hepatitis ! (importante) aprende y cuida tu salud

La tercera parte de la población mundial está infectada con algún virus de la hepatitis. Frenar el avance de esta enfermedad contagiosa está en nuestras manos. Para prevenirlo, hay aspectos que debes conocer.



En el hígado se llevan a cabo numerosas funciones de suma importancia para el correcto funcionamiento del organismo. Toda la sangre proveniente del estómago y el intestino pasa por el hígado. Allí, los nutrientes y las drogas (toxinas, medicamentos, etcétera) son transformados en compuestos más fáciles de asimilar o excretar por el organismo. En este órgano también tiene lugar la síntesis de la bilis, una sustancia que se almacena en la vesícula biliar, y que se libera al duodeno tras la ingesta de alimentos, para facilitar la digestión de las grasas. Estas y otras funciones del hígado pueden verse alteradas por la aparición de un proceso inflamatorio que recibe el nombre de hepatitis.

La hepatitis es, por lo tanto, una inflamación del hígado que puede ser debida a diversas causas, aunque generalmente es un virus el responsable de la afección. Entre las consecuencias del mal funcionamiento del hígado destacan:

Disminución de la producción de bilis. La bilis es una sustancia indispensable para la absorción de las grasas en el intestino, por lo que si se reduce la cantidad de bilis que llega al intestino esto puede dificultar la absorción adecuada de las grasas.
Déficit en la producción de proteínas, lo que puede tener como consecuencia la retención de líquidos.
Hipoglucemia, debida a alteraciones en el almacenamiento del glucógeno, que es otra de las funciones que realiza el hígado. El glucógeno se transforma en glucosa cuando el organismo lo necesita, pero si las reservas no son suficientes se puede producir una disminución del nivel de azúcar en la sangre del paciente, lo que se conoce como hipoglucemia.
Deficiencias en el metabolismo de sustancias como medicamentos, alcohol y toxinas, lo que dificulta la eliminación de estas sustancias que tienen efectos nocivos sobre diferentes órganos.
Disminución de la capacidad de defensa del organismo frente a bacterias y virus, debido al mal funcionamiento de ciertas células hepáticas, que actúan destruyendo precisamente estos gérmenes y que, al no realizar su cometido correctamente, facilitan que las bacterias y virus procedentes de la zona abdominal se extiendan por el torrente sanguíneo
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Causas y tipos de hepatitis
La hepatitis es una enfermedad de la que se conocen numerosas causas:

Infecciones por virus, bacterias o parásitos.
Trastornos de tipo autoinmune.
Lesiones debidas a la interrupción de la irrigación sanguínea normal del hígado.
Traumatismos.
Presencia en el organismo de determinadas drogas, toxinas, medicamentos, etc.
Presencia de trastornos de tipo hereditario como fibrosis quística o enfermedad de Wilson.
En el caso de las hepatitis producidas por virus podemos distinguir entre virus específicos para la hepatitis (virus de la hepatitis A, B, C y D principalmente, aunque se conocen otros) o virus no específicos para la hepatitis, que son aquellos que suelen manifestarse con otras patologías pero que, en ocasiones, terminan provocando este trastorno; entre estos últimos cabe destacar el virus Epstein Barr (causante de la mononucleosis infecciosa o enfermedad del beso) y el citomegalovirus.

Tipos de Hepatitis



Exinten varios tipos de Hepatitis:

Hepatitis A
También denominada hepatitis infecciosa; esta variante es producida por el virus de la hepatitis A (VHA). Su transmisión se produce al consumir agua o alimentos contaminados por materias fecales que contienen el virus, y también por contagio de persona a persona, sobre todo si las condiciones higiénicas son deficientes.

Se trata de un tipo generalmente leve de hepatitis especialmente cuando ocurre en niños; de hecho, en numerosas ocasiones no se perciben síntomas importantes, por lo que la enfermedad no llega a ser diagnosticada. Cuando presenta síntomas, estos consisten en cansancio, ictericia (la piel tiene un color amarillento), inapetencia, náuseas y vómitos, y orina de color oscuro. Los síntomas suelen ser más graves en adultos que en niños. La afección no se cronifica y no daña al hígado de forma permanente, aunque en raras ocasiones puede surgir una complicación denominada hepatitis fulminante, que puede ser mortal.

