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hola después de tiempo sin subir ningún post les digo hola y disfrutenlo
Reflejos
Yo soy el reflejo de Thomas.
Cada mañana, Thomas se levanta y entra en el cuarto de baño.
…Y hace muecas.
Estoy tan cansado de las muecas. Las hace por lo menos durante media hora. Muecas burlonas, ridículas. No tengo más remedio que imitar todas sus acciones, aunque por dentro estoy hirviendo de ira.
Él hace esto todos los días… bueno, lo hacía.
Una mañana se despertó como de costumbre, y entró en el cuarto de baño.
Esa mañana, involuntariamente, cogió unas tijeras.
Esa mañana, involuntariamente, apretó fuertemente las tijeras y las alzó.
…Esa mañana, totalmente en contra de su voluntad, Thomas se clavó con fuerza las tijeras directamente en su ojo derecho.
Thomas gritó y gritó. Yo gritaba y gritaba, con una diferencia.
Yo no puedo imitar su dolor.
Sólo su rostro.

diecinueve y treinta
Eran las diecinueve y treinta horas y el mucamo corrió presuroso para atender el teléfono.
Es que ya hacia tres días, que no tenía noticias de su patrón el señor Arregui.
Levantó el auricular y se produjo el siguiente dialogo:

< Hola Rogelio, habla Juan José.
< Ah… por fin señor. Ya estaba preocupado. ¿Está usted bien?
< Si Rogelio no te preocupes, es que tuve que emprender un viaje inesperado y me ausentaré no sé bien por cuanto tiempo.
Todos los días me voy a comunicar con vos para pedirte que hagas algunas cosas que me quedaron pendientes.
Detrás del cuadro que está en mi oficina, escrita en el marco, vas a encontrar la clave de la caja fuerte, allí tendrás suficiente dinero para unos meses.
Podrás disponer de él para las cosas de la casa, y por supuesto para tu sueldo.
En el Banco Nación que está en la esquina de casa, tengo una caja de seguridad. Las llaves, el número de caja y una credencial que te autoriza abrirla, también las vas a encontrar en la caja fuerte.
Menos mal que hace ya bastante tiempo, se me ocurrió hacerte este poder, por si se presentaba alguna vez una situación como esta.
En la caja de seguridad, hay acciones de distintas empresas importantes, bastante dinero y algo de oro, vas a manejar todo esto según mis instrucciones.
Siempre confié en vos.
Bueno por hoy es bastante y no quiero atolondrarte con mas recomendaciones.
Por ultimo te encargo que les avises a mis amigos, los muchachos del club; que no voy a poder ir más por un tiempo todos los martes y jueves, a jugar tenis como de costumbre.
< Bueno señor, muchas gracias por su confianza y espero no defraudarlo.
< Mañana te llamo nuevamente. Chau Rogelio cuidate y gracias.

Todos los días, a las diecinueve y treinta en punto, Arregui se comunicaba con Rogelio, para que este le pasara el parte de las novedades del día, y darle las directivas pertinentes a estas.
Nunca mencionaba en donde se encontraba, solo decía que aún no había llegado a destino y que quizás en unos pocos días más… Es que el camino es muy malo e intrincado…
– Decía Arregui. – ­
Así pasaron seis meses, hasta que Arregui por fin dijo haber llegado. Pero no dijo donde.
Habiendo ya concluido todos los asuntos pendientes que había dejado en Buenos Aires, con la colaboración de Rogelio, dejó de hacer su llamada diaria de las diecinueve treinta.
El mucamo a estas alturas ya era virtualmente el dueño de casa y hacía y deshacía a su gusto y parecer.
Luego de varias semanas, a las diecinueve treinta en punto suena el teléfono.
Rogelio atendió:
< Hola Rogelio. ¿Cómo estas? >
< Bien señor. Hacía mucho que no llamaba. ¿Que pasó?>
< Nada. Sólo estuve tratando de conseguir donde instalarme, y me llevó un tiempo.
