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Guia de medicamentos, para evitar confusiones


Esto es en forma de generalidades, no se trata a los medicamentos en forma particular


¿Acostumbra automedicarse? Considere que utilizar un fármaco es un acto que exige plena conciencia sobre el efecto que estas sustancias tienen en nuestro organismo, por lo que, para ayudarse, presentamos a continuación una guía de los medicamentos más comunes, sus usos y posibles contraindicaciones.

Antibióticos, mucolíticos, antihistamínicos, laxantes, analgésicos, broncodilatadores o antisépticos son productos farmacéuticos que nos suenan familiares, que hemos empleado o forman parte del botiquín de primeros auxilios en casa; sin embargo, es común que confundamos los nombres e incluso su acción terapéutica, hecho que puede ser muy riesgoso, ya que si se toma la decisión de aminorar los síntomas de un resfriado que inicia o de un dolor de cabeza, y en vez de administrar el medicamento adecuado se ingiere otro, el resultado puede ser contraproducente y generar reacciones alérgicas de consideración, intoxicación o pérdida de eficacia del fármaco.

La automedicación no debe tomarse a la ligera, sino como un acto que debe efectuarse de manera responsable y con plena conciencia de que no todos los problemas de salud pueden solucionarse a través de esta vía; asimismo, se debe tener en cuenta que nunca está por demás contar con la asesoría del médico familiar, a quien se debe recurrir para despejar cualquier duda sobre la acción de los productos que se pueden ingerir para aliviar síntomas y problemas comunes de salud, como agruras, fiebre, diarrea, resfriado o tos.


Antihistamínicos


Sirven para el control de las reacciones alérgicas, es decir, aquellas en que el sistema inmunológico (que nos defiende de las agresiones externas) reacciona de manera exagerada cuando un elemento nocivo o alergeno (polen, polvo o pequeñas escamas de la piel de animales, por ejemplo) se introduce al organismo a través de las vías respiratorias, tracto digestivo, piel y mucosas.

Las reacciones alérgicas, como congestión y escurrimiento nasal, lagrimeo, estornudos, inflamación en la piel, ronchas, comezón, mareo, dolor de cabeza y diarrea se deben a que el organismo segrega un compuesto llamado histamina; por ello, la función de estos fármacos consiste en neutralizar, destruir o impedir la producción de aquella sustancia.

El uso de antihistamínicos debe ser vigilado por un médico ya que, además de que se requiere un tratamiento integral para evitar el factor que ocasiona la alergia, algunos de estos productos alteran al sistema nervioso y generan somnolencia, por lo que impiden la realización cabal de actividades cotidianas, como conducir un automóvil u operar maquinaria. En general, no se recomienda su uso durante el embarazo.

Finalmente, cabe decir que estos fármacos también se emplean en el tratamiento de gripe y resfriados, debido a que ayudan a evitar la congestión nasal.


Broncodilatadores


Son medicamentos que abren los bronquios (estructuras de los pulmones a través de las que circula el aire) y que se utilizan en el tratamiento de asma, bronquitis o enfisema (destrucción de las paredes de los alvéolos o sacos diminutos que contienen el aire); alivian síntomas como jadeo, falta de aliento o tos, y restauran la capacidad del paciente para respirar normalmente.

Algunos de estos productos, como el albuterol, influyen en la zona del sistema nervioso que regula la dilatación de los tubos bronquiales; otros, como la teofilina, interfieren en la actividad de enzimas o células pulmonares, de modo que logran la relajación de los músculos contraídos de las vías respiratorias.

Muchos broncodilatadores se inhalan por la boca, en especial los que proporcionan alivio inmediato a ataques de asma; otros se toman por vía oral en forma de comprimidos o soluciones líquidas, en tanto que algunos se inyectan vía subcutánea.

Los pacientes tratados con broncodilatadores deben evitar el uso de otros medicamentos para aliviar los mismos síntomas, en especial compuestos inhalados, salvo que el médico indique otra cosa. No se tienen conclusiones precisas sobre el efecto que tienen los broncodilatadores sobre la mujer embarazada, pero pruebas en animales señalan que se llegan a producir defectos de nacimiento cuando se administran en dosis elevadas.


