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Las 8 islas desiertas más grandes del mundo



Según diversos estudios acerca de la psicología y la sexualidad masculinas, una de las fantasías eróticas más recurrentes entre los varones occidentales es quedarse varado en una isla desierta con la mujer de sus sueños o, mejor todavía, con varias mujeres. En el imaginario colectivo, una isla desierta es un lugar medianamente paradisíaco, con sus palmeritas, sus playas de arena blanca y fina y sus cocoteros de los que obtener leche fresca cuando uno lo desee. Bueno, pues siento decepcionarlos. Ni una sola de las islas que hoy vamos a visitar siquiera se parece a esa isla desierta ideal. Si uno aterrizara en ellas con la mujer de sus sueños, probablemente fallecería junto con ella en menos tiempo del necesario para que alguien los echara de menos en casa. Hoy vamos a repasar la lista de las islas desiertas más grandes del mundo.

8: Isla Somerset, Nunavut, Canadá. 24.786 kilómetros cuadrados (Macedonia)

La isla Somerset estuvo habitada por los Thule allá por lo que en Europa venía a ser la Baja Edad Media (siglo XI, década arriba o abajo). También estuvo habitada entre 1937 y 1948, mientras estuvo activo el puesto comercial de Fort Ross, que se cerró debido a las infernales condiciones climáticas. Los restos abandonados del puesto se usan como refugio por los Inuit de Resolute y Taoloyak, situados al norte y sur del lugar, respectivamente.




Lo que queda de Fort Ross

7: Isla del Príncipe de Gales, Nunavut, Canadá. 33.339 kilómetros cuadrados (Moldavia)

Tercer miembro de la familia real británica con su propia isla deshabitada enorme. Me gustaban más los cerveceros, francamente. Fue descubierta para los europeos en 1851, durante una de las muchas expediciones que buscaron a John Franklin y a sus hombres, desaparecidos en 1845. Nunca ha estado habitada.



6: Isla de Melville, Nunavut y Territorios del Noroeste, Canadá. 42.149 kilómetros cuadrados (Países Bajos)

Como una gran parte del Ártico Canadiense, la isla de Melville fue descubierta para los europeos por William Parry. De hecho, el archipiélago que contiene a casi todas las islas de esta lista se llamaba “Archipiélago de Parry” hasta que en 1952 a los canadienses les dio por cambiarles el nombre y dedicárselo a la recién coronada Reina Isabel de Inglaterra. Terrible injusticia para Sir William. La isla que aquí nos ocupa lleva el nombre del Vizconde de Melville, que tampoco estuvo allí. Habría que cambiar las normas para ponerle nombres a los sitios. En un extremo de la isla se encuentra la Piedra de Parry o Parry’s Rock, un pedrusco enorme que el propio Parry grabó cuando pasó un invierno en la isla tras recorrer parte del Paso del Noroeste.





5: Isla de Axel Heiberg, Nunavut, Canadá. 43.178 kilómetros cuadrados (Dinamarca)

Axel Heiberg fue un diplomático noruego que, tras pasar un tiempo en China y con lo ahorrado allí conoció a unos hermanos y puso el capital para montar una fábrica de cerveza con ellos, y se dedicaron a patrocinar expediciones polares. Sí, la historia te suena porque te la conté hace nueve islas. El mismo Otto Sverdup que les dio el nombre de los cerveceros a un par de enormes islas también le otorgó la dedicatoria de esta isla al cónsul noruego, y por la misma razón. Tiene que tener su cosa esto de tener una isla que se llama como tú. Existen las Islas de Diego García, pero lamentablemente no la de Diego González.

En Axel Heiberg hay una estación científica levantada en los años sesenta, y que lllegó a tener veinte habitantes permanentes, pero actualmente se encuentra semiabandonada y sólo se usa en veranos esporádicos. Axel Heiberg, por su parte, tiene más islas a su nombre. Las rusas Islas Heiberg fueron descubiertas por Fidtjof Nansen y también dedicadas al diplomático noruego. Casi viajó más su nombre que él. Otto Sverdrup, por otro lado, da nombre al archipiélago al que pertenece Axel Heiberg (que a su vez forma parte de las Islas de la Reina Isabel). Sverdrup reclamó las islas para Noruega, pero en ese momento el gobierno noruego no estaba muy entusiasmado con hacerse cargo de un millón de kilómetros cuadrados de hielo y ventisca. Posteriormente, en los años 20, se utilizó esa reclamación de Sverdrup como moneda de cambio en las negociaciones con el Reino Unido para el reconocimiento de Jan Mayen y Bouvet como noruegos.


