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¿Los vampiros realmente existieron?

Hola amigos de T!, este es mi primer post, así que tomenselo con calma...

Bueno, aquí vamos

Seguramente alguna vez habrán oído hablar de los vampiros, ya sea en películas, novelas o cuentos de terror.

La imagen más conocida de los vampiros es la de unos hombres pálidos y siniestros con dientes largos y afilados. Vestidos con largas capas negras, salen por las noches a beber la sangre de la gente, lo que los hace eternamente jóvenes. Habitan en castillos lúgubres. Despiertos de noche, duermen de día en ataúdes, ya que no soportan la luz solar. Tienen mucho pelo en las mejillas y en las manos, huyen del ajo y de las rosas, y pueden transformarse en murciélagos.

En casi todas las culturas hubo personajes imaginarios que se alimentan de sangre humana. Durante mucho tiempo se creyó en ellos y llegaron a provocar pánico en algunos pueblos. Actualmente sabemos que los vampiros son personajes creados por los mitos populares y recreados en la literatura. Se cree que los vampiros “surgieron” en el centro de Europa hace unos 600 años. En particular, los antiguos habitantes de Valaquia y Transilvania, dos territorios de la Rumania actual, creyeron en la existencia de vampiros durante siglos. De las cercanías de la ciudad de Bistrita, en Transilvania, proviene el célebre conde Drácula, un personaje literario creado por el escritor inglés Bram Stoker, inspirado en una persona real: el príncipe Vlad Tepes, famoso por su crueldad, quien llegó a ser soberano de Valaquia.

¿Por qué, en otras épocas, tanta gente relató historias de vampiros? ¿Y por qué no hay hoy en día quien describa seriamente un encuentro con un vampiro?¿Y si los vampiros realmente existieron?

David Dolphin, un afamado bioquímico canadiense, postuló en 1985 que los vampiros podrían haber existido. Pero Dolphin aclaró que no eran seres tenebrosos sino personas reales que padecían una enfermedad muy rara. Tal enfermedad se conoce hoy como mal de Günther, en recuerdo del médico que la describió con detalle. Su nombre científico es algo más largo y complejo: porfiria eritropoyética congénita. Dolphin señala que los síntomas más comunes de esa porfiria se parecen muchísimo a los rasgos adjudicados a los vampiros míticos.

El nombre de porfiria dado a este mal deriva de una palabra griega que significa “morado”, puesto que los porfíricos tienen la orina de ese color. La porfiria eritropoyética congénita es solo una de entre varias enfermedades que forman la familia de las porfirias. Todas ellas involucran defectos en el proceso de fabricación de la hemoglobina, la sustancia responsable del color rojo de la sangre, encargada de llevar oxígeno a los órganos del cuerpo para asegurar su funcionamiento.

La sangre de nuestros cuerpos se “renueva” constantemente. Algunos órganos se encargan de generarla y otros, de destruirla. Una persona porfírica tiene problemas para fabricar sangre nueva y, por ende, sufre de anemia. La presencia de algunas sustancias inusuales en la sangre de quienes están aquejados de esta enfermedad es causante de la intolerancia a la luz solar y del deterioro de los dientes. Un rasgo importante de las porfirias es que son hereditarias.
Esto significa que, para padecer alguna clase de porfiria, tanto el papá como la mamá del paciente porfírico tienen que ser portadores de la enfermedad, aunque en ellos no se manifiesten sus síntomas.

Sucede que en los cromosomas de las células de los padres hay un gen con “defectos”. Podría decirse que ese gen no tiene las instrucciones apropiadas para que el cuerpo ensamble correctamente la hemoglobina. Cuando un niño/a hereda, tanto de su madre como de su padre, una copia de ese gen defectuoso, entonces en él o en ella se manifiesta la enfermedad.

Hay varias semejanzas entre los vampiros y las personas porfírica: Delgadez y palidez. La porfiria provoca anemia; es decir, la sangre tiene menos glóbulos rojos de lo normal. Esto hace que algunas personas anémicas sean demacradas y pálidas, tal como los vampiros clásicos. Pánico a la luz solar. La porfiria provoca actinismo: quienes la padecen no pueden tomar sol, ya que su luz les provoca graves quemaduras en la piel, con úlceras que sangran. Por ello, los porfíricos suelen salir solo de noche o bien se visten con ropas largas y oscuras, como el conde Drácula. Pelos inusuales. La porfiria provoca hirsutismo, esto es, crecimiento de pelos en lugares donde comúnmente no hay, como entre las cejas, en las mejillas muy cerca de los ojos y en las palmas de las manos.

Algo parecido describe Bram Stoker en su novela Grandes colmillos. La porfiria está acompañada de la aparición de complicaciones en los dientes, las encías y los labios, complicaciones que causan que los dientes se vean anormalmente largos y puntiagudos, como los típicos colmillos de los vampiros cinematográficos.

Estas semejanzas, entre otros argumentos basados en las características de la enfermedad, condujeron a Dolphin a conjeturar que las abundantes narraciones de encuentros con vampiros en Valaquia tendrían su origen en una especie de “epidemia” de porfiria en esa región. Pero cuidado: Dolphin no afirma que los vampiros míticos existieran, sino que la gente de otras épocas, que desconocía la porfiria como enfermedad, estaba convencida de que quienes la padecían no eran humanos, sino seres sobrenaturales, guiados por intenciones malévolas.
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