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La antigua ley de la atraccion






LA ANTIGUA LEY DE LA ATRACCION



Últimamente se ha hecho muy popular la llamada “ley de la atracción”. No sé si has leído o escuchado frases tan impactantes como que, cuando deseamos algo intensamente, “el universo conspira en nuestro favor”.


En realidad, la “ley de la atracción” no ha descubierto nada que no se supiera hace cientos de años. Lo único que ha hecho ha sido cambiarle el nombre a lo que ha venido conociéndose como “efecto Pigmalión”.


Pigmalión era un escultor griego que se enamoró de Galatea, su mujer ideal representada en la escultura que él mismo hizo, y que con el tiempo cobró vida.


Otras conocidas historias del “efecto Pigmalión”:


“Pinocho”. El cuento que habla de un carpintero que desea tener un hijo real. Construye uno de madera y éste cobra vida. Muy parecido a la historia mitológica original.


“My fair lady”. Basada en la obra de teatro “Pigmalion” de Bernard Shaw. Una simple florista es transformada en una dama de la alta sociedad y, quien dirige el proceso, termina enamorado de ella.


El “efecto Pigmalión” ha sido ampliamente estudiado en el campo laboral, en el educativo, en el social y, por supuesto, en el personal. En psicología también se refieren a él como “profecía autocumplida”.


En resumidas cuentas, aprovechar el “efecto Pigmalión” en nuestro favor consiste en comportarnos con una convicción positiva, sobre un hecho o un suceso.


Nuestro pensamiento y nuestra actitud se alinean con la realidad positiva que pensamos. De este modo, hay mayores probabilidades de hacer que lo que pensamos se cumpla, si es que no lo ha hecho ya.


Ejemplos simples:


Una persona quiere ser muy atractiva. = Se convence a sí misma de que lo es. = Actúa como tal, potenciando sus encantos al máximo. = Los demás la ven más atractiva. = Profecía cumplida.


Una persona desea tener éxito en un proyecto. = Piensa y actúa como si ya lo hubiera tenido. = Vuelca toda su ilusión y esfuerzo en él. = El proyecto tiene éxito. = Profecía cumplida.


Siempre hay mayores probabilidades de que algo salga bien o a nuestro