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Historia De Terror...

Bueno Este Es Mi Segundo Post.. *-* Espero Que Les Gusta :3
si no leiste esta historia no tuviste infancia )? bueNO.
Él siempre había sido un pedófilo en secreto, se
paseaba constantemente fuera de las primarias
observando con lascivia a las pequeñas niñas en
sus uniformes escolares, imaginando sus cuerpos
poco desarrollados debajo de estos. Deseaba
tanto poseerlas como matarlas a golpes, pero por
supuesto, aquello era ilegal. La Deep Web era un
paraíso para él: miles de fotos de pequeñas niñas
desnudas realizando actos sexuales y algunas
incluso siendo maltratadas, todas clasificadas
por edades; sus preferidas eran las de siete años
porque consideraba que dejaban de parecer
bebés para empezar a tener un poco de
femineidad.
Así pasaba sus solitarias tardes, masturbándose
con aquellas pequeñas sin nombre, deseando
poder realizar su fantasía pero controlándose al
saber que terminaría en prisión. Por ello, en
cuanto escuchó sobre aquel burdel sus ojos se
iluminaron. Ahorraría hasta el cansancio, no le
importaba cuál fuera el precio: quería poseer una
de esas lolitas.
Cuando por fin juntó una suma considerable de
dinero, acudió a la dirección que le había sido
indicada. Era un viejo edificio que lucía
abandonado, en la entrada estaba una anciana
pidiendo limosna con una niña de
aproximadamente cuatro años, sucia y
harapienta. “Espero que ésa no sea la clase de
niñas que hay dentro”, pensó él. Le habían dicho
que le preguntara a la señora por “Liss”, y así lo
hizo.
—Le puedo decir dónde encontrarla, pero… ¿está
seguro de querer verla?
Leonel respondió afirmativamente, y tras darle un
par de billetes a la anciana, ésta le señaló una
puerta en el interior del edificio. Él percibió un
extraño aroma que le recordó su visita a alguna
mina, pero lo ignoró y siguió caminando hasta la
puerta. Detrás de ella había unas escaleras
descendentes de las que provenían música y
luces danzantes. Tal parecía que estaba en el
lugar indicado.
Al final de las escaleras había una larga estancia
en la que se estaba realizando una orgía. Eran al
menos veinte personas teniendo sexo
simultáneamente, todos poseían cuerpos
hermosos y tentadores. Observó en particular a
las mujeres de piel que parecía cincelada por
Miguel Ángel, de largas cabelleras rubias,
castañas, pelirrojas, delgadas y con curvas, pero
todas de una excepcional belleza; sin embargo,
dentro de toda la bacanal no había una sola
niña, y esto lo decepcionó bastante.
—¿Quieres unirte? —le preguntó una mujer de
largo cabello castaño y ropa formal pero
provocativa. Leonel rechazó la propuesta y
averiguó que aquella mujer era Liss. Le dijo lo
que deseaba y ella le pidió que la siguiera hasta
su oficina. Ahí rebuscó entre una larga biblioteca
y extrajo una carpeta azul que le entregó.
—Éste es nuestro catálogo de niñas de entre seis
y nueve años, están ordenadas por fecha de
nacimiento. Avíseme cuando encuentre alguna de
su agrado.
Leonel pasó aquellas hojas, tenían varias
fotografías de cuerpo completo y debajo de ellas
un nombre y algunos datos: “le gusta morder”,
“buena para trabajos manuales”, “muda”, “sin
dientes”… Ninguna le llamaba del todo la atención
hasta que vio una fotografía que resaltaba entre
las demás: una hermosa pelirroja de ojos color
miel: “Haley R.: tímida, recién llegada, sin usar”.
Rozó ligeramente la fotografía con el dedo índice.
Supo que era la correcta y así se lo dijo a la
mujer.
—Perfecto, ¿y será desechable?
—¿Disculpe?
—Me refiero a que si no podremos ocuparla
después, ¿piensa cercenarla o comerla?
—Ah, claro, será desechable.
—En eso caso, ¿quiere algunas herramientas en la
habitación?
