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Cronicas de un Policia II (Arg, Historias de terror reales)




Hace tiempo tome como hobby transcribir y redactar historias de terror, en la madrugada de hoy les traigo dos historias estremecedoras, para mi el mejor genero de las vivencias paranormales aquellas que les ocurren a los servidores de la ley, cuantas historias y vivencias ocurren en cada comisaria del pais y permanecen anonimas...



Si vas a comentar hacelo con el debido respeto, pensar distinto no te da derecho para agredir de forma arbitraria....


Maquinola te dejo un sound track para ambientar, Aguantiiiiaa hasta que cargue el post...





link: https://www.youtube.com/watch?v=AWeASUBltUA


"LA CELDA"(Santa Fe, Argentina)


Me llamo Juan y como bien sabrán he posteado algunas historias sobrenaturales que me han tocado vivirlas directa o indirectamente, lo que estoy a punto de contar sucedió en plena comisaria de Santa Fe (Arg), el destacamento policial tiene las celdas transitorias, (es decir, calabozos donde se alojan a las personas arrestadas que aún no definen su situación procesal de libertad), al lado de la Oficina de Guardia, lo que hace que el trabajo en dicha oficina se torne muy molesto cuando estas celdas están atestadas de gente, o cuando hay adentro algún borracho molesto que grita todo el tiempo que lo dejen salir.





Este espacio está compuesto por cuatro ambientes hay primeramente una especie de antesala con un banco para los detenidos menos peligrosos, y a posterior tres celdas cada una con su puerta de seguridad, (es aquí donde se colocan a los sujetos más quilomberos), y cuando hay muchos arrestados, se usan para dividir a los masculinos mayores de los menores, reservando la última celda para las mujeres. En esta parte de la Cria la luz es escasa, ya que por su disposición no entra el sol, y tiene un tubo fluorescente para iluminar las tres celdas. Cuando se quema este tubo, pueden pasar semanas antes de que se cambie.





Hace unos tres años tuvimos en el centro de Rosario una invasión de mujeres punguistas, la mayoría provenientes de Tucumán y Santiago del Estero, que se habían convertido en una plaga. Desde arriba había llegado la orden que luego de detenerlas fueran trasladadas a la comisaría en averiguación de posible captura (en Santa Fe está avalada esta práctica por el Art. 10 bis de la Ley Orgánica Policial, aunque actualmente está suspendida por un recurso de amparo de un legislador K, para comprender el marco y contexto social la historia se sitúa en el año 2009).





La demora puede durar hasta seis horas corridas, lo que ocasionaba que durante todo el día las celdas transitorias permanezcan llenas de mujeres, algunas con sus hijos, y que sus conversaciones estridentes, gritos pidiendo para ir al baño y carcajadas, estos alaridos se escuchaban inclusive desde las oficinas ubicadas al frente de la comisaría.





Lo extraño ocurrió un día en que me dirigía desde mi oficina hasta la guardia, para lo cual tengo que transitar por un patio, que a su vez es lindante a dos ventanas de las celdas. Al pasar por al lado de la segunda ventana, escuché un cuchicheo proveniente desde el interior, no le presté atención, pero al ingresar a la guardia, de puro curioso, me acerco y le pregunto a la Sargento que estaba en ese puesto de custodia, si tenía alguien demorado?.





Me sorprendió que me dijera que no, ya que estaba totalmente seguro de lo que había escuchado, volví a insistir con mi pregunta de que si estaba totalmente segura de que no había nadie, y me contestó, me contestó "estoy acá desde las ocho de la mañana, cuando tome la guardia no había nadie” Cuando terminó de decir "nada", se escucharon bien claros tres golpes en la pared trasera de la guardia.





Inmediatamente entré a fijarme quién estaba, me asomé a la ventana de la puerta de la celda, y efectivamente, no había nada ni nadie, en ese momento la luz del fluorescente parpadeó y se apagó, me dio un escalofrío tremendo, el aire pareció volverse denso, casi irrespirable. Salí de aquel espacio y simulando que no pasaba nada, le dije a la "Sargento" que avise a logística que se había quemado el tubo fluorescente, luego algo nervioso, olvidando para qué había venido a la guardia, me fui de regreso a mi oficina.





