasta que se abalanza sobre su víctima, momento en el cual se convierte en una vieja arpía y fea, con dientes afilados como navajas.
La leyenda dice que ella se alimenta especialmente de mujeres embarazadas y bebés, movida por los celos desde más allá de la tumba.
Los hombres tampoco están a salvo –en realidad en el sudoeste asiático es de mala suerte golpear a una mujer, especialmente si es casada, ¡posiblemente en caso de que ella vuelva de la muerte a buscarte!
Los escépticos dicen que las Pontianaks no son más que búhos grandes, cuyas caras parecen un poco humanas cuando descienden en picada desde la oscuridad.



“Pontianak”tambien conocido como Kuntilanak, el Matianak o el Boentianak en Indonesia,su nombre se acortada a veces como kunti, es un tipo de vampiro o fantasma en el folklore Malayo.Es uno de los fantasmas más famosos de Malasia se dice que este ente es terrorifico y violento. Sobre todo, los Malayos creen que este ser horrible se origino de los niños que mueren al nacer de las mujeres que pierden su embarazo,se dice que ella también come
bebés y dañará mujeres embarazadas, causando abortos involuntarios muertes de mujeres mientras que dan a luz, La frase “Pontianak” fue creada de las siglas de “Perempuan Mati Beranak” en la lengua del Malaya, significando la muerte de la mujer por parto. Después de tal muerte, las precauciones se toman para evitar que se levanten como pomtianak Poniendo los granos de cristal en los cadáveres de modo que no puedan chillar La colocación de huevos de ave debajo de los axilas de los cadáveres de modo que no puedan moverse colocación de agujas en sus palmas de modo que no puedan volar (al parecer la palma ayuda al pontianak para volar) Pontianak anuncia su presencia con gritos de bebé o se da vuelta con forma de hermosa mujer y asusta o mata generalmente al desafortunado quién pasa cerca. Su presencia se puede detectar a veces por una fragancia floral agradable del kemboja(un tipo de flor) seguido por un hedor tremendo luego.Se cuenta que cuando el pontianaks grita es muy difícil verlo o saber su ubicación. Los Malayos creen que si el grito es suave significa que el pontianak esta cercano y si es ruidoso entonces él debe estar lejano.

http://www.youtube.com/v/OA2IuAVKp04
link: http://www.youtube.com/watch?v=OA2IuAVKp04
http://www.youtube.com/v/_z_5dtLErQg
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Gigantes




En la mitología griega, los Gigantes (en griego antiguo Γιγάντες, ‘nacidos de la tierra’) son personajes caracterizados por su estatura y fuerza excepcionales. Conviene distinguir entre ellos a los Gigantes de la mitología primordial, hijos de Gea, de los concebidos posteriormente.
Según Homero, los Gigantes eran una raza de hombres de grandes dimensiones y salvajes, gobernados por Eurimedonte, que moraba en el lejano oeste, en la isla de Trinacia. Pero fueron exterminados por el propio Eurimedonte debido a su insolencia hacia los dioses.1 Homero consideraba pues a los Gigantes, como a los feacios, cíclopes y lestrigones, una de las razas autóctonas que (con la excepción de los feacios) fueron destruidas por los dioses debido a su autoritaria insolencia, pero ni él ni Hesíodo sabían nada sobre la lucha de los dioses con los Gigantes.
Sin embargo, Hesíodo2 los considera seres divinos, que surgieron de la sangre que Urano derramó sobre la Tierra, siendo pues Gea su madre. Para ser más precisos, nacieron con sus hermanos y hermanas, las Erinias y las Melíades, cuando Crono castró a Urano, su padre, y la sangre de éste cayó sobre Gea. Poetas y mitógrafos posteriores los confunden frecuentemente con los Titanes.3 Se decía4 que Gea, indignada por el destino de sus hijos anteriores, los Titanes, engendró sola a los Gigantes, seres monstruosos e inconquistables con temibles rostros y colas de dragón,5 e Higinio6 los considera hijos de Gea y Tártaro.
Según algunos, nacieron en Flegra (‘campo en llamas’), en Sicilia, Campania o Arcadia y, según otros, Flegra era el nombre mítico de la península tracia de Palene.4 7 Es digno de mención que Homero, así como escritores posteriores, sitúe a los Gigantes en zonas volcánicas, y la mayoría de los expertos lo hagan en áreas de Europa occidental. El origen de la historia de los Gigantes debe pues buscarse probablemente en fenómenos físicos similares de la naturaleza, especialmente en los volcánicos, de los que surgieron las historias sobre los Cíclopes.
Estos Gigantes intervienen poco en la mitología. Aparecen esencialmente en el episodio de la Gigantomaquia (o ‘Guerra con los Gigantes’), en la que se enfrentaron a los dioses del monte Olimpo, intentando llegar a ellos apilando las dos cadenas montañosas de Tesalia, Pelión y Osa, una sobre la otra. Sin embargo, fueron derrotados por los dioses olímpicos con la ayuda de Heracles. Esta batalla parece ser sólo una imitación de la revuelta de los Titanes contra los Dioses griegos, la Titanomaquia.
Según Pausanias, para los arcadios la Gigantomaquia tuvo como escenario la cuenca del río Alfeo.8

http://www.youtube.com/v/HcUjAo1Pz-E
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Aves gigantes



