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El Alto Precio de Consumir Drogas.

EL CONSUMO DE DROGAS Y SUS SECUELAS



Cualquiera puede ser presa de una adicción. Las jodas del fin de semana o asociar el consumo a estados de estrés o algún otro estado de ánimo basta para que sin darse cuenta una persona acabe cayendo en las redes de las drogas. Aunque existe controversia a la hora de afirmar que el cannabis, el éxtasis o los alucinógenos no generan dependencia física, en lo que sí hay unanimidad es en la capacidad de las drogas para provocar dependencia psicológica emocional.






A nadie se le escapa que el uso y abuso de drogas atenta contra la salud, pero lo que no está tan extendido en nuestra sociedad es que un abuso continuado de ellas puede originar una discapacidad en el consumidor. Independientemente de crear problemas de lenguaje, ceguera, daños irreversibles en órganos vitales y un buen número de enfermedades crónicas, en las que no sólo se involucra el individuo, sino también la familia, las drogas pueden causar la muerte.

Las drogas han estado presentes en todas las culturas y en todas las épocas y, a pesar del conocimiento que existe en la actualidad sobre sus efectos nocivos en el organismo, el número de personas que las consumen ha aumentado en los últimos años. Hoy hay más cantidad de sustancias y existen más facilidades para conseguirlas. El auge de su consumo entre los más jóvenes es también, cada vez más preocupante.

Conociendo los riesgos que suponen para el organismo y la salud mental no podemos dar la espalda a un problema que atañe a toda la sociedad. Frente al retrato que se hacía de los drogadictos como personas de pocos recursos, baja posición social y marginados , hoy el consumo de ciertas sustancias ya no está asociado a una clase social ni a un poder adquisitivo inferior. Los hábitos de vida y, sobre todo, la diversión y el ocio están estrechamente vinculados a estos cambios.

Muchas de las sustancias que se encuentran en el mercado ilegal están con frecuencia sometidas a procesos de adulteración. En estos casos, el posible consumidor no sabe qué es lo que está tomando y, por lo tanto, se sitúa ante unos imprevisibles riesgos añadidos. Muchas veces se ingieren mezcladas unas con otras, por ejemplo: porros y alcohol, éxtasis y alcohol, cannabis y cocaína, etc., sometiendo, de esta forma, al sistema nervioso a sacudidas contradictorias al multiplicarse los efectos de ambas sustancias.

La drogadicción se considera una enfermedad cuando se necesita un tratamiento para salir de ella, y no puede ser controlada por el consumidor. Según un estudio sobre La percepción social de los problemas de drogas en España, 2004, elaborado por la Fundación de Ayuda para la Drogadicción (FAD), el consumo de sustancias como el cannabis o la cocaína se ha elevado considerablemente. De hecho, un 24,4% de los españoles de entre 15-64 años reconoce haber probado el cannabis alguna vez, y lo contemplan como una sustancia menos peligrosa que el tabaco.











Drogadicción y Discapacidad


Campañas de sensibilización, educación desde edades tempranas y una mayor concienciación social sobre las secuelas de las drogas todavía no han sido suficientes para frenar su consumo. De sobra son conocidos algunos de los efectos negativos del alcohol o del tabaco, sin embargo, existe una gran ignorancia sobre las enfermedades generadas por la adicción a otras sustancias. Enfermedades físicas y orgánicas que, si se dejan sin tratar, acaban declinando en graves trastornos a las personas que las padecen.

Sin embargo, no se puede obviar que la principal causa de discapacidad por el consumo de drogas y alcohol está estrechamente vinculada a los accidentes de tráfico. Su consumo merma la capacidad física y altera la percepción del conductor, repercutiendo en gran parte de los accidentes que se producen al año en Argentina. Entre otras, el tráfico es el principal causante de lesiones medulares y cerebrales, de hecho se calcula que cerca del 10% de los accidentes más graves están relacionados con el consumo de estupefacientes.

