Guía básica para tu despensa
Nota: Voy a agregar datos que aporten; como los del aceite de oliva
El supermercado puede ser una perdición. Para no marearte entre las góndolas y elegir los productos más saludables, una guía para llenar tu despensa. Panes, harinas, galletitas, carnes, conservas, verduras, mermeladas, aceites, azúcares, yerbas, jugos, sales y hasta snacks. Aprendé a descifrar etiquetas. Para recortar y pegar en la heladera.

El “mystery shopping” es una táctica de marketing. Básicamente, un tipo se hace pasar por cliente para evaluar, de incógnito, una marca o un servicio. Las góndolas son un mareo, están diseñadas para que compres cualquier cosa. Los nuevos espejitos de colores son los packagings bonitos, y es todo un desafío encontrar lo que buscás en el mágico y misterioso mundo del súper. Echemos un poco de luz sobre el misterio del shopping.
Si sos de los que prefieren hacer todas las compras juntas en el súper, tené en cuenta estos tips para orientarte cuando estés perdido entre las góndolas, y comer mucho mejor.
No me etiquetes
Hay cosas que está bueno traducir con un diccionario supermercado-consumidor, consumidor-supermercado. Las etiquetas no mienten (o no tanto) aunque las apariencias a veces sí.
Por ejemplo, el pan negro. Negro a la vista es, señora, eso no se lo discuto. Pero sepa que hay una diferencia enorme entre el pan “con salvado” y un pan integral de verdad. El primero se hace con harina blanca, la común: simplemente se le agrega una cantidad de salvado de trigo (cuánta, nunca se sabe…). Esto puede colaborar con ciertas necesidades humanas (lo que los chicos saben re-etiquetar como “trencito lento”). Pero no está amasado con harina integral: esto es, el producto de moler el trigo con cáscara (germen y salvado incluidos), todo junto.

Si leés las etiquetas, vas a ver que hay “galletitas de salvado” hechas con harina blanca, y galletitas integrales, hechas con harina integral (las Cereal Mix y las Costa son buenos ejemplos).
Si te gusta amasar, en las góndolas no sólo encontrás la harina de trigo integral sino también otras que podés probar. Con un rápido googleo encontré en los catálogos de los supermercados más conocidos: harina de arroz, de algarroba, de amaranto, ¡hasta de quinoa y de lino! Atenti: incluso en los chinos de barrio hay harina de garbanzos. No te imaginás lo fácil y rico que es hacer fainá casera. El paquete viene de medio kilo o kilo entero y rinde una barbaridad.
Otro buen ejemplo es el aceite. Empecemos por un mito ridículo y misterioso: ningún aceite vegetal tiene colesterol, caballero. ¡Ninguno! El colesterol está en los productos de origen animal. Vanagloriarse de un aceite sin colesterol es como celebrar un rabanito por su carencia total de chocolate.
El aceite de oliva, especialmente, da para la sospecha. Cuando tiene mucho sabor a aceituna, en realidad es culpable: está hecho calentando las aceitunas para que larguen más líquido. El bueno, el de primer prensado en frío, se llama así porque recoge el jugo natural de las olivas, sin vueltas.
Plucck dijo: Muy bueno che, pero te dejo un dato: A la hora de comprar Oliva, hay que fijarse bien que sea extra virgen y que no sea "aceite de oliva REFINADO". El refinado se hace con el aceite defectuoso o no apto, al cual valga la redundancia refinan, y lo mezclan con aceite virgen para ponerlo en la góndola.
Ya desde el vamos el gusto es horrible, y los beneficios tienen poco valor. Si bien puede ser similar el sabor, lo importante es que no aporta nada de bueno al organismo como si aporta el aceite de oliva extra virgen.
Un dato sobre las etiquetas: el orden de los factores sí altera el producto. Y el orden de los ingredientes en la “Información Nutricional” no es casual. Por ley, se listan según la cantidad que contiene el producto, de mayor a menor.
Azuquíta
Una cuestión que da lugar a mareos es la diferencia entre azúcar rubia, blanca y negra. Como con el pan, “negro” e “integral” son cosas distintas. El azúcar blanco es el clásico, el refinado, pero el azúcar negro tampoco es muy natural que digamos. Está súper procesado, se le agrega melaza y muchas veces colorante. La versión más amable para el organismo es el azúcar integral de caña, que se consigue en el súper hace rato y es rico, más rico que el neutro azúcar blanco.
Nadie quiere que le expliquemos los beneficios de la Stevia (si queda algún desprevenido, pido gancho: es un endulzante natural sin calorías, pero no tiene el mismo gusto, snif). Los que toman edulcorante saben bien en qué se meten, químicamente hablando. No vamos a evangelizar, pero escuchá lo que es el jarabe de alta fructosa (JMAF), un agente del recontraespionaje.
El JMAF es un endulzante líquido, creado a partir del almidón o fécula de maíz, usado en toda clase de alimentos industriales, no sólo los dulces. Se creó en los setenta y desde entonces es un hit de la industria alimenticia porque sustituye al azúcar común, de forma más estable y con más potencia endulzante. Sin meternos en líos técnicos, el jarabe de maíz está en el banquillo de los acusados en todo el mundo como responsable de males como la diabetes. Falso o verdadero, no tiene una relación muy copada con el metabolismo: es, por lo menos, misterioso.

