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Audio Los Amorosos - Jaime Sabines




Jaime Sabines (1926-1999), poeta mexicano, destaca en su poesía una intensa desolación, así como el constante tratamiento del amor y la muerte. Nacido en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, realizó su formación académica superior en la ciudad de México. Estudió parcialmente medicina y se licenció en lengua y literatura españolas en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Además de su actividad literaria, incursionó en el terreno político: fue diputado federal por Chiapas (1976-1979) y por el Distrito Federal (1988) en el Congreso. Sus poemas son viajes al fondo oscuro de las emociones, siempre con fuerza y siempre desgarrados. De su interior saca poemas toscos y abruptos. A veces acierta y a veces no, pero cuando lo logra, sus poemas, hablen del amor o de la muerte del padre (el mayor Sabines), dejan sin aliento al lector, seguro de haber tocado una verdad por la potencia, la tenacidad y el ritmo de su lenguaje, y por la eficacia de las expresiones que emplea. Sabines ha sido galardonado con el Premio Chiapas, el Premio Xavier Villaurrutia, el Premio Elías Sourasky y el Premio Nacional de Literatura. Sus obras más destacadas son: Horal (1950), La señal (1951), Adán y Eva (1952), Tarumba (1956), Yuria (1967), Mal tiempo (1972), Algo sobre la muerte del Mayor Sabines (1973) y Uno es el hombre (1990). Su obra está recopilada en Nuevo recuento de poemas (1977). Microsoft ® Encarta ®






Los amorosos callan.
El amor es el silencio más fino,
el más tembloroso, el más insoportable.
Los amorosos buscan,
los amorosos son los que abandonan,
son los que cambian, los que olvidan.
Su corazón les dice que nunca han de encontrar,
no encuentran, buscan.

Los amorosos andan como locos
porque están solos, solos, solos,
entregándose, dándose a cada rato,
llorando porque no salvan al amor.
Les preocupa el amor. Los amorosos
viven al día, no pueden hacer más, no saben.
Siempre se están yendo,
siempre, hacia alguna parte.
Esperan,
no esperan nada, pero esperan.
Saben que nunca han de encontrar.
El amor es la prórroga perpetua,
siempre el paso siguiente, el otro, el otro.
Los amorosos son los insaciables,
los que siempre —¡qué bueno!— han de estar solos.

Los amorosos son la hidra del cuento.
Tienen serpientes en lugar de brazos.
Las venas del cuello se les hinchan
también como serpientes para asfixiarlos.
Los amorosos no pueden dormir
porque si se duermen se los comen los gusanos.

En la obscuridad abren los ojos
y les cae en ellos el espanto.

Encuentran alacranes bajo la sábana
y su cama flota como sobre un lago.

Los amorosos son locos, sólo locos,
sin Dios y sin diablo.

Los amorosos salen de sus cuevas
temblorosos, hambrientos,
a cazar fantasmas.
Se ríen de las gentes que lo saben todo,
de las que aman a perpetuidad, verídicamente,
de las que creen en el amor como en una lámpara de inagotable aceite.

Los amorosos juegan a coger el agua,
a tatuar el humo, a no irse.
Juegan el largo, el triste juego del amor.
Nadie ha de resignarse.
Dicen que nadie ha de resignarse.
Los amorosos se avergüenzan de toda conformación.

Vacíos, pero vacíos de una a otra costilla,
la muerte les fermenta detrás de los ojos,
y ellos caminan, lloran hasta la madrugada
en que trenes y gallos se despiden dolorosamente.

Les llega a veces un olor a tierra recién nacida,
a mujeres que duermen con la mano en el sexo, complacidas,
a arroyos de agua tierna y a cocinas.

Los amorosos se ponen a cantar entre labios
una canción no aprendida.
Y se van llorando, llorando
la hermosa vida.


musica narración: Adagio in G Minor - tomaso albinoni

Nota: falla goear usar mixpod Tutorial click
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