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Infección: El inicio.

Infección: El inicio


Ciudad de México, mayo de 2020.
Hoy es mi cumpleaños número 21. Ya han pasado más de 5 años desde que toda esta locura comenzó. Hace 5 años que perdí a casi toda la gente que conocía: familia, amigos, conocidos. Estos monstruos o comúnmente conocidos como “zombies” me lo quitaron todo. No solo a mí, a todos.

He de admitir que me sorprende que aún posea mis primeras armas que obtuve para sobrevivir en los inicios de este desastre. Mi confiable Remington 870 calibre 12 de las mejores escopetas jamás fabricadas y mi inigualable revólver calibre .38 Special de la marca Smith & Wesson.

Maldición, aún escucho los gritos de agonía de todas aquellas personas que no pude salvar.

Actualmente vivo en un edificio cercano a “Los Pinos”, la residencia presidencial. De los últimos bastiones del país en contra de esta infección. Aunque sabemos que ahora hay nuevos puntos de control como la ciudad de Puebla de los Ángeles o como la capital norteña de Monterrey. También ha habido reportes de la recuperación de Guanajuato y parte de los puertos de Veracruz y Acapulco para facilitar el recibimiento de ayuda foránea.

Quizás cuando Veracruz sea más seguro me vaya a vivir allá. Es lo más cercano que tendré a mi natal Fortín de las Flores. Mientras tanto viviré acá, aunque Puebla también es una buena opción. Me gusta el clima poblano, fresco como el de Fortín.

También hemos sido notificados que en otros países intentan reconstruir. Ha habido noticias del Kremlin en Moscú. O el aseguramiento del Palacio de Buckingham y el Big Ben en Londres. La Torre Eiffel en París es un campamento. Los límites de la ciudad de El Vaticano son defendidos ferozmente por los guardias papales. La Ciudad Prohibida es la sede de la nueva capital china. El Reichstag es un pequeño centro militar alemán. El Taj Mahal es un gran edifico departamental defendido por el ejército indio. Machu Picchu pareciera ser inalcanzable para los infectados. La Casa Blanca sirve de refugio para los pocos estadounidenses que han sobrevivido a esta catástrofe. No hemos recibido nuevas de África y Oceanía, creo que los perdimos.

A pesar de todos nuestros refuerzos para tratar de reconciliar a la sociedad, el panorama pareciera ser muy oscuro. Por cada persona que perdemos, ellos ganan otro soldado a su ejército de no muertos. Esta es una guerra muy desproporcionada y tenemos las de perder. Gradualmente nos extinguiremos como especie, es imposible ganar. Ellos no necesitan comida, agua, refugio ni respirar. Parecieran ser invencibles.

La única manera de eliminarlos es mediante un daño considerable en el cerebro o romperles el cuello. Cortarles la cabeza no sirve, la maldita cabeza sigue animada. Te muerden o te arañan, te infectan. El intercambio de fluidos corporales es la única manera de ser contagiado. Al inicio te dan migrañas, nauseas, fiebre, desmayos y así hasta que mueres. Al cabo de un par de horas o más o menos vuelves. Con una insaciable hambre por la carne.

Solo a base de sacrificios es como he podido sobrevivir: comodidad, tecnología, seguridad… gente. Pero todo valió la pena, estoy aquí, sano y salvo. Para contarte como ocurrió esto he de comenzar desde el inicio de todo…

Fortín de las Flores, Veracruz, enero de 2015.
-Y en las últimas noticias. El reciente descubrimiento del altamente contagioso virus “Z-115” ha provocado estragos alrededor del mundo. Apodado también como “el virus de los no muertos” debido a que produce la reanimación de los cadáveres. Ya nos llegan reportes de casos del virus en México. Se han notificado de su aparición en la frontera con Estados Unidos. Se han impuestos toques de queda en todos los estados debido a casos aislados. A nivel estatal en la entidad veracruzana se encuentra una persona infectada en la capital Xalapa. Se les recomienda a los televidentes no salir de sus hogares bajo ninguna circunstancia. Varios negocios han cerrados sus puertas al igual que todas las instituciones educativas veracruzanas. Ahora vamos con el reporte del clima.
Maldición, espero que esta mierda loca no llegue aquí. Bueno, lo dudo, Xalapa está como a 4-5 horas en automóvil de aquí. Tan siquiera tenemos armas. La escuela es lo de menos, sigo en mis vacaciones por concluir el primer semestre. Entraré hasta mediados de este mes mientras me relajaré. Mejor apago la televisión, ya son las 2 de la madrugada. Ya tengo mucho sueño.

