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Como hackear el stress con Terapia de Flotacion

Si leyeron hasta este punto les habrá quedado claro que nuestra vida moderna nos mantiene conectados y sobre estimulados las 24 horas del día. Sin embargo, demasiada estimulación termina siendo un problema porque fuerza a nuestro cerebro a estar constantemente filtrando información y tratando de estimar qué es lo que debe conservar y qué cosas desechar. Este interminable flujo de información pone demasiada presión sobre la ínsula, una parte del cerebro encargada de darle significación a todos los estímulos que captamos a través de nuestros sentidos. La mayor presión sobre la ínsula está asociada a pérdida de concentración y mayores niveles de estrés. No es casualidad que un estudio del año 2012 determinó que el constante uso de la tecnología incrementa la probabilidad de sufrir depresión, estrés y alteraciones del sueño. Demasiada estimulación nos termina jugando en contra.

El extremo opuesto a la hiperconectividad y la sobre-estimulación la encontramos en la terapia de flotación y en los tanques de aislamiento sensorial.

Los tanques de flotación fueron desarrollados por John Lilly a principios de los años 50s para estudiar los estados meditativos y los efectos de la privación sensorial. Son similares a una bañera individual pero está diseñada para anular la entrada de cualquier estímulo visual y auditivo. Se trata del único método inventado hasta el día de hoy que nos aísla por completo del mundo exterior. El interior del tanque se llena con agua saturada en sulfato de magnesio (sales de Epsom) creando una solución salina lo suficientemente densa para que el cuerpo quede suspendido al igual que lo hace un corcho en el agua. La temperatura en el interior del tanque se mantiene alrededor de los 37 grados igualando la temperatura corporal y evitando cualquier sensación de frío o calor.

El tanque está diseñado para anular por completo nuestros sentidos creando una experiencia sensorial que nuestro cuerpo jamás experimentó ya que aún en el cuarto más oscuro recibimos algún destello o remanente de luz ambiental junto a los ruidos del exterior. Al no tener que procesar ningún estímulo del exterior se estima que dentro de un tanque de flotación la carga de trabajo sobre el cerebro se reduce en un 90%. Y gracias a la densidad de las sales ni siquiera percibimos la fuerza de gravedad (efecto de ingravidez). Una vez dentro, uno queda solo con su mente, suspendido en el espacio y completamente a oscuras.

Flotar en una cámara sellada aislados completamente del mundo exterior y sin ninguna otra compañía que nuestra propia mente crea un ambiente inigualable que nos permite re-utilizar nuestros recursos neuronales ociosos y re-direccionar nuestros pensamientos facilitando la introspección, la meditación y la relajación profunda. Está extremadamente documentado que la flotación reduce notablemente los químicos asociados al estrés incluso luego de semanas de haber flotado. La reducción del estrés a su vez reduce la presión sobre el hipotálamo y sobre las glándulas adrenales que regulan la producción de cortisol. Al equilibrar los niveles de cortisol la flotación también nos ayuda a controlar síntomas depresivos que en muchas ocasiones están asociados a un hipotálamo demasiado activo. Estudios que utilizaron electromiogramas (EMG) para medir la tensión muscular luego de una sesión de flotación encontraron que la relajación que se obtiene al flotar es mayor que cualquier otra técnica o práctica conocida hasta la fecha.

A diferencia de otras técnicas o métodos, los tanques de flotación suministran un ambiente controlado que es ideal para la investigación científica. Por eso desde fines de los años 50s se han realizado una abrumadora cantidad de estudios que dan cuenta de los beneficios de la flotación como una poderosa herramienta de mejoramiento personal que potencia el rendimiento intelectual, la capacidad de aprendizaje, la relajación profunda, la concentración, la producción de ondas cerebrales theta, la reducción del estrés, la liberación de endorfinas y la reducción de dolores musculares, y una innumerable cantidad de beneficios sobre nuestra cognición y nuestra efectividad personal.

Las sesiones de flotación son accesibles económicamente, suelen oscilar entre los 30 y los 50 minutos y algunos investigadores estiman que cada sesión equivale a 8 horas de sueño profundo.
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