La relación que existe entre la adicción a las sustancias tóxicas y la discapacidad surge en personas con un determinado perfil. No todas las personas que consumen drogas terminan padeciendo una discapacidad a causa de los efectos negativos de las sustancias y, ni mucho menos, el hecho de padecer una discapacidad es sinónimo del consumo de drogas. Se trata de una serie de casos con unas características determinadas, pero los que se han dado y se dan son suficientes para profundizar en los riesgos a los que se expone el organismo de un consumidor



El consumo crónico potencia daños en la médula ósea por envenenamiento, daños en los nervios craneales o en los nervios óptico y acústico, causando cegueras y sorderas.



Aunque los efectos que producen al principio las drogas pueden resultar satisfactorios y placenteros, los resultados a largo plazo suelen incidir en el mal funcionamiento de los sistemas corporales. El sistema inmunológico se daña dejando paso a la vulnerabilidad de posibles infecciones. La cocaína, el cannabis, la heroína, el hachís, el crack, las drogas de diseño como el éxtasis o el LSD, son sólo algunos de los ejemplos del amplio abanico de sustancias ilegales que provocan daños físicos y orgánicos en los adictos. Pero no se pueden dejar de lado el alcohol o el tabaco, que aunque gozan de amparo legal y están socializados, sus efectos también resultan muy agresivos con la salud.

El cerebro se daña directamente con el alcohol, con la cocaína a través de inducción a parálisis y con el uso de drogas intravenosas por la oclusión de sedimentos en los capilares del mismo. El consumo crónico potencia daños en la médula ósea por envenenamiento, daños en los nervios craneales o en los nervios óptico y acústico, causando cegueras y sorderas. La toxicidad de estas sustancias afecta negativamente también al aparato respiratorio y al circulatorio.











Enfermedades mentales


Las drogas aumentan los casos de esquizofrenia, trastorno bipolar y Alzheimer. Un estudio reciente de la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción (FAD) ha constatado que el consumo de sustancias tóxicas potencia o estimula patologías latentes, las complica y hace más difícil su tratamiento. De esta forma, los consumidores de cocaína o pastillas que están en el «límite poco preciso» de lo que se entiende por normal o anormal, dan con más facilidad el salto hacia una patología mental.

El consumo prolongado de alcohol llega a provocar "alteraciones funcionales y estructurales del cerebro", así como un "deterioro cognitivo" y la "disminución del volumen cerebral.


La esquizofrenia, que afecta al uno por ciento de la población general y que se presenta, preferentemente, entre los 14 y los 33 años de edad, es junto a las crisis de angustia y pánico, el problema psiquiátrico más frecuente entre los jóvenes. Además, asegura que el número de jóvenes que presenta algún tipo de enfermedad mental se ha incrementado en los últimos años debido, fundamentalmente, al consumo de drogas, siendo la marihuana la más susceptible de encender el brote psicótico, a pesar de que durante mucho tiempo se ha pensado que era una sustancia totalmente inocua.

Cada sustancia tiene unas propiedades farmacológicas características y dependiendo de su composición de afectan a unos órganos o a otros. A continuación, se muestran los daños que causan cada una de las drogas de mayor consumo









Cannabis: alteraciones en el sistema reproductor



Esta sustancia se consume principalmente fumada, en lo que coloquialmente se conoce por “porros”. Esta forma de consumo favorece la aparición de problemas respiratorios, como la tos crónica y la bronquitis. Incluso en estudios recientes se ha llegado a probar que 3 ó 4 porros perjudican los pulmones como si se fumasen 20 cigarrillos de tabaco, pudiendo producir enfermedades en las vías respiratorias (bronquitis, faringitis, cáncer...). Asimismo, puede causar alteraciones en el sistema reproductor, aumentando la probabilidad entre los jóvenes de producir un retraso en el inicio de la pubertad y, en el caso de las mujeres, se podría interrumpir el ciclo menstrual o producir problemas en la ovulación. Las propiedades del cannabis perjudican también el sistema inmunológico, provocan problemas cardiovasculares y acentúan los síntomas de hipertensión e insuficiencia cardiaca, que pueden degenerar en infartos cerebrales o de miocardio. Además, está constatada su potencialidad como elemento desencadenante de psicosis y cuadros delirante-alucinatorios en personas de riesgo.








