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La fórmula secreta para hacer rabas sequitas y crocantes







Blanca Cotta da las claves de un plato para compartir con amigos y familia.




Dios nos hizo a su imagen y semejanza. ¡Y supongo que a los calamares, también! Cada vez que me toca limpiar calamares pienso que estos bichos fueron creados especialmente para cumplir un destino. ¿Para qué si no se los ha provisto de una “pluma” (olvídese que se trata de un cartílago que oficia de esqueleto) y un “tintero” (deje de llamarlo “bolsita de tinta”)? Pero hete aquí que pluma y tinta no son suficientes para hacer buena letra.

Si usted todavía no ha tenido la “suerte” de aprender a limpiar calamares, le recomiendo que consiga un pescadero amigo con mucha paciencia que se los dé ya limpios. O, en el caso de la receta de hoy, ni se moleste. Simplemente compre tubos de calamar o, mejor, unas rabas ya cortaditas que no vienen a ser otra cosa que los tubos de calamar limpitos, sin la piel y en rodajas.


Claro que, si prefiere limpiarlos, sujete el cuerpo del calamar y arránquele la cabeza con todo lo que tenga a la rastra. Córtele los tentáculos más gorditos y tire el resto aunque su abuela vasca ponga el grito en el cielo. Guárdelos para hacer un arroz y lave bien el tubo. Quítele la pluma y los indeseables, incluyendo la piel. Lávelo bien, córtelo en rodajas y ¡listas las rabas!

Receta de Rabas fritas
1.

Eche las rabas en una cacerola que contenga agua hirviendo con sal.

2.

Enseguida se hincharán. Déjelas un rato hasta que estén tiernas.

3.

Escúrralas, rebócelas en harina y báñelas, de a una por vez, en huevos batidos.

4.

A medida que lo haga, vaya tirándolas en una sartén con abundante aceite bien caliente.

5.

Fríalas por tandas sin que se encimen.

6.

El objetivo es que se doren de ambos lados.

7.

Escúrralas sobre papel absorbente, sálelas y sírvalas con gajos de limón.



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