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(OT) Crónica de una infinita tristeza

Crónica de una infinita tristeza

Puedo escribir los versos más tristes esta noche…La tristeza generada por este River inexplicable, inédito, errático. Un malestar que poco era pensado esta tarde, mientras estaba en el colegio, y mis amigos me cantaban La gallina turuleca. Un vacío en el estómago que pocas veces sentí. Un temblor en cada extremidad del cuerpo que, 2 meses atrás, no sentía en ningún partido, y ahora, siento en todos. Más en este. Ese temblor que se fue desvaneciendo cuando Funes Mori cabeceó la primer pelota en el área de Belgrano, y pensé:” Este partido lo tenemos controlado”. Pero esa angustia volvía cada vez que los piratas se acercaban al área, tratando de hundir éste, nuestro glorioso barco. Y, callados, con mi viejo, mirábamos el partido, hasta que una grosería nos hizo estallar. Román, paralizado por el miedo seguramente, toca esa pelota con la mano. El árbitro duda, pero luego pita. Vuelven los temblores. Insultamos. Resoplamos. Nos resignamos al maldito gol de Belgrano. River no responde. El miedo, el miedo paraliza, y los cordobeses están exultantes. Parece que mi papá y yo estamos clavados a la cama. Silencio. Mucho silencio. El ambiente se cortaba con un cuchillo. “ Y eso que River estaba jugando mejor”, digo, y nuevamente resoplo. Mi papá gruñe, asintiendo. Termina el primer tiempo. Como acto reflejo, pongo Peñarol – Santos. Mi papá me comenta algo, pero no lo escucho. Miro pero sin ver. Estoy en mi mundo. Imaginando. Imaginando si River le ganaba a Lanús, si Román no hacia el penal, si todo salía mejor de lo que salió.
Comienza el segundo tiempo. Parece que River va con todo. Entusiasmado, me siento un poco más erguido para ver el partido. Pero, nuevamente, el pánico paraliza a todo un equipo. Gol de Belgrano. Ya no tengo más temblores, ahora me caen dos lágrimas por la mejilla. Mi vista se pierde en la pared del cuarto. Estoy en shock. Mi viejo se ríe nerviosamente. Dentro de unos minutos está insultando. Se para el partido. Unos idiotas entran al campo a manchar aún más la historia de River. Esta vez es mi padre quien cambia de canal. Queremos que siga el partido, pero a la vez no. Tratamos de distendernos viendo jugar a Santos. Cuando se reanuda el partido en Córdoba, vuelve la tensión. Pareciera que es todo de River. Los contrataques de Belgrano son de temer. Empiezo a sudar. Se desperdician un par de chances. J J, quien debería transmitir calma, se restriega las lágrimas. Después de todo, así jugó River. Con los ojos nublados, con miedo, con pánico. Sigo en mi mundo. Mi padre comenta cosas, a las que esta vez yo respondo con un gruñido.
Termina el partido. Estoy empapado en sudor. Calmos porque terminó, y nerviosos porque terminó, ponemos el otro partido. Mi viejo trata de cambiar el tema. Habla sobre Neymar. Le sonrio, aunque por dentro estoy sufriendo. Porque, últimamente, River es eso. Angustia anunciada. Infinita tristeza.
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