A la mañana siguiente…
¿Qué horas serán? Rayos, ya es mediodía. Debería de desayunar algo, me ruge la tripa. Mejor prendo a la televisión, para ver si hay algo nuevo del virus. A ver los noticieros locales.
-Transmitiendo en vivo del centro de Fortín. La situación en el ayuntamiento podría terminar en violencia. Varios manifestantes protestan frente a la cabecera municipal exigiendo un despliegue masivo de la policía para asegurar la ciudad. Esperen, algo ocurre. Al parecer uno de los manifestantes ha muerto, se reporta la ausencia de fuerza letal por parte de los granaderos. Esperen, está volviendo. Maldición, está infectado. Está atacando e infectando a todas las personas a su alrededor. Podemos apreciar que también otras personas padecen los síntomas del virus. La multitud se dispersa mientras que el caos, la muerte y la destrucción proliferan en la ciudad. A todo aquel que nos esté sintonizando, no salgan de sus casas. Busquen cualquier arma para su defensa. ¡Ah, me mordió! ¡Oh mi Dios! ¡No, no, aléjense, no no…!
Carajo, el ayuntamiento está como a 15 minutos a pie de mi casa. Mejor pongo seguro en la puerta. Si algo he aprendido, es que las pandemias terminan en saqueos y hordas de violencia masiva por parte de la gente. Buscaré la llave del armero. Qué raro, una nota:

“Lucio:
Tu madre y yo hemos ido a Córdoba por municiones y suministros. Tu hermano sigue en su trabajo, posiblemente vuelva a la casa dentro de poco. No nos esperes temprano. Por tu seguridad te hemos dejado unas armas con algo de munición, nos llevamos las demás por si acaso. Por favor, no salgas a la calle, es peligroso. No le abras a nadie que no seamos nosotros o Luis. Cuídate hijo.
Atentamente.
Tu padre.”



Vamos a ver que tenemos. Un revólver y la escopeta de bombeo. Veamos que me dejaron, unos 50 cartuchos de posta gruesa y 50 balas para el revólver. Mejor busco algunas carrilleras y una mochila para la munición. Bien, los cartuchos en las carrilleras y lo demás en una mochila que siempre esté cargando.

Además he de suponer que posiblemente vaya a necesitar provisiones en caso de emergencia. Podría agarrar dinero e ir armado al supermercado –en caso de emergencia, por supuesto- para conseguir algo de comida durable. Como botellas de agua, alimentos enlatados, carne seca y frutos secos. Para racionar y aguantar varios días sin tener que salir. Mejor voy por una mochila para las compras, que sea grande.

Bien, ya estoy listo. Enfundaré el revólver y lo ocultare debajo de mi chaqueta para que no lo noten, también un cuchillo bien afilado para no gastar tantas balas. He de llevar unas 30 municiones por si acaso. Bien, ahora que estoy listo. Mejor me apuro.

Qué raro, la calle está desierta. No hay rastro alguno de seres vivos… o no vivos. Quizás todos estén resguardados en sus casas. Me sorprende no encontrar policías cerca, posiblemente los malnacidos también se estén protegiendo a sí mismos. Honestamente, yo haría lo mismo. ¿Qué es ese ruido?

A la madre, la gente está saqueando como loca el supermercado. Mejor entro a agarrar lo que pueda mientras aún haya. Hay demasiada gente, me he de mover con cuidado si no quiero causar algún accidente. Un par de botellas de 3 litros de agua, bien ahora a la sección de enlatados. Me quedaron unas cuantas latas de salchichas y frijoles. Eso funcionará. Quizás deba de encontrar algo para higiene personal. Un paquete de 2 pastas dentales y un litro de alcohol etílico con unos paquetes de algodón, bien, eso es bueno. Mejor me voy. Oigo a alguien gritar. ¿Qué ocurre en la sección de cajas?

Puedo ver como un infectado intenta devorar a una indefensa mujer. Al instante lo tiro de sus prendas para quitarlo de encima y le aplastó la cabeza con mis botas de casquillo. Todos me miran como si hubieran visto un fantasma. Acababa de salvar una vida humana, bien. Levanté a la mujer y me agradeció mientras huía rápidamente de la zona. Yo igual salí para alejarme de este montón de gente.

Afortunadamente en mi casa tenemos nuestra despensa familiar de medicamentos. Lo único que no tengo es transporte. Tendré que cargar las cosas caminando si tengo que irme de casa. Ya pasó como una hora, espero que mis padres y/o mi hermano estén ya en casa. Quizás estén preocupados por mí. No sé.

Al entrar a mi calle puedo observar como un cuarteto de infectados devoran a una indefensa víctima. Quedo impactado, es la primera vez que presencio tal atrocidad de actos en persona. Intento pasar a un lado sigilosamente para no llamar su atención. Pero es inevitable y uno de ellos voltea a verme atrayendo a los demás.

Rápidamente desenfundo el revólver y el primer tiro acierta en la frente. Fallo el segundo pero el tercero mata al segundo no muerto. El cuarto disparo mata al tercero del grupo y finalmente me acercó al otro para derribarlo de una patada y disparar a quemarropa en su cráneo. Los 4 han muerto pero ahora queda el cadáver, lo reconozco es uno de mis vecinos. Descargó mi último tiro en la sien del cadáver para evitar su posterior reanimación.

