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Stephen - Relato paranormal

Apareció de repente en una de las esquinas del barrio “El Calvario”, una zona de tolerancia de la ciudad de Cali. Siempre aparecía así, de repente, sin avisar, asustado y a la defensiva. Estaba flaco y andrajoso, pero esta vez con menos quemaduras. Leticia lo vio y soltó una carcajada. En su mente drogada veía a Stephen (Esteban) como si fuera un mariachi gordo. Stephen caminó despacio, tratando de recordar donde estaba, de pronto vio el parqueadero y la camioneta de don Mario. Estaba en Cali, así que debería hablar en español. Su mente lo tenía clarísimo.

Pero de repente empezó a decir un montón de babosadas sin sentido (eso sí, todas en español): “Yo sabía que la mantequilla le haría daño a la maquinaria”, “La mantequilla estaba rancia”, “Porque le dieron mantequilla al Capitán si él no quería”, “Dale al pan su mantequilla”, “D-A-L-E-A-L-P-A-N-S-U-M-A-N-T-E-Q-U-I-L-L-A”, y así sucesivamente. Don Mario le miró divertido; Esteban y su mantequilla se habían vuelto comunes en la zona. Sacó un billete de mil y se lo dio, sonriendo con paciencia. El indigente tomó el billete y se lo metió al bolsillo, donde le haría compañía a un par de reales, un dólar, diez francos y treinta yenes.

Stephen (Esteban), siguió caminando y dio vuelta a la esquina. Entonces desapareció una vez mas. Cualquiera que le hubiese prestado atención a aquel indigente loco se hubiera maravillado de su desvanecimiento repentino y total.

Pero así era Stephen (¿o era Esteban?).

Sthepen desapareció del barrio el Calvario, como si de un fantasma se tratase. Y luego había reaparecido en un islote desierto en mitad de un extraño océano, iluminado por dos soles en un cielo naranja y melancólico. Del liquido, transparente y acido, emanaba un fuerte olor que lastimaba las fosas nasales de Sthepen.

Hizo todo lo posible para cubrir su nariz, y rogaba a Dios que no se quedara mucho tiempo aquí. Era la tercera vez que aparecía en este lugar y la última casi había muerto. Se agachó y se cubrió lo mejor posible.

Algunos lugares en los que aparecía eran muy hermosos, por ejemplo el lugar de las tres lunas rojas, cuyas praderas estaban llenas de unas flores carnosas y olorosas. Ese lugar estaba dominado por el color morado y era muy frío. El pobre Sthepen tenía que abrigarse con lo primero que encontrara. Caminaba espantando a las flores, que se alejaban de él a paso lento. Alguna vez había visto a un animal enorme, como un tronco, y cuando Sthepen apareció de repente, casi fue aplastado por una de sus enormes patas de silicio. Por eso siempre que aparecía en cualquier lugar se ponía a la defensiva y se apartaba. A veces tenía que correr para salvarse.

Y no en todos los lugares había comida.

Había lugares muy raros. A veces llegaba a un campo de guerra, y unos enormes vehículos pasaban arrastrando sus orugas muy cerca de Sthepen. Los soldados cubiertos con armaduras disparaban con odio a unos seres flacuchos y súper veloces que maniobraban unos vehículos cristalinos. Ahí tenía que esconderse hasta que desaparecía otra vez. Otro era un lugar desértico en el que no había agua y Stephen temía pasar mucho tiempo ahí antes del “siguiente salto”. A veces aparecía en una hermosa ciudad cuyos habitantes eran completamente blancos y de enormes ojos negros. Ahí debía esconderse pues una vez habían intentado atraparlo. El mejor lugar era una panadería francesa, donde la providencia había querido que el apareciese de vez en cuando. Ese solo lugar lo mantenía vivo. Pero el peor lugar, era aquel donde no había tierra, y siempre que aparecía se veía en una caída libre espantosa e interminable. La última vez había permanecido ahí dos horas. Habría preferido morir.

Pero muchas veces aparecía en lugares mas “normales”: una calle de Río de Janeiro, una iglesia en Londres y un museo en Japón. Otras veces aparecía en una calle pobre de Santiago de Cali y otras en la Quinta avenida de Nueva York.

Pero estaba cansado. Llevaba apareciendo y desapareciendo desde el 28 de octubre de 1943, cuando el experimento en los astilleros de Filadelfia había fallado. Sthepen servía en un barco de guerra norteamericano llamado USS Eldridge (DE-173), el cual habían modificado según los estudios de un tal “Tesla”. Sthepen recordaba que habían iniciado unas bobinas y luego había aparecido una neblina verde. Luego escucharon un trueno y algunos hombres estallaron en llamas. Sthepen había intentado correr, pero se había tropezado. Entonces había visto como uno de sus compañeros se había fusionado con una parte del casco; el cuadro era horrible, y no era el único. Varios de sus mejores amigos ahora eran parte del barco.



Pero al menos habían muerto.

De pronto, Sthepen desapareció entre la neblina verde. Luego reapareció en una extraña calle (posiblemente italiana) a plena luz del día. Y así había iniciado su peregrinación a través de cientos y cientos de dimensiones.

¿Quién sabe dónde aparecería ahora?



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