Marihuana: daños en la memoria



La marihuana altera la función normal del cerebro debido a que contiene el ingrediente químico activo llamado THC (tetrahydrocannabinol). Algunos estudios muestran que cuando un individuo ha fumado marihuana en cantidades grandes durante años, la droga daña sus funciones mentales. Para que una persona pueda aprender y desempeñar tareas simples es necesario que tenga una capacidad normal de memoria reciente y esta sustancia afecta negativamente a las partes del cerebro que controlan no sólo la memoria, sino también, la atención y el aprendizaje.


Fumar marihuana causa algunos cambios en el cerebro similares a los causados por la cocaína, la heroína y el alcohol. Los científicos aún están aprendiendo las distintas formas en que la marihuana puede afectar al cerebro.










Cocaína: enfermedades cardíacas



La cocaína puede afectar a prácticamente todos los órganos de nuestro cuerpo y presentar múltiples complicaciones médicas tras un uso tanto agudo como crónico. La vía de administración de la droga puede variar los efectos adversos y añadir toxicidad, como es el caso de la administración endovenosa, que puede asociarse con todas las enfermedades infecciosas producidas por agujas infectadas (endocarditis, hepatitis virales o infección por VIH, entre otras) o por falta de asepsia al pinchar (abscesos en extremidades, tromboflebitis, etc.) o isquemia o gangrena intestinal en el caso de ingesta accidental, según se desprende de un estudio elaborado por el Hospital Clínico y Provincial de Barcelona sobre las complicaciones orgánicas de la cocaína, recogido en el Centro de Documentación de la Agencia Antidroga.

Además, la cocaína puede actuar sobre otros factores de riesgo como la hipertensión, la enfermedad cardiaca y la enfermedad vascular. También reduce el flujo de sangre cerebrovascular hasta en un 30%, conduciendo a un estrechamiento de las arterias. Afecta al corazón produciendo arritmias y puede conducir a la formación de coágulos de sangre al acelerar el ritmo cardiaco.

Asimismo, puede presentar alteraciones motoras en el cocainómano, como ataxias o tics motores, y padecer diversas formas de fallo renal agudo. En este sentido, con un consumo abusivo puede producirse infarto en la arteria renal, facilitando la progresión de una insuficiencia renal crónica.










Heroína: hepatitis y VIH



Aunque el consumo de esta droga por vía intravenosa se ha reducido considerablemente en los últimos años, tal y como señala la FAD, todavía quedan consumidores activos en grandes ciudades como Madrid y Barcelona. Esta droga es el opiáceo ilegal de mayor consumo y generalmente se inyecta, inhala, aspira o se fuma. La administración intravenosa fue el método más usado por los consumidores hace unos años, pero tras la diseminación de la infección por VIH hizo que muchos individuos cambiaran sus hábitos.

Se sabe que el consumo de esta sustancia, especialmente cuando se hace por vía intravenosa, se asocia a un alto riesgo de contagio por virus como el de la hepatitis C, B, el Sida o el virus HTVL, éste último hasta ahora no se ha relacionado con ninguna enfermedad en concreto, aunque los pacientes de Sida que lo sufren, progresan peor.









Drogas de síntesis



No parecen drogas, pero lo son con un alto riesgo de abuso. Se les ha llamado drogas de “uso recreativo” o drogas de comunicación, relacionándolas directamente con la diversión. Aunque en el mercado se presentan con distintos colores y múltiples nombres como fidodidos, cacharros, palomitas, elefantes, eva, tanques y muchos otros, la composición de las sustancias varía muy poco. La más conocida de las drogas de diseño y la más extendida en nuestro país es el éxtasis, cuyo nombre científico es MDMA.