Me alejó del lugar del homicidio y entro a mi casa. No veo ningún vehículo ni tampoco a ningún miembro de mi familia. Estoy solo, realmente estoy preocupado por ellos. Ni siquiera sé si siguen vivos. Tiró los casquillos vacíos de mi revólver y lo recargó con munición que traía en mi chaqueta.

Sigo pensando en mi familia. Pero también en mis amigos, ¿esta locura estará ocurriendo en todas partes del globo terráqueo? Si llegó a un municipio tan pequeño como Fortín por qué no habría de ocurrir en las grandes ciudades del mundo con más gente propensa a ser contagiada.

Entonces me doy cuenta de que escucho alboroto en la calle. Tomó la escopeta y salgo a la terraza discretamente para poder observar que ocurre. Puedo ver que grupos de infectados persiguen y devoran a la gente en las calles. No hay policías, ni soldados o incluso marinos. El Mando Único ha desaparecido. Ni un solo sonido de disparos provenientes de armas de fuego, solo gritos de agonía y dolor.

Pero no solo veo actos caníbales. Veo que la gente ha entrado en un estado de histeria colectiva provocando saqueos increíbles. Saltan las vallas de las casas, rompen puertas y ventanas, se llevan las pertenencias de otras personas, incluso asesinan y violan. Me refugio en mi hogar para asegurar de que no me vean. Dejo el rifle y agarro la escopeta en caso de que intenten penetrar en mi morada.

Las horas pasan, y pasan, y pasan. El día no pareciera tener fin alguno. Hasta que al fin el Sol se oculta en el horizonte dejando salir a la Luna y entra la noche. Los ruidos se han calmado. Quizás todos murieron y esas criaturas andan vagando sigilosamente por las calles en busca de nuevas y deliciosas víctimas a las cuales devorar para saciar su infinita hambre por la carne.

Vi morir a varios vecinos. Incluso aquellos que tenían policía privada armada, escaparon. Ni dispararon. Están preparados para enfrentar amenazas humanas no cosas como éstas. Todos muertos, quizás también acabaron con el resto de mi familia y mis amigos. Estoy solo, solo contra el mundo.

Dormí durante un par de horas para descansar un poco. Pero pronto fui despertado por un sonido, como si alguien se hubiera dado un golpe seco, sobre tierra, como la del jardín. Rápidamente agarré una linterna y salí al jardín con revólver en mano. Encontré a un hombre joven tendido en mi jardín. Se había roto el tobillo y no podía caminar. Volteó atraído por la luz de la linterna.

A duras penas se pudo levantar. Se llama Jonathan, busca un lugar para hospedarse está noche. Su casa había sido invadida por saqueadores que asesinaron brutalmente a su familia. Pareciera creíble su historia, así que lo invité a pasar. Claro que siempre con arma en mano.

Se comió una lata de frijoles y un vaso de agua. Le dije que esta noche se quedaría aquí. Pero estaría siempre vigilado. Se fue a dormir al cuarto de huéspedes. Mientras yo estaba al pendiente de él.

A la mañana siguiente…
Se despertó y le entregué una bolsa con un par de latas de comida y una botella de agua. Me agradeció por la hospitalidad y se fue. Pude haberle matado, pero eso no hubiera hecho ninguna diferencia en mi situación actual, solo una bala malgastada. Se alejó y lo perdí de vista mientras seguí caminando.

Decidí dormir algo, no pude dormir bien durante toda la noche. Me recosté en el sillón de la sala con mi escopeta a la mano en caso de emergencia.

Habían pasado horas, hasta que me di cuenta de que el reloj marcaba las 3 de la tarde. Dormí más de 8 horas, milagro de que no intentaron entrar a la casa. Mi familia seguía sin llegar. Me mentalicé para el peor escenario posible. Como diría mi padre: “Prepárate para que te decepcionen, porque nada es seguro en esta vida.”

Decidí comer algo, realmente estaba hambriento. Después de comer, solamente pensaba sobre mi vida. Todo lo que he hecho en estos años. Lo malo y lo bueno. En estos momentos no había nada mejor que hacer sino pensar. Es lo único que podía hacer.

En un momento lloré. Recordé todos los buenos momentos que disfruté con mi familia y mis amigos. Pensar que nunca los podré volver a ver me entristeció. Ya nada será igual. Nunca pensé que esto podría ocurrir, una pandemia zombie solo existía en mi imaginación. Creí estar listo para afrontar una situación de tal magnitud, nunca estuve más equivocado.

Ya oscureció. Aún poseo electricidad, posiblemente los generadores de la planta eléctrica sigan funcionando. Sin mantenimiento dejarán de funcionar en pocos días, con suerte una semana o 2 a lo mucho. Creo que aún tengo el gas, llenaron el tanque hace unos pocos días. Podría ver la televisión para distraer mi mente, pero mejor a volumen bajo para no atraer a visitantes no deseados.