Glaciares en la Isla Axel Heiberg

4: Isla de Berkner, Antártida. 43.783 kilómetros cuadrados (Estonia)

La Isla de Berkner es la segunda mayor isla del continente helado; se encuentra dentro de la zona de reclamación argentina, y de hecho al norte de la isla se halla la estación Belgrano III, inactiva desde 1984. También la reclama el Reino Unido en su totalidad, mientras que Chile tan sólo afirma ejercer la soberanía sobre una pequeña porción del sudoeste de la isla. El concepto de isla en este caso, por cierto, es extremadamente laxo. Berkner se encuentra cubierta de y rodeada por hielo todo el año, de manera que uno puede ir caminando desde allí a cualquier otro punto de la Antártida. De hecho, eso es exactamente lo que suele hacerse: la isla suele ser un punto de partida para las expediciones antárticas terrestres.


La Isla Berkner, en realidad, es un bulto en el hielo

3: Isla Séverny, Nueva Zembla, Rusia. 47.079 kilómetros cuadrados (República Dominicana)

El Archipiélago de Nueva Zembla (Nueva Tierra, en ruso) es la continuación de los Montes Urales más allá de la Costa Ártica de la Rusia continental. Estuvo poblado por nativos de la etnia Nenezo hasta los años 50, cuando los nenezos fueron evacuados al continente y Nueva Zembla transformada en la zona de pruebas nucleares de la Unión Soviética, y el lugar convertido en una zona clasificada. Se supone que allí hay una base rusa, pero lo cierto es que la información acerca de ella es absolutamente nula. Así que la cuento como isla desierta. Sólo es seguro que en el punto más al norte de la isla hay una estación meteorológica automatizada.



La isla Séverny (literalmente, Isla Norte) fue el lugar donde se lanzó la mayor bomba termonuclear jamás explosionada: la Bomba del Zar, con sus nada menos que 57 megatones, supuso una potencia explosiva superior (muy superior, de hecho) a todas las bombas lanzadas durante la II Guerra Mundial. Incluidas las dos de Hiroshima y Nagasaki. Y los lanzamientos de prueba previos. La explosión fue tan masiva que reventó ventanales a 800 kilómetros de distancia y el sonido dio tres veces la vuelta al mundo. La bola de fuego incineró instanáneamente un círculo de siete kilómetros de diámetro, y redujo a cenizas todo lo que había en una distancia cinco veces superior, arrasando casi cuatro mil kilómetros cuadrados de territorio. De haberse tratado de una bomba nuclear normal (de fisión, no de fusión) el área radiactiva habría sido mucho mayor que la que dejó Chernóbil. Normal que la isla esté desierta.


Hielo en la punta norte de la isla

2: Isla de Alejandro I, Antártida. 49.070 kilómetros cuadrados (Eslovaquia)

Fue descubierta por un germano-ruso de apellidos extremadamente rimbombantes, que le dio el nombre de Tierra de Alejandro I, el zar reinante por aquel entonces (1821). La insularidad del lugar no fue probada hasta 120 años más tarde por el ejército de Estados Unidos. En la isla hay una base británica llamada Fossil Bluff (yo tampoco entiendo el nombre) que es operada algunos veranos, pero por lo general, en la isla más grande de la Antártida no hay absolutamente nada.




Vistas de la Isla Alejandro I (Alexander Island) desde un avión de la NASA

1: Isla de Devon, Nunavut, Canadá. 55.247 kilómetros cuadrados (Croacia)

Y aquí tenemos a la ínsula vencedora de esta particular competición. La Isla de Devon es la sexta más grande de Canadá y la vigésimo séptima más grande del mundo. Es más grande que la mayoría de los países europeos, por ejemplo. Y tiene la misma población que la Luna. Se ha intentado poblar la descomunal isla en dos ocasiones (1924 y 1948) para reafirmar la soberanía canadiense sobre el archipiélago, y en ambos casos la experiencia fue un fracaso. Actualmente sólo se pueden encontrar las ruinas de edificios de lo que un día fue Dundas Harbour. La isla se encuentra cubierta de hielo en su mayor parte. En su parte más gruesa, la capa de hielo alcanza los novecientos metros de espesor, y el punto más alto de la isla casi llega a los dos mil metros sobre el nivel del Océano Glacial Ártico. No es precisamente el sitio más paradisíaco del mundo, ¿verdad?




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