A medida que el consumo se hace habitual, los efectos supuestamente satisfactorios van desapareciendo y se presentan con más frecuencia los efectos no deseados. Su consumo crónico llega a dañar órganos vitales como el hígado o el riñón y, a largo plazo, no están descartados los trastornos mentales. Actúan sobre el corazón provocando taquicardia, arritmia, hipertensión y aumento de la frecuencia cardiaca. Producen además sequedad de boca, sudoración, contracción de la mandíbula, temblores, vértigo, deshidratación e hipertermia. Además, causan crisis de ansiedad, trastornos depresivos y alteraciones psicóticas. En definitiva, Sus efectos son una distorsión de la realidad, que puede favorecer la práctica de otras conductas de riesgo.










Efectos de las drogas en embarazos



Con frecuencia, la drogadicción se asocia a otros factores como la malnutrición, las enfermedades de transmisión sexual, la falta de atención médica durante el embarazo, el estrés e incluso la violencia física. Estos factores agravan el problema, no solo en la etapa prenatal sino también en la neonatal, donde con frecuencia el recién nacido no recibe la atención que requiere y surgen diversas complicaciones potencialmente discapacitantes. Drogas como la heroína, la cocaína, predisponen a una serie de complicaciones que se asocian con la discapacidad, como el bajo peso al nacer, la prematuridad, las convulsiones neonatales y las disfunciones placentarias, entre otras.

Los fármacos y hormonas administrados durante la gestación podrían ser responsables de cambios sutiles en el comportamiento de la descendencia. Las llamadas drogas tóxicas pueden interferir en el normal metabolismo celular y causar defectos congénitos, además, algunas actúan no sólo sobre el embrión, sino sobre la placenta o el organismo materno, pudiendo influir en el proceso de la gestación de forma indirecta. En esta línea, los procesos infecciosos intrauterinos pueden producir también retraso mental, a pesar de que el feto parezca estar bien protegido frente a la infección.










Para que se pueda producir un embarazo, primero el ovario debe liberar un óvulo. Las trompas de Falopio deben estar sanas para poder movilizar a ese óvulo, y hacer que este logre encontrarse con los espermatozoides. Luego, deben llegar los espermatozoides masculinos alrededor del óvulo. Todos estos factores, algunos de los cuales involucran a la mujer y otros al varón, deben darse en forma coordinada. Después, una vez fecundado el óvulo, el embrión debe lograr implantarse en el útero. Cuando falla en forma reiterada uno de estos pasos naturales, se habla de una infertilidad fecundante. Un año seguido de relaciones sexuales sin lograr el embarazo es un período que los especialistas en fertilidad consideran razonable, dentro del cual la pareja no debería preocuparse si no logra el embarazo que busca. A menos que sospeche la existencia de otros factores por los que crea conveniente consultar. Pero, además, existen otros factores llamados "no fecundantes", que pueden estar relacionados con la imposibilidad de lograr un embarazo. Son el cigarrillo, el sobrepeso o la obesidad, el uso de determinadas