Endulces como endulces tu café, hay variables para los golosos que quieren llevarse dulces del súper. Las mermeladas Cabaña Micó tienen toda una línea sin agregado de azúcar; y las conservas de frambuesas son la perdición. También está la marca Schatzi, orgánica hasta el cuore, que hace una granola espectacular, entre otras cosas ricas.
Verde que te quiero verde
Compradores de verdura en el súper, hay de dos tipos: los solteros en apuros y los sofisticados que prefieren gastar un poco más por la hoja de espinaca perfecta, simétrica y perfectamente lavada.
A los primeros les decimos: te acompañamos en el sentimiento, estamos con vos. Pero, por favor, elegite las arvejas congeladas que son muuucho más frescas y tres veces más ricas que las enlatadas. Lo mismo va para las demás verduras, con una opción extra: las conservas en frasco, que seguramente serán más artesanales y con menor proporción de conservantes misteriosos.
A los segundos, los que compran esa verdura perfectamente empacada, divinamente presentada, también los queremos. Pero sepan que no todo lo que brilla es oro. Elegir verduras frescas no tiene misterio: basta con recordar lo que está en época y lo que crece cerquita de casa. Si tu changuito se llena de exóticas frutas vietnamitas o de tomates en pleno julio… algo es sospechoso, sabelo.
Tomá de acá
Si lo tuyo es el mate, tenés para elegir la yerba barbacuá. Es la técnica de secado artesanal más natural, y ya la usaban los guaraníes, además de que el sabor ahumado le cambia la cara al mate.

La diferencia entre el jugo natural, el concentrado y el saborizado es tirando a básica; no me hagan explicar la tabla del dos. Aunque te dé fiaca revisar la letra chica, los frascos y botellas dicen cada vez más grande “sabor a”, “jugo natural de”, etcétera. El que elige los sintéticos, es porque le gusta cómo queda la lengua color naranja fosforescente después de tomar, al estilo del viejo Naranjú en el recreo de la primaria.
Hay dos productos bebibles que se han puesto de moda en los supermercados: el jugo de arándanos y el de aloe vera. El segundo es más difícil de aceptar, pero los frutos rojos le gustan a casi todo el mundo y vienen asociados con un montón de cosas buenas que andan resonando por ahí: antioxidantes, vitaminas, alcalinizantes. Dicho sin vueltas, luz verde para los arándanos.
Toda la carne al asador
Si las rueditas de tu chango tiran siempre para el lado de la carne, te acompañamos con algunos axiomas a la medida de un hipermercado:
- Cordero antes que vaca. El cordero es criado casi siempre de formas más naturales en nuestras pampas, y si él come mejor, seguro que vos también.
- En la misma línea, las carnes alternativas valen doble: difícilmente hayan sido matratadas, pichicateadas o misteriosamente procesadas, y son un bocatto di cardinale. Si estás comprando en un supermercado grande, es posible que encuentres alguna, y no necesariamente más cara que un ojo de bife. Liebre, codorniz, perdiz, chivo y hasta carne de llama, que es riquísima y más telúrica que la escarapela.

