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Cinco analogías históricas entre la sífilis y el SIDA




La historia del SIDA y su tratamiento, así como la aparición de personas que afirman que la causa de esta enfermedad no un virus, recuerdan la situación de la sífilis a principios del siglo XX. Para mostrar esa analogía tomemos nuestra máquina del tiempo virtual y retrocedamos a principios del siglo XX, época en la que los microbiólogos tenían pocas herramientas para combatir las infecciones.




Treponema pallidum, bacteria que produce la sífilis





1. Las causas de la sífilis y del SIDA. La sífilis es una enfermedad producida por una bacteria del grupo de las espiroquetas denominada Treponema pallidum, mientras que el SIDA está producido por un retrovirus denominado VIH. En la actualidad algunas personas opinan que el SIDA no está producido por el VIH; pero a principios del siglo XX también había científicos que se oponían a una causa infecciosa para la sífilis. La sífilis tiene como principal mecanismo de transmisión la vía sexual, aunque también se puede producir contagio desde úlceras de la piel infectadas, de madre a hijo o por vía sanguínea.

La bacteria que produce la enfermedad es muy difícil de cultivar “in vitro”, y por ello no se consiguió su aislamiento hasta la primera década del siglo XX. Sin embargo no todos aceptaron esa explicación, algunos apuntaban a déficit del sistema inmune provocado por las migraciones, o a la urbanización como causa de la enfermedad. Los llamados “higienistas”, que mostraban una clara oposición a las tesis de Pasteur y Koch no aceptaron las conclusiones de los microbiólogos, que habían observado bajo el microscopio a la bacteria. En cierto modo recuerdan a los negacionistas del virus VIH, que niegan de su existencia, pese a que éste sea uno de los organismos más estudiados y analizados por la ciencia.





2. El estigma de la sífilis y el SIDA han jugado en contra del combate de ambas enfermedades. El puritanismo campante en muchas sociedades, que mantienen valores morales anclados en posiciones anticuadas, han generado un ambiente en el que se han ligado esas enfermedades con el pecado, convirtiendo a sus afectados en apestados y señalados por la justicia divina. Esto ha ayudado muy poco a entender ambas enfermedades y a apoyar a los que la sufren. Si a esto unimos que tanto la sífilis como el SIDA son dos enfermedades que se dan con frecuencia en grupos de homosexuales que mantienen un elevado número de parejas, entonces tenemos los componentes perfectos para generar un peligroso “cocktail” de prejuicios.





3. Los síntomas de la sífilis y el SIDA son diversos, dependiendo del paciente y el grado de desarrollo de la enfermedad En muchas ocasiones se dice que el SIDA no es una enfermedad con entidad propia porque éste se manifiesta con múltiples síntomas y asociado a muchas enfermedades distintas. En realidad el SIDA es un síndrome, la destrucción de parte del sistema inmune que produce el virus VIH deja campo libre para que los parásitos infecten al paciente. De ahí el elevado número de enfermedades oportunistas, de casos de neumonía, o de algunos tipos de tumores que estas personas padecen. En el caso de la sífilis ocurre algo similar, puede cursar como una erupción cutánea en el glande o de la vulva, como erupciones a lo largo de toda la piel, como fallo de uno o varios órgano, como fragilidad ósea, como demencial o problemas de visión o motilidad. De hecho a la sífilis se la ha conocido como “la gran imitadora” por la gran variedad de síntomas diferentes capaz de producir, es todo un reto acertar el diagnóstico en las primeras fases de la enfermedad, incluso para un médico con experiencia.





