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El Pozo. (Relato propio)

Que tal amigos! Hoy les traigo un pequeño relato que escribí hace algún tiempo de una colección de cuentos cortos terror que me quede con las ganas de terminar de escribir. Sin mas preámbulos aquí se los dejo.



Todo sucedió en un pueblo que ya no recuerdo, y hace tanto tiempo que hasta el momento me cuesta recordar.

Vivía en una cabaña a las afueras, con mi esposa Gen y mis dos hijos: Robb y Hobb; Robb era el menor, tenia apenas ocho años y tenia una tierna inocencia que era casi contagiosa. La cabaña estaba rodeada de arboles y vegetación, casi adentrada en el bosque.

Vivíamos bien, inculcados por buenas costumbres y valores, como me había enseñado mi padre. El bosque proveía, salía de caseria unas dos veces por semana y mandaba a mis hijos por agua del poso dos veces al dia. No necesitábamos nada de nadie, solo en raras ocasiones iba al pueblo por medicinas o algunas cosas para el hogar.

Todo empezó una mañana de otoño, el sol apenas salía de entre los arboles y los rayos parecían soldados dorados avanzando lentamente por un campo de batalla. Mi esposa se había levantado muy temprano para preparar el desayuno. Yo apenas me estaba quitando la somnolencia cuando Robb me dio un par de tirones a la camisa.

-Papa –Me dijo alegre –Puedo ir yo por el agua?

-Esta bien –Le respondi con una palmadita en la cabeza que se convirtió en una ligera caricia –Pero solo arroja el balde y no te acerques mucho al pozo.

Siempre me sentía inquieto al mandarlo por agua al viejo pozo, era muy pequeño y podía caer muy fácilmente en el. Me quede mirando desde la ventana caminar entre la neblina y los arboles hasta aquel pozo de ladrillos rojos que estaba a unos cien metros entre los arboles, pero aun asi se podía ver fácilmente. Robb levanto el balde atado con la cuerda y lo arrojo con cuidado. Asomo su cabeza para ver si había tocado fondo. En ese momento mi corazón empezó a palpitar como el corazón de cualquier padre preocupado. Tomo la cuerda y empezó a tirar con fuerza hasta sacar el balde. Lo dejo en el suelo junto a el y se volvió a asomar al pozo. De repente tomo el balde con fuerza y corrió hacia la casa.

-Que paso hijo? –Le pregunte al verlo nervioso y fatigado.

-El señor del pozo me hablo

-Y que te dijo? –Sabia que Robb era muy ocurrente y tal vez estaba inventando las cosas. Su imaginación volaba muy a menudo

-Que quiere que te vallas –En ese momento se me erizaron los pelos de la nuca, no tenia miedo, pero sentí un escalofrió estremecedor.

-Llévale el agua a tu mama, te esta esperando. –Le respondí con una sonrisa para calmarlo.

En ese momento fui al pozo, camine por el sendero entre los arboles hasta ese montón de ladrillos rojos. Lo rodee con cuidado para ver si encontraba algo, pero ni a los alrededores entre los troncos, ni en la copa de los arboles pude encontrar algo. Me acerque mas y con cuidado me asome, lo único que encontré fue completa oscuridad, y al fondo un reflejo lejano del cielo. La mente de Robb tal vez le había jugado una broma o podría haber sido el viento que entra hacia el poso y crea ruidos extraños, pero podía estar seguro de que allí no había nada.

Los días pasaron sin novedades, hasta que volvi a mandar a Robb al pozo. En esta ocacion el demoro mas de lo debido, me asome por la ventana y pude verlo, con casi medio cuerpo dentro del poso. Salí rápidamente y le grite su nombre, el seguía allí entrando mas y mas al poso. –Robb!- Volvi a gritar mientras corria hacia el. Cuando estaba a unos cincuenta metros por fin me vio. Se veía tranquilo y sereno. Tomo el balde y camino hacia mi.