-En las últimas noticias se han reportado casos del virus “Z-115” por todo el planeta. Desde los áridos desiertos de África hasta los congelados bosques del norte de Europa. Ningún lugar parece ser seguro. Los líderes mundiales se han escondido para protegerse de este virus. Archivos clasificados filtrados a la red demuestran que este virus fue desarrollado como un arma de destrucción masiva de tipo bioquímica financiado por las grandes potencias para prevenir guerras y acabar conflictos rápidamente. El lugar de desarrollo del virus radica en la ciudad de Houston, Texas. Lugar de donde se reportaron los primeros casos. Se les recomienda a nuestros televidentes…


Sí, sí. Ármense y no salgan de sus casas, la misma mierda de siempre. Joder, he escuchado unos ruidos. Como gemidos, salgo a la calle con el revólver para encontrar a un par de zombies. Los dejé para no gastar munición esperando no atraer más. Decidí ir a la cama, esperando amanecer vivo.

Puedo ver los rayos del Sol filtrándose por las hojas del árbol de guanábana frente a mi cuarto penetrando mi ventana. Sigo sin escuchar los sonidos de los pájaros cantar, ¿se habrán ido ya? Ojala tuviera alas como ellos e irme muy lejos de aquí, sin acercarme a estas cosas. Pero eso es solo un deseo, ahora tengo que sobrevivir.

Creo que han pasado como 3 o 4 días desde que esta mierda loca ha empezado. No sé la verdad, eso ya empieza a carecer de sentido, el tiempo es relativo como estableció Einstein. En vista de que mi familia no ha vuelto, solo puedo esperar lo peor. Espero que no hayan sufrido tanto. Debería de desayunar, mi estómago empieza a rugir.
Pienso que mientras no tenga que matar infectados debería de permanecer en mi hogar hasta que las cosas se tranquilicen poco, aunque sé que nunca volverán a la normalidad. Solo espero poder sobrevivir…

Al cabo de unos días...
¿Cuánto habrá pasado desde el último sonido de infectados en el exterior?, ¿1 o 2 semanas, quizás? La verdad ya no sé. Aún tengo provisiones como para semana y media. La última transmisión de televisión nacional fue hace como 2 días. Recuerdo que los infectados entraron en el estudio de grabación. Como si me importará, ya no hay salvación para nosotros.

Vaya mi celular aún tiene batería. La energía fue cortada ayer pero eso tampoco tiene relevancia. Quizás pudiera escuchar la radio, de vez en cuando se transmite algo por los canales de emergencia. O cualquier pendejo que posea un equipo de radio decente puede comunicarse. Veamos que tenemos. Nada, nada, nada, y… nada. Carajo, esto no tiene solución. Esperen, esa estática tiene como una voz:

Atención, transmitiendo por el canal de emergencia local. A cualquiera que nos escuche partimos de Córdoba en un par de días. Si nos escucha, podemos ayudarlo. Ofrecemos protección, medicinas, transporte y seguridad. Repito el convoy militar parte del centro comercial “Plaza Cristal” pasado mañana. Destino: Ciudad de México. Quienes quieran irse, pueden venir.

Guau, que loco y jodidamente increíble. Aún hay esperanza de salir de este agujero de perdición. Tengo un par de días. Aprovechando que no son tantos mis suministros y municiones pudiera cargarlo todo incluso en una mochila. Debo de empezar a prepararme y hacer inventario de lo que llevaré. Veamos:
• Armas y municiones:
• Escopeta (40 cartuchos).
• Revólver (35 balas).
• Machete.
• 3 cuchillos de cocina.
• Provisiones:
• 2 botellas de agua de 2 litros.
• 5 latas de alimentos.
• Medicinas varias.

Suficiente para irme de aquí a la plaza. Veamos si tengo que ir por el Palacio Municipal, tomar el bulevar, pasar por el Tecnológico de Monterrey y caminar la autopista. En auto se hacen 20 minutos pero a pie serían como… 1 o 2 horas, quizás más. Son las 6 de la tarde, ir ahorita sería suicidio. Mejor mañana por la mañana. Debería de descansar.

Horas después...
Tiene días que no salgo al exterior, veamos cómo están las cosas. Carajo, esta mochila pesa un poco. Mi reloj marca las 9 de la mañana a más tardar llegaré al atardecer. Podría ir más rápido si voy por el centro de Córdoba pero sería muy peligroso, mucha gente solía vivir por esa zona. Por lo tanto pudiera haber un chingo de infectados. Mejor empiezo a caminar.

Bien, ya esto en el parque junto al palacio. No hay zombies, solo cadáveres a medio comer. Veo algunas patrullas de policía, los vehículos con marcas de sangre. Algunos cuerpos tienen varios impactos de balas. Pero no hay armas. Quizás se dieron a la fuga y se las llevaron. Veamos si hay alguna por acá.

Nada, no hay armas, un cadáver, que asco. No hay nada en las cajuelas, quizás si busco en la guantera. ¡Ajá! Una pistola 9 mm, una Beretta Px4 Full Storm, arma reglamentaria de los policías estatales. Cargador lleno, otro cargador más una caja de 50 balas, directo a la pernera. Qué suerte que trae una funda para ponerla en el cinturón. Mejor me voy, veo acercarse a algunos no muertos.