4. La inmunidad juega un papel poco relevante en ambas enfermedades Muchos se preguntan por qué el virus VIH permanece tanto tiempo en el cuerpo, cuando nuestro sistema inmune en poco menos de un mes ha producido anticuerpos contra él. La respuesta es simple, el virus cambia con frecuencia sus proteínas de superficie con lo que para el momento en el que aparecen los anticuerpos, el virus ya ha variado sus antígenos de superficie. Esto hace que el virus pueda permanecer mucho tiempo en el infectado sin que el sistema inmune de éste sea capaz de erradicarlo. La bacteria que produce la sífilis también permanece en el organismo durante varios meses, sin que nuestro sistema inmune sea capaz de destruirla, infectando diferentes tejidos y órganos cada vez, proliferando en ellos sin una respuesta inmunitaria adecuada. De hecho este es un fenómeno que se repite en un alto número de microorganismos, y las causas son muy diversas. En general estos parásitos se han adaptado a engañar o ser invisibles a nuestro sistema inmune proliferando en nuestro cuerpo a pesar de la buena salud de éste.





5. Se tardó en encontrar cura para la sífilis y aún se busca para el SIDA. Una de las críticas más extendidas contra la ciencia es que aún no ha sido capaz de encontrar una cura al SIDA. Eso es cierto, pero nada nuevo, la misma apelación impaciente se ha ejercido sobre los profesionales que buscan alguna solución a los problemas de salud de la humanidad. La sífilis es tan antigua como la humanidad, se han encontrado secuelas de la misma en momias, insignes personajes de la historia la han padecían, pero solamente se ha encontrado una cura efectiva en la mitad del siglo XX.

Hay un combate anterior en ambas enfermedades que merece la pena de ser destacado. En el caso del SIDA, una vez conocido que un retrovirus produce la enfermedad se buscaron moléculas con capacidad de inhibir su replicación. Una de las primeras moléculas empleadas fue el AZT. Este compuesto era efectivo sólo en parte, ya que aparecen virus resistentes con facilidad, además tiene unos efectos secundarios graves. Afortunadamente la última generación de antirretrovirales son capaces de evitar la replicación de virus y tienen muchos menos efectos secundarios, convirtiendo al SIDA en una enfermedad crónica para sus portadores.

Algo parecido ocurrió en el combate de la sífilis. Ésta era una enfermedad mortal en la mayoría de los casos. En un principio fue combatida con sales de mercurio, con una dudosa eficacia, ya que sus efectos secundarios eran muy perniciosos. El bacteriólogo alemán Paul Ehrlich buscaba en esa época lo que llamaba “la bala mágica”, una sustancia que pudiese curar las múltiples enfermedades infecciosas que se estaban empezando a conocer. En la primera década del siglo XX Ehrlich sintetizó el Salvarsán un compuesto orgánico que incluía arsénico en su composición y que, a la concentración adecuada, era útil para combatir las enfermedades infecciosas. Y también combatía a la bacteria que causa la sífilis. Este compuesto, que tenía múltiples efectos secundarios por contener arsénico en su composición, y que si no se suministraba a la dosis adecuada era un potente veneno, salvó la vida a millones de infectados y mantuvo a raya muchas infecciones hasta que en los años 40 del siglo pasado fue descubierta la penicilina.





Estructura química del Salvarsán, en que aparecen la forma dimérica, trimérica y pentamérica del compuesto aromático


En 1908 Paul Erich fue galardonado con el premio Nobel por la síntesis del Sarvarsán, en 1911 Hideyo Noguchi descubrió la bacteria que causa la sífilis, pero su prematura muerte en África le privó del máximo galardón y en 1945 Alexander Fleming, Howard Florey y Ernst Chain fueron premiados con el Nobel por el descubrimiento de la penicilina. La sífilis sigue afectando a gran número de pacientes (alrededor de 12 millones de personas al año), pero solamente es mortal cuando éstos no son tratados con antibióticos. En el año 2006 Luc Montagnier y Françoise Barré-Sinoussi fueron galardonados con el premio Nobel por el descubrimiento del virus VIH como responsable del SIDA, queda un premio esperando, el que se le ha de otorgar al que descubra una curación para esta terrible enfermedad.





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