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• Crítica | Interstellar | Lo nuevo de los Nolan.

Vista en IMAX el jueves 6 de Noviembre.
Crítica libre de spoilers.


No entres dócilmente a ésa buena noche.

Cuántas veces uno se encuentra en la más absoluta calma posible; donde la existencia de todo otro individuo no es más que una noción, apenas tangible y, en donde, la plenitud de las estrellas, y todo lo que yace más allá de éstas, es la única realidad. Momentos en la inalterable soledad de la noche, donde otro día de nuestras efímeras vidas llega a su fin. Episodios en los que nuestro cerebro se relaja, en donde nuestra mente se aclara y se abren puertas a infinitas posibilidades, de desenlaces espectaculares, estelares. Pequeños momentos, que al otro día serán rememorados como un sueño, algo que quizá no pasó; esos pequeños momentos en los que nos atrevemos a pensar más allá de nosotros y de todo los que nos rodea. Y pensamos en hacer algo más, en ser alguien más. Pero no por nosotros, sino por el resto de la humanidad.

En Interstellar nos hallamos con un inmaculado Matthew McConaughey en el rol de Cooper, un padre soltero que vive a las afueras de las urbes; en medio del campo, en una granja cuya cosecha se ve encarada por la inexorable devastación del tiempo. Y a Cooper no le gusta esto, ni cómo el resto del mundo ve a la situación con ojos incrédulos.
Cooper es también padre de dos hijos, Tom (el mayor) y Murph (la menor). Su existencia se reduce al bienestar de ellos; quiere que, para cuando a él le toque partir, no queden más que beatíficos recuerdos de lo que una vez fue y que, de ésta manera, sus hijos aspiren alto, para inspirar al resto de la humanidad; que no caigan en la ceguera que parece embargar a los humanos de ése presente –un futuro no tan lejano–, sino que trepen sobre ésta debilidad del resto, para convertirla en el fuerte de ellos.
Pero, un día, se presenta una oportunidad para Cooper, y toda oportunidad viene acompañada de la más difícil de las decisiones. Una oportunidad para salvar a una Tierra invadida por una interminable sequía, con cortinas de tierra que se devoran todo resto de alimento a su paso. Si Cooper quiere darle una nueva oportunidad al mundo y, en fin, conseguirle ése futuro soñado a sus hijos, tiene que despedirse de su vida tal cual la conoce. Tiene que alejarse de sus hijos, sin esperanza de saber si va a volver a verlos algún día. Y esto tiene que hacerlo para subirse a una nave espacial, con el fin de conducirla a través de un agujero negro, que sirve de puente entre nuestra galaxia y otra, cuyos mundos son prometedores para el beneficio de la humanidad.


Nuestros más grandes logros no pueden estar detrás de nosotros…

Interstellar es una película cuya duración no es escasa, sino extensa. Es una película tan compleja, como también simple. Las escenas en el espacio, ya sean esas en silencio, ya sean esas con un diálogo turbado de sus protagonista o esas otras, acompañadas de la banda sonora compuesta por Hans Zimmer; éstas escenas le dan al film un sentido de plenitud muy poderoso, así como ha ocurrido con la distante, pero siempre presente, 2001: A Space Odyssey o la reciente Gravity.
Con un presupuesto que se estima en 160 millones de dólares, Nolan y todo su equipo ha logrado una imagen estelar que funciona en forma de imán para todos tus sentidos. La eterna oscuridad del universo te absorbe y, como sí ha ocurrido en otras cintas símiles, no te fatiga, ya que el metraje de la cinta está parcialmente dividido entre las escenas espaciales y aquéllas otras, de pie en un mundo –que no necesariamente es nuestra Tierra–. La dirección artística tiene un mimo especial, con visiones que dejarán a todo espectador boquiabierto, como bien nos tiene acostumbrado el director.
Es especialmente hermoso el contemplar a Gargantúa, el agujero negro que es tan amigo como enemigo de los protagonistas. Verán, yo –como casi todos, he de asumir– siempre visualicé a éstos fenómenos como algo unidimensional: simplemente un círculo, plano y oscuro, con una aureola negra rodeándolo, cual neblina. Pero, y de acuerdo con las teorías de Kip Thorne, un reconocido físico que superviso a la película, los agujeros negros son esferas y en ella, a través de lo que se asume que es una poderosa singularidad, se refleja la galaxia. Es una imagen muy digna de ver y analizar. Una imagen que, claro, no fue nada fácil de desarrollar para el equipo técnico de Interstellar, ya que el programa para renderizar a Gargantúa, siguiendo las ecuaciones del señor Thorne, llevaba 100 horas de realización. Pero, una vez logrado, el resultado ha sido fructífero; no sólo para nuestros ojos, sino que también para el mismísimo Kip Thorne, el cual pudo usar ésta representación para gestionar nuevas teorías respecto al tema. Fascinante.
Como se podrán imaginar, Interstellar es una película en la cual prima la física. De alguna manera, ésta es el esqueleto de la cinta. Se habla mucho de ésta, de la relatividad y, más allá de que desconozco hasta qué punto lo propuesto por el film es correcto, es una tarea digna de aplaudir. De cierta forma, uno aprende algo nuevo sobre el tema al ver la película. No mucho, que eso se sepa, pero sí tenemos un cierto vistazo a las vastas posibilidades a los cuales nos vemos expuestos en éste aun más vasto universo. Más allá de que he leído algunas quejas respecto al tema, quejas como “No, eso que la película propone es erróneo, porque si el agujero negro está acá, entonces…”. Lo cierto es que, sin ser ningún experto en el tema, estoy seguro al afirmar que las posibilidades son infinitas y lo que Interstellar refleja no son más que una de las tantas chances, basadas en las teorías del ya mencionado físico, Kip Thorne. Nadie es un experto en el tema y esto es, después de todo, una película y de ciencia ficción. Achacar a la cinta por posibles errores respecto a la física, cuyas carreteras son todo menos sencillas, es una estupidez fidedigna del humano.