-Que te pasa? –Le dije al darle un golpe seco en la nuca –Te he dicho que no te acerques tanto!

-Tiene razón el hombre del pozo –Dijo al romper en llanto –Eres un hombre malo.

-El hombre del pozo? –Me había colmado la paciencia con sus fantasías infantiles. Lo tome del brazo y le di un fuerte tirón hacia el pozo –A ver, dime donde esta el hombre del pozo? –Lo tome fuertemente del cabello y lo obligue a asomarse. No había nada en el pozo.

Robb camino con prisa hacia la casa y yo detrás de el. Mi paciencia había llegado al limite. Llegando a la cabaña azotó el balde contra el piso y corrió a su cuarto.

-Ojala te mueras! –Grito al azotar la puerta

-Y eso quien te lo dijo? El hombre del pozo? –La rabia me brotaba por los poros.

-Si! Te vas a morir! –Grito desde su cuarto

En ese momento camine hacia su puerta mientras tomaba una cuerda que estaba colgada de la pared. Mi esposa intento detenerme pero la amenace con golpearla. Su puerta no tenia perilla, solo se sostenía con una vieja silla apoyada en ella. Entre de una patada y el estaba en una esquina llorando. Levante mi brazo y con fuerza comencé a golpearlo. Un golpe tras otro empezaron a dibujar líneas rojas en su piel. La rabia me cegaba y ensordecía, no podía escullar mas su llanto, solo el sonido de la cuerda rompiendo el viento sobre mi cabeza.

-Veamos que dice de esto tu amigo del pozo –Le dije fatigado del azote.

El día transcurrió normal pero se podía sentir el ambiente denso, y un gran sentimiento de culpa se había subido a mis hombros. Tal vez no era la mejor manera de educar a un hijo pero es la única manera que se de enseñarles.

La noche callo con una manta azul sobre el bosque, la luna resplandecía mas que otras noches, tanto que me era difícil dormir con el resplandor entrando por la ventana y acariciando mis parpados como ligeras cosquillas. –Tal vez un trago me ayude a dormir- (dije hacia mis adentros) Me levante de la cama y fui a la cocina. Mire por la ventana y note una silueta blanca, caminando entre los arboles hacia el pozo. Mi cuerpo se estremeció de miedo pero no podía dejar de ver. Esforcé mi vista pero solo podía ver siluetas. Fui a mi habitación por el rifle que guardaba bajo la cama. Camine hacia la puerta con un miedo que me calaba los huesos. Al intentar mover el cerrojo de la puerta me percate que ya estaba abierto. –Robb- (pensé) Corrí tan rápido como pude, y allí estaba, caminando entre los arboles directo al pozo. Lo abrase con fuerza y el a mi.

-No quiero irme con el señor del poso papa! –Me dijo entre lagrimas

-No hijo, ya estas bien –Yo te voy a cuidar.

Desde ese día ninguno de nosotros volvió a ir al pozo. Ahora era mi tarea ir al pozo del pueblo por agua todas las mañanas, estaba casi a un kilometro de allí, pero era mejor que volver a acercarse a ese lugar.

Las noches pasaron con tranquilidad, hasta aquel día.

Habían pasado mas de dos meses, la luna de esa noche era igual a la de aquella vez, y de nuevo me había quitado el sueño. Me levante a la cocina por un trago y desde la ventana se podía ver el pozo, rodeado por una bruma siniestra a ras de tierra,
abrigando a los arboles de una manera muy inquietante. Una silueta negra salió del poso tan rápido como entro. Las manos se me enfriaron en un segundo y mis piernas empezaban a temblar, sabia que fuera lo que fuera el rifle no me serviría. Entonces otra silueta mas delgada pareció revisar alrededor y volvió a entrar, enseguida como entro empezó a salir un bulto negro mucho mas grande, con lo que parecían brazos desperdigándose por sobre el suelo alrededor del poso, derramándose y arrastrándose entre los arboles. La vista se me empezó a nublar por el terror que sentía en ese momento. Corrí enseguida por Robb y Hobb.