Hepatitis B
Hepatitis B o hepatitis sérica; es producida por el virus de la hepatitis B (VHB). El contagio se produce a través de fluidos corporales infectados, como la sangre, el semen, las secreciones vaginales, la saliva, las lágrimas y la orina. La transmisión suele producirse:

Al compartir jeringuillas contaminadas con la sangre de una persona infectada durante el consumo de algún tipo de droga.
Por contacto con material infectado como agujas de acupuntura, tatuajes, piercings, etc.
Al compartir utensilios de higiene personal como maquinillas de afeitar o cepillos de dientes.
Al mantener relaciones sexuales con una persona infectada por el virus.
Al recibir una transfusión de sangre contaminada. Esta es una vía poco frecuente en la actualidad, ya que los controles y las medidas para evitar este tipo de accidentes se han incrementado mucho en los últimos años.
La madre puede contagiar al bebé durante el parto o la lactancia.
La hepatitis B tiende a cronificarse con facilidad, aunque algunos pacientes se curan por completo y se vuelven inmunes al virus, por lo que no vuelven a contagiarse. La enfermedad hepática de tipo B se considera aguda si la infección se mantiene durante un periodo inferior a 6 meses. Si después de ese periodo el virus permanece en el cuerpo del individuo, pasa a considerarse como un curso crónico, lo cual no implica necesariamente la presencia de síntomas (los portadores asintomáticos son una fuente importante de contagio, puesto que al no ser conscientes de que presentan la enfermedad, no toman medidas para evitar su transmisión). Se pueden diferenciar dos tipos de evolución en el curso crónico de la enfermedad: crónica estable y crónica persistente o activa, esta última tiene peor pronóstico y normalmente desemboca en cirrosis.

Hepatitis C
Causada por el virus de la hepatitis C, se transmite por contacto directo con la sangre de una persona infectada. Sus principales formas de transmisión suelen ser:

Agujas o jeringuillas infectadas.
Transfusiones sanguíneas.
Hemodiálisis.
Mediante material infectado: sanitario, material para tatuajes, piercings, etc.
Durante el parto; transmisión madre-hijo.
Al igual que la hepatitis B, la forma C de esta enfermedad tiene un curso agudo y un curso crónico, siendo este último el que suele desarrollarse con mayor frecuencia (85% de los casos). En la mayoría de los casos el paciente permanece asintomático, aunque la enfermedad puede progresar lentamente, por lo que existe riesgo de aparición de cirrosis y cáncer hepático.

Hepatitis D
Es la forma de hepatitis vírica más grave. El virus de la hepatitis D (VHD), también llamado hepatitis delta, se transmite por las mismas vías que el virus de la hepatitis B. Es un virus muy especial, pues necesita la existencia de una infección por el virus de la hepatitis B para poder sobrevivir en el ser humano. Por ello, cuando alguien está infectado por el VHD también está infectado con toda seguridad por el VHB. Esto se debe a que se envuelta externa del VHD está formada por parte del VHB. Se estima que el 5% de los pacientes con hepatitis B están coinfectados por el virus de la hepatitis D.

Cuando se produce la infección simultánea por VHB y VHD el paciente sufre síntomas agudos (ictericia, fiebre, malestar general, etcétera) que pueden llegar a ser muy graves. Si supera la fase aguda lo más probable es que consiga controlar ambas infecciones y, por lo tanto, cure las dos enfermedades. En caso de que el VHD infecte a una persona que ya tiene la infección por el VHB la evolución es diferente. No suele existir un cuadro con síntomas agudos graves pero la infección por el VHD tiende a cronificarse con mucha frecuencia. La coinfección por VHB y VHD adquirida de esta manera desemboca muchas veces en una cirrosis hepática en unos pocos años, y se asocia a un riesgo alto de aparición de un cáncer hepático.

Hepatitis autoinmune
La hepatitis autoinmune es un tipo de hepatitis crónica y progresiva de origen desconocido. Se da sobre todo en mujeres y se caracteriza, entre otras cosas, por la presencia en el hígado de anticuerpos del paciente, que no reconocen como propias a las células hepáticas y, al confundirlas con elementos extraños y perjudiciales para el organismo, actúan destruyéndolas.

Hepatitis de origen tóxico
La hepatitis de origen tóxico puede ser causada por la presencia en el hígado de diversas sustancias como medicamentos, toxinas, etcétera. El daño podría producirse por la alteración de una de las enzimas presentes normalmente en el hígado, denominada citocromo P-450. Dicha alteración puede dar lugar a un aumento de productos tóxicos, o impedir que se formen los elementos necesarios para la degradación de los mismos. También puede ocurrir que determinadas sustancias sean reconocidas por el sistema inmune como un agente extraño del que hay que defenderse, de modo que sus células acudirán al hígado y desencadenarán la respuesta inflamatoria.


