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Sicario - Parte 1

Sicario.


Autor: Belceboso

El polvo se levantaba de las calles de terracería, arremolinándose sobre la gente y pasando rápidamente entre los pequeños callejones de aquel poblado. Golpeaba con fuerza aquellas endebles ventanas que separaban a los moradores de esa hacinada vivienda de la intemperie, mientras que la señora Irma empujaba una cobija que servía de puerta para salir de la casa, el sol acaricio su cansado y demacrado rostro. Esta entre cerró los ojos por la luz directa en ellos, y grito con fuerza -¡Niños vengan, ya está la comida!- y como una jauría de cachorros de coyote, unos niños se acercaron corriendo desde varias direcciones hasta juntar cinco alrededor de una mesa, los más pequeños de ellos no tenían derecho a una silla, puesto que solo había cuatro de ellas. La señora Irma le acerco a cada uno de ellos un pequeño plato con frijoles y una tortilla, en la mesa quedaron algunos platos vacios, que pertenecían a otros dos pequeños que no habían podido resistir los embates de la enfermedad y la pobreza, de ellos solo quedaba el recuerdo, imbuido en el pequeño buro de la señora Irma, unas fotos y una veladora había sido su valor en este mundo. Mientras que los pequeños consumían lentamente aquel alimento, puesto que el tiempo para la próxima comida era aun muy largo, la señora Irma los observaba sentada en su silla, de nuevo habría de quedar en ayuno por sus cachorros. Los platos comenzaron a quedar vacios, algunos de los niños volteaban a mirar a su madre con esperanza, ella volteaba a observar la pequeña hoya, pero con un gesto de tristeza les decía la realidad, no había segundo plato.

Su turno en la maquiladora comenzaría en algunas horas, pero el tiempo de su vivienda hasta el trabajo era bastante largo, por lo cual se tenía que ausentar desde temprano de casa, aunque eso la alejaba de sus pequeños era mejor a que siguiera estando su marido que la golpeaba cuando llegaba borracho, hacia meses que no se sabía nada de él, pero parecía que a ninguno de los niños le molestaba demasiado. La señora, levantándose pesadamente de la silla comenzó a recoger los platos vacios de las manos de los pequeños, y les dijo -¡Niños!- por lo los pequeños jugueteos entre los hermanos se detuvo brevemente, y continuo –Tengo que ir al trabajo, vayan a jugar, pero tengan cuidado- y la estampida de pequeños no se hizo esperar, saliendo apresurados jaloneando la cobija que servía de puerta, pero cuando el mayor se disponía igualmente a salir la señora sostuvo su brazo con firmeza y le hablo con seriedad –Por favor cuidada a tus hermanos y cuídate tú también- a lo que el niño le contesto con cierta molestia -¡Pero mamá ya tengo 16 años!, sé cómo cuidarme solo…- y aquel arrebato de arrogancia comenzó a bajar de intensidad mientras la mirada seria de su madre le penetraba los ojos. Con un leve susurro el chico dijo –Si mamá…- la señora Irma sonrío levemente, beso a su hijo en la frente, lo persigno y le dijo que fuera a jugar.

El no espero para salir de la casa y se dirigió al terreno baldío que se encontraba cerca de casa, aquellos niños tenían mucho tiempo de ocio puesto que la escuela más cercana se encontraba en la cuidad y no podían costear los pasajes, pero a ellos no les preocupaba, se dedicaban mejor a jugar. Cuando por fin logro alcanzar a sus hermanos, pudo notar que jugaban a lo caballeros, chocando pequeñas varas en épicos duelos a muerte, él se agacho y tomo una vara que yacía debajo de un árbol seco y el mundo a su alrededor comenzó a transformarse, la tierra desolada se convertía en grandes prados verdes y los arboles volvían a retoñar llenándose de espeso follaje verde y el inmerso en una brillante armadura plateada corrió directo a la batalla, tenía tiempo para imaginar.