—Sí, eso estaría bien.
—Perfecto, y ¿gusta de algún escenario en
especial? ¿Un confesionario, un manicomio, un
salón de clases?
—El salón de clases —dijo él inmediatamente.
—Entonces supongo que le gustaría que la niña
llevara un uniforme escolar.
—Sería excelente.
—Es usted demasiado predecible, pero me parece
bien, la habitación estará lista en una hora,
mientras tanto puede unirse a la orgía en la
estancia.
Leonel regresó a contemplar la maraña de
cuerpos, eran diferentes participantes pero igual
de bellos que los primeros. Se sentó en un sillón a
observar aquella actividad, supuso que se le
cobraría más si participaba, así que se contuvo,
aunque en realidad aún no había preguntado
cuál sería el precio. No que importara, tenía
suficiente dinero como para pagar una casa.
Una hermosa joven desnuda se acercó a él con
una charola repleta de rollos de sushi y unas
cuantas copas de lo que parecía vino.
—Son… ¿humanos? —preguntó nervioso,
creyendo que aquella chica se reiría de él.
—Sólo la mitad de la derecha, tenemos algunos
clientes quisquillosos.
—¿Y exactamente de qué son?
—Los california tienen pezón, los filadelfia tienen
vagina y los tampico corazón. De beber tengo
sangre A+, O+ y vino espumoso, ¿gusta algo? —
Leonel pidió un poco de todo, y le preguntó a la
mujer si unirse a la orgía tendría un costo
adicional.
—Oh, no se preocupe, ya es demasiado lo que
cobramos por su fantasía como para cobrar
extras.
—¿Y si no me alcanza para pagarles?
—Siempre se cumplen los pagos —dijo ella
apenas conteniendo una sonrisa perversa.
Mordisqueó su sushi de pezón y jugueteó con él
en su lengua, eso lo excitó bastante. Miró hacia
la masa de cuerpos frente a él: una bella mujer
pelirrosa con una perforación en la lengua le
realizaba un cunnilingus a una chica tatuada y lo
miraba incitadoramente; él no pudo contenerse
más y se quitó los pantalones exponiendo una
gran erección que de inmediato introdujo en la
vagina de la mujer perforada. Ella gimió de placer
y comenzó a lamer más rápidamente a su
compañera que comenzó a gritar histéricamente
que quería ser devorada. Un hombre se acercó a
ella, pero Leonel estaba muy distraído como para
notarlo. Escuchó algunos gritos pero no le
importó hasta que fue salpicado de un líquido;
abrió los ojos y se dio cuenta de que entre la
pelirrosa y un hombre se habían comido la vagina
y el rostro de la tatuada. Esto lo sorprendió un
poco, pero lo excitó más y terminó eyaculando
dentro de la pelirrosa, y se retiró de la orgía
mientras los demás continuaban aun con aquel
cadáver entre ellos.
Tras unos quince minutos Liss apareció de nuevo.
—Su habitación está lista, es la 302 —dijo ella y
le entregó su llave.
—Disculpe… aún no hemos hablado de cuánto me
costará esto.
—Lo trataremos después de que termine, usted
sólo disfrute la experiencia.
Tomó el elevador y llegó al cuarto piso, el lugar
no se veía distinto de cualquier hotel. Buscó el
cuarto 302 y abrió la puerta nervioso.
La habitación era una réplica exacta de un salón
de clases, estaban el pizarrón, el escritorio del
profesor y unas diez bancas ordenadas, además
de las herramientas que le habían prometido. En
la primera fila estaba su ángel uniformado,
“Haley”. Era mucho más bella en persona, su piel
parecía de porcelana. Cerró la puerta con seguro
y se acercó a ella, era tan perfecta y por fin era
suya, no podía esperar, su pene reaccionó con
tan sólo verla.
Se puso en cuclillas frente a ella y la besó, la
boca inexperta de la niña apenas se movía
mientras él introducía su lengua por su garganta,
su mano se deslizaba por sus delgados muslos y
rápidamente la despojó de su ropa interior.