-Niños! Despierten! –Les dije en voz baja pero aun así mi preocupación me delataba –Métanse en el cajón –Los dos empezaron a llorar

-El hombre del pozo viene por mi? –Me dijo Robb llorando a cantaros –No quiero ir con el papa!

-No se va a llevar a nadie –Le di un beso en la frente

Los ayude a entrar en el cajón enorme que estaba en los pies de su cama y atore el candado. Corri a mi cuarto y tome el rifle. Mi esposa despertó preocupada

-Que pasa?

-Nada querida –Le respondí para tranquilizarla. –Ve al cuarto de los niños y cuida que no entre nadie.

Se levanto rápidamente sin cuestionar nada y fue a la habitación de los niños. La neblina se hacia mas espesa y entraba por las ranuras de las ventanas como si tuviera vida propia. Invertebrada se movía como serpiente sobre el suelo. Sali buscando ver el bulto negro que había salido del poso pero no había nada. Camine varios metros rodeando la casa sin encontrar nada, solo bruma.

Desde dentro de la casa escuche el grito de mi esposa haciendo una fuerte cacofonía con el de mis hijos. Intente correr de prisa pero tropecé, algo me sostenía la pierna. Al voltear vi una mano negra tan delgada como una rama saliendo de la bruma. Pateaba con fuerza por mas manos salieron de ella, amordazándome al suelo. Las manos se sentían como el cuero y frías como la nieve, con uñas largas que rasgaban mi ropa y mi carne. Aun no comprendo como sucedió, pero logre alcanzar mi rifle y tire del gatillo hacia ningún lugar. Un chillido escalofriante se escucho desde todos lados y las manos me soltaron.

Corrí hacia la casa. El silencio bañaba la atmosfera acompañado con la ligera brisa del viendo. Entre a la casa despejando la bruma con mis pies al avanzar, al entrar al cuarto de mis hijos no había nadie, solo un fuerte olor en el aire. Despeje la neblina de entre mis pies y vi un gran charco de sangre. Corrí rápidamente hacia el cajón y vi que el candado estaba roto. Una fuerte tristeza y miedo se apoderaron de mi, tirándome al piso como una patada. Rompí en llanto buscando con la mirada a mis hijos y mi esposa, pero no había nada. Busque hasta el fondo del cajón con una estúpida y absurda esperanza de encontrarlos. Lo único que pude encontrar fueron las pequeñas puntas de sus dedos, mutilados desde el hueso, en el fondo el cajón. Los sostuve fuertemente entre ese mar de lagrimas que por un momento pensé que me harían naufragar.

No se cuanto tiempo paso pero el sol empezaba a salir entre los arboles llevándose parte de la bruma. Estaba acostado en el borde de la cama junto al cajón, con los ojos hacia ningún lugar, hinchados e irritados por tantas lagrimas. Sentí una ligera presión en mi pierna, al bajar la mirada pude ver una pequeña manita negra saliendo de entre la poca bruma que quedaba sobre el suelo. La pequeña mano era igual de fría que las que me detuvieron, pero esta tenia algo especial: le faltaban la punta de sus deditos. La tome con mi mano y se empezó a disolver entre la niebla.

Ahora vivo errante por el mundo pensando siempre en el que hubiera sido si le hubiera hecho caso a esa mente inocente. Tal vez era la naturaleza que reclamaba su lugar o tal vez algo mas. Lo único que se es que nunca podré explicar lo que pasó.

SI LES GUSTO PASENSE POR MI OTRO POST:

http://www.taringa.net/posts/arte/17932865/Escribi-un-libro-y-te-lo-regalo.html
DONDE PODRAN LEER UN POCO EN LO QUE HE ESTADO TRABAJANDO
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