Ese mismo día, unas horas más tarde, la comisaria estaba abarrotada de mujeres punguistas para colmo también teníamos un par de arrestados masculinos, procedimos a colocar a las mujeres en la primera celda, ya que es la más grande además eran casi veinte en total. Cuando no había pasado ni media hora, comenzamos a escuchar los gritos de varias de estas mujeres, que pedían que las saquemos de allí. En principio no les prestamos atención, porque es común que se quieran ir, sobre todo cuando no pudieron “ganar” (robar) en todo el día y se termina el horario comercial, que es cuando más víctimas tienen a su alcance.





No había pasado ni media hora que los gritos se hicieron más insistentes, inclusive se escuchaban desesperadas, comenzaron a patear juntas de manera histéricas la puerta de la celda, hasta que la arrancaron de sus bisagras. Enseguida llegamos todos uniformados que estábamos disponibles para controlar la situación, pero para nuestra sorpresa ninguna intentó escapar, simplemente salían de la celda y se quedaban en la antesala del transitorio. Muchas de ellas lloraban, por mi parte me acerca a una de estas, a quien conozco desde hace años, le pregunté qué había pasado. Me contestó que en esa celda había "una sombra negra y oscura" hicimos el papeleo rápidamente y las despachamos a otro lugar.





El día que nos dejó marcados a todos los de aquella guardia, comenzó como cualquier otro, era un domingo, por lo tanto no habría mucho movimiento, y con suerte la guardia sería tranquila. Apenas llegué a la comisaría, la misma “Sargento” con la que entable palabras en los celdas días antes, me dijo que tenía que hablar conmigo (no digo que la noté asustada, pero sí bastante nerviosa). Me preguntó si me acordaba lo que había pasado "la otra vez", inmediatamente supe de qué se trataba, le respondí que sí, trago un poco de saliva y acoto lo siguiente "recién cuando tome la guardia, me puse a limpiar las celdas aprovechando que estaban vacíos, mientras sacaba el agua con el secador, sentí una corriente de aire frio detrás mío y unos paso acercándose a mí, no me quise dar vuelta porque sabía que no podía haber nadie más que yo, los pasos me rodearon y se perdieron por el pasillo”





A medida que me lo iba contando se iba poniendo más nerviosa y había comenzado a temblar, entonces para calmarla le dije que no se hiciera problema, que seguro fue una corriente de aire que no era nada para preocuparse, y que en todo caso, si lo que fuere que haya sido salió por la puerta de la guardia, ya se había ido y no estaba más, se tranquilizó un poco con mis palabras y volvimos a la rutina laboral.





Un par de horas más tarde, volví a la guardia, y nuevamente escuché un cuchicheo a través de las ventanas de las celdas. Al entrar a la guardia le pregunté a la “Sargento” si había traído a alguien arrestado, y me respondió que no. Decidí no decir nada, pero inmediatamente detrás mío ingresó un compañero que también venía desde las oficinas, y ni bien entró preguntó "trajeron alguien arrestado?” al responderle que no, dijo "ah, porque me pareció escuchar que hablaban cuando pase por lado de las ventanas”, nos miramos con la Sargento, pero ninguno de los dos dijo nada.





Como a las seis de la tarde, un grupo de motorizada trajo arrestado a un muchacho de unos veinte años, que era, por así decirlo, habitué de la comisaría. Vivía solo con su padre, y cuando se pasaba de drogas, lo golpeaba o intentaba agredirlo. El padre llamaba al 911 y terminaba todo en la seccional. Al estar las otras dos celdas ocupadas, y como este muchacho estaba muy drogado, molesto y violento, lo metimos en la primera celda para que esté solo y no lastime a nadie.





Esta demás decir que en el momento que entro a la celda, como a golpear las rejas y a gritar que lo saquen de ahí, por el carácter que tenía y conocíamos previamente no le llevamos el apunte, seguimos haciendo nuestro trabajo, pasadas unas cuatro o cinco horas, me di cuenta que ya no se escuchaban más sus gritos. Pensando que se había recuperado o se había calmado, decidí terminar el trámite para que se fuera en libertad, entré a la antesala de las celdas, y cuando me acerco a la primera veo un nudo de tela atado a uno de sus barrotes, me asomo rápidamente y de este nudo colgaba hacia abajo el chico arrestado, estaba sentado en el suelo, con la tela atada a su cuello bien tirante, inmediatamente grité pidiendo ayuda, y en ese momento el fluorescente se apagó, dejando todo a oscuras.