Síntomas de la hepatitis



La hepatitis puede manifestarse de forma aguda o crónica. La forma aguda supone que la patología comenzará y desaparecerá rápidamente; si, por el contrario, se cronifica, la enfermedad perdurará en el tiempo, pudiendo desembocar en una insuficiencia hepática e, incluso, en la aparición de cáncer.

La gravedad dependerá de diversos factores, entre ellos el agente desencadenante de la patología (causa), o la presencia de otras enfermedades previas en el paciente.

Los síntomas que pueden percibirse en los primeros momentos de la enfermedad (primeros 5-7 días tras la infección) son fácilmente confundibles con los de una gripe o cualquier otra enfermedad común; se observa:

Malestar general, cansancio y falta de concentración.
Febrícula (décimas) o fiebre de hasta 39ºC.
Dolor muscular y articular.
Dolor de cabeza.
Fotofobia (fobia a la luz).
Síntomas digestivos, falta de apetito, náuseas, vómitos y diarreas.
Tras esa primera semana en la que se aprecian síntomas poco específicos, comenzarán a aparecer otros que empiezan a ofrecer pistas sobre el origen de la patología:

Ictericia, apariencia amarillenta de la piel y las mucosas, fácilmente apreciable en la esclerótica del ojo. La ictericia ocurre por un aumento de bilirrubina en la sangre. En un hígado inflamado se producirá una alteración en las funciones enzimáticas, entre las cuales está la de disolver la bilirrubina para permitir su excreción como parte de los jugos biliares.
Orina de color oscura y heces decoloradas o teñidas, como consecuencia de un trastorno en la circulación hepática.
Mal aliento, sabor amargo en la boca.
Picor.
En ocasiones se produce dolor abdominal, en el lado derecho o en el izquierdo, dependiendo de si este dolor proviene del hígado o del bazo.
Cirrosis, fibrosis del tejido hepático (depósito de fibras de colágeno), que tiene como consecuencia una alteración en la morfología del órgano y en la irrigación sanguínea del mismo.
La inflamación puede desaparecer por sí sola, pero si, por el contrario, perdura y se cronifica, puede originar un fallo hepático:

Agudo o fulminante: caracterizado por la disminución de la producción de determinadas proteínas (como la albúmina y algunas proteínas implicadas en la coagulación), y por el desarrollo de encefalopatía hepática, que implica cambios en los patrones de sueño, confusión, alteraciones en la motilidad, e incluso coma.
Crónico: suele darse previa aparición de un cuadro cirrótico.
En algunos casos puede ocurrir que el paciente se encuentre totalmente asintomático, o que presente síntomas muy leves que no hagan sospechar de un problema hepático; esto ocurre en numerosas ocasiones en personas infectadas con el VHA.




Prevención de la hepatitis



Estas son algunas cuestiones a tener en cuenta si quieres prevenir un contagio de hepatitis:

Mantener hábitos de higiene adecuados, evitar condiciones de hacinamiento e insalubridad.
Fomentar la potabilización del agua de consumo, y evitar beber agua en zonas donde las condiciones sanitarias sean deficientes y no exista un control adecuado.
Evitar compartir agujas, jeringuillas, etc.; los toxicómanos pueden acudir a los centros sociales para recibir material esterilizado.
No someterse a intervenciones estéticas (piercings, tatuajes, cirugías menores, etc.) en centros que no estén homologados.
Mantener relaciones sexuales con protección.
Vacunación de la hepatitis

Actualmente existe y se aplica vacuna contra las hepatitis A y B; no existe aún vacuna contra la hepatitis C. La pauta de vacunación en adultos implica una dosis inicial y una dosis recordatorio a los 6-12 meses en el caso de la hepatitis A. La vacunación habitual de la hepatitis B incluye una dosis inicial, otra al mes, y otra a los seis meses. Existe una vacuna combinada frente al virus de la hepatitis A y la B, que se administra en tres dosis en el mes 0, 1 y 6. La pauta de vacunación en niños puede variar según el tipo de vacuna y la edad del paciente.

Se recomienda vacunarse contra la hepatitis A a todas aquellas personas que puedan tener contacto con individuos portadores del virus, enfermos de hemofilia, personal de guarderías, personal médico y paramédico, trabajadores en contacto con aguas residuales no depuradas, usuarios de drogas por vía parenteral, y personas con múltiples compañeros sexuales, así como a las personas que vayan a viajar a países en vías de desarrollo.

La vacuna contra la hepatitis B se aplica a los bebés recién nacidos, individuos sometidos a diálisis, enfermos renales, con hepatitis crónica, o portadores del virus del SIDA, personas que hayan estado en contacto con individuos portadores, usuarios de drogas por vía parenteral, y personas con múltiples parejas sexuales
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