Bien, el bulevar está parcialmente despejado. Solo hay algunos autos estacionados o parados. Pero nada de gran preocupación. Hay un par de zombies por ahí, los ignoraré. Seguimos en ruta a la zona segura.

Estoy en la gasolinera, este camino me conduce al tecnológico para desembocar en la autopista. Sigamos. El Colegio Oxford, oh Dios. ¿Esos son niños? Carajo, por suerte no pueden pasar la malla. Los zombies no razonan, solo se mueven y alimentan. Ahora el tecnológico. Y directo a la plaza.

Por suerte se me ocurrió traer mi chaqueta de cuero y mis botas, empieza a hacer frío y amenaza con llover, también una gorra que me regalaron mis padres y unos lentes negros por los días que haga sol, además de una camisa de botones camuflada y una especie de paliacate. Puta, madre. Veo un chingo de vehículos parados frente a las agencias de Juan Diez. Por los sonidos, deduzco que hay zombies dentro de los vehículos esperando a saltar para chingarme. ¿Qué hago, qué hago?

Ya sé, rodearé por las agencias y directo al centro comercial. Bien, he de avanzar con cautela y en silencio para evitar llamar la atención. También hay infectados caminando entre los vehículos, mientras no activen… mierda, las alarmas.

Se activó una alarma. Los zombies atraídos por el sonido, tropiezan y activan otras. Esto pareciera ser un concierto de metal. Veo como salen zombies de todas partes, de los árboles, de los edificios, rompiendo las ventanas de los autos e incluso cadáveres que parecieran estar realmente muertos son reanimados.

He de calcular alrededor de 100 no muertos, puta y creo que algunos ya me vieron. Empiezo a correr como el diablo, corro y corro entonces me doy cuenta de que hay está el estacionamiento de la plaza, con mallas levantadas y vehículos militares. Les gritó que abran las puertas.

Llegó a la entrada abierta y entro. Cierran las puertas mientras un grupo de soldados piden que me desarme. Bajo las armas y les digo que no vine a provocar daño a nadie. Me permiten quedármelas mientras me hacen unas preguntas. Nombre, edad, lugar de origen, ya saben, trivialidades de los militares.

Después les advierto que se aproxima una horda de infectados. Entonces el oficial les comunica que se armen. Les preguntó si puedo colaborar pero me dicen que no necesitan más armas, que con eso bastará. El oficial me da un recorrido por el campamento y me dirige a la zona de civiles.

Me establezco en una casa de campaña con dos sacos para dormir porque el centro comercial estaba ya todo ocupado por las personas. Conozco a mi compañero, es Jonathan. No lo puedo creer, él igual me reconoció y nos saludamos. Entonces me empieza a contar de cómo llegó hasta acá. Después de que se fuera de mi casa. Tomó un camino parecido al mío, solo que debido a su tobillo lastimado tardó un día entero.

Realmente me sorprendió que él llegue tan lejos, nunca esperé eso. Se fue y me presentó a algunos de nuestros vecinos. Éramos aproximadamente 350 personas y solo en civiles, más policías, marinos y soldados éramos en total como 500 personas, la policía de los pueblos aledaños también se habían congregado acá. Una cantidad considerable y esperan más para mañana. Mediante relatos de los que llegaron primero me entero que tras el brote en la región el Mando Único fue mandado a hacer campamentos en los centros de población con el propósito de rescatar a tanta gente como se pudiera y extraditarlos a la capital donde se encuentra protegida la zona centro por tropas federales.

Qué bonito, intentar salvar a la sociedad. Llamadme pesimista si queréis pero es obvio que no hay salvación, para nadie. Quizás los demás no se den cuenta, pero yo sí. No hay cura, aunque pudiéramos intentar repoblar al planeta no ganaríamos, ellos son más. Es una cuestión matemática.

Veo que son las 5 de la tarde, que rápido pasa el tiempo. Reviso mis bolsillos para guardarlo todo en mi mochila. Al parecer me traje las llaves de mi casa, quizás por si existiera la remota posibilidad de que algún día pudiera volver, es solo una ilusión. Mejor descanso. Pero antes de que pueda cerrar mis ojos empiezo a escuchar sonidos de disparos.
Agarro todas mis cosas para ver qué ocurre. Los soldados están abatiendo a cada uno de los infectados con los que me encontré llegó justo a tiempo para ver como muere el último. No se necesitaron más de 50 hombres para acabar con todos. Con una sensación de seguridad vuelvo al campamento, organizó mis cosas. Ya solo tenía una botella de agua y dos latas, lo demás lo consumí en el camino. Afortunadamente no di ni un solo disparo, quizás uno que otro machetazo, pero nada de munición.

Veo que ya son las 6 de la tarde y el Sol empieza a descender en el horizonte. Debería de prepararme. Qué bonito lugar, solo espero que no pase nada. Nos avisaron que mañana partimos al Distrito Federal. Al fin, un lugar posiblemente seguro. Pasar de sobreviviente a superviviente. Debería de descansar, estoy agotado por la caminata.

