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La fina navaja-Homenaje a Alejandra Pizarnik.

Escrito realizado el pasado 2013 a partir del aniversario luctuoso de Alejandra Pizarnik, escritora argentina (considerada maldita).



11:00 pm de un 27 de Septiembre de 2009. A esas horas, el silencio reinaba en su casa. Toda persona que la habitaba, se encontraba dormida excepto ella. Era de los pocos días en que disfrutaba del silencio sin que nadie más la interrumpiera. El ritual de esa noche sería determinante y único en su tipo: daría fin a su vida.

Tomó una fina navaja que guardaba en un pequeño halajero de marfil. La obtuvo durante un descuido de su madre cuando la dejó a cargo del negocio familiar (que por cierto, les dio sustento desde la muerte de su padre a causa de una bala perdida. Era una curiosa farmacia de pueblo). Desde entonces, se propuso resguardarla para una ocasión especial.

Prendió un cigarrillo y se acercó lentamente hacia la ventana de sus aposentos. Miro a través de las percudidas cortinas y comprendió que era el momento. Sólo se podía observar una silueta de perfil irradiando fuego cada vez que succionaba el pitillo, denotando el color oscuro de las descuidadas uñas de sus manos.

Se sentó en la orilla de la cama en distintos ángulos, como si tuviera que elegir el más acorde a su propósito. Al fin, se recostó dando los pies a la curiosa cabecera de lámina despintada. Comenzó a examinar su esencia, tratando de detectar el punto exacto de corte para su total ruptura. Miles de recueros le saltaron repentinamente y ante el intento de evadirlos, sacudió salvajemente su cabeza y volvió a su ritual. Fue inútil, volvieron, trayendo consigo lágrimas que de inmediato, rodaron por sus amorfas mejillas a causa del descuido personal.

Casualmente, entre tumultuosos pensamientos, recuerdos y agitaciones, comenzó a fluir un mar de sensaciones que la fueron debilitando. El ritmo cardiaco y las respiraciones se convirtieron en sonidos inconstantes y la noche era casi imperceptible. La temperatura descendió y con ella, uno de sus brazos que señalaba el camino hacia la puerta. De repente, se escuchó un pequeño sonido metálico: la fina navaja cumplió su función y ahora, era inservible: había terminado con su vida. Cumplió con su cometido al fin de cuentas.



By Jess G. C. J.
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