Allá en Buenos Aires, ya queda poco y nada por hacer, y yo te necesitaría acá con migo que me serías de más ayuda.
¿ Te parece bien si te mando a buscar en un par de semanas? >
< Si señor, como usted diga. Pero… ¿En donde queda el lugar en el que usted está? >
< Mirá Rogelio, no se como explicarte. Pero es lejos, prepárate para un viaje largo.
< Chau Rogelio. Nos vemos pronto. >
< Chau señor. >

El mucamo fue preparando a lo largo de dos semanas su equipaje.
Al finalizar la segunda semana, casualmente enciende el televisor faltando pocos minutos para las diecinueve y treinta.
En el informativo, dan la noticia de un campesino que caminando por la orilla de la ruta, vio en el fondo de un precipicio tapado por unos arbustos, un automóvil en cuyo interior, se encontraba el cadáver de un hombre en avanzado estado de descomposición.
La noticia capturó la atención de Rogelio, y se paró frente al aparato para escuchar bien de que se trataba.
Mientras mostraban las imágenes del lugar, el locutor seguía leyendo:

“Fuentes policiales informaron que al parecer, el cuerpo habría estado allí por más de seis meses, y los documentos encontrados en él, pertenecerían a un tal Juan José Arregui importante empresario de Buenos Aires. Quién habría caído al precipicio, por causa de un reventón en uno de los neumáticos del rodado.”

Al escuchar semejante noticia, el mucamo invadido por una mezcla de pánico y estupor, siente una puntada aguda en su pecho, mientras que su corazón late a la velocidad de un caballo descontrolado.
Su respiración se hace cada vez más dificultosa, y tomándose con ambas manos el costado izquierdo, intentando desesperadamente tomar algunas bocanadas de aire cae muerto sobre el sillón que tenía a su espalda, exactamente a las diecinueve y treinta horas.

Tal como le dijo Arregui… Puntualmente en dos semanas lo mandó a buscar.

amores que matan
El amor: por tantos querido y por tantos odiado. Es curioso como algo que te venden como inofensivo y maravilloso, puede llegar a ser fatal. Puede hacerte sentir como la persona más afortunada de este planeta, pero también puede acabar con tu vida. Ese fue mi caso.
Yo sólo era una chica de 16 años, inocente e ingenua. Vivía en mi propio mundo de fantasía, dónde todo era perfecto, dónde nada te hacía daño. Estaba enamorada del amor, de esas mariposas en el estómago, y soñaba con poder sentirlo. Soñaba con el amor a primera vista, con el encontrar a mi alma gemela. Soñaba en como viviríamos juntos toda la vida. Eran solo sueños.
Mi vida hasta entonces había sido un cuento de hadas. En mi cielo, el Sol siempre brillaba; no había rastro de nubes. En mi mundo, todo era luz, todo era color; no existía la oscuridad. Y entonces fue cuando lo conocí.
No me enamoré a primera vista como esperaba. Era mi compañero de clase por aquél entonces. Era amable, era cariñoso, era divertido. Era chico más maravilloso del planeta… o al menos lo parecía. Cuando quise darme cuenta, ya me había enamorado.
El día en que me confesó que ese amor era mutuo, fue el mejor día de mi vida.
Creía que de verdad había encontrado a mi alma gemela, el que me acompañaría durante toda la vida. Con él a mi lado los colores eran más brillantes. Cuando estaba con él, el tiempo no pasaba, era mi felicidad.
Yo le amaba, él me amaba: era todo perfecto. Me entregué a él en cuerpo y alma.
Un año más tarde, yo seguía tan enamorada (o quizás más) como al principio. Pero entonces todo cambió.
Cada vez le veía menos, apenas hablábamos. Echaba de menos nuestras risas, nuestros besos; le echaba de menos. Me sentía sola. El se volvió más frío y más distante, parecía que hubiera dejado de importarle. Me invadió la tristeza mientras las nubes cubrían mi cielo.