Abrí la puerta, y ayudado por los haces de luz de las linternas de mis compañeros que iban llegando, desaté el nudo, liberé el cuello, tendí en el piso al muchacho, y comencé las maniobras de RCP, ayudado por uno de mis colegas. Sabía que iba a ser en vano, ya que el cuerpo tenía livideces, lo que significaba que llevaba muerto el tiempo suficiente como para que sea imposible la resucitación. Dimos por terminadas las maniobras, y pedimos al servicio de emergencias una ambulancia para que se constate el óbito.





Los demás salieron de la celda, quedando la Sargento en la puerta y yo adentro con el cadáver. Todavía estaba arrodillado, cuando de repente se encendió la luz del tubo fluorescente, y la Sargento gritó "NO!". La miré, y vi que tenía su vista clavada en el interior de la celda, a mis espaldas. Me di vuelta rápido con el corazón latiéndome a mil por hora, retrocediendo unos pasos hasta tropezar con el cuerpo, y pude ver como una sombra se alejaba hacia el rincón de la celda, fundiéndose con las demás sombras de la pared...









"EL UMBRAL" (Mendoza, Argentina)


Aunque sea contrario a permanecer en el anonimato esta vez lo hare debido a que no sé cómo repercutiría en mi laburo si se llegase a saberse lo que estoy a punto de contar, pertenezco a la fuerza policial de la provincia de Mendoza (Arg) y siendo un elemento activo de esta profesión me tocó vivir varios hechos incomprensibles que dejarían a más de uno perplejo si les tocase vivirlos y afrontarlos, en esta noche compartiré solo dos vivencias que han dejado una huella muy honda en mi hasta la fecha.





La primera de mis anécdotas sucedida en el 2011 me tocó vivir algo muy particular en mi trabajo, como bien dije soy policía, durante unos breves meses me tocó trabajar en la unidad especial de patrullaje de Godoy Cruz, una noche mientras estaba en el móvil patrullando el “barrio sol y sierra” por la frecuencia del handy se escucha que una mujer policía pide apoyo aterrorizada sin dar mayores precisiones de lo que pasaba en el lugar, pensando que era un enfrentamiento llegamos en dos minutos a la zona.





Al llegar encontramos alrededor del móvil una turba de gente exaltada compuesta por los vecinos de la zona y la pareja de uniformados que solicito apoyo, cuando le pregunto a la policía si estaba bien que era lo que pasaba, oímos una risa macabra perteneciente al de una persona mayor, el origen de la misma provenía desde arriba de la copa de un árbol.





Oír aquella carcajada horrenda me dejo anonadado, que era eso o aquello que nos acechaba desde el árbol?, en eso llegan dos móviles más de apoyo, los vecinos asustados se dispersan a sus respectivas casas e inmediatamente con los reflectores de los vehículos tratamos de dar y comprobar que era esa “cosa” que estaba arriba del árbol, en un momento dado las luces logran su cometido y vemos en el follaje de un árbol mediano a una mujer de unos 50 años semi-desnuda, con los ojos totalmente negros.





Por la conmoción generada por aquel encuentro, estábamos desconcertados como si no fuese creer lo que estábamos viviendo, para nuestra suerte arriban dos patrullas más a la zona, esta señora empezó a saltar de árbol en árbol, por más increíble que parezca al hacerlo era como si levitara, pegaba unos brincos enormes, algunos con una distancia de 10 metros, los cincos móviles comenzamos a perseguirla durante un buen rato.





En algunos momentos parecía que adquiría un tono verdoso, varios de mis compañeros le largaron con la escopeta con balas de goma, pero sin hacerle ningún daño, la persecución continuo hasta el parque, precisamente hasta la explanada del “Estadio Malvinas Argentinas”, (en esa época estaba en refacciones por lo que se podía ingresar con facilidad).




Esta “Bruja” quedo acorralada, no tenía más árboles para escapar y estaba rodeada por los 5 móviles, el comisario “Berni” que estaba en uno de las patrullas le dice a la señora que levantara las manos y se entregará, que estaba rodeada, sin exagerar, todos muy asustados apuntando contra ella con nuestras armas similar a una escena de un thriller policial.