Vaya que sueñito me he echado, me siento fresco como una lechuga. No conozco esta gente, mejor me quedo a esperar un rato aquí. ¿Qué horas serán? Mi reloj dice las 9 y media de la noche, si es algo tarde. Veo que los soldados tienen un generador propio que suministra electricidad al campamento. Qué bien, tan siquiera podemos ver lo que nos rodea. Me siento más tranquilo aquí que en mi casa, pero aun así tengo un mal presentimiento.

Entonces escucho como gritos y tiros por la entrada del campamento. Me doy cuenta entonces, hay una gran horda de zombies que se apoyan contra las rejas y éstas están a punto de caerse. ¿Cómo será posible qué llegarán tantos? Entonces me acuerdo, los tiros de la tarde, el ruido los ha de haber atraído hacia nosotros. ¿Por qué carajos no pensé en eso antes?

Despierto a Jonathan, le digo que mejor nos vamos de la tienda. Le explico la razón. Nos dirigimos a la plaza comercial para encontrar un lugar más seguro. Agarró mis cosas y nos vamos de la tienda de campaña. Cuando estamos a la entrada del edificio escuchamos un grito: “¡Las defensas han caído, reagrúpense y diríjanse a defender la plaza!”. Ya era muy tarde, estábamos a su merced, entramos e intentamos tranquilizarnos.

Solo podemos escuchar los disparos y gritos de dolor de los que perecen allá afuera. Por todas las entradas de la plaza entran soldados, marinos y policías formando barricadas con cualquier objeto para bloquear las entradas.

Una vez bloqueadas, todos los que nos encontrábamos en el centro comercial nos dirigimos al centro. Las fuerzas armadas nos explicaron que mantuviéramos la calma, ellos se encargarían de los infectados. Una vez dadas las instrucciones la multitud fue dispersada por todas partes para agarrar un lugar seguro, sí que ahora existiera alguno.

Jonathan y yo nos quedamos en el segundo piso de una tienda departamental esperando que se solucionaran las cosas. Le dije que mejor descansará, que yo vigilaría y le avisaría si algo pasará.

Y las horas pasaron, y pasaron y el tiempo pareciera ser eterno. Chequé mi reloj e indicaba que eran las 3 de la madrugada. Solo escuchaba ocasionalmente algún disparo por los soldados. Era lógico, si disparaban muchas veces contra las puertas de cristal más el peso de los zombies, éstas se harían añicos dejándolos entrar.

Entonces, lo inevitable ocurrió. Desde nuestra posición pude escuchar como los vidrios de las puertas eran rotos. Los gritos de dolor y los disparos se escuchaban por todas partes. Desperté a Jonathan y le entregué la pistola 9 mm, le explique cómo se usaba y le entregué el otro cargador. Nos acercamos al borde para poder apreciar lo que ocurría en la planta baja.

Era una masacre, grupos de zombies alimentándose de la gente. Entonces se me ocurrió una brillante idea. Como había dos escaleras de acceso cada quien se puso con sus armas para defender la planta alta. Los zombies subían y les disparábamos, Jonathan con la pistola y yo con el revólver.

Entre los dos ya habíamos provocado alrededor de 10 muertos cada uno. Le recargué los cargadores a la pistola y decidimos bajar, a duras penas pudimos pasar entre la pila de cadáveres que habíamos provocado, algunos de los que estaban arriba con nosotros nos acompañaron para ver que estaba ocurriendo. Saliendo de la tienda los pasillos de la plaza parecieran ser escenas sacadas de alguna película del Holocausto. Cuerpos, miembros y sangre decoraban el suelo.

Vimos cómo había varios no muertos por todo el lugar. Y otra vez los despachamos. Les dimos con todo y lo logramos. Para el fin del tiroteo ya solo quedaba uno al cual le corté la cabeza. Fuimos checando las demás tiendas departamentales ayudando y rescatando a los sobrevivientes de la invasión.

Pasó el tiempo rápido y el Sol empezaba a levantarse por el horizonte. Habíamos limpiado la zona, pero hubo muchas bajas. Para cuando todo acabó solo quedábamos una quinta parte de la cifra original, solo 100 logramos sobrevivir esa noche.

Ya para la mañana empezamos a prepararnos para irnos de ahí. Solo me quedaban 30 balas para el revólver y 20 cartuchos de la escopeta. La mitad de mi munición original. No era mucho, pero era lo que tenía. Je, tan siquiera mi mochila pesaba menos. Metí la munición en los bolsillos de la chaqueta y del pantalón para tenerla a la mano. Jonathan solo tenía un cargador de la pistola. Le entregué uno de mis cuchillos para que se defendiera. Lo notaba un poco raro, como estaba un poco pálido, pensé que estaba asustado por lo de la invasión.

