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El peligroso movimiento de la anti-vacunación



El movimiento anti-vacunación (MAV) tiene dos caras: una de ellas niega la conexión causal entre las vacunas y la erradicación o la significativa reducción de enfermedades tales como la viruela, la poliomielitis y el sarampión.


La otra va más allá y afirma que las vacunas contra las paperas y el sarampión causan autismo. Es decir, los partidarios del MAV se oponen a la vacunación contra las enfermedades sea porque afirman que no sirven o porque causan autismo.


Un tercer enfoque es sostenido por quienes creen que las “vacunas homeopáticas” o diversos preparados, sirven para contrarrestar la gripe, la malaria y hasta el HIV. Estas personas ofrecen “agua mágica” en lugar de las vacunas desarrolladas por la investigación científica.


Creen que el agua que ha sido “energizada” posee una “memoria” selectiva de las moléculas del componente activo que, debido a la extrema dilución no contiene ni una sola molécula del preparado en cuestión en “remedios” homeopáticos.

Aquí vemos la portada de la revista chilena “El Guardián de la Salud”, donde la Dra. Suzanne Humphries advierte sobre el peligro de las vacunas.


la wea fome no sirve ctm

La mayoría de estas “vacunas” homeopáticas no son otra cosa que agua o sustancias inertes y no pueden proteger a nadie de nada. Y ponen en peligro la vida de las personas cuando se ofrecen como protección contra enfermedades como la malaria. Las buscan aquellos individuos que no confían en las vacunas reales y que viven de acuerdo con los principios del vitalismo y el pensamiento mágico. Por ello se puede decir que aquellos que recomiendan las vacunas homeopáticas son parte del MAV, ya que se oponen a la vacunación efectiva contra las enfermedades.
El hecho de adherir a este movimiento hace que sus partidarios elijan la evidencia que les conviene para apoyar sus hipótesis y de paso lleva a que denigren una de las mayores contribuciones de la medicina científica a la salud pública.


Oponiéndose a los resultados de la investigación científica


Robert Mendelsohn (1926-1988) era uno de los principales referentes que se oponían a la vacunación. Mendelsohn afirmaba que “no hay evidencia científica convincente acerca de que las inoculaciones masivas puedan ser consideradas efectivas para eliminar las enfermedades infantiles”.
A pesar de lo que afirmaba Mendelsohn (ver foto más abajo), la incidencia del sarampión disminuyó debido a los programas de vacunación en los Estados Unidos y el Reino Unido. Hay evidencia indudable de que las vacunas funcionan, a pesar de lo que puedan afirmar unos pocos partidarios del MAV.
El ejemplo de Japón es clarificador. Entre 1974 y 1976 la vacunación contra la tos convulsa disminuyó en un 70%, y en 1976 se vieron los resultados: más de 13.000 casos y 41 muertes. Mientras tanto la vacuna contra la meningitis causada por la bacteria Haemophilus influenzae comenzó a aplicarse en los Estados Unidos. En ese momento, 1990, había unos 15.000 casos y entre 400 y 500 muertes por año debido a esta bacteria. Luego de que la vacuna se aplicó la meningitis decayó a menos de 50 casos por año.




¿Las vacunas causan enfermedades?


La mayoría de la gente que no se vacuna o no vacuna a sus hijos probablemente piense, de acuerdo con el MAV, que las vacunas causan enfermedades. Uno de los mitos más extendidos es que la vacuna triple viral causa autismo, sea por sí misma o por el timerosal o por la combinación de ambos. El timerosal viene usándose desde 1930 como un medio para prevenir la contaminación debida a los microbios, pero nunca se usó en la vacuna triple viral.
La tendencia a creer que las vacunas causan autismo viene creciendo, a pesar del hecho de que no hay evidencia para sostener algo así. Un estudio publicado en 2003 en la revista Pediatrics concluyó que hay suficiente evidencia -proveniente de un estudio hecho en Dinamarca- de que es improbable que el timerosal contribuya al desarrollo del autismo. El timerosal ha sido eliminado de las vacunas infantiles en la mayoría de los países industrializados. Si fuera causa importante de autismo, los casos de esta enfermedad hubieran disminuido considerablemente. Pero no hubo tal disminución luego de que se eliminara el timerosal.


Información equivocada y peligrosa


Hay varios sitios web de anti-vacunación que suben información errónea sobre la posible relación causal entre las vacunas y el autismo. Por supuesto, no faltan las teorías conspirativas que a acusan a la comunidad médica y las compañías que producen remedios.
El mismo latiguillo de siempre: el mundo de la ciencia está “confabulado” para ocultar la verdad. Ahora bien, pocas veces se dice que los defensores del MAV también pagaron fortunas a abogados que promovieron juicios -perdidos- contra los fabricantes de vacunas.
En un caso, al Dr. Andrew Wakefield, quien sostenía que las vacunas causaban autismo, ciertos abogados le pagaron 400 mil libras esterlinas para que intentara probar que las vacunas no eran seguras. La cifra total, que abarcó otros casos, llegó a 3.400.000 libras esterlinas para solventar los juicios mencionados. Pero los partidarios del MAV no ven allí ninguna confabulación. Solo la ven en los fabricantes de vacunas que funcionan.
El MAV también tiene varios defensores en Argentina y varios países de Sudamérica. Desde el blog chileno “Detengan la vacuna” se advierte sobre el peligro de la vacunación y su inutilidad. Se apela a algún golpe bajo poniendo fotos (como la que mostramos más abajo) de chicos aterrorizados al vacunarse.

(Aquí Lexo haciendo de las suyas)


Tengámoslo presente: la vacunación es efectiva. Ha salvado millones de vidas. Los partidarios del MAV tal vez sean gente honesta (aunque desinformada), pero si realmente lo son, no pueden negar la eficacia de las campañas de vacunación. Nadie negaría hoy la ley de gravedad o que los transplantes de órganos salvan vidas.
El riesgo es que al no vacunar a un chico, corren peligro los demás, no solo quien no se vacuna. Y allí ya no podemos hacer lo que queremos, porque ponemos en peligro al resto de la población. Hay información útil en el sitio vacunacion.com.ar.
No se puede permitir que un niño no sea vacunado, simplemente porque éste no tiene edad suficiente para juzgar y evaluar la evidencia. Y también porque puede poner en peligro a los demás contagiándoles una enfermedad. Cuando sea mayor de edad y tenga hijos, deberá hacer lo mismo con ellos: vacunarlos.
Por Alejandro Borgo
Escritor – Periodista




aguante el paco vieja no me importa nada
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