Antitusivos


También conocidos como antitusígenos, son fármacos que ayudan a aminorar la tos. Algunos de estos productos, como la codeína, adormecen las terminaciones nerviosas de laringe y faringe (garganta), de modo que a pesar de la irritación disminuyen el malestar.

Por su parte, el dextrometorfano, producto más novedoso, bloquea los impulsos nerviosos desde el centro de la tos, ubicado en la médula espinal, de modo que aminora la sensibilidad a estímulos que pudieran generar este síntoma.

Debido a que la tos es un mecanismo de defensa y una respuesta del organismo a una infección ocasionada por microorganismos, alergia o irritación, los antitusivos deben emplearse de manera moderada, bajo prescripción médica, y sólo en casos en que sea muy intensa. Asimismo, el uso de codeína debe ser con cuidado, ya que al ser una sustancia similar al opio puede generar adicción.

Finalmente, hay que recordar que el uso de estos productos durante el embarazo siempre requerirá de asesoría médica.


Mucolíticos


Se trata de medicamentos que inhiben o reducen la generación de moco, por lo que se emplean en el tratamiento de infecciones de las vías respiratorias en donde las secreciones generan dificultad para la circulación de aire, particularmente en caso de tos húmeda (con flemas), así como en enfermedad pulmonar obstructiva crónica (bronquitis crónica y enfisema).

Los mucolíticos actúan directamente en las células que generan el moco, pueden ser empleados por niños o adultos, y requieren prescripción médica. Por lo general se toman tres veces al día, y hasta el momento no se han reportado contraindicaciones por su uso. La salvedad la representan las personas alérgicas a los ingredientes de la fórmula.

Muchos de estos productos están contraindicados en el embarazo, por lo que el tratamiento de la tos debe ser vigilado por un médico.


Expectorantes


Las estructuras internas de los pulmones pueden irritarse e inflamarse dando lugar a la generación de abundante cantidad de moco, debido a que se respiran sustancias irritantes como humo, solventes químicos y pesticidas, o al padecer enfermedades como asma, alergia, faringitis, laringitis, gripe, enfisema (destrucción de las paredes de alvéolos, que son estructuras de los pulmones), tuberculosis (infección ocasionada por la bacteria Micobacteryum tuberculosis) y cáncer pulmonar.

Los expectorantes son productos que, a diferencia de los mucolíticos, no inhiben la producción de moco, sino que facilitan la expulsión de flemas, tanto en niños como en adultos, y se encuentran disponibles en jarabe, grageas, caramelos, cápsulas, tabletas o perlas. Se clasifican en dos grupos:

* De acción directa, cuando refrescan las vías respiratorias, disminuyen la irritación en garganta y facilitan la expulsión de flemas, como ocurre con bálsamos y esencias de tolú, eucalipto, gomenol y pino.
* De acción refleja; estimulan las glándulas mucosas bronquiales y aumentan la producción de líquido en el tracto respiratorio para hacer más fluidas las secreciones espesas; ejemplos de ellos son el cloruro amónico, guaifenesina, guayacolato de glicerilo, difenhidramina, bromhexina y ambroxol.

Por lo general, estos fármacos se contraindican a personas con alergia a las sustancias de la fórmula y en ocasiones pueden generar resequedad de boca y estreñimiento. No se aconsejan durante el embarazo.


Antimicóticos


El "pie de atleta" o tiña de los pies es una infección ocasionada por hongos microscópicos que puede contraerse a través del contacto directo con una persona infectada, al compartir ropa, toallas, sábanas, fundas de almohada, jabón, peines, cepillos y, particularmente, con el uso de vestidores y baños comunes como los que se encuentran en centros deportivos.