Para el mediodía partimos de ese lugar que ahora carecía de protecciones. Fui en una camioneta de los soldados. Yo iba en la batea junto a Jonathan y otras personas. Aún recuerdo que eran 12 camionetas.

Decidimos dormir un rato para descansar. Digo, era lógico que muchos nos encontráramos cansados después de la sorpresa que nos llevamos ayer. Desperté una hora después. Ya estábamos entrando al estado de Puebla. Aproximaban que estaríamos en la capital para el anochecer. Esperaba que sí, porque quizás tendríamos que tomar rutas alternas. Y volví a dormir. Me cubrí la cara con mis lentes y paliacate y me puse la gorra porque estaba pegando el aire fresco de la carretera.

Lo que pasó después, nunca lo esperé. Se escucharon sonidos de tiros y luego como si un vehículo chocará. Fuimos emboscados por un grupo de bandidos armados, habían matado al conductor de una camioneta y ésta se estrelló. Las demás pararon para enfrentarse al grupo de trúhanes.

Jonathan y yo bajamos para combatir también. Calculamos que eran como 10 atacantes. Empezamos a disparar. Ya habíamos acabado con la mitad en conjunto con los soldados pero de repente pude ver como uno de ellos arrojaba algo hacia nuestra dirección. Era una granada, nos alejamos solo para escuchar que el vehículo explotaba y todos los que estaban en la batea murieron.

Ya eran 2 vehículos que habíamos perdido. Posteriormente habíamos acabado con todos. Con tan solo las pérdidas de las camionetas y sus tripulantes. De repente veo que Jonathan empieza a convulsionar, nos acercamos para ver que le ocurría y es que veo un poco de sangre en su hombro, le muevo la manga de la camisa que traía para poder ver que había sido mordido.

Le agarró como un ataque de histeria y se abalanzó sobre mí. Lo tenía sobre mi cuerpo e instintivamente desenfundé mi cuchillo para clavárselo en la cabeza. Después de matarlo, volvimos a las camionetas para seguir nuestro camino. Pero antes le quité el cuchillo que le di, su arma estaba descargada así que ya no me era de utilidad.

Estaba frustrado por la muerte de Jonathan pero no podía hacer nada para solucionarlo. El resto del camino no pude dormir. Estaba atardeciendo y llegamos a un punto de la carretera en que a lo lejos se veía la capital mexicana. Nuestra salvación estaba allá.
Pero había un ligero problema. Frente a la ciudad, el camino estaba atestado de vehículos parados. Decidimos acampar esa noche para descansar de las experiencias de ese día. Era muy riesgoso pasar por esa trampa de noche, era un pase seguro a la muerte.

Estacionaron las camionetas de tal forma que nos rodearán y tener un perímetro de seguridad. Las fuerzas armadas dormían en las camionetas y nosotros sobre nuestras ropas en el pavimento. Seguía impactado por la muerte de Jonathan pero decidí alejar mi mente al organizar lo que tenía:
• 15 cartuchos de escopeta.
• 18 balas para el revólver.
• Machete.
• 3 cuchillos.
• Media botella de agua.

A pesar de mi carencia de suministros, nos sirvieron algo de comida para cenar esa noche. Ya solo éramos como 80 personas. Pero aun así, podríamos llegar hasta la zona segura. Decidí descansar, mañana tendría recorrer un largo camino. El D.F. no es un lugar pequeño.

A la mañana siguiente…
Todos descansamos sin intervención alguna durante la noche. Pero ya es hora de irnos a nuestra última esperanza en este mundo devastado por el caos y la destrucción. Todos volvimos a las camionetas y nos dirigíamos rumbo a la capital. A ton solo medio kilómetro nos encontramos con los autos parados. Decidimos bajar y recorrer el camino que sobraba a pie. Nos informaron que la noche pasada se habían comunicado con los soldados de la zona y nos esperarían a unos metros en uno de los edificios.

Ya una vez listo empezamos a caminar a sabiendas de que no todos sobreviviríamos a este mortal aunque pequeño trayecto. Y empezamos, los primeros vehículos no tenían nada, ningún no muerto dentro afortunadamente. Pero fue a mitad del camino cuando las cosas se empezaron a complicar.

Una vez recorridos como 100 metros, de la nada una manada de zombies empezó a acercarse enfrente. Quizás nos olieron pienso yo, pero eso no importaba ese momento sino como defendernos. Empezaron a salir por debajo de los vehículos, rompían las ventanas, empezaron a rodearnos. Los soldados y policías abrieron fuego contra los no muertos.

He de admitir que no tenían buena puntería y fallaron muchos tiros. Suficientes como para que los zombies empezarán a alimentarse. Mordieron a un soldado, luego a dos y así fue. Se deleitaban con el sabor de su carne. Cuando empezaron a acercarse más retrocedimos para obtener un mejor punto para disparar. Pero ya era muy tarde.
Mientras matábamos infectados enfrente escuchamos un grito de dolor atrás. Nos cogieron desprevenidos y ahora también estaban atacando a los desarmados civiles. Yo agarré el machete y empecé a cortar cabezas como si no hubiera mañana. Acabamos con todos, pero ya habíamos perdido como a 10 de los nuestros. Me puse la escopeta en la espalda y agarré las armas de uno de los caídos.