drogas o medicamentos y algunas disfunciones sexuales. Cigarrillo y fertilidad. En todo el mundo, alrededor de un tercio de las mujeres en edad de concebir son fumadoras. Según la Sociedad Estadounidense de Medicina Reproductiva, la nicotina y otras sustancias químicas tóxicas presentes en los cigarrillos son dañinas para la fertilidad, ya que interfieren con la capacidad del organismo de producir estrógenos, una hormona fundamental para regular la ovulación, y puede hacer que los óvulos de las mujeres sean más vulnerables a las anomalías genéticas. En el caso de los hombres, el tabaquismo puede generar alteraciones en los niveles hormonales que controlan la fertilidad y provocar una disminución en la calidad del semen, y una reducción de la cantidad de espermatozoides, su movilidad, y variaciones en su morfología. Por lo tanto, la capacidad de fertilidad está directamente relacionada con la cantidad de cigarrillos consumidos. Se calcula que el tabaquismo hace que las mujeres tengan cerca de 40 por ciento menos de posibilidades de quedar embarazadas en cada ciclo. Sergio Pasqualini, especialista en fertilidad, explica que el cigarrillo provoca flujo sanguíneo reducido a nivel de los genitales, contribuyendo a sequedad de la vagina y otros problemas sexuales; menos óvulos, porque estos se destruyen en los ovarios antes de madurar; alteraciones de la liberación de las hormonas, disminución de la motilidad de la trompa de Falopio, enfermedad tubárica y disminución de la capacidad de implantar el embrión. El papel de las drogas. Pasqualini, que dirige en Buenos Aires el centro médico Halitus, agrega que tanto en el hombre como en la mujer, las drogas que componen algunos medicamentos pueden afectar la capacidad de concebir. Las mujeres que consumen anabólicos, antiandrógenos, antidepresivos, corticoides, medicamentos para el cáncer o cocaína pueden tener alteraciones de la ovulación y hasta anovulación. En el hombre son perjudiciales las anfetaminas, y algunos medicamentos para la caída del cabello, ya que pueden provocar impotencia y disminución en la cantidad de espermatozoides. "El alcohol y las drogas –asegura Pasqualini– provocan disminución de la calidad y la cantidad de espermatozoides así como también del nivel de testosterona, generando a su vez una disminución de la libido". El "factor sobrepeso". En la antigüedad, las gorditas eran símbolo de abundancia y fertilidad, pero ahora parece que no había motivos para que fuera tan así. Varios son los estudios que en la actualidad sostienen que la obesidad también afecta a la fertilidad. ¿Por qué? Hace que los ciclos menstruales sean menos regulares pero, además, estadísticamente, se ve que en las mujeres excedidas de peso son mayores a la media la tasa de infertilidad, el riesgo durante la cirugía reproductiva y el riesgo de aborto espontáneo. Y tienen menor éxito con los tratamientos de fertilidad, asegura el especialista. "Con la obesidad, además, en las mujeres pueden aparecer alteraciones entre los estrógenos y la progesterona, las cuales hacen que no se presente la ovulación y que se registren alteraciones en el ciclo menstrual", señala Pasqualini.