Los molestos síntomas generados por este mal (comezón, piel cuarteada, mal olor y, en ocasiones, pequeñas ampollas) pueden ser aliviados gracias a las cremas antimicóticas, las cuales deben ser empleadas de manera responsable y constante, por lo general dos veces al día durante varias semanas, luego de limpiar y secar perfectamente la zona afectada.

El uso de estos productos requiere supervisión médica, debido a que existen varias formas de esta enfermedad y en ocasiones se necesita tratamiento particular; además, el uso incorrecto de un antimicótico puede empeorar la enfermedad, ya que los hongos invasores llegan a generar resistencia.

Para mejor resultado se deben mantener los pies limpios y secos, utilizar calcetines o medias limpias todos los días, bañarse con sandalias y emplear calzado cómodo y no ajustado (nunca de plástico) para permitir así que el aire pueda ventilar los pies.


Antisépticos


Se trata de soluciones que eliminan o impiden el crecimiento de algunos tipos de bacterias que se encuentran en la piel y en las membranas mucosas; son muy útiles en el botiquín de primeros auxilios para desinfectar heridas leves, raspones y cortaduras, sobre todo ante la presencia de elementos que generan mayor riesgo, como tierra o polvo.

Los antisépticos tradicionales, como alcohol y cloruro de benzalconio en alta concentración (0.13%), se aplicarán sólo a los lados de la herida a fin de no lastimar más los tejidos, en tanto que los formulados con yodo o del mismo cloruro de benzalconio en baja dosis (0.02%) sí pueden emplearse directamente en la lesión, aunque con discreción para no interferir el trabajo de regeneración que realiza el organismo.

Estos productos, eficaces en la prevención de infecciones en la piel, no son adecuados para limpiar objetos como tijeras, guantes, agujas y navajas, ya que, aún al sumergirlos, conservan impurezas y microorganismos.


Laxantes


Estos productos facilitan el vaciado de las heces en caso de estreñimiento, y lo hacen aumentando el contenido del intestino, estimulando los movimientos de este órgano, incrementando el volumen de agua de los residuos o actuando como lubricantes.

Deben emplearse durante períodos cortos de tiempo, tomándose antes de acostarse, hasta normalizar las evacuaciones. Debe comprenderse que los laxantes son sólo una ayuda, ya que para lograr adecuadas deposiciones se debe seguir una dieta equilibrada que incluya vegetales y fibra, consumir agua (ocho vasos al día es lo ideal) y practicar ejercicio.

El uso continuo de estos medicamentos puede volver perezoso al intestino, además de que al acelerar el funcionamiento puede impedir la absorción de otros fármacos (incluso de nutrientes) si se toman juntos.

No se recomiendan para mujeres embarazadas.


Antidiarreicos


Sirven para controlar las evacuaciones frecuentes y acuosas, conocidas como diarrea, las cuales pueden estar o no acompañadas de dolor, debilidad, náuseas, vómitos, espasmos abdominales (retortijones), fiebre o pérdida de apetito.

Cabe destacar que la diarrea es sólo un síntoma que puede tener su origen en la dieta, infecciones gastrointestinales, uso de algunos medicamentos, enfermedades crónicas o estrés, por lo que el tratamiento fundamental dependerá del diagnóstico médico para determinar la causa que la origina y combatirla.

Los antidiarreicos, cuya acción consiste en volver más lentos los movimientos del intestino, eliminan molestias, dan mayor consistencia a las deposiciones y detienen la pérdida de agua y nutrientes; sin embargo, se deben evitar durante el embarazo y en casos de diarrea infecciosa grave o amebiasis. Se deben usar discretamente y bajo prescripción médica cuando existe enfermedad hepática de consideración, ya que estos productos son procesados por el hígado y pueden ser contraproducentes.


Antiácidos


Combaten la sensación de sabor agrio (agruras) y de ardor en el estómago y zona media del pecho, debido a que neutralizan la producción excesiva de ácido clorhídrico en el estómago, hecho que comúnmente se debe al consumo de alimentos irritantes y muy condimentados, así como por nerviosismo y estrés.

