Descubren nuevos fármacos que retrasan el envejecimiento







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Los científicos han comprobado que estos compuestos alivian los signos de debilidad, mejoran la función cardiaca...




Un equipo conjunto del Instituto Scripps de Investigación (TSRI), la Clínica Mayo y otras entidades ha encontrado una nueva clase de fármacos que, probados en animales, frenan de forma significativa el proceso de envejecimiento, alivian los signos de debilidad, mejoran la función cardiaca y aumentan la esperanza de vida. Los científicos responsables de este avance han llamado senolíticos a estos nuevos medicamentos.

El estudio es un gran primer paso en la carrera para desarrollar tratamientos seguros destinados a alargar la esperanza de vida, con mejor calidad, y a tratar más eficazmente los trastornos y enfermedades derivadas del envejecimiento, según el Profesor del TSRI Paul Robbins, que lideró la investigación junto a la Profesora Laura Niedernhofer. Para ellos, el uso clínico de una combinación de agentes senolíticos podría transformar el deterioro derivado de la edad. No solo porque alivian los síntomas sino porque podrían servir para retrasar, prevenir o incluso revertir muchas enfermedades crónicas y discapacidades propias de la vejez.

Las células seniles –aquellas que ya han dejado de dividirse– aumentan con la edad y aceleran el proceso de envejecimiento. Después de ver cómo la esperanza de vida en ratones aumentaba tras matar estas células, los científicos han visto una puerta abierta al potencial de reproducir este mecanismo en humanos.


La clave de la cuestión es saber identificar esas células y destruirlas sin causar daño a otras. Entre otras cosas, hallaron que las células seniles, igual que las cancerosas, desarrollan una resistencia a la muerte por apoptosis o muerte celular programada, y que por ahí podían encontrar algunas claves para desarrollar nuevos fármacos.

Para ello, se centraron en dos compuestos: dasatinib –que elimina células seniles– y quercetina, un compuesto natural que actúa como antihistamínico y antiinflamatorio. Luego comprobaron que la combinación de ambos era lo más efectivo: en ratones mejoraban las funciones cardiovasculares y la resistencia, reducían la osteoporosis y la debilidad, y mejoraban la esperanza de vida. Y a veces con un solo tratamiento.

Aunque advierten que hacen falta más pruebas para poder trasladarlo a humanos, los investigadores creen que tiene un gran potencial para prevenir y tratar el envejecimiento.



Los optimistas envejecen mejor



Quienes “miran siempre el lado bueno de la vida” tienen una vejez más saludable, según concluye un nuevo estudio publicado por la Canadian Medical Association Journal. La percepción positiva de uno mismo y del entorno había sido vinculada previamente a una mayor longevidad y un menor riesgo de sufrir enfermedades graves a partir de los 60 años, pero esta es la primera vez que el optimismo se asocia con un menor declive en el día a día.

Los investigadores realizaron un seguimiento durante 8 años a más 3.000 individuos de edades comprendidas entre 60 y 90 años con el objetivo de profundizar en el vínculo entre bienestar emocional y bienestar físico. Los participantes tuvieron que evaluar su grado de satisfacción respecto a su trabajo, su forma de ocio, su compañía, su estado anímico y su pasado. Al mismo tiempo, los científicos midieron la destreza con la que los sexagenarios desempeñaban actividades cotidianas como levantarse de la cama, vestirse, bañarse o ducharse sin ayuda, e incluso cómo caminaban, ya que la forma de andar es un indicador de futuros trastornos neurológicos.


Los resultados del análisis indicaron que disfrutar de la vida garantiza una mayor independencia en las actividades diarias en la vejez así como un deterioro mucho más lento del estado físico. Las personas que carecían de dicha jovialidad eran tres veces más propensas a desarrollar problemas de salud durante los años subsiguientes.

Los datos revelaron además que los más optimistas tenían en común que estaban casados, trabajaban, tenían más nivel educativo y mejor estatus socioeconómico, aunque según los autores del trabajo, la satisfacción personal no es una consecuencia directa de dichos factores.