Esta señora levanta las manos y teniéndola a una distancia de 50 mts dijo algo, pero no pude llegar a entenderla, un efectivo con mucho coraje intenta acercarse para lograr reducirla, y es aquí que (esto no me lo voy a olvidar nunca) esta cosa se transforma en algo negro con alas como un águila gigante, nadie dio la orden fue instintivo el tiroteo por parte nuestra, yo creo que por el terror generado se le largo de todos los ángulos posibles, prácticamente se fue volando hacia el oeste adonde están los cerros.




Aun cuando la perdimos se fue herida deduzco esto porque habían manchas de sangre en el suelo, nunca entendimos a que nos enfrentamos esa noche, lo más triste es que rápidamente se tapó todo el asunto aun cuando fue tratado por un diario local se mantuvo en un hermetismo total, por último los vecinos hasta el día de hoy se siguen llamando por que esta “mujer” los sigue molestando.





La segunda de mis anécdotas es aún más fresca paso hace un mes aproximadamente, en la actualidad trabajo en la comisaria 16 de “Las Heras Mendoza, me desempeño como el conductor designado de un móvil, un noche nos desplazan con mi compañero por un problema de vecinos supuestamente a la calle Avellaneda y España, (tipo 3 de la mañana de un jueves sino me equivoco). Con mi colega nos llama poderosamente la atención que al arribar no había nada, ni nadie en la calle, pedimos por la frecuencia policial si tenía una dirección de un domicilio o algo más exacto, al no tener datos precisos nos retiramos de la zona, 30 minutos después nos desplazan nuevamente al mismo lugar por un reiterado llamado al 911.





Al llegar por segunda vez, vemos que las puertas de doble hoja de una vieja casona derruida estaba abierta de par en par, el interior del inmueble tenía una oscuridad plena, nos ponemos en alerta por un posible robo domiciliario activo y pedimos apoyo para ingresar al domicilio, arriba un móvil de la unidad especial de patrullaje, por lo que siendo cuatros policías decidimos ingresar.





Una pareja se quedaría afuera haciendo guardia y los otros restantes entrarían a la casa, nosotros fuimos los que ingresamos, caminar era ya de por si una odisea total había una oscuridad absoluta y el silencio solo era interrumpido por el sonido del motor de los móviles estacionados en la vereda de la calle, la casa estaba destrozada por dentro, materia fecal y orina por todos lados, las paredes rayadas y al parecer manchadas por sangre.





Recorriendo por unos momentos damos con una de las piezas, desde donde vemos salir una tenue luz, nos identificamos como policías pero no hubo respuesta alguna, yo abro la puerta y encuentro un altar, había un cuadro de un ser con alas y la cara podrido, el cuerpo todo negro, alrededor de la imagen había un montón de velas negras y cadáveres amontonados de animales putrefactos (el olor nauseabundo a carne descompuesta era muy fuerte).





Sin embargo en aquel escenario dantesco no había nadie, de pronto un ruido en el patio similar a un gruñido de un animal nos hizo reaccionar a los dos e ir a verificar el origen del mismo, toda esta situación género un miedo sin igual logrando que tanto mi compañero llevara la escopeta lista para accionar y yo sacare mi arma reglamentaria, (a esa altura no me podía sacar de la cabeza la figura del cuadro que había visto), abro la puerta que da al exterior y ahí estaba una persona muy delgada de más o menos 1,90 mts de estatura pelo corto, sin remera, tenía sangre seca en el torso y se encontraba mirando la pared en una esquina, la noche estaba despejada así que se veía perfecto con la luz de la luna.





Me identifico de nuevo como policía y le ordenó que levante las manos y se gire arrodillado mirándonos a nosotros, pero no responde, esto se repitió tres veces, al no querer cooperar ni al recibir respuesta, le entrego el arma a mi compañero. Me acerco cautelosamente y le pregunto cómo se llamaba, “MARCELO GODOY” me respondió y conto además que tenía mucha gente metida adentro que lo esposara rápido porque sino los otros nos iban a lastimar, yo lo esposo y le digo, "Marce, que es esa imagen que tienes en tu pieza?", él me dice que no sabe como pero que un día se despertó y estaba ahí.





Con mi compañero pensamos que se trataba de un enfermo psiquiátrico como tanto otros, hay muchos enfermos que son expulsados por sus familias y terminan así, procedimos a llevarlo al móvil para trasladarlo a la comisaria, en ese momento que caminábamos hacia la salida escuchamos desde la pieza que tenía el altar una voz de una persona mayor "dejen de joder al pobre Marcelo", ya en la vereda rápidamente solicitamos directivas a la oficina fiscal número 5 y nos ordenan cerrar el lugar hasta encontrar un familiar de este hombre.