"Su visera le dificultaba poder ver el campo de batalla, pero las flamantes armaduras de sus enemigos le indicaban el camino, corrió rápidamente hacia ellos mientras que el estruendo del metal golpeteaba a su andar, desenfundo su gallarda espada y comenzó a lanzar su grito de batalla mientras que con temor sus adversarios se dieron a la huida pero este logro alcanzar a uno de sus rivales debajo de un frondoso árbol, comenzando así la batalla. Las espadas se golpearon mutuamente, chispas salían después de cada contacto y el duelo se comenzó a prolongar, pero con un firme empujón el caballero de la armadura plateada logro derribar a su enemigo y justo cuando se disponía terminar de una vez por todas con el enemigo un certero pero traidor golpe lo fulmino por la espalda, mientras el caballero se desplomaba sobre el pasto pudo ver a unas princesa que creaban magníficos pasteles de muchos colores y sabores. Quedo un rato tendido en el suelo, mientras que los otros caballeros continuaban la batalla y se alejaban del árbol, se incorporo lentamente y pudo observar a un héroe a lo lejos transportado en un elegante carruaje de oro, el cual bajo del mismo y pudo observar sus finas y blancas vestiduras, el caballero de la armadura plateada tiro su espada."

El polvo comenzó a cubrir el ambiente nuevamente, las hojas del árbol caían convirtiéndose en cenizas que se llevaba el viento dejando desoladas las ramas del mismo, y aquel niño comenzó a correr en dirección al lujoso carro que se había estacionado cerca de ahí, y en el camino piso uno de los pasteles de lodo que con esfuerzo habían hecho sus hermanas menores, una de ellas llamada Gloria protesto ante esta acción, pero esté no se inmuto y continuo con su trayecto hacia el carro dejando abandonada su vara a lado de aquel viejo árbol y a Gloria en desconsolado llanto. Cuando por fin llego al automóvil comenzó a observar dentro del mismo, su interior no distaba del lujo que se veía por fuera del mismo, podía observar un crucifijo colgando en el retrovisor y hermosos asientos deportivos. Así quedo un largo rato, observando el interior del automóvil hasta que violentamente lo empujaron por la espalda, el se quedo paralizado en el suelo y observo a un hombre cuyos brazos tenia prolijamente adornados con tatuajes, el cual le grito -¿Qué le ves a mi carro, hijo de la chingada?- el chico no podía hablar, tan solo lo observaba, el hombre aun más molesto le grito -¿No sabes quién soy?¿Estas mudo o qué?- el chico le contesto tímidamente –No señor- el hombre levanto al pequeño jalándolo de la camisa y le dijo -¿Entonces no sabes quién soy?- el pequeño asustado, tartamudeo –Si señor, no, no soy mudo. Usted es el Rayo- el Rayo soltó al pequeño y con una voz más tranquila prosiguió -¿Sabes por qué me dicen el Rayo?- el pequeño movió la cabeza diciendo que no, el Rayo continuo –¡Porque fulmino a cualquier pendejo que se me cruce en frente!- y levantando su playera le mostro una escuadra, y le grito -¡Ahora vete de aquí antes de que te truene!- el pequeño retrocedió un poco, pero se detuvo mientras que el Rayo lo miraba fijamente, dio un paso al frente y le dijo –Señor déjeme estar con usted- a lo cual el rayo rio y le contesto -¿Por qué yo quisiera estar con una niña?- a lo que el muchacho contesto molesto –No soy una niña, déjeme demostrárselo- el Rayo lo miro fijamente, y le dijo –Esta bien, vente mañana a esta hora y ya veremos, pero por mientras piérdete- y le dio un pequeño golpe en la nuca. Regreso emocionado a donde estaban sus hermanos jugando, pero él no volvió a jugar a los caballeros.


Vivamos libertad, vivamos arte.


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