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Humo y Pelo




Abrí los ojos al tiempo que respiraba desesperado y me di cuenta de que me había quedado dormido en la sala y que había teniendo pesadillas durante toda la noche. 
No recordaba con exactitud lo que había soñado, pues aún estaba medio dormido, pero tenía la sensación de que eran situaciones de angustia. Problemas en la escuela, la muerte de alguno de mis padres o el rechazo hacia la vida mediocre que había llevado. Intenté moverme un poco y no lo conseguí. La tristeza comenzó a invadirme y me sentí pequeño, con ganas de llorar. Cerré los ojos e intenté dormir de nuevo, pues siempre había sido de sueño muy pesado y podía dormir sin dificultad, pero la angustia era tanta que no lo conseguí. No pasó mucho antes de que derramara una lagrima. Tenía ganas de girarme, poner las rodillas junto a mi pecho y llorar sin importar nada, pero una vez más, no pude moverme.
Abrí los ojos que ahora ya estaban bien adaptados a la oscuridad y fue entonces cuando me tomó por sorpresa ver algo se movía cerca del techo. No sabía qué demonios era esa cosa, pero no había desaparecido como pasaba en las películas de terror. Se quedó justo donde la encontré.
Era del tamaño de un gato adulto, muy parecido a una bola de humo y pelo que se movían lentamente sobre sí, como si tuviera tentáculos que palpaban con impaciencia su entorno. No emitía ningún sonido y menos un aroma. El blanco techo hacían que esa cosa se viera aún más negra.

No tardé en darme cuenta de que eso me estaba provocando las pesadillas y que además me mantenía angustiado y triste, así que me llené de ira hacia esa cosa. La odie como no había odiado nada antes y busque gritarle 
« Aquí estoy, maldito. ¿Por qué no me sueltas y te muestro lo que yo tengo para ti? » 
Tenía ganas de levantarme sobre el sofá y brincar para estrangularla y meterle barios puñetazos, pero no conseguí ni alzar un dedo. 
Esa cosa se comenzó a hacerse grande y pequeña una y otra vez, y a una velocidad increíble. 
La tristeza me invadió de nuevo junto con unas ganas de gritar y pedir ayuda o sólo gritar y llorar, pero no conseguí ni una ni la otra. A pesar de todo, no le quite la vista de encima en ningún momento y me pasó por la cabeza pensar que aún estaba dormido y que todo era una pesadilla, pero para ese momento ya estaba bien despierto y convencido de que no era un sueño.
Pensé en palabras hirientes recordando los rumores de que puedes ahuyentar a los malos espíritus con groserías, pero la situación no cambió.
Ya estaba desesperado y fue cuando escuché algo esperanzador. Los pájaros cantaban cerca de la ventana. La habitación comenzaba a iluminarse poco a poco. Estaba amaneciendo y esa cosa comenzó a moverse entre el techo y la pared de un lado a otro, pero yo no podía dejar de sentirme inferior y triste. Con ganas de rendirme. 
En aquél tiempo yo no creía en Dios, pero ya no tenía otra opción. Comencé a rezar un padre nuestro y entonces al fin percibí un cambio en su actitud. Se hizo pequeña y pasó de tener el tamaño de un gato al de una rata. Yo seguí rezando y vi cómo esa cosa salía disparada hacia la cocina al tiempo que movía las cortinas cercanas a ella. Atravesó el vidrio de la puerta de la cocina y tan pequeña hasta desaparecer por un diminuto agujero en la pared de la zotehuela. 
Pude moverme de nuevo y lo primero que hice fue levantarme del sofá y buscar una explicación lógica a todo. Comencé por lo que estaba seguro que había visto; Las cortinas moverse cuando esa cosa huyó. Seguro que había sido una corriente de aire porque alguna de las ventanas de la casa se había quedado abierta, pero me llevé una decepción al descubrir que no era así. Medité un poco y vi salir el sol a los pocos minutos. La explicación más lógica que se me ocurría era que aún estaba soñando, pero no podía haber soñado eso por más de 10 o 15 minutos, tiempo que duró todo, pues había pasado de la completa oscuridad a ver la habitación iluminarse poco a poco por la luz de la mañana.
No tardé en contarle la experiencia a mis amigos de confianza, pero lo que más les interesó fue la parte en la que el escéptico de mí, rezaba por su vida.
Nunca supe y hoy no creo estar más cerca de saber, qué demonios era esa bola de humo y pelo. No ha vuelto a pasarme algo así y a pesar de haber visto durante mi infancia algunas cosas moviéndose por si solas, no se compara en nada con esa sensación de no poder moverse, de sentirse perdido y de desear la muerte antes que seguir existiendo dentro de tanta angustia y tanto sufrimiento. Creo que si cualquier persona estuviera expuesto por un tiempo prolongado a esas cosas, terminaría demente  y quitándose la vida. 
Tal vez el infierno está lleno de seres así.
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La fotografía fue tomada en el departamento y en la edad en la que ocurrió la historia que acabo de narrar.
Comienzo a escribir en este blog con esta historia, que es mi primer encuentro real con algo que no puedo explicar.
Por: Christopher Heredia / Kris Durden
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