Dejamos esposado a este sujeto en el móvil y reingresamos al inmueble en busca de aquella persona que nos habló, mas allá de nuestra búsqueda no encontramos a nadie, de pronto comenzamos a escuchar que pateaban el móvil, era Marcelo que se había sacado las esposas y hablaba como en una lengua rara, los otros dos policías trataban de calmarlo pero era en vano, en el quilombo sale un vecino, y nos dice que tuviésemos cuidado que él siempre se escapa de la policía.





A esta altura estaba aterrado del miedo así que cerré rápidamente la casa y nos lo llevábamos a la “Cria”, cuando llegamos a la comisaria antes de abrir la puerta trasera del móvil, pido ayuda, en total éramos siete policías, abro la puerta y le digo a Marcelo "lo hacemos por las buenas o por las malas", él me contesto en un tono burlón ”mira Martínez a nosotros no, nos vas a intimidar con tu fierrito de juguete y tu ropita prestada", acto seguido se bajó tranquilo del vehículo y se sentó en una de las sillas del patio interno que están al lado del calabozo, se sacó los cordones completando toda la rutina de un detenido de manera tranquila.





Un olor se hizo presente en el establecimiento siendo cada vez más fuerte, un olor como a perro muerto, lo metemos al calabozo, con tres detenidos más, a todo esto ya eran las 4:30 hs, pasan 15 minutos y se siente que los detenidos nos gritan llamándonos, nos apresuramos en ir a ver que sucedía, los privados de su libertad nos decían que el "grandote" que habíamos traído se había suicidado.





Cuando abrimos las rejas, era verdad se había ahorcado con los jeans que tenía puestos, yo le pregunte a uno de los detenidos que tiempo llevaba así, a lo que me respondió de alrededor de cinco minutos, me terminan de responder y el ahorcado se entró a reír desaforadamente, el espanto que nos pegamos todos es indescriptible.





Un compañero mío que mide 2,15 mts lo levanta desde las piernas para que no se siguiera lastimando, y este le pega una piña al policía, fue de tal magnitud que el puñetazo lo tiro contra la pared fue impresionante, se necesitó a la guardia entera para reducirlo, él nos decía que nos conocía a todos y a la mayoría nos llamó por el nombre de pila sin habernos visto nunca, nadie quería tratar con el loco, una cosa es ser escéptico, otra es ser un total estúpido y negar lo irrefutable, por lo menos eso pensaba yo.





Desde la fiscalía mandan la directiva que al no encontrar familiares lo trasladáramos a un centro de salud psiquiátrico, esta demás decir que yo no quería hacer el traslado, pero me mandaron igual, supongo que los otros estaban más atemorizados que yo, previo ser revisado por un médico lo llevamos al hospital “El Sauce de Guaymallen”.





En el trayecto al establecimiento medico volvió a dirigirse a nosotros por nuestros apellidos "martinez y barrera díganle a sus compañeros que tengan cuidado en la calle Independencia y San Martin, ahí se va a quedar la cagada nomas..." No le respondíamos por el miedo que nos generaba y además para no seguirle el juego, al dejarlo en el hospital, nuevamente hablo con otra voz, agradeció a cada y nos dijo que lo perdonáramos que él estaba cansado y que no lo dejaban ni siquiera morir los "bichos",





Al otro día se escapó del lugar y por más increíble que resulte esto a la semana siguiente (finales de junio) matan a un policía en la calle san Martín e independencia de las Heras tal como nos había dicho Marcelo, con respecto al destino de este último a comienzos de este mes se roció con un bidón de nafta y se incinero por cuenta propia, creer o reventar no?....






Si queres mas historias de terror te podes dar una vuelta por mis post anteriores....

Por ultimo un agradecimiento especial @Fafarufa quien me permitio usar su historia (es la primera, si pueden dense una vuelta por sus post, el que publique es uno de los tantos que tiene sobre relatos paranormales).
Con respecto al relato "el umbral" el usuario que le toco vivir aquello, me permitio dar a conocerla sin mencionar su cuenta de taringa, esta ultima tiene asociada a su face personal por lo que anexarlo seria comprometer informacion sensible con relacion a su laburo...
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