Tras unos días sin saber de él, me llamó para que nos viéramos en su casa. Fui hacía allí esperanzada, esperando encontrarlo con los brazos abiertos y con una sonrisa en el rostro, como antes.
Su aspecto me sorprendió cuando me recibió en su puerta. Físicamente era exactamente igual, la misma estatura, el mismo pelo, la misma boca… Pero al mirarle a los ojos noté algo diferente; habían perdido el brillo que los caracterizaba. Con voz queda me invitó a entrar.
No era la primera vez que entraba a su casa, había estado allí miles de veces. En cambio, aquella vez, cuando puse en pie en su interior me recorrió un escalofrío. Estaba todo en silencio, parecía abandonada. Me sentía muy incómoda allí. Bajamos al sótano para charlar un rato. Él no parecía estar muy animado, le pregunté varias veces qué le sucedía pero siempre me cambiaba de tema.
Cuando ya se hizo tarde y me preparé para irme, me pidió que me quedara con él esa noche. Me negué ya que sabía que mis padres se preocuparían y me dirigí con mis cosas hacía la puerta. No le vi coger aquél jarrón ni tampoco le escuche cuando se acercó a mi espalda. Solamente sentí un golpe sordo en mi nuca, y luego un vacío. Perdí el conocimiento.
Al volver en mí, noté un dolor agudo en la cabeza, apenas podía pensar. Cuando quise moverme, me di cuenta de que estaba inmovilizada: estaba atada a una silla en su sótano. Le vi delante de mí. Esta vez apenas le reconocí. Sus ojos estaban otra vez iluminados, pero está vez con un brillo de maldad. Se le dibujó una sonrisa grotesca en el rostro, no era el chico dulce del que yo me enamoré.
- ¡Nunca escaparás! - susurró con una voz espeluznante
El miedo me dominó. Quería escapar, quería chillar; pero sabía que eso no serviría de nada. Así que me quedé en silencio.
- ¿No vas a chillar? Qué chica tan buena… Pero si no te resistes no es divertido.
Empezó a pegarme. Me dio puñetazos en la cara, acabó rompiéndome la nariz. Me pegó en el estómago haciéndome quedar sin respiración. Aún así conseguí quedarme impasible y eso lo enfureció aún más.
Cogió mi cabello y empezó a arrancarlo a mechones. Un líquido caliente y denso me goteó la espalda y empecé a marearme. Apenas podía verle, se me nubló la vista por la pérdida de sangre y por las lágrimas. Aún así seguí sin chillar. Aún le amaba, aunque me estuviera torturando y matando de esa forma. Estaba tan perdidamente enamorada que estaba decidida a darle mi vida, si el así lo deseaba.
Entonces vi brillar un objeto en la oscuridad. Enfurecido a más no poder y con el cuchillo en alto, se abalanzó sobre mi para acabar con mi vida.
- Quiero que sepas, antes de morir, que nunca te he amado. Eras solo un juguete, no fuiste nada más para mi.
Esas fueron las últimas palabras que logré escuchar antes de sucumbir ante esa agonía. Incluso antes de que el cuchillo penetrara en mi corazón.
Un dolor agudo travesó mi pecho. Noté como me desgarraba por dentro. Sentía el latido de mi corazón, como se ralentizaba. Y con una última exhalación, se hizo el silencio en mi interior. MI CORAZÓN SE PARTIÓ EN DOS.
Cuando el frío metal del cuchillo perforo mi corazón destrozado, ya era demasiado tarde. Mi alma ya no pertenecía a mi cuerpo.
¿Cuál fue la causa de mi muerte? el amor


risas
Despiertas sobresaltado, jadeando en busca de aire, mientras te recuperas de una pesadilla. Es la misma pesadilla que se ha venido repitiendo desde hace semanas. Cada noche, sin poder hacer nada más que ver la misma maldita escena desplegarse ante tus ojos.