Seguimos caminando pero fuimos otra vez emboscados por los infectados. Otra vez abrimos fuego para acabar con nuestros atacantes, pero desafortunadamente otra vez tuvimos bajas. Ya solo quedábamos 50 cuando finalmente nos encontramos en la entrada a la ciudad capitalina.

Entonces fue cuando fuimos recibidos por los soldados de la zona segura. Por suerte eran suficientes camionetas como para que todos pudiéramos irnos del lugar. Nos advirtieron que tardaríamos dos horas en poder llegar a la zona, era la zona residencial de Los Pinos, la Casa Blanca mexicana. Entonces nuestro viaje empezó, esperábamos que fuera tranquilo. Je, nunca estuvimos más equivocados.

Aún recuerdo, como íbamos tan tranquilos. Yo iba contando mis municiones. 5 cartuchos de escopeta y 12 balas del revólver. Todo iba tan bien, cuando nos topamos con algo que nunca esperamos. Imagina una manada de infectados, no una manada de 50 o 100, no, no. Una gran manada, eran como 500. Encontramos a todo el vecindario. Qué más puedo decir, la ciudad más poblada de Latinoamérica.

Rápidamente dieron reversa y tomamos otro atajo a la residencia presidencial. Éramos seguidos por esa manada. Aunque eran lentos, en tal número de integrantes eran un gran peligro para todos. Finalmente divisamos la residencia. En ese momento mis ojos brillantes de esperanza fueron opacados por un destello de oscuridad.

No fueron ni humanos ni zombies, fueron las máquinas. Las camionetas se pararon, todas de pura maldita casualidad. Se nos había acabado el combustible. No teníamos tiempo de buscar gasolina ya que la manada de 500 muertos venía a por nosotros. Rápidamente bajamos de los vehículos y empezamos a correr.

Los soldados se comunicaron por la radio de que un escuadrón esperará nuestra llegada debido a la oleada de no muertos. El fuerte se veía cada vez más cerca, pero ahora los zombies caminaban más rápido. Realmente estaban hambrientos por nuestra carne. Pero cada tramo que avanzamos también aumentaba las bajas.

De repente los zombies parecieran salir de todas partes: de las casas, los edificios, los vehículos, de los callejones. Maldición, un pobre soldado tuvo el infortunio de que un zombie le cayera encima desde una distancia de 10 pisos. Obviamente murieron ambos por el impacto. He de admitir que fue algo increíble aunque desafortunado.

Seguíamos corriendo, cuando finalmente lo logramos. Los Pinos estaban a solo 5 metros. Pero a pesar de los certeros tiros de los soldados, solo habían reducido como a dos quintas parte de la manada. A pesar de nuestros gritos de ayuda, las puertas seguían sin abrirse. No nos podían ver, lo habían cubierto todo.

Rápidamente abrimos fuego. Todos los que teníamos armas de fuego empezamos a disparar, incluso les dieron sus pistolas a los civiles para que colaborarán. Llegó un momento en que ya no teníamos munición. Tire mi escopeta al suelo y solo tenía una bala en el revólver. Una sola bala contra 300 zombies, una sola bala alcanzaba para mí. Pulsé el martillo y el cañón del arma estaba apoyado contra mi sien, estaba empezando a ejercer presión sobre el gatillo para acortar mi sufrimiento.

Cuando de repente llegó nuestra salvación. Las puertas se abrieron y escuchamos un grito: “¡Todos al suelo y tápense los oídos”! En un instante una tormenta de balas llovió contra los no muertos. Fueron los cinco minutos más largos de mi jodida vida. Cuando finalmente, se acabó. Nos pudimos levantar del suelo y fuimos bienvenidos.

Era increíble, como 100 soldados estaban ahí, nos habían salvado al acabar con la manada de no muertos. Nos dieron la bienvenida a nuestro nuevo hogar. Era hermoso, torres de vigilancia por todas partes, montones de vehículos militares y un armamento capaz de acabar con todo Mónaco.

Finalmente, un lugar seguro. Salvación. Esperanza.

De vuelta a la actualidad...
Y así fue como llegué hasta aquí amigo mío. Después de una semana en cuarentena nos asignaron viviendas en el lugar. A los pocos meses aseguraron los edificios aledaños y nos reubicaron en nuestras actuales casas. Es bonito, saben. Digo vivir protegido, a salvo de los peligros del exterior, aunque no del todo.

Sirvo en el escuadrón de búsqueda y rescate y la recolección de suministros. Me enlisté en el ejército de manera voluntaria. Solo así podría mantener mis armas. Aún tengo aquella bala que iba a acabar con mi vida, espero nunca usarla.

Ha sido una buena conversación, pero me tengo que ir. Partimos en busca de provisiones en 15 minutos y ya me están esperando. Hasta la vista.

Esta historia continuará...
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