Porque nuestro destino yace arriba nuestro.

Interstellar es una película que ya tiene algunos años en producción. Empezó hace prácticamente una década, cuando Jonathan Nolan escribió los primeros borradores para que Spielberg dirija la cinta. Por supuesto, esto nunca pasó. El nombrado cineasta se vio imposibilitado a tomar las riendas de Interstellar y, entonces, Jonathan Nolan acudió a su hermano mayor. Christopher aceptó la propuesta y, consecuentemente, reescribió poco más de la mitad del guion –lo único que quedó intacto fue el primer acto, en la Tierra–.
La cinta terminó siendo un film de alcanza las dos horas y cuarenta de duración. Con múltiples y esbeltas tomas del espacio; con escenografías muy ricas que sirven para representar planetas que quizás, quizás podrían existir. Con escenas frenéticas, de sumo riesgo para nuestros protagonistas. Pero, ¿Saben qué? Eso no es Interstellar.
Si bien la física y todo de lo que ella deriva es el esqueleto de la película, su corazón yace en otro lado: el amor. Precisamente el amor que tiende de un padre a sus hijos y lo que estos significan para el uno y el otro.
Cuando vayan a ver la película, verán a varios personajes. Pero en verdad hay sólo dos: Cooper y Murph. El padre y la hija. Ellos son los pilares de la película. Su relación está muy bien establecida desde el vamos y concluye satisfactoriamente al final de todo. En verdad me vi alentando a Cooper para tener éxito en su odisea, porque deseaba con mucho vigor su vuelta a casa, con sus hijos y, sobre todo, con su hija. Un personaje que, sin arruinarle la película a nadie, es interpretado por más de una actriz y, en todas las ocasiones, de forma ejemplar. Es difícil no encariñarse con ella ya en el primer acto, porque se trata de una niña bella y lúcida, con todas las posibilidades de seguir el sendero de su padre. El resto de los personajes secundarios se pueden sentir un tanto planos, insípidos –más allá de estar muy bien actuados–, poco explorados teniendo en cuenta que es una película de gran duración. Pero tampoco es una queja alevosa, pero sí es una observación que podría haberse pulido.
Las películas de Nolan son reconocidas por ser serias, pero ésta creo que lo lleva a otro nivel. Que no se confunda: hay espacio para la risa intermedia entre escena y escena pero, a grandes rasgos, se trata de una producción cuyo único propósito es representar la vehemencia del amor y cómo nosotros reaccionamos frente a ésta. Porque se trata de una fuerza intangible, “que sólo se puede sentir”, en palabras de Christopher Nolan. Y, pregunto ¿Qué es más verdadero que la afección entre un padre y sus hijos? Nada. Es el sentimiento más natural del universo e Interstellar te lo enseña de forma espectacular y angustiosa. Si una película de Nolan te puede hacer llorar, es ésta, créanme que es ésta. Acompañada de una magnífica banda sonora de Hans Zimmer, diferente al resto de sus trabajos –a pedido del director–, Interstellar es todo lo que la humanidad es y todo lo que puede llegar a ser.





Seguimos siendo pioneros.

Interstellar es una pieza hermosa de éste arte. Comparaciones con las nombras 2001 y Gravity son nefastas, innecesarias. ¿Saben qué comparten? El espacio, solamente el espacio, especialmente con la segunda. Nolan bien ha declarado en entrevistas que 2001 es una de sus películas favoritas e Interstellar se ve inspirada por ella, pero sus esencias son distintas.
Dije al principio: es una película tan compleja como simple. Trata temas difíciles: la física, el fin de la Tierra, el amor. Pero lo hace con sutileza tal que todos comprenderán. Es una película con la cual, si no conectas, claramente sos un robot desprovisto de la capacidad de sentir.
La crudeza con la cual algunos críticos le están dando me duele. Porque, para mí, es una película redonda, sumamente satisfactoria y muy hermosa. No soy de esas personas amantes del melodrama, de hecho, lo aborrezco a cierto nivel. El amor es algo que no debe derrocharse, porque es precioso, de ser indicado. Interstellar lo hace muy bien y estoy seguro de que nadie saldrá indiferente del cine; no especialmente después del último acto –ya verán de qué les hablo–.


¿Qué opinan ustedes de Interstellar?
(Cualquier comentario de intenciones alevosas o que mencione un spoiler de la cinta sin previa aclaración, será borrado).




Love is the one thing that transcends time and space.
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