Hay niños corriendo en un parque infantil, y a lo lejos, una niña comienza a subir al pasamanos. De repente, esa sensación nauseabunda que algo va a suceder invade tu cuerpo. Intentas gritar a la niña para advertirle, pero lo único que se escapa de su garganta es el aire. Te das cuenta de que es demasiado tarde. Cierras tus ojos mientras la chica cae, causándose una grieta repugnante en toda la cabeza. Te ves impotente a su cuerpo sin vida, junto con el resto de los niños que reían a sólo unos minutos atrás.
Ahí es cuando te despiertas en un sudor frío, dándote cuenta de que era la misma pesadilla. No te has acostumbrado a ella y probablemente nunca lo harás.
Aún en tu estupor somnoliento, miras hacia los números digitales de color verde brillante junto a ti. Ahora es la 1:30 de la mañana, igual que la última vez. En este punto, has perdido toda esperanza de volver a dormir, y bajas a la cocina para conseguir un vaso de agua. Recuerdas que debes trabajar por la mañana, ya que hace una semana, comenzaste a ayudar a demoler una vieja escuela que no se ha utilizado desde los años 60. Raramente, es cuando la pesadilla comenzó.
“Genial”, te dices entre sorbo y sorbo, “¿Cómo voy a funcionar con sólo cuatro horas de sueño?”
Más tarde esa mañana, llegas a la escuela. Los desgastes se notan en todo el edificio, tales como tuberías oxidadas, plantas que crecen las paredes, pintura astillada, y la fina hoja de polvo que cubre toda la superficie de la zona.
“¿Qué demonios le pasó a este lugar?” Dices cuando entras por las puertas delanteras.
“¿Cuanto trabajo no?”, dice Mike parado en lo alto de una escalera de mano. Él parece estar derribando parte del techo. Los ecos de taladros y pistolas de clavos suenan en todo el edificio, con el zumbido ocasional de una sierra eléctrica.
“Así que, uh, ¿qué es lo que tengo que hacer hoy?” – Le preguntas.
“Bueno”, dice Mike, “hoy tenemos mucho trabajo, puedes empezar por quitar las tablas del piso en el gimnasio. Después de eso, vamos a necesitar tu ayuda en el desmantelamiento de las pizarras en las aulas “.
Asientes, y con eso, te entrega un martillo y una palanca. Al entrar en el gimnasio, el sonido de la puerta que se abre y cierra de golpe retumba en las paredes. Es silencioso. Desde aquí, todos los ruidos de las herramientas eléctricas no se escuchan. Es una escuela grande y te encuentras en un lugar bastante lejos de la construcción. Decides comenzar en un rincón. Tomas tus herramientas y empiezas la difícil tarea de rasgar y hacer palanca en cada tabla.
A medida que avanzas, notas algo extraño. Sientes como si fueras observado, como si la mirada de alguien te estuviera perforando la piel. En un intento por evadir la incómoda sensación, gritas:
“Sí, Mike?”
No hay respuesta. Por supuesto, sabes que no habrá una respuesta, pero tenías la esperanza de que hubiera una razón para tu miedo. Rápidamente tratas de olvidarlo y continúas tu labor.
Desde que empezaste a trabajar ahí, no ha pasado ningún evento extraño o fuera de lugar. Llegas a la conclusión de que sólo es el silencio el que te hace sentir incómodo, por lo que sacas tu celular y pones algo de música. Pero entonces, vuelves a sentir que alguien te está mirando. Incluso tu música no ayudarte bien. Un extraño sonido comienza a mezclarse con la voz del cantante.
Te apresuras y quitas un auricular de tu oído para ver si alguien esta tratando de llamarte o algo así. Te das cuenta que el ruido de fondo era una risa, y definitivamente no venía de los auriculares.
“¿Hola?” Dices a medida que guardas los auriculares en el bolsillo del pantalón, “¿Quién está ahí?”
La risa se ​​desvanece rápidamente, como si un grupo de niños corriera riéndose detrás del edificio.
“Hay chicos aquí?” Te preguntas a ti mismo. Terminas de quitar una tabla de madera que estaba a punto de romperse y la colocas en el suelo.