- No vamos a caer en la obviedad de recomendar cortes magros. Pero, quizás, si comprás carne en el súper tenés ganas de cocinar. Pues bien, aquí cabe una regla inversamente proporcional. Si comprás un corte graso, está bueno hacerlo a la parrilla y disfrutarlo tal cual es. En cambio, si elegís cortes magros, da para jugar con macerados y salsas, que podés armar con productos del mismísimo mercado: un poco de miel, un poco de mostaza, cinco ciruelas Presidente: un gran carré de cerdo.
- Para el asadito del domingo, usá sal marina, que también se consigue en el súper. Es mejor y es más rica. Es difícil justificar que una sal es más sabrosa que otra, hasta que lo probás y comprobás.
Jamón del medio
Comprar comida en el supermercado tiene, especialmente para los hombres, un subtítulo asociado: la picada. Para el Fernet, para entretenerse mientras cocinan, porque se viene el partido, porque es más divertido que la cena.
Para picar, la fruta seca es un oasis de bondades en medio de tanto plástico gondolero. Los packs chiquitos de nueces, almendras y maníes son un gol, y si te tomás cinco minutos para tostarlos en casa, mucho más. Balanceá el presupuesto con pasas de uva, ciruelas bombón o, si querés, andá directo a los mix de frutas que abundan en los supermercados. Otro snack sin misterios es el pochoclo: es sencillamente maíz. Elegí los que vienen en bolsita para preparar en casa, y mejor agregarle sal o endulzarlos vos mismo.

Para una buena picada es importante llamar al pan pan y al vino vino. El jamón natural es eso: la pata del cerdo feteada bien finita, a diferencia del otro, un machimbre de fiambre más misterioso. Lo mismo pasa con la latita de atún: está el procesado, y está el lomo de atún tal cual, cortado en rodajas y en conserva. Hablando de atún, pierde mucho cuando lo enlatan con aceite medio pelo; mejor comprarlo al natural y agregarle aceite en casa, uno rico, el que vos elijas.
Los sabores se potencian, la picada rankea alto, hace bien, y todos contentos. Pero dejemos el súper por hoy, que ya es tarde. Ahora contanos vos qué metiste en el changuito para comer mejor. Aquí va un machete con “lo que sí” y “lo que no”. ¿Qué te parece agregar?
Lo que sí
- Yerba tipo barbacuá (es la técnica más saludable y, la verdad, la más rica)
- Jamón natural (el feteado, como dios manda)
- Verduras congeladas o en conservas artesanales
- Fruta seca
- Sal marina
- Lo que según la etiqueta venga con más fibra y/o hidratos complejos (son los buenos)
- Galletitas, fideos, masas integrales (de harina integral, si es orgánica tanto mejor)
Lo que no
- JMAF (jarabe de glucosa)
- Grasas trans (tanto es así que ya hay pocas cosas que las incluyan; resisten sobre todo en los polvos deshidratados, calditos y condimentos maliciosos)
- Verduras enlatadas
- Polvos deshidratados
- Lo que según la etiqueta tenga muchos hidratos simples (son los maléficos)
- Alfajor de arroz: un caso de villano bien disfrazado (¿te fijaste todo lo que le ponen encima, al pobre arroz?)
Por:
Natalia Kiako
La encontrás: comunicando en su consultora Kiako–Anich,
cocinando en su blog Kiako, the cook,
escribiendo en la revista Casquivana.
A la sazón, es licenciada en letras, corredora bajo perfil y curiosa como un gato.
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