Fuente: La Voz del Interior. http://www2.lavoz.com.ar/suplementos/salud/07/10/31/nota.asp?nota_id=129780



EQUIPO DE INVESTIGACION; CONSUMO SIN FRENO Drogas: una "epidemia" social Detrás de los padecimientos de Diego Maradona, hay una franja de la sociedad que abusa de las sustancias nocivas. Aumentaron las consultas, las emergencias y los tratamientos para adictos jóvenes. El presupuesto oficial para prevención está congelado desde hace tres años. Pablo Calvo y Claudio Savoia [email protected]; [email protected] El consumo indebido de drogas en la Argentina trepó a niveles de "epidemia social". Lo dice la máxima autoridad nacional en el tema, Wilbur Grimson, titular de la Secretaría de Programación para la Prevención de la Drogadicción y Lucha contra el Narcotráfico (Sedronar). Es la primera vez que desde un organismo del Estado —que reporta sin intermediarios al presidente Néstor Kirchner— se le adjudica tanto voltaje al problema. "No es una epidemia como la hepatitis, pero sí es una epidemia social, que se da cuando una enfermedad se disemina demasiado y afecta a mucha gente en todo el país, sobre todo a los jóvenes", señaló Grimson a Clarín. Además de la marihuana, la cocaína y demás sustancias prohibidas, el funcionario incluye en su caracterización a las drogas legales: el tabaco y el alcohol. La internación de Diego Maradona hace una semana, la muerte del periodista Juan Castro, la detención de la artista plástica Marta Minujin con cocaína y las apariciones públicas del cantante Pipo Cipolatti reavivaron el debate sobre las consecuencias del consumo de drogas, aunque no se indagó sobre la magnitud social del problema. El Gobierno promete para setiembre la demorada actualización de las estadísticas oficiales sobre el consumo de drogas: el último relevamiento nacional se hizo hace cinco años y advertía que el 2,9 por ciento de la población de entre 16 y 64 años y el 3 por ciento de los chicos de entre 12 y 15 años tuvieron algún contacto con las drogas. La crisis que explotó a fines de 2001 y la extensión de la red ilegal de venta de drogas anuncian ahora el desborde de esos resultados. Una investigación de Clarín, basada en fuentes vinculadas a la atención de adictos, médicos forenses, informes privados y entrevistas a funcionarios, muestra elocuentes señales de alarma: Se duplicó la atención de emergencias derivadas de accidentes vinculados al consumo de alcohol y drogas entre 1995 y 2003, según un estudio financiado por la OEA. La demanda de ayuda al Programa de Asistencia e Investigación de las Adicciones del Consejo Nacional de Niñez, Adolescencia y Familia aumentó un 20% el año pasado con respecto al 2002. Las consultas llegaron a 1.700. La demanda general de atención en el Cenareso, un hospital público especializado en adictos, aumentó 50% en los últimos dos años. La cifra de pacientes mujeres creció 300%. En los centros y hospitales públicos de la provincia de Buenos Aires se duplicó la cantidad de personas atendidas entre el año 2002 y el 2003: de 15.000 a 30.000. Desde el 2001, la Dirección de Prevención Social de las Toxicomanías de la Policía Federal tuvo un 30% más de pedidos para brindar charlas y talleres orientativos en colegios e instituciones. En el primer cuatrimestre de este año, las consultas por tratamientos de recuperación en la Fundación Manantiales crecieron casi 50%. En 1986, la organización Narcóticos Anónimos comenzó a trabajar en Capital Federal con cuatro grupos de adictos. Hoy hay 108, en todo el país. En los últimos 10 años, creció de 30 a 300 la cantidad de cadáveres en los que se encuentran sustancias tóxicas, durante las 3.000 autopsias anuales que se practican en la Morgue Judicial de la Corte Suprema. En el Centro Nacional de Intoxicaciones, que funciona en el Hospital Posadas, las consultas por uso indebido de drogas escalaron de 50 en 1987 a 2.600 el año pasado. La venta de cerveza creció de los 240 millones de litros en 1980 a los 1.300 millones el año pasado, un salto del 400%. No es un dato menor. El jefe del Sedronar considera que el consumo de alcohol "es el CBC (curso de ingreso) de las drogas ilegales". Entre 1998 y 2003, el consumo de drogas en escuelas del área metropolitana creció del 7% al 11%, según una encuesta del Instituto Superior de Ciencias de la Educación, respondida por 14.900 alumnos y auspiciada por el Gobierno porteño. "Es un índice pavoroso", dice el director del trabajo, Carlos Santa María, "La evolución natural de una enfermedad incluye una manifestación inicial, un momento pico y una estabilización posterior. El consumo indebido de drogas en el país es una enfermedad que está todavía en un pico ascendente. Si no se toman medidas, en cinco o 10 años tendremos la heroína, que ya está haciendo estragos en Europa y Estados Unidos", advierte el doctor Osvaldo Curci, director del Centro Nacional de Toxicología. Los especialistas subrayan que la droga se instala en los huecos sociales. En Argentina, más que huecos, hay cráteres: 