“¿Hola? Mike? “Llamas una vez más. Al salir del gimnasio, te encuentras cerca de lo que parece ser una cafetería. Esto definitivamente no estaba cuando Mike te llevó al gimnasio, pero sigues tu camino. En primer lugar, entras a la cafetería para ver si los niños se esconden allí, pero lo único que hay es un largo pasillo con mesas tiradas alrededor. Una vez más, escuchas la risa que viene desde el fondo.
Comienzas a caminar hacia la risa, pero a medida que te acercas, ésta se desvanece. Al doblar la esquina, te das cuenta de que has llegado a un punto muerto, con una puerta al final. La puerta es de color azul, combinando con algunos azulejos del piso. Te acercas a ella y mueves la perilla, sólo para descubrir que ésta cerrada.
“¿Qué demonios? ¿A dónde van? “Te preguntas mientras tratas de mirar algo por el espacio entre la puerta y la pared. Una mano toca tu hombro, haciéndote saltar. Te das la vuelta y ves a Mike con una mirada interrogante en su rostro.
“Puta madre, hombre, me has asustado.” Le dices.
“Sí, pude notarlo”, dice Mike, “¿Qué estás haciendo aquí? ¿Terminaste el gimnasio? Porque también necesitamos…”
“No, no he terminado.” Dices interrumpiéndolo. “Hey, uh, ¿alguien trajo a sus hijos aquí, o algo así? ”
“No que yo sepa, pero debes terminar ese suelo pronto, necesitamos un poco de ayuda con el material eléctrico.”
Asientes y te diriges al gimnasio, mientras desenredas tus auriculares. Solo dos minutos después de haber empezado a trabajar, escuchas esos malditos niños de nuevo. Esta vez, parece como si se estuvieran burlando de ti. Piensas que se volverán a escapar y la risa se detendrá, a si que decides continuar con lo que estabas haciendo y lo ignoras. Pero no se va, incluso, podrías asegurar que se hace más fuerte y más irritante.
“¡¿Qué?!” Gritas a los niños, pero siguen riendo. Esta vez, arrojas tu martillo a la pared, porque a estas alturas, no tienes ganas de jugar. Corres hacia el ruido, con la esperanza de atraparlos. Con cada paso que tomas, los armarios que cubren el pasillo se estremecen y se sacuden. Tus pasos resuenan por las escaleras. Ya no te importa tu trabajo en el gimnasio, ni la construcción, ni nada. Solo encontrarlos y deshacerte de ellos.
A medida que corres, te das cuenta que la escuela se ve más limpia y alegre. La pintura no está astillada, ni la cerca oxidada…
“Pensé que lo estaban destruyendo, no que le harían una renovación.” Te dices. Sigues corriendo, hasta llegar comedor. Sentiste que habías corrido en círculo, pero esa teoría se fue en cuanto llegaste a la cafetería. Te das cuenta que en el comedor, las mesas están instaladas, y los pisos limpios. Las papeleras y mesas parecen estar cubiertos con migas y la leche derramada en algunos sitios. Esto no tiene sentido, si hace dos minutos las mesas estaban rotas, y todo parecía estar cubierto de polvo. Te detienes y mirar a todo, confundido completamente, hasta que la risa te sacó de sus pensamientos, una vez mas.
Una vez que vuelves a correr, la risa se ​​detiene. No, no como la broma de hace rato, todo el mundo al mismo tiempo se frena. Junto con las risas, tus pasos paran, como si trataras de encajar en el entorno.
De pronto, una pequeña risita se escucho en el baño. Sonríes, pensando:
“Oh, ahora los tengo”, mientras caminas hacia el baño. A diferencia del resto de la zona, el baño era un completo desastre. Las bisagras de las puertas de los establos y los grifos están terriblemente oxidadas, y baldosas completamente rotas. Pateas fuertemente la única puerta, tirándola, con la esperanza de hacer frente a uno de esos pequeños bastardos, pero no hay nadie allí.