Sabemos que hace 6 millones de años estas pavorosas criaturas, poblaron este planeta, pero ¿Sobrevivieron hasta años recientes? O la posibilidad más inquietante, ¿Podrían continuar surcando los más recónditos cielos de nuestro planeta?Para responder esta pregunta hemos de basarnos en los testimonios de los testigos de los supuestos avistamientos de estas aves. En épocas tan recientes como 1948 fueron avistados estos descomunales animales. Las zonas donde más avistamientos se han producido han sido en las inmensas planicies despobladas del oeste americano. Los informes modernos sobre aves gigantescas en los Estados Unidos comenzaron a finales del siglo XIX En el año 1882: Según James "Cielo Rojo", indio ojibwa de la región de Thunder Bay, en Ontario (Canadá): "Vimos hace varios veranos un ave del trueno. Era un ave enorme, mucho mayor que los aviones que podemos contemplar hoy. No batía sus alas, ni una sola vez. Era blanca por debajo y negra por encima." En Dent's Run, Pennsylvania, un tal Fred Murray divisó una bandada de aves que, según dijo él, parecían buitres gigantescos , con una envergadura de más de 5 metros.

En febrero de 1895, la desaparición de la niña de diez años Landy Junkins en Webster Country (West Virginia) fue atribuida a una de estas enormes aves. La madre de Landy envió a la niña a la casa de unos vecinos, pero nunca llegó a ella. Un grupo de búsqueda encontró sus huellas en la nieve; abandonaban el camino y se adentraban unos pocos metros en un campo. Allí, numerosas huellas se mezclaban entre sí, como si la pequeña hubiera dado vueltas sobre si misma, tal vez tratando de escapar. Nunca más se supo de ella .
Esta es una de las muchas imágenes que circulan por internet de un supuesto ave gigante, pero probablemente sea falsa.

Un incidente acaecido unos días después sugirió lo que pudo haberle ocurrido a la niña. Un cazador de osos, llamado Peter Swadley, fue atacado por un ave de gran tamaño, que descendió sobre él y le hundió las garras en la espalda. Swadley escapó de la muerte gracias a su perro, que atacó al ave. Esta se revolvió entonces contra el perro, abriéndole el vientre de un zarpazo, y después remontó el vuelo llevándose al infortunado animal. Un ayudante del sheriff y su hijo vieron también el "águila" gigantesca que capturó un gamo en el bosque donde ellos estaban cazando ciervos.

Según dijeron, el animal tenía una envergadura de 4,5 a 5,5 metros, y un cuerpo tan voluminoso como el de un hombre. Según se cree, el mismo monstruo fue también el causante de extrañas desapariciones de ovejas en un corral vallado. Por tanto, parece ser que se trataba de un águila capaz de levantar el vuelo con un gamo, un perro de caza, una oveja y una niña de diez años, y que además intentó apoderarse de un adulto...Hacia 1940, en Pennsylvania, un escritor e historiador local, llamado Robert Lyman, se encontraba en la Selva Negra, cerca de Coudersport, cuando vio en medio de un camino un pajarraco de color pardo. De pie media cerca de un metro, y tenía el cuello y las patas muy cortos. Cuando alzó el vuelo, Lyman vio, tomando como punto de referencia el camino, que sus estrechas alas, una vez desplegadas, alcanzaban una amplitud de 6 a 7,5 metros.En 1947, cerca de Ramore (Ontario, Canadá), unos granjeros pasaron un mal rato con una gigantesca ave negra que atacó su ganado. Tenía un pico curvo, grandes garras y unos ojos amarillos "del tamaño de dólares de plata".



Un pájaro gigante con una envergadura de las alas cerca de los 6 metros, se ha avistado en una zona del sudeste de Alaska. En opinión de los aldeanos de Togiak y de Manokotak, han visto un pájaro que consideran lo más grande que han visto jamás.

El diario de noticias "Anchorage" afirma que el piloto de un avión comercial que llevaba pasajeros de Manokotak la semana pasada (16 de Octubre) pudo avistar, junto con gran parte del pasaje, a la criatura con total claridad.
Avistamiento del 2004