Las sustancias más utilizadas con este propósito son los hidróxidos de aluminio y magnesio, que pueden encontrarse en suspensión o comprimidos que se toman después de las comidas. Otros antiácidos utilizados con frecuencia son la cimetidina, ranitidina, famotidina u omeprazol, que sirven para inhibir la producción de ácido gástrico.

Como contraindicaciones podemos señalar que los preparados de aluminio y magnesio pueden interferir con otros fármacos si se ingieren al mismo tiempo; asimismo, estos productos no se recomiendan a mujeres embarazadas, por lo que se sugiere que emprendan otro tipo de medidas, como cambiar su rutina alimenticia, de modo que coman cinco veces al día en pequeñas porciones, a fin de que el estómago no se sobrecargue.


Analgésicos


Se encargan de controlar o calmar sensaciones dolorosas leves, moderadas o intensas que frecuentemente son motivo de malestar, debido a que bloquean los impulsos en las terminaciones nerviosas. Tienen la capacidad de aliviar el dolor producido por golpes, heridas, torceduras, quemaduras o enfermedades como bronquitis, gripe o resfriado, entre otros.

Existen dos tipos de analgésicos: opiáceos, que son utilizados para molestias tan intensas como las que genera el cáncer (no pueden ser automedicados) y no opiáceos o de libre acceso, como ácido acetilsalicílico, ibuprofeno, dipirona y paracetamol. Hay otras sustancias que no se consideran analgésicos, pero que calman el dolor debido a que eliminan su causa, siendo las más comunes el naproxeno (antiinflamatorio), benzocaína y lidocaína (anestésicos) y cafeína (estimulante que incrementa los efectos de un analgésico).

Los analgésicos de libre acceso poseen propiedades antiinflamatorias y ayudan a disminuir la fiebre, de modo que a la vez que bloquean un grupo de sustancias llamadas prostaglandinas, responsables en parte de la sensación de dolor, reducen la inflamación e irritación que frecuentemente rodean a una lesión, como heridas o golpes. Se encuentran disponibles en comprimidos, cápsulas, grageas, supositorios o inyecciones.

Estos medicamentos están contraindicados en personas que padecen del aparato digestivo, problemas de coagulación o insuficiencia renal. Además, se debe consultar al médico antes de dar ácido acetilsalicílico o ibuprofeno a niños, mujeres embarazadas, personas con alergia, problemas en los riñones o trastornos estomacales.


Antipiréticos

Estos productos disminuyen la fiebre o temperatura corporal mayor a 37º centígrados, debido a que activan ciertos mecanismos del hipotálamo (parte del cerebro responsable de regular la temperatura corporal); entre los más empleados se encuentran el ácido acetilsalicílico, ibuprofeno y paracetamol, que también tienen propiedades analgésicas y, en el caso de los dos primeros, antiinflamatorias.

La fiebre es una señal de alarma ante infecciones causadas por virus y bacterias que provocan la activación del sistema de defensa del organismo, induciéndolo a producir sustancias que aumentan la temperatura por arriba del nivel normal; dicho fenómeno minimiza la multiplicación de los microorganismos, por lo que se recomienda tomar antipiréticos sólo cuando la temperatura sea superior a 38º y se presenten dolor en cabeza y músculos, debilidad y cansancio intensos.

Aunque la administración de estos productos es segura, se deben seguir algunas medidas de seguridad para evitar efectos desagradables; por ejemplo, su consumo debe ser con agua y nunca con refrescos, café o bebidas alcohólicas, ya que pueden generar daños en el hígado. Asimismo, las personas con gastritis, colitis o úlceras gástrica y duodenal deben tomar sólo aquellos que sean inofensivos con la mucosa del estómago, como el paracetamol. En todo caso, se debe consultar al médico antes de suministrar productos con ácido acetilsalicílico o ibuprofeno a mujeres embarazadas y niños.


Antiinflamatorios


La inflamación es una reacción del organismo frente a golpes, heridas, sustancias químicas o infecciones generadas por microorganismos, la cual se caracteriza por la presencia de dolor, hinchazón, enrojecimiento y calentamiento en la zona afectada.