“¿Qué diablos?” Dices en voz alta. Jurarías que escuchaste una risa proveniente de esta área exacta, ¿cómo no puede haber niños? Te das vuelta hacia el grifo, y giras el pomo. Crees que si se salpicas tu cara un par de veces, te recuperarás. Por supuesto, no sale agua. De repente, ves algo en la esquina del espejo que te hace atragantarte con tu propio aliento.
Sentada en la esquina de la habitación, junto a la puerta, se encuentra una pequeña niña. Sus ojos, miran a los tuyos. Excepto, que ella realmente no tiene ojos, solo mármoles blancos que parecen demasiado grandes para su cráneo. Y no son sólo sus ojos, todo en ella no es normal. Su piel se le pega al hueso, haciendo que sus articulaciones se vean. Su pelo esta enmarañado y lleva un vestido blanco roto, manchado con suciedad y sangre. Y entonces comprendes todo instantáneamente, como si una pared de ladrillos cayera sobre ti.
Lo que parecen ser los restos de un cadáver en descomposición, es en realidad la chica que aparece en tus pesadillas. Sus labios se curvan lentamente revelando un terrible conjunto de dientes afilados. Gritas y sales corriendo del baño. A la salida, te das cuenta de que el edificio volvió a tener su aspecto normal, sucio y descuidado. Al doblar a la esquina, te encuentras con Mike.
“¿Qué demonios estás haciendo?” Dice claramente frustrado, “Esta es la segunda vez que abandonas tu puesto de trabajo.”
“¿¡Qué carajo está pasando aquí!?” Gritas, exigiendo una respuesta. Mike te lanza una mirada amenazadora, y te dice:
“¿De qué estás hablando? Nada está pasando aquí. Escucha, si te sientes un poco enfermo puedes ir a casa. ”
“No, estoy bien.” Respondes, “Te prometo que voy a terminar esta vez. Ahora, ¿dónde está el camino de regreso al gimnasio? ”
“Sube las escaleras y en el pasillo a la izquierda, verás las puertas dobles para llegar. Te acompaño”
Mientras los dos van a ver tu trabajo, una duda emerge de tu cabeza.
“Hey,” Le preguntas a Mike, “¿Por qué este lugar quedo cerrado? Parece como si todo el mundo se hubiera ido un dia y jamás regresó. ”
“Bueno,” Inicia Mike mientras el sonido de sus pasos resuenan en todo el hueco de la escalera, “Una chica joven, estudiante, murió aquí. Al parecer, era demasiada tristeza para los niños a educar y siempre andaban deprimidos. Por lo tanto, con la esperanza de borrar el incidente de su mente, se los trasladó a una escuela diferente. ”
Un escalofrío recorre tu cuerpo, desde los pies a la cabeza.
“Exactamente cómo murió?”
Mike no respondió hasta cruzar la puerta doble del gimnasio.
“Ella cayó desde un pasamanos y se rompió el cuello.”
Tragas saliva, mientras Mike sale de la habitación.
“Apresúrate, que ya es tiempo que hubieras terminado” Dijo antes de azotar la puerta
Sabes que deber darte prisa, para ir a tu casa y no regresar a ese lugar jamás. Enciendes tu música de nuevo, y continúas el trabajo, casi esperando oír una risa, pero no pasó nada. Incluso cuando se terminaste, no pasó nada.
En tu regreso a casa, empiezas a cuestionarte y te convences de que todo estaba en su cabeza, y que la pesadilla había causado que te volvieras loco. Al pensar en la pesadilla y recordar lo que Mike dijo, el estómago comienza a dolerte. Tuviste esta sensación hasta que finalmente decides irte a la cama, sabiendo lo que iba a venir después. No quería pensar en los juegos infantiles, o la niña, no específicamente después de lo de hoy. Pero la imagen de su rostro, su rostro horrible, está pegada a ti.
No debería haber ninguna razón para que seas paranoico ahora. Se acabó. Estás aquí, y ella es todo lo que queda de allí.
“Demonios, probablemente ni siquiera existe.” Te dices a ti mismo, ya que poco a poco pierdes la conciencia.
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