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Infieles



Infieles



Los engaños, amorosos y sexuales, están a la orden del día. Cada día, alguien, en algún lugar, descubre que le han estado engañando y que lo que creía que era una relación segura, estable y llena de buena voluntad —fundamentada en el amor y la confianza—, en realidad es poco más que una indeseable e inoportuna mentira.

Una relación interpersonal o de pareja se cimienta en la confianza. Lógicamente se trata de un proceso en el que cada miembro se ve alentado por la buena voluntad de la otra persona y, de forma gradual, va depositando su fe en ella. Es así, que con el tiempo es posible que haya relajado todas sus barreras y haya conseguido entregar su confianza incuestionable hacia su pareja. Por lo general, llega a un punto en que afianza la creencia de que su pareja le es completamente leal. Siente la convicción de que la confianza y la buena voluntad son mutuas. Cree no sólo que los intereses de ambos son compatibles, sino que su pareja los tomará en consideración y los hará efectivos.

Sin embargo, hemos tenido la ocasión de comprobar que el proceso por medio del cual una persona le entrega su confianza a la otra no siempre es recíproco. No todos contamos con la misma capacidad de empatía y en ocasiones una relación entre dos personas ofrece la excusa perfecta para el engaño. Uno de los dos miembros considera que se merece más de lo que quizás el otro está dispuesto a dar, aceptar o consentir. Entonces, unilateralmente, decide emplear la manipulación —más o menos sutil— o la mentira —a veces medias verdades— para salir beneficiada. Esto resulta triste sobre todo si tomamos en cuenta que el establecimiento de la relación ha sido totalmente voluntario. También debido a que la pareja confiada resulta una presa fácil para el engaño.

En consulta hemos sido testigos de un sinfín de engaños y desengaños amorosos y sexuales. En ocasiones han sido sencillamente situaciones de infidelidad —por una u otra parte— que se han intentado mantener ocultas. Eso sí, aunque parezca increíble, la persona infiel suele manifestar con desfachatez que consideraría inaceptable que su pareja le pusiera los cuernos. Aquello de "no hagas a otros lo que no te gustaría que te hicieran a ti" parece no ir con ellos.

A veces los engaños son complejas tramas, urdidas y preparadas durante un tiempo. Estos casos suelen producir mayor dolor y sufrimiento en la persona traicionada. Recordamos el caso de un hombre que llevaba casado unos 15 años y tenía tres hijas. Se trataba de un empresario con un importante patrimonio, administrado por su mujer durante casi todo el tiempo que duró la relación. El hombre era bastante ingenuo y dedicaba una buena parte de su tiempo al trabajo y a sus empresas. Un buen día llegó a casa y su mujer le comunicó que deseaba divorciarse. Poco tiempo le llevó darse cuenta de que ella, como administradora de todos sus bienes, había estado desviando una parte importante de sus beneficios a su cuenta bancaria. El hombre terminó destrozado y le llevó mucho tiempo recuperarse del desengaño.

La primera reacción de la persona tras descubrir el engaño suele ser de incredulidad. Y es que probablemente tenía los ojos cerrados y no se atrevía a creer que eso le pudiera suceder a ella. A todos nos puede pasar. No es que todos seamos ingenuos, pero hay gente que hace de la mentira un gran arte y del engaño casi una profesión. Pero si descubrimos el engaño y lo ventilamos, seguramente habrá un antes y un después en la relación.

Es verdad que, cuando hemos profundizado en el tema con nuestros pacientes, ellos han admitido que sí, que había alguna razón, aunque fuera muy pequeña, por la que podían haber sospechado que les estaban engañando. A veces nuestros propios deseos e ilusiones de encontrar el amor y la felicidad nos cierran los ojos y facilitan los engaños.


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