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La Marca y La Muerte asquerosa. Parte 1. (No creppypasta.)



Un poco de música para ambientar.

link: http://www.youtube.com/watch?v=AEDgnYuZkRg

link: http://www.youtube.com/watch?v=qXVJvk-J9FM

La Marca y La Muerte asquerosa.

I. Markus Doominicky.

Markus Doominicky era, a pesar de todas las circustancias, un hombre brillante. Un digno hombre de ciencia q'en sus creencias creyó descubrir la piedra filosofal.
Fue un Diciembre 21 cuando en la reunión anual de nuestro pueblo en Villa De Trenes cerca de La Ciudad De Paso y Calakmul, todos las habitantes de edad madura nos habíamos reunido en la gran Plaza de Trij, todos excepto el hombre de ciencia.
Debido a la falta de respeto para con las festividades, fui obligado a traer a Markus.
El viento frío y nocturno llovía por sobre mí y el frío suelo nevado. A la distancia, después de pasar varias vivendas -cuyas chimeneas calientaban a los jóvenes-, llegé hasta aquella casa de zinc y cuero.



Con mis puños "golpié" con delicadeza pero fervor la puerta oxidada.

— UuU! Buenas noches, Señor Markus.
Sin embargo, y a pesar del clima de tranquilida, me sobreexalté al escuchar un grito de júbilo.
—"De seguro estará ebrio."
y sin pender tiempo en pensar otras cosas, grité al ebrio Señor Markus.
—Salga de ahí! Vejete.
Inmediatamente la puerta fue abierta y aquel hombre castaño asomo la cabeza como si estuviese ocultando al mundo exterior los secretos del universo. Aunque no estaba para nada borracho.
—Ah, sos vos, joven Claudio.
El olor a vino era evidente.
—Yo ya soy un adulto y por es...
Pero fui interrumpido.
—Y yo seré una pasa... Ah no, si yo soy más bien una uva perfectamente conservada.

El Señor Markus tenía razón; a pesar de tener más de 60 años de edad, él lucía como un adulto de 28 años. Su pelo avellana no se había descolorado, su piel no tenía arrugas ni estaba estirrada; además tenía una dentadura bucal completamente conservada.
Yo heredé el trabajo de mi padre: Destista. Fui instruido personalmente por él, mas pocas -por no decir: rarísimas- veces el Señor Markus se presentaba... Y aun así, aquel vejete tenía unos dientes albisticos q'ni los míos podían igualar.
—De tanto vino q'usted bebe, es obio decir que, usted ya no es una pasa.
—¿Me estás llamando borrocho?
—Le estoy llamando viejo, además, ahí en la plaza lo están esperando. Venga, q'no le tiemblen las piernas.

Sin embargo, el viejo no se movió y en su lugar me pidió q'entrase a su cueva.
Después de unas cuantas argumentaciones, terminé cediendo.
El lugar era tal y como las cuevas della gente sucia y baja: Una cueva de ratones. Había comida por ahí, ropa por allá, ratones por acullá.
Radios q'trasmitían canciones antiguas, canciones q'rezaban:

Take second best
Put me to the test
Thisg in your chest
U need to confess.
Eye we'll deliever
U know, I'm a forgiver.


Sin embargo lo q'mas me llamó la atención fue la extraña alfombra de origen árabe q'yacía en el suelo della cocina... Si es q'a aquello se le puede nombrar cocina.


—Vamos, sentate. Te contaré una historia y te daré vino.
Esa última oración fue la q'finalmente me convenció y con ello me senté junto al Señor Markus.






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