Colocó a la niña en el suelo y le abrió las piernas,
comprobando que aún era virgen. En tanto
observaba su inmaculada y rosácea vagina, no
pudo evitar lamerla como loco; miró el rostro de
la niña que cerraba fuertemente los ojos, la tomó
de la cabeza y le ordenó que lo mirara. Ella
obedeció, entonces la desvirgó bruscamente, la
expresión en su rostro valdría cualquier precio,
¡CUALQUIERA!
La pequeña comenzó a sollozar y lágrimas
brotaron por sus delicadas mejillas. Leonel se
excitaba cada vez más, abofeteó a la niña
fuertemente hasta que su rostro tuvo un tono
rojizo, luego tomó un martillo y comenzó a
clavarle la parte posterior en el rostro y el pecho
mientras la penetraba más y más rápidamente,
hasta que no pudo más y se corrió en el rostro
desecho de la niña. Después de eso, no le
importaba cuánto cobrarían, podía dar su casa,
su auto, se podían llevar hasta a su madre y no le
importaría.
Salió de aquella habitación bañado de sangre y
con un enorme gesto de satisfacción,
encontrándose de nuevo con Liss.
—Veo que ha quedado conforme.
—Bastante, y estoy listo para pagar, valió
totalmente la pena.
—Me alegra oír eso, ya que el precio es un poco
más elevado de lo que piensa.
—Bueno, he ahorrado suficiente para esto,
¿cuánto será?, ¿veinte mil?, ¿treinta mil?
—No señor, no nos interesa su dinero.
—¿Entonces cómo voy a pagarle?
—Bueno, digamos que será proporcional a su
placer… —dijo ella antes de conducirlo a otra
habitación sin número.
Le ató los brazos a unas esposas que colgaban
del techo y las piernas con otras que estaban en
el suelo. Leonel pensó que un negro de dos
metros podría violarlo y aun así habría valido la
pena, pero lo que apareció en aquel cuarto fueron
seis niñas, todas pelirrojas y no mayores de ocho
años. Pensó que estaba en el paraíso hasta que
las niñas comenzaron a rodearlo, y de pronto lo
mordieron vorazmente, arrancándole la piel de
sus brazos, abdomen y piernas, tras lo cual
salieron corriendo. Nunca había sentido un dolor
similar, el cuerpo le ardía terriblemente y no
dejaba de sangrar.
—¡Ya pagué el precio! ¿Contentos? ¡Déjenme salir!
—gritó histérico intentando liberarse de las
esposas; sin embargo, sólo apareció una pequeña
niña de nuevo, se parecía demasiado a Haley,
pero no era posible, Haley estaba muerta.
Ella presionó un botón y Leonel pudo escuchar
un ruido similar a un taladro que provenía de
debajo de sus piernas; el sonido se fue
acercando, hasta que pudo sentir cómo, en
efecto, un taladro comenzaba a empalarlo
lentamente.
—¡Detente! ¡Ya lo entendí, no volveré a hacerlo!
¡Me alejaré de las niñas pequeñas! —le gritó a la
niña que sonreía maliciosamente sin dejar de
presionar el botón.
El taladro seguía avanzando a través de los
órganos de Leonel, causándole un terrible dolor
como el que jamás hubiera imaginado. Comenzó
a sangrar por la boca y a convulsionarse. El
sufrimiento era insoportable y sólo deseaba morir.
Finalmente, el taladro salió por su boca con
rastros de intestino deshecho, y sólo entonces él
quedó inconsciente.
Al día siguiente Leonel despertó en su cama
sobresaltado y con un terrible dolor en el
abdomen. “Todo fue un sueño, un terrible sueño”,
pensó, hasta que sintió cierta humedad en suy
cobija: estaba llena de sangre. Miró su abdomen y
aún conservaba algunas de las mordidas hechas
por aquellas niñas, y en su buró estaba una
tarjeta de presentación:
“El Burdel de las Parafilias. Vuelva pronto”.


Bueno Eso Es Todo! Si No Les Gusto Chupenla Con Flow... xD jajajaja
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