Los medicamentos utilizados para luchar contra estos síntomas son los antiinflamatorios, que se administran por vía oral o tópica (sobre la superficie de la lesión), y entre los que se encuentran el naproxeno, meloxicam, nimesulida y diclofenaco, además de analgésicos como ibuprofeno, ácido acetilsalicílico y paracetamol. Se emplean en el tratamiento de golpes ocasionados en la práctica deportiva, lesiones ocurridas en casa o el trabajo debido a accidentes y para aliviar las molestias ocasionadas por padecimientos reumáticos.

Los de tipo oral se contraindican en personas con trastornos del aparato digestivo, con problemas de coagulación o insuficiencia renal; los de que se aplican directamente en la piel se deben evitar cuando generan reacción alérgica. Hay que recordar que antes de dar ibuprofeno o ácido acetilsalicílico a mujeres embarazadas o niños, se debe consultar al médico.


Antigripales


Se trata de fármacos que contienen analgésicos, antihistamínicos, atitusivos y estimulantes en distintas combinaciones y proporciones. Su objetivo es reducir los molestos síntomas que producen los resfriados comunes y gripe.

Se toman en forma oral, sea como pastilla, cápsula o gragea, o bien, disueltos en agua fría o caliente. Se consumen varias veces al día, dependiendo de su fórmula; algunos se administran cada seis horas, otros cada ocho y aquellos conocidos como "de acción prolongada" cada 12.

Ya que son una combinación de diferentes productos, su uso debe consultarse al médico, sobre todo en caso de que los requieran mujeres embarazadas o niños. También debe considerarse que algunos de estos productos pueden causar somnolencia, por lo que llegan a interferir en el desempeño laboral o escolar.


Antibióticos


Derivados de los hongos como penicillium o producidos en el laboratorio, son capaces de interferir los procesos vitales de bacterias causantes de infecciones. Agrupan, entre otras sustancias, a las sulfamidas, penicilinas, cefalosporinas, aminoglucósidos y tetraciclinas.

Existen en cremas de aplicación local, pero se utilizan principalmente en inyectables o bien en presentaciones vía oral (pastillas, cápsulas, suspensión). Resulta importante para garantizar su eficacia el estricto cumplimiento de la prescripción médica, repitiendo las tomas con la frecuencia, duración y dosis indicadas.

Cabe decir que en ningún caso se aconseja la automedicación de estos fármacos, ya que pueden provocar reacciones alérgicas de consideración y no son efectivos en el tratamiento de infecciones generadas por virus; tomar antibióticos sin control puede fortalecer grupos o cepas de bacterias, hacerlas inmunes y, por tanto, difíciles de controlar. Finalmente, las tetraciclinas no deben emplearse en niños menores de ocho años ni en mujeres embarazadas.


Ansiolíticos e hipnóticos


Gran número de individuos tienen problemas para conciliar el sueño, y una parte de ellos recurre como solución a los sedantes. El grupo de medicamentos utilizado en estos casos son los ansiolíticos e hipnóticos, siendo más comunes las benzodiazepinas, que tienen la propiedad de reducir la tensión emocional, ansiedad y nerviosismo.

La administración de estos productos requiere siempre de control médico, ya que se deben utilizar en un período corto y en la dosis mínima eficaz para no provocar efectos a corto plazo, como somnolencia; además, no se debe combinar su empleo con bebidas alcohólicas ni con medicamentos que actúen sobre el sistema nervioso.

A fin de evitar accidentes, no se sugiere el uso de este tipo de medicamentos a los conductores u operadores de maquinaria; tampoco se aconseja recetar ansiolíticos e hipnóticos a mujeres embarazadas o pacientes con enfermedades respiratorias crónicas, ya que pueden sufrir paro respiratorio, o personas con apnea (ronquidos), ya que la relajación excesiva de los tejidos de la garganta puede empeorar su problema e impedir la respiración al dormir.


fuente: http://www.saludymedicinas.com.mx/Nota.asp?ID=1344&IDC=7
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