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La Carta Escondida-Creepypasta

Corría el año 1972. En ese entonces, yo tenía 12 años. Hasta que empezó esta cruel historia, yo vivía feliz, al igual que muchas otras personas. Tenía una buena casa, un buen empleo y en general no tenía problemas graves.
Cierto día, estaba ordenando algunas cosas en el sótano de mi casa, cuando encontré un sobre de cuero viejo, aparentemente vacío. Como estaba sucio y con moho, no le di importancia y seguí buscando un antiguo muñeco que tenía guardado desde mi infancia.
Los días pasaron y yo ya me había olvidado completamente del sobre de cuero, cuando un día apareció mi hermano menor y me dijo:
-Mirá lo que encontré en el sótano. Puede que tenga algo interesante, pero lo encontré yo así que es mío.
Y acto seguido se fue corriendo. Le dije que no me importaba, aunque esto no era del todo cierto, ya que se me había despertado la curiosidad. Al rato vuelve mi hermano y me muestra un papel que había en un bolsillo interior del sobre de cuero. Como estaba doblado a la mitad, lo abrí y vi que era una carta. Por el color del papel y de la tinta, parecía bastante antiguo, cosa que me fue confirmada al leer la fecha en ella. Y decía así:
24 de Junio de 1957
Ya no tengo mucho tiempo. Están detrás de mí. No puedo oírlos, pero si percibirlos. Por lo que pasaré a contar mi historia rápidamente antes de que me atrapen. Mi único fin es que mis perseguidores no queden impunes y que alguien pueda hacer justicia.
Cierta mañana, yo caminando a la escuela que quedaba a unos 1000 metros de la granja donde vivía con mi familia. La carretera estaba casi vacía, como de costumbre. Todo estaba completamente silencioso, descontando el ruido del viento de invierno sobre las copas de los árboles y el de la suave pero helada llovizna que caía. Aproximadamente a mitad de camino, paso al lado mío una vieja camioneta bastante rota y ruidosa, que paró unos metros más adelante. En uno de los ocupantes reconocí a mi nuevo compañero de clases, llamado Carl Jonhson. Me invitaron a subir a la camioneta, así me alcanzaban hasta la escuela, así que acepte y, muy agradecido, subí. En el viaje, me enteré que la familia vivía en una granja un poco más al norte que la mía. Llegamos a la escuela y entramos.
Al otro día paso lo mismo, a diferencia de que esta vez me invitaron a ir a cenar a su casa ese día, ya que iban a carnear algunos animales, cosa que rara vez hacía. Entonces, a la salida esa noche, fui con mi nuevo compañero, quien estaba empezando a ser también mi amigo, y nos fuimos. Recuerdo que cenamos carne de cordero. Durante la comida, hablamos de diversos temas, y descubrí que tenía mucho en común con Carl. Cuando terminamos, volví a mi casa. Como era ya bastante tarde, fui directamente a dormir.
Los meses siguientes fueron iguales o muy parecidos. No siempre iba yo a cenar a casa de los Jonhson, pero, en cambio, ellos fueron a la mía. Y las dos familia se hicieron intimas amigas.
Era el último día de clases. Iba yo caminando cuando me crucé con la camioneta como siempre, y me subí. No noté nada extraño hasta que pasamos por delante de la escuela, sin parar. No llegué a preguntar qué había pasado, por qué no habíamos parado, cuando me pusieron un trapo en la boca para que no pudiera gritar, aunque era innecesario porque, como dije antes, el camino solía estar completamente vacío.
Yo estaba muy nervioso, y mis nervio aumentaron más cuando que vi que nos desviábamos por un camino secundario que se adentraba en el bosque.
En los siguientes minutos, que a mí me parecieron una eternidad, avanzamos hasta llegar a una cabaña casi completamente tapada por la vegetación. Me bajaron del vehículo, y a la fuerza me hicieron entrar y me ataron fuertemente. Acto seguido, me dejaron un recipiente con agua y me dejaron solo, sin decir una sola palabra, en el más completo silencio y oscuridad, ya que la única ventana estaba completamente tapada por una hiedra.
No tengo idea de cuánto tiempo pasé allí. Lo cierto es que me quedé dormido en el piso de piedra. Casi no había podido tomar agua, ya que como tenía las manos atadas al igual que los pies, traté de alcanzar el recipiente con la boca, derramando casi toda el agua. Y hacía ya varias horas que no comía nada.