1.200.000 jóvenes no estudian ni trabajan y muchos de ellos se inician en la droga cada vez a menor edad. Un sondeo oficial en el sistema educativo habla de la extensión del problema al interior del país. "En Posadas, San Salvador de Jujuy o Ushuaia da lo mismo: los chicos empiezan a tomar alcohol a los 12 años, se desmadran a los 14 y tienen su primera borrachera antes de los 15. Hace 30 años, eso le sucedía a un adulto de 25", analiza Grimson antes de advertir que "el consumo precoz de alcohol da pie al consumo precoz de marihuana, de cocaína y de cualquier otra cosa". Las acciones del Estado están limitadas: el presupuesto anual del Sedronar es de 9.200.000 pesos, similar al de hace tres años, cuando todavía no había estallado la economía y un peso valía un dólar. Además, la demanda de tratamientos y atención de adictos es mayor. Pablo Rossi, director general de la Fundación Manantiales y autor del libro Las drogas y los adolescentes, estima que esa suma "equivale a la ganancia que los narcotraficantes producen en la Argentina en un solo día". Otro dato impactante: en la provincia de Buenos Aires, hay entre 300.000 y 500.000 personas que consumen drogas ilegales, según datos oficiales. Las cifras paralizan, pero no deberían impedir una mirada más profunda, para saber qué les pasa y qué piensan los adolescentes, principales víctimas de la "epidemia" que por primera vez reconoce el Gobierno. Según una encuesta realizada el año pasado por la consultora D'Alessio IROL entre 443 padres y 432 jóvenes, el 66% de los chicos afirma que sus amigos tuvieron o tienen algún contacto con la droga, el 24% dice haber intentado sacar a su amigo de la adicción y sólo el 10% cree haberlo logrado. ¿Otros datos? En la hipótesis de estar en una fiesta y darse cuenta de que alguien se está drogando, la mayoría (57%) no le prestaría atención porque "cada uno hace lo que quiere". Y el 15% admitió haber sufrido presiones del entorno para drogarse. ¿Por qué un adolescente prueba la droga? Para Rossi, "porque está instalado que el que se droga es más piola y los chicos son muy vulnerables a la opinión de sus pares. Pero cuidado: no todos los adolescentes que prueban una droga terminan adictos a ella. Contra lo que se piensa, los adictos no son personas carentes de afecto sino de límites: fueron demasiado consentidos. El principal reclamo de los pibes que vienen a pedir ayuda a nuestra fundación es ¿por qué me creíste? ¿Por qué no me dijiste no?" Según el director de la Fundación Manantiales, hay otra clave para entender por qué los adolescentes son terreno fértil para cosechar drogadependientes: "es la que indica que todo adicto es un adolescente mental: como cualquier pibe, no tolera la frustración ni que le digan que no, está manejado por el principio de placer en lugar del principio de espera (quiere satisfacción inmediata, antes que trabajar y esperar un beneficio mayor) y tiene un pensamiento mágico omnipotente: se siente inmortal. Por eso la cura de una adicción implica de hecho una salida de la adolescencia." Marcelo Bono, director del Centro Nacional de Reeducación Social (Cenareso), explica que "el gran ejército de adictos usa las drogas en un intento por sentirse mejor, como si fueran un medicamento que los puede curar de una dolencia". "Son personas que estaban frente a una situación de colapso inminente en su vida psíquica o familiar. La droga le permite sentir que ese problema quedó atrás (con las drogas estimulantes, como la cocaína), que está silenciado (con las depresoras, como los tranquilizantes y el alcohol) o que logró aislarse del contexto (con las alucinógenas como la marihuana o las psicodélicas como el LSD)", agrega Bono. Los especialistas sacan la última fotografía al movedizo mapa del consumo de drogas en Argentina. ¿Qué muestra? Que en este momento, las sustancias más utilizadas son la marihuana, la cocaína y la pasta base, un preparado previo al refinamiento de la cocaína con mucho poder de destrucción neuronal que por ser más barato se usa mucho entre los sectores más pobres. Las drogas sintéticas como el LSD y el éxtasis, que son más caras, son más frecuentes entre los adictos de clase media y alta. Esos mismos especialistas coinciden en una advertencia: ningún adicto se puede recuperar en menos de dieciocho meses, y el tiempo promedio es de dos años. Liliana Vázquez, coordinadora del posgrado en clínica de las adicciones de la Facultad de Psicología de la UBA, busca razones detrás de los datos. "Todos somos sujetos de consumo, siempre queremos algo más. Y ese marco social también tiene su costado en el rendimiento físico: están de moda los suplementos dietarios, las vitaminas, tomar pastillas, para estar "pila" todo el día. No hay espacio para la angustia, la pregunta y la frustración, para fracasar y volver a empezar." Algo que siempre es posible

Fuente: Clarin http://www.clarin.com/suplementos/zona/2004/04/25/z-03615.htm




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