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Dime como orinas y te diré como eres

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Si alguna vez te has atiborrado a remolachas, es probable que al día siguiente te llevases un buen susto a la hora de ir al urinario. El color de tu micción, normalmente amarillo, se tornará de un tono rijizo brillante. ¡Tranquilo! No padeces de una enfermedad terminal, de hecho el fenómeno es tan habitual que los anglosajones le han dado un nombre médico “beeturia” (beetroot = remolacha), intraducible al castellano porque “remolachuria” queda realmente mal.

El culpable de este fenómeno es un pigmento presente en este vegetal llamado betalaína, que por cierto tiende a destruirse con el calor, la luz y los ácidos. Es tan inocio, que de hecho empleamos este pigmento concentrado (también conocido como aditivo número 162) para dar una coloración rosa a algunos alimentos, por ejemplo los helados.
Pero la remolacha no es la única sustancia capaz de alterar el color de tu orina, y conviene saber un poco más sobre estos fenómenos para, una vez llegada la hora de ir al baño, poder discernir si nos encontramos frente a una simple anécdota o es momento de visitar al médico.
Volvamos sobre la remolacha. Lo normal es que la betalaína, que es la que tiñe de color rojo nuestra orina, desaparezca filtrada por los riñones al cabo de unas pocas horas (entre 2 y 8) una vez que ha alcanzado nuestro torrente sanguíneo. Si por el contrario persiste la coloración rojiza en tu orina, deberías visitar a tu médico y que los posibles causantes podrían ser: pérdida de sangre, infección, inflación de próstata, cáncer, cistitis, o piedras en el riñón.
¿De qué color tiene que ser la orina? Bien, lo común es que tenga un color dorado paijizo. Si tu orina es incolora lo normal es que hayas bebido más agua de la que necesitas. Por el contrario, si tu orina es de un color amarillo muy oscuro, lo que sucede es que puedes estar deshidratado y necesitas beber más agua.
Si tu orina tiene persistentemente el color de la miel es probable que necesites ir al doctor ya que podría tratarse de una señal de enfermedad hepática tal y como la cirrosis o la hepatitis. Además tu orina puede adquirir un tono naranja o amarillo brillante cuando se toma beta-caroteno (zanahorias) o suplementos alimenticios que contienen vitamina B.
Algunos medicamentos, especialmente los antibióticos, anithistamínicos, antiinflamatorios, y antidepresivos (aunque también algunos laxantes) pueden a su vez cambiar la coloración de tu micción hacia el azul y verde. Si bien conviene saber que el culpable también puede ser un colorante alimentario llamado azul de metileno, que a su vez también se emplea para tratar la metahemoglobinemia.
La orina jamás debería tornarse púrpura, pero si trabajas en un hospital podrías contempar esta rareza. La razón es el llamado “síndrome de la bolsa de orina púrpura” que aqueja a pacientes que han sufrido infecciones o complicaciones con los catéteres. Los catéteres o las bolsas de desposiciones pueden tornarse de color púrpura debido a una reacción química que producen unos compuestos en la orina encargados de romper las proteínas, cuando entran en contacto con el plástico.
En ocasiones la orina puede ser espumosa, lo cual se debe a una reacción normal que se produce cuando tomamos muchas proteínas y nos entran ganas súbitas de miccionar. Los culturistas y otras personas que consumen proteínas en polvo o suplementos alimenticios lo saben bien. El exceso de proteínas no puede almacenarse en el cuerpo, de modo que los compuestos nitrogenados (resposables de la espuma) se liberan a través de la urea.
En fin, a la vista de este artículo, si como yo eres de los que suele mirar al frente en los urinarios, piénsatelo dos veces y échale un vistacito de manera habitual al color de tu “agüita amarilla” para quedarte más tranquilo. 

Ya ves que a veces tu salud depende del color del cristal con que la miras.
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