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Lilith, la primera esposa de Adán ¿El primer vampiro?



Lilith, la Madre de los Vampiros.


Al profeta Isaías se debemos una de las versiones más desvastadoras y angustiantes del mito de ésta mujer; demonizada y convertida en símbolo del oprobio, precisamente por haber sido la primera criatura que quiso ser una mujer y no únicamente un útero procreador al servicio de la comunidad de los justos.



"...y en su palacio crecerán las zarzas..."


Sostiene el profeta en la primera parte de su libro, al menos del libro que normalmente se le atribuye, que también es la menos sospechosa de ser apócrifa y la de más profundo alcance poético:

"En sus fortalezas las ortigas y los cardos arraigarán y serán morada de chacales. También allí Lilith descansará, y hallará su lugar de reposo".


Lúgubre reino habitado por demonios, sátiros, perros y gatos salvajes, incubadora de serpientes y morada de buitres y bestias carroñeras; corte que, en definitiva, Yahvé suele agrupar cuando se enfada.

Este es el sitio que la Biblia imagina como residencia de la primera esposa de Adán.




El origen de Lilith.

Lilith fue, ante todo, un demonio femenino de la tempestad en el panteón babilónico, llamada Lajil (que significa "noche" por los cananeos.

Lilith aparece en la tradición heterodoxa como la "enemiga de Eva", a quién su marido abandonó tras el nacimiento de Abel e inmediatamente antes del alumbramiento de Caín; engendrado, según dicen las malas lenguas, por el demonio Samael. En la versión ortodoxa Caín es en cambio el primogénito.

Los hábiles intérpretes del Talmud le dan un giro a la leyenda, sugiriendo que fue Lilith, y no Eva, la primera esposa de Adán, a la cuál este prototipo de macho repudió porque no se sometía al arquetipo de la esposa obediente y sumisa que Dios le había prometido.





Por esta razón Dios resolvió que era imprescindible recurrir a la costilla adánica para crear a una sustituta idónea de Lilith: la previsible e insulsa Eva, madre de la especie humana y ejemplo paradigmático de la monótona resignación que la sociedad le exige a las mujeres.

Pero el erotismo y la maternidad rara vez se reconcilian, al menos para la mentalidad que reinaba por aquel entonces; y el trasnochado Adán regresó clandestinamente a los brazos de Lilith para gozar de sus caricias, naturalmente, inapropiadas para una madre y una esposa.


Esta historia explica porqué Lilith terminó convirtiéndose en la reina de los súcubos, la incansable tentadora infértil, el vértice de las obsesiones y las fanasías eróticas de los hombres; la vampiresa por excelencia: paradigmática, arquetípica, condenada a errar sin rumbo ni refugio por las tinieblas del orbe.

Esta es la idea principal que los textos sagrados nos ofrecen sobre la naturaleza femenina: una supuesta fascinación por el desenfreno y el pecado, solo corregible mediante el rigor y el sometimiento.

Y fue gracias a esta idea fundacional por la cual fueron salvajemente condenadas las Bustuariae, las Hieródulas de tiempos remotos, y quemadas por millares las brujas medievales que confortaban a los desposeídos en las adyacencias de las aldeas y los bosques patrocinados por Lucifer.





La madre de los vampiros.

Veamos ahora por qué se considera a Lilith como madre de los vampiros.



Según el mito bíblico, cuando Lilith se rehusó a mantenerse debajo de Adán durante el acto sexual, huyó hacia la noche transformándose en una ráfaga de aire frío. Algunos espaculan que una partida de ángeles enviados por Dios lograron atraparla en las márgenes del Mar Rojo, pero otros sostienen que esa huída le facilitó un pasaje directo a la inmortalidad.

Es en este punto dónde el mito se quiebra. Lilith pasa de la protesta airada y la tímida resistencia a la acción directa.

La tradición hebrea afirma que, inmediatamente después de su escape, Lilith comenzó a vengarse a través de un acto abominable: el infanticidio.



Para entender el verdadero significado de esta venganza atroz debemos primero profundizar en el significado de aquello que desató la rebeldía de Lilith.

Lilith mata y se alimenta de bebés por una razón muy sencilla. En la época en la que se desarrolló la leyenda se creía que el embarazo sólo se producía cuando la mujer adoptaba una posición pasiva en el lecho. Por lo tanto podemos concluir que lo que Lilith no deseaba (cuando huyó de Adán) era quedar embarazada.

En la huída presurosa de Lilith subyace una fuerte declaración de principios: negar ese supuesto destino de madre que pesa sobre las mujeres desde los albores de la civilización, sabiendo que la aceptación de semejante destino es también una resignación de otros aspectos fundamentales de la femineidad.




Dentro de este contexto, es natural que la venganza de Lilith recaiga sobre aquello que más odiaba.

La historia de Lilith se vuelve más y más compleja a medida que vamos profundizando en ella. Pero la prudencia aconseja eludir las interpretaciones clásicas y, en cambio, utilizar la intuición y la imaginación para resolver los móviles de su comportamiento.

Lilith encauza su venganza golpeando en dónde más le duele a una madre: sus hijos. Y su venganza creció hasta alcanzar proporciones desoladoras.

Según algunos textos del Talmud babilónico, Lilith logró escapar a la maldición que Dios envió a los hombres tras la caída de Adán y Eva, propiciada por la ingesta de una manzana que nunca existió. La pareja fundacional perdió la inmortalidad, pero Lilith evitó la pena por no estar presente en el Edén durante aquel conflicto.



¿Cómo? Muy simple, Lilith no estuvo presente en el Paraíso porque ella es la noche, la oscuridad, lo que se mueve en la penumbra. El pecado original ocurrió durante el día; tal como se desprende del análisis del Génesis. Por esta razón Lilith conservó su inmortalidad, algo verdaderamente enojoso si uno es una criatura condenada por Dios.

De este modo Lilith pasó a la historia del mito y la leyenda; sencillamente cómo la antagonista de Eva; -prototipo de la esposa-madre-, enemiga del hogar y de la sumisión que la sociedad le impone a todas las mujeres.

Y así Lilith se convirtió en lo que ya era: la noche, con todos sus misterios y secretos; eterna, inmortal, escenario de los actos que por su naturaleza abominable deben cometerse bajo su manto de prudentes tinieblas.



La condena de Lilith es, en parte, una declaración de perpetua rebeldía: beberá sangre de los cuellos aún palpitantes y seguirá siempre sedienta, se alimentará de nuestras pesadillas, y, a pesar de la evidente paradoja, la tradición popular terminará asignándole un epiteto de maternidad que también en un signo de oprobio: Madre de los Vampiros.
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