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El gol de Cristiano en la final de Lisboa fue el origen de l







Por fin hay un listón de masculinidad que mola, un role model, un espejo en el que los hombres podemos reconocernos plena y afirmativamente. Se trata del ‘spornosexual’, un término anglosajón que surge de la contracción de tres palabras: sport, porn y metrosexual, y se trata del lógico paso evolutivo hacia la perfección, un salto que el cívico metrosexual da hacia el Yo totalitario. Hasta ahora el Hombre se ha manejado mal con su cuerpo y lo ha desperdiciado en la guerra, las fábricas o los campos de labranza. El spornosexual disfruta de sí mismo en el gym, gastando en cremas, porno y camisetas con escote pronunciado el equivalente al PIB per cápita de Qatar y Luxemburgo juntos, yendo mucho más allá que el tímido metrosexual en su autohomenaje. El ‘spornosexual’ sería al lifestyle lo que ‘Podemos’ a la política. Algo tan fresco como envolverse los testículos con hojas de menta.

Vamos a ver, ¿cuáles han sido históricamente los grandes tótems aspiracionales de los tíos? Una pandilla compuesta de arquitectos políticos de erotismo inestable como Alejandro Magno, pirómanos tiquismiquis como Torquemada, santones de abdomen lisiado como Gandhi, aplicadas ratas de laboratorio como el Dr. Flemming. Humanistas, dictadores, poetas sucios de la chanson française que tosían y escupían hebras de tabaco negro en el escote de sus amantes, playboys y capitanes de industria que fiaban el éxito sexual a los ceros de su cuenta bancaria. Demasiado atentos todos al aplauso de sus semejantes.

En España no nos ha ido mejor: Iniesta enseñando su torso lechoso en una seca charca de Fuentealbilla, Aznar presumiendo de six pack tardío en la playa de la Concha de Oropesa, Fernando Alonso haciendo de Rodolfo Chikilicuatre subido al chasis de su coche. Todo ha sido desmotivador, magro. Los dioses sintetizaron en su laboratorio de estrellas a David Beckham y lo arrojaron a la Tierra para señalar el mesiánico sendero del ‘metrosexual’, el inmediato precursor del spornosexual. Pero ésta era una todavía una figura demasiado anodina, con mucho trampantojo de Photoshop y demasiadas prescripciones salubres: buen padre, gran atleta y con un punto de autoconsciencia estoica al ponerse los inmaculados boxers.

Su gran tragedia es no poder hacerse el amor a sí mismo ”
Con el tiempo, la sociedad 2.0 y el apogeo de las redes sociales han sacudido el tedioso paisaje macho y emerge una figura más canallesca, narcisista, más endurecida. Imaginad a Ryan Gosling en una cabina de peep show, Xabi Alonso comiendo marmitako en las nalgas de Kim Kardashian, Rafa Mora leyendo a Giacomo Casanova, Peter North haciendo riegos hidropónicos sobre un harén de viudas de Gadafi. Son los spornosexuals, los übermenschen, la escandalosa tropa adicta al porno, a los suplementos de proteína, a los abdominales hipopresivos, a los envases industriales de clara de huevo y los selfies.

Imaginemos que Chicote fuera un inspector de spornosexualidad e ingresara en tu cuarto de baño para supervisar tu proceso de transformación. Imaginémosle con una camiseta ceñida con escote en uve arengando al candidato a spornosexual. El resultado sería algo así como:

-¡Me cago en la madre que parió a Paneque! ¡Vamos, hombre! ¡Estás dormido tío, despierta! Este es tu negocio y tienes que sacar esto adelante. Ahí fuera hay un montón de followers de instagram que están sin atender, esperando que les pongas un selfie frente al espejo del baño para darte un like, y tú estás aquí montando un pitote. Mira que es difícil hacerlo así de mal. Tienes aquí unas cremas que son puro hormigón, no valen ni para pegar ladrillos. Con esta gomina se hacen las cajas negras de los aviones. Tienes aquí un anticelulítico más seco que el rabo de un perro. Si continúo aquí no es por ti, sino por la gente de las redes sociales que te observa. Vamos a ver cómo es el servicio de esta noche, si eres capaz al menos de hacerte cuatro fotos decentes con el smartphone delante del espejo y de ver unas cuantas películas porno, que he visto que tienes una colección de VHS que es lo que tendría un guerrillero del IRA en la cárcel.

Al spornosexual no le interesa llamar la atención por su mente o por su fondo de armario, sino única y exclusivamente por su cuerpo. Es un monumento a sí mismo. Le importan más sus tatuajes de presidiario a perpetuidad en una cárcel nicaragüense que la agenda cultural, como debe ser. Es el nuevo Narciso, más pendiente de los ‘likes’ que del reconocimiento social por virtudes azarosas como la inteligencia o la habilidad para conjuntar la ropa. Es el Hombre Total y se legitima a sí mismo.

El clímax fundacional de este movimiento es el gol de Cristiano en la final de Lisboa, el momento entre depravado y extático en que corrió hacia la línea de fondo, se quitó la camiseta y adoptó la pose de un culturista indignado, de áspero tracto intestinal, parecido al increíble Hulk pero con estreñimiento severo, enseñando al mundo una rica panoplia de músculos que no sabíamos que existían.
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