Al otro día, vino a visitarme un hombre viejo al que no había visto nunca. Por su aspecto, supuse que vivía en el bosque, lo que me dio esperanzas de que pudiera salvarme, y quizá todo no estaba perdido todavía. Pero solamente deposito una navaja oxidada a mi lado y se fue, diciendo una sola palabra: Suerte
Con un esfuerzo supremo, debido al dolor provocado por la falta de agua y comida, sumado al de estar más de 24 horas acostado en un piso de dura piedra irregular que se clavaba contra mi espalda, logré sentarme y apoyarme contra la pared, procurando tener la navaja cerca de mis manos. Estaba tratando de agarrarla, cuando se abrió la puerta y entró uno de los Jonhson. Se acercó a mí y luego de propinarme dos o tres patadas en el estómago, dijo que yo ya pagaría por lo que había hecho y se fue. No tuve que esperar mucho para que regresara, junto a toda su familia, quienes reían cruelmente, trayéndome una muy desagradable sorpresa: el cadáver de mi hermano menor, al que había matado de varias puñaladas en el pecho.
Entonces estallé. Me paré ignorando completamente el dolor y el hecho de que estaba atado, y me dirigí rápidamente a la puerta, cegado por el dolor físico y psicológico. Pero, como tendría que haber prevenido en caso de estar completamente en mi juicio, me derribaron de un empujón. Y así como llegaron, entre risas crueles y de verdadero placer, se fueron, dejando a mi hermano a mi lado.
Esa visión me empujo a tratar de escapar. Me acerqué arrastrando a la navaja y, con una fuerza de voluntad miles de veces mayor a la fuerza física, corte las cuerdas de mi mano y las de mis pies. Pero ahora mi mayor deseo no era más escapar, sino que deseaba la venganza ardientemente. Así que, con mucha paciencia, esperé al lado de la puerta con la navaja en la mano. Y en cuanto esta se abrió, dirigí un certero cuchillazo al pecho del visitante, quien cayó al piso. A pesar de la cerrada oscuridad, comprobé que era Carl. Por un momento, sentí un malestar generado por el hecho de haber matado a alguien, pero rápidamente lo superé y salí corriendo.
Yo estaba completamente desorientado, y como estaba en medio de una noche sin luna, y además estaba exhausto, subí a un árbol, lo más alto posible.
Así que acá estoy. Como Carl no regresó, la familia fue a buscarlo y pronto notaran mi ausencia, por lo que solo puedo esperar dos cosas: o que se olviden de mí, cosa que veo muy imposible, y durante el día yo pueda escapar, o que realicen una búsqueda exhaustiva hasta dar con mi paradero, lo que sería mi fin.
Hace ya dos horas que estoy acá arriba, y ya puedo escuchar sus voces. Por lo poco que puedo comprehender a la lejanía, entiendo algo de que me van a hacer pagar por lo de su perro y lo de Carl…
Ahora caigo en la cuenta de a qué se debe todo esto. A principio de año, un día a la mañana muy temprano, salí a ver los animales en la granja y vi que un perro estaba persiguiendo a las gallinas. Entonces, sin dudarlo, agarré una tridente que usábamos para juntar el heno, y lo herí de muerte. Sin duda es ese el perro del que hablan. Pero ya no hay tiempo para pensar y hacer hipótesis.
Voy a hacer un último intento de escape. Veo que están a unos ciento cincuenta metros y además traen varios perros, por lo que veo muy difícil la posibilidad de escapar. Pero es mi única posibilidad. Voy a guardar esta carta en un sobre de cuero que tengo para llevar el dinero cuando voy al pueblo a vender carne, y espero que alguien lo encuentre y cumpla mi deseo…
Me quedé casi petrificado del horror al terminar de leer la carta. Me hermano vio mi expresión y me pidió que se la leyera, ya que él no sabía. Pero pensé que si había causado tal efecto en mí, no quería ni imaginar en cómo sería en mi hermano. Entonces le dije que era algo sin importancia.
Los meses siguiente a este hecho los pasé tratando de olvidar lo sucedido, y aunque ya no queda la impresión de horror absoluto que tenía cuando terminé de leer, todavía tengo una sensación de incomodidad cuando veo la carta guardada en mi habitación, en el mismo sobre de cuero, en el mismo bolsillo.
Un día, llegó una nueva familia a vivir enfrente de mi casa. Eran muy amables y pronto nos hicimos amigos. Comíamos juntos bastante seguido y nuestra amistad fue creciendo, lo que me ayudo a olvidar el suceso de la carta.
Un día estaba yo hablando con uno de sus miembros, de aproximadamente unos treinta años, al que le decían CJ, pero del que yo desconocía su verdadero nombre, cuando me empezó a contar una historia, ocurrida bastante tiempo atrás, en la que él iba caminando por la ciudad de noche cuando un sujeto se le acercó y le robo todo lo que tenía. Y antes de irse, le dio una puñalada en el pecho y se fue. Afortunadamente, esta no tocó ningún órgano vital, y al poco tiempo en el hospital, se recuperó.
Se levanto la remera y me mostró la cicatriz. Yo empecé a sospechar algo, aunque sabía que no tenía ningún sentido, así que le dije:
-Hace mucho tiempo que nos conocemos, pero no se tu verdadero nombre. Solo se que te llamamos CJ
-Mi verdadero es Carl. Carl Jonhson
Desde ese instante supe que la historia del robo era una mentira, y desde ese instante, empecé a enloquecer.
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