Los científicos no saben dónde encajar estos informes de avistamientos de un gran pájaro depredador, sin embargo los biólogos de esta zona de Alaska, son escépticos en cuanto a la envergadura del animal. "No estoy enterado de nada que tenga mas de 4,5 metros de envergadura y que este vivo desde hace 100.000 años" afirmo el especialista federal en aves de presa Phil Schemf. Schemf y otros biólogos, así como un oficial de la policía y varios profesores de la escuela de Manokotak, coinciden en que los avistamientos podrían corresponderse a una especie conocida como Águila de Mar, o Águila Marina de Stéller (Haliaeetus pelagicus) una especia natural de la zona norte de Asia, la cual es una de las águilas más grandes del mundo junto con el Águila Arpía y la gran Águila Negra de Verreaux. Es aproximadamente un 50% más grande que un águila calva. Fuera del nuevo continente, aunque si bien más escasos, tenemos algunos testimonios parecidos.En fechas tan recientes como 1994 los lapones del norte describieron a una enorme ave de presa , que en su mitología se denomina Vuokho, llevándose a varios renos.En 1838, en las montañas de Suiza, una niña de cinco años llamada Marie Delex fue capturada por una gran ave cuando se encontraba jugando con sus amigas. No fue transportada al nido del ave, ya que un grupo que salió en su búsqueda encontró allí dos aguiluchos y montones de huesos de cabra y de oveja, pero ningún rastro de la pequeña.Pasaron dos meses antes de que un pastor encontrara sobre una roca su cadáver mutilado .

La noruega Svanhild Hantvigsen narra que cuando tenía tres años, en 1932, fue capturada por una enorme águila y llevada hasta su nido. Fue rescatada por varias personas que habían presenciado el hecho, y tuvo la suerte de escapar del trance sin un rasguño, aunque sus ropas estaban hechas jirones.La leyenda del Ave del trueno puede ser fácilmente explicada, seguramente estas enormes aves llegaban, justo a las Zonas del Oeste de E.E.U.U donde habitaban los indios, en plena época de lluvias, en su migración anual . Esto explicaría su relación con las lluvias, los truenos y los relámpagos.


http://www.youtube.com/v/8ATrqQsLLpk
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Duendes y Gnomos



Los duendes son seres mitológicos elementales de la naturaleza, guardianes de los bosques y de todos los seres vivos que habitan en ellos.
Los duendes forman parte de la raza elemental feérica, y junto con sus homólogos elfos, trols y hadas, son guardianes de la naturaleza y son los seres más populares de la mitología celta y la mitología nórdica, ya que tanto celtas como vikingos creían en la existencia de fuerzas primarias y de seres fantásticos relacionados con la naturaleza.
Los duendes se distinguen de los elfos por su pequeño tamaño, sus orejas son puntiagudas, algunas especies son de nariz grande y otras pequeña, su cabello es largo y a veces suelen ser peludos y llevan largas garras. Generalmente son semejantes a un niño pequeño en estatura, aunque también son descritos subtipos más pequeños; los cuales son denominados duendecillos.
Algunos duendes consortes en brujería o hechicería pagana eran llamados familiares. Se dice que los druidas celtas y los hechiceros los usaban como espías o ayudantes para conjuros, que la Madre Tierra otorgaba estos ayudantes a sus druidas más selectos, y que en el caso de los satánicos, era el mismo Diablo quien los otorgaba; es por ello que se les atribuía forma de un animal pequeño por ser discretos, ya fuera como un gato, hurón, sapo, rata o murciélago.
Son relacionados por su amor a las orgías y tienen diversas capacidades, temperamentos y apariciones dependiendo la historia y el país de procedencia.



Suelen ser descritos popularmente como expertos en la magia, adivinación y demás ciencias ocultas, sin embargo, su magia es ineficaz contra alguien que porte un "trébol de 4 hojas", son intolerantes a la imagen de San Patricio, el santo patrón de Irlanda, ya que fue este quien "les desterró de la casa de Dios", aunque en el día celebrado a este santo (17 de marzo) se dice que es cuando todos los duendes y demás seres de la fauna faérica emergen de sus escondites haciendo calamidades por doquier. Se les puede matar con hierro forjado, aunque también se les atribuye vulnerabilidad a la plata, al igual que los hombres-lobo, ya que la plata se considera un "metal santo" y las armas de plata son de especial predilección para hacer frente a demonios y demás seres, también se les puede hacer desaparecer diciéndoles que traigan agua del mar en un colador ya que como esto es imposible, nunca regresarán.
Según las leyendas se pueden crear mediante la obtención de unas plantas que solo salen en La noche de San Juan. Estas plantas se deben guardar en una botella o recipiente fabricado en vidrio de color negro. que no se vea el interior del recipiente. Se debe dejar la botella cerrada durante toda la noche de San Juan y por la mañana abrirla y saldrá el duende creado para ser tu sirviente. Se dice que los duendes son enanos para poder vivir en cuevas.
Habitan en los bosques, lugar en el que las personas tienen poco o ningún acceso; cada 100 años toman para sí una esposa de entre los humanos, la más hermosa de las niñas, para luego raptarla y desfigurarla hasta el punto de que se parezca a ellos, porque entre los duendes no hay género femenino. Son simbolos de buena suerte para algunos y para otros son mala suerte el caso de Ana Burgos, de la historia de ana en su jardin.
http://www.youtube.com/v/f-6GG9pcvEA
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http://www.youtube.com/v/WVsDLVRBcY0
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