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Ciencias Políticas: ¿Qué Pokemón es ese?

Yo estudio ciencias políticas, una carrera muy poco popular. Cuando la gente me pregunta: ¿qué estudias? Y yo les digo: Ciencias políticas; el 90% de las veces me responden: ¡Genial, vas a ser presidente! Y no, no estudio para eso, claro que sería lo ideal, pero, en Venezuela ser politólogo no es requisito fundamental para ser presidente, de hecho, no es un requisito en lo absoluto, ya que ningún presidente en nuestro país lo ha sido. ¿Parece ilógico, verdad? Veamos porqué no lo es.



Es lógico relacionar la politología con la política porque en eso se basa el trabajo de un politólogo, en el estudio de dicha ciencia. Pero creer que estudiar ciencias políticas lo convierte automáticamente a uno en candidato presidencial, no tiene mucho sentido, en realidad. Resulta que, la política como tal, es la única profesión que no amerita de una especialización para ejercerla. Cualquiera puede ser político y aspirar a la presidencia. Hasta un chófer de autobús, por ejemplo.
En nuestro caso en particular (Venezuela) los que más han gobernado han sido militares de carrera; hombres de armas, no hombres de ciencia, lo que es la política, una ciencia, para individuos racionales. Hago hincapié en lo racional, porque ¿cómo estarán los militares en esta área que los ponen a hacer cursos de inteligencia? Lo que me lleva a pensar que aquello que llaman: "Inteligencia militar", son en realidad dos palabras diametralmente opuestas y que al conjugarlas pierden cualquier sentido.
Cómo serán los militares de brutos que estando al mando de casi todos los ministerios del país acabaron con la comida, las medicinas, la producción interna, y no han podido, por ejemplo, acabar con el contrabando de droga. Cuando resulta evidente que la solución a dicho problema ya fue aplicado con éxito por ellos mismos pero en otra área. Lo pondré de esta manera: para acabar con el tráfico de droga en Venezuela sólo basta con dos simples pasos. El primero es legalizarla, para su comercialización al público en general. Una vez legalizada su venta, el segundo paso (y este es el paso más importante) sería colocarle PRECIO JUSTO, regular los precios, y en poco tiempo verán como desaparece la droga, al igual que han desaparecido todos los productos con precio regulado en el país. Tan sencillo como eso.
Pero, volviendo al tema... ¡Claro que me gustaría ser presidente! No lo niego. Ser presidente debe ser lo máximo. De inmediato obtienes una serie de beneficios con los que la mayoría de los mortales sólo soñarían. Como por ejemplo, viajar por el mundo haciendo negocios con la gente más rica e importante. Hospedarse en los mejores hoteles, comer las mejores comidas ¡tener a tu disposición tu propio ejército! con bombas y todo lo demás. Si alguien resulta una molestia, basta con una visita del Servicio de Inteligencia en su casa para solucionar el problema. Lo que si creo que es un fastidio es que de vez en cuando toca sacarse una foto con alguna viejita de un barrio deprimido o con un grupo de niños harapientos. Esto con la intención de hacerle creer a la gente que a uno de verdad le importa el pueblo (sarcásmo incluido) ¿Por qué es que acaso no es lo que hacen todos los presidentes Aparentar una imagen de hombre de pueblo. Todos incurren en el populismo y en la demagogia. Una vez en el poder, pareciera que lo único en lo que de verdad dedican esfuerzo es en comer y engordar como morsas. Los traseros que han salido del Palacio Presidencia compiten por quien entrega el mando con más kilogramos encima. El pueblo pasando hambre y ellos cada día más gordos. Yo hiciera ejercicio al menos, o una lipo, por si no hay tiempo. Pero estos prefieren ir por ahí presumiendo su buena alimentación mientras aún hay niños en la calle pasando penurias y rogando por una hogaza de pan. ¿No los elegimos para que corrigieran eso? ¿No le dimos nuestro voto para solventar los males que nos aquejan como sociedad? ¿Hicieron algo de lo que prometieron? No. Nunca lo han hecho, ni nunca lo harán. Por eso es que yo no voto, ni milito en ningún partido. Aunque invitaciones he recibido de todos ellos. Los de Voluntad Popular, Primero Justicia, los rojos y la guanábana (AD-COPEI), los más nuevos como Un Nuevo tiempo y Avanzada Progresista. Sin embargo a todos siempre les respondo igual: Que no lo tomen a mal, pero sea el color que sea, rojo, blanco, verde, amarillo, naranja o violeta; para mi tienen un mismo color: marrón. ¡De mierda!

Y es por esa razón que cómo estudiante de Ciencias Políticas tomé la decisión de no votar más. Ahora me dicen que: por personas como yo, es que el país está como está. Que si no voto no tengo derecho a criticar. Pero ¿acaso semejante sentencia tiene sentido en realidad? No tuve que pensarlo mucho para llegar a la conclusión de la insensatez que resulta tal declaración. El que no tiene derecho a criticar es de hecho el que fue a votar, porque el que lo hace, está asistiendo a darle legitimidad a un sistema con el cual nos han venido oprimiendo y estafando desde su inicio. Si las cosas no funcionan en mi país ni en el tuyo, no es por culpa de nuestros políticos mediocres, es por culpa del que los eligió con su voto en primer lugar. Entonces tu, que lo colocaste ahí por consentimiento propio, eres el que no tiene derecho a criticar, no yo, que por el contrario me quedé masturbándome en casa el día de las elecciones.

Así que en conclusión amigos, esto es la Ciencia Política en realidad.
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