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Las misteriosas piedras errantes de la laguna Altillo Chica



El fenómeno de las rocas que se mueven, aparentemente autopropulsadas, sobre la superficie llana de una laguna seca (Racetrack Playa) del Valle de la Muerte (EE.UU.) ha intrigado a los científicos durante décadas.

Recientemente, geólogos del Departamento de Petrología y Geoquímica de la Facultad de Ciencias Geológicas de la Universidad Complutense han reconocido que este insólito fenómeno se produce también en el humedal manchego Laguna Altillo Chica (Lillo, Toledo) y proponen un mecanismo alternativo para explicar el movimiento de las rocas.

En diciembre de 2012, M.E. Sanz-Montero y J.P. Rodríguez-Aranda, geólogos de la Universidad Complutense reconocieron en una laguna temporal manchega (Lillo, Toledo), numerosas trazas similares a las de Racetrack Playa, que concluían en rocas de hasta 3 kilogramos de peso. En un trabajo publicado en el volumen de diciembre de 2013 de la revista Sedimentary Geology, los investigadores describen que las trazas, que pueden superar los 120 metros de longitud y presentan estrías longitudinales, se dirigían desde el interior de la laguna hacia la orilla. Las estrías se corresponden con las aristas de la base de las rocas.

Desde la década de los años cincuenta del siglo pasado se han propuesto diversas hipótesis para explicar este fenómeno. Generalmente, las hipótesis coinciden en que las rocas se mueven, propulsadas por el viento, sobre un sedimento húmedo y resbaladizo. Los investigadores españoles proponen que el movimiento de las rocas se produce durante episodios tormentosos, y está relacionado con las características del sedimento en el que proliferan tapices microbianos. Los tapices microbianos son colonias de bacterias, algas unicelulares y otros microorganismos que constituyen una fina capa viscosa de espesor milimétrico, muy cohesiva y elástica. Todos los microorganismos producen gases que quedan atrapados bajo el tapiz, el cual funciona como una membrana semipermeable. Así, el sedimento fangoso, que incluye abundantes burbujas de gas, queda expuesto súbitamente y, empujado también por la corriente, tiende a deslizarse por la superficie. Las masas de fango arrastran consigo ramas, plantas herbáceas que arraigaban en el sedimento y piedras, algunas de ellas de varios kilos.


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Otras hipótesis más recientes, sin embargo, consideran que el viento, por sí solo, no es capaz de mover las piedras más grandes de varios kilos de peso. Por ello, se ha planteado que las rocas son transportadas dentro de placas de hielo en las que quedarían englobadas al congelarse el agua de la laguna durante el invierno. Las placas de hielo se deslizarían entonces sobre la superficie de la laguna por la acción del viento sin ofrecer mucha resistencia de rozamiento. En el caso de la laguna manchega se ha descartado la participación del hielo en el transporte de las rocas porque las observaciones y medidas directas demuestran que el agua no se congela, aunque en el aire se registren valores negativos de temperatura. Por otro lado, en este tipo de humedal las tormentas fuertes de viento y agua se dan episódicamente, por lo que el mecanismo de transporte propuesto para la laguna manchega podría ser extrapolable a otras zonas donde se produce el movimiento, aparentemente autopropulsado, de piedras.

La restauración ecológica y la conservación de los humedales manchegos contribuye también a la protección de los tapices microbianos, que según los investigadores españoles podrían ser la causa de las Piedras Errantes de la laguna de Altillo Chica. Te invitamos a conocer las acciones de conservación que con el proyecto LIFE Humedales de La Mancha se realizan para preservar lo singulares valores naturales de estos ecosistemas.
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