Máscaras.

Por: A.R.G (Electro Universe)

En abril de 2006…
Todavía recuerdo lo que pasó, cada suceso, cada detalle lo recuerdo con certeza y claridad, pues soy poseedor de una memoria asombrosa.

Hay una isla aislada del resto del mundo, dicha isla es el vestigio de una antigua sociedad civilizada que se hundió en el caos, después de un accidente nuclear.
¿Tú crees que Chernóbil fue el único accidente de Rusia?
Otro de esos accidentes fue Mayak, pero el Gobierno de los Estados Unidos ocultó esta información a sus habitantes al igual que Rusia para que la sociedad no temiera y tuviera un pánico colectivo a la carrera armamentística nuclear de la guerra fría.
Algunas islas fueron utilizadas para fines militares.


Al noreste de noruega existe una isla gigante oculta, propiedad de los
Estados Unidos, donde se realizaron experimentos después del accidente, toda la ciudad fue evacuada y posteriormente todos los experimentos científicos fueron abandonados por razones desconocidas.
Todo esto fue ocultado al público.
Desapareció un científico durante esos experimentos, que era el líder de un grupo de científicos trabajando para la CIA.
Se realizaron labores de rescate, y yo, un simple soldado novato, fui elegido para una misión de reconocimiento, a bordo de un helicóptero.
Pero algo sucedió, no se qué fue ni de donde provino, el asunto es que algo impactó contra el helicóptero y caímos hacia la ciudad fantasma, aparentemente abandonada.

Y yo recuerdo… sólo recuerdo que…










Viernes, 28 de mayo.
Desperté…
No sé cuánto tiempo permanecí desmayado.
Era de noche, hacía frío y había un poco de niebla en ese lugar solitario, estaba bastante oscuro, creí distinguir aullidos de perros a lo lejos y pensé que el impacto me había dañado mentalmente, por que estaba seguro que no había nadie en toda la isla.
Vi a mis compañeros muertos, quemándose en el fragor del fuego, el helicóptero estaba hecho añicos, totalmente destrozado, los pedazos de vidrio dispersados por todas partes titilaban al compás de las luces de las llamas, recuerdo que llovió un poco antes de la colisión, porque en el asfalto se impregnaba el olor a tierra mojada.
Estaba algo mareado, sentí un escalofrío que recorrió cada poro de mi piel. Olí…

Había un olor especial, mi propia sangre, y miré hacia donde sentí un poco de dolor. Y, efectivamente, me hallaba recostado sobre charco de sangre que yacía en el sucio suelo, gateé hacia una sucia y oxidada reja y me apoyé en ella, había llegado a un callejón.
Una duda asaltó mi mente… ¿Qué rayos ocurrió y como sobreviví?
Me levanté poco a poco, con cuidado de no caerme y me sostuve de un contenedor de basura, miré hacia lo que parecía ser un viejo parque, y del otro lado, observé que aquella reja que estaba cerrada con candado, en su interior solo había un abismo de oscuridad, la más completa y densa negrura que jamás había visto antes, en ella, parecía como si alguien me observase, y me absorbiera con su mirada, no recordaba absolutamente nada y deseaba salir de ese maldito lugar cuanto antes.

Revisé mi bolsillo derecho, tenía un celular con 3 barras de batería, y lo agarré a modo de linterna, no sin antes revisar sus archivos.
Imágenes, videos, contactos, mensajes, lo que fuera…
No contenía absolutamente nada.

Había un palo de madera en el suelo y lo recogí para apoyarme, y talvez también porque me sentía amenazado ante tanta soledad, prendí el celular y lo apunté hacia el parque.

¡Nadie! Definitivamente no había personas o sobrevivientes alrededor, nadie más que yo y los cadáveres de mis compañeros, oh, y lamenté que en la misión nadie haya traído armas,

“No son necesarias” dijo el coronel.
“¡Maldito hijo de puta!” pensé mientras caminaba y veía casas con apariencia de haber sido abandonadas desde hace años.

Caminé por el sendero de asfalto para llegar a la banqueta del parque, tuve que improvisar un bastón con el palo de madera para no caerme, la niebla me dificultaba ver con claridad, las tinieblas envolvían a las calles, me revisé la herida que tenía a la altura de la rodilla izquierda, tenía una gasa, me pregunté cómo diablos había llegado eso ahí y pensé que ya habría tiempo para recordarlo, sólo que justo en ese momento me hallaba muy confuso.

Al quitarme la gasa pude observar el daño, al parecer producto de la mordedura de algún animal, talvez un perro, aunque al principio lo dudé, pues parecía más grande.
Continué mi camino, en el que a cada paso me retorcía del dolor, la herida me ardía bastante, como un ácido que me carcomía la carne lentamente. Revisando el celular me di cuenta de que estaba mal programado, marcaba las 2:30 de la tarde, hora imposible para ser de noche.
Escuché otro aullido de un perro a la lejanía, tuve una sensación incómoda. Así que apunté el celular hacia donde creí distinguir el sonido.
Sentí un pavor indescriptible y, presa del terror, no podía moverme por el miedo inabarcable que existía dentro de mí, como si hubiese sido bloqueado mentalmente, mis piernas fallaban y se rehusaban a responder cuando vi a un animal de notable tamaño, un perro con dientes tan brillantes como navajas cromadas, pelo largo tan oscuro como el ébano, soltaba espumarajos en una posición amenazante, gruñó como mejor lo sabía hacer y observé que tenía trozos de su piel colgando, la carne desgarrada y totalmente masacrada le daban un aspecto más espeluznante y temible, sus ojos rojo escarlata parecían reflejar las almas marchitadas del infierno, soltó un fuerte ladrido avisando que no tardaría en atacarme, giró un poco su cabeza hacia la derecha, la luz del celular le dio a esos ojos sobrenaturales un tono más escalofriante, de color blanco resplandeciente, un aspecto totalmente aterrador, empecé a sudar frío mientras el perro echaba vapor por el hocico, comenzó a correr lo más rápido que pudo, yo empecé a prepararme para la muerte…

Saltó e instintivamente yo me cubrí con el palo de forma que pudiera contener sus envenenadas encías, el impacto me tiró y traté de protegerme de sus poderosas mandíbulas, quebró el palo como si nada, pero eso logró que yo obtuviese un arma más mortal, con la punta filosa del palo me defendí, di un certero y potente golpe hacia el cuello, chilló por el sufrimiento y un pequeño chorro de sangre brotó de su cuerpo, encajé el palo aún más y lo moví bruscamente, le asesté una patada al palo, y entonces unos abundantes chorros emanaban de su cuerpo hacia todas partes de manera interrumpida, como si se tratase de una regadera para el césped, se movió de manera desesperada por el dolor, pero fue peor, al lograr quitarse el palo soltó un gran manantial de sangre, pude ver claramente que el golpe le había llegado hasta los huesos, dejando astillas por todo el cuello, aulló de manera inconsolada, y cayó al suelo muriendo en lenta agonía, no sin antes girarse repetidamente y moviendo las patas como loco, los ojos le salían de sus cuencas, vomitó y expulsó burbujas de sangre por su nariz, el infernal can dio su ultimo respiro de vida, o bien, de muerte.
Todo pasó tan rápido, no logró morderme porque corrí con mucha suerte, era más rápido y fuerte que yo, normalmente las personas que enfrentan a los perros de este tipo salen con estados de salud bastantes graves, bueno, no sé si llamarle perro a esa cosa, era más como una bestia desconocida.

Proseguí mi andar penosamente, temblando de frío y de miedo, me sentía expuesto, en cualquier momento podrían atacarme, algo o alguien podría haber estado vigilándome en aquel valle espectral, aquella ciudad fantasma, sentí como si me respiraran en la nuca, y estuvieran detrás de mí, en cualquier momento el peligro de una ciudad aparentemente abandonada estaría acechando, y vi que a los autos se les había extraído el motor, sólo eso ¿Por qué no quitaron otra cosa aparte?, sin embargo, sólo uno de esos autos se veía seguro y confiable a simple vista para pasar un poco de manera más tranquila la noche en donde el peligro amenazaba con explotar en cada instante.
Tomé una gran roca del suelo, del tamaño de mi mano, la aventé lo más fuerte que pude, casi con mis últimas energías, la pesada piedra quebró el vidrio de la puerta del copiloto, se oyó un ruido estruendoso rompiendo al mismo tiempo el cristal del coche y el aire, quité el seguro, abrí la puerta, lo primero que noté fue la enorme cantidad del polvo que emanaba de todas partes del auto, parecía que desde hace muchos años que no lo utilizaban, pues hasta en las ruedas de las llantas había oxidación, al cerrar la puerta tuve cuidado de no cortarme con algún pedazo de vidrio con ayuda de la pantalla del celular, medio tambaleándome, me acosté sobre el asiento trasero del auto , y me dispuse a dormir y contar con la esperanza de que todo hubiese sido ua pesadilla, y de la cual yo sólo esperaba ser despertado.

En media hora aproximadamente el celular vibró, emitía una pantalla blanca con fondo de una letras azules marcando “desconocido” con un débil sonido polifónico que casi no se escuchaba, y contesté.
Una voz ronca y aguardentosa de algún viejo me respondía:
-¿Bueno?
Se me pusieron los pelos de punta y se me hizo la piel como carne de gallina.
-¿Si, Aló? ¿Quién habla? –contesté
-Mi identidad es desconocida para ti por el momento. Escucha con mucha atención, no hay tiempo que perder, ¿Podrías describirme en que clase de lugar estás?
Yo al pensar que sería un rescate o algo parecido respondí:
-bueno, atravesé un parque y…
-Genial, no queda lejos, pon atención, tienes que ir a la perrería, te queda como a ocho cuadras de ahí- me dijo aquél viejo.
-¿para qué?
-Sólo hazlo, te encontrarás algunas cosas que te podrían servir de mucha ayuda si no quieres que te pase algo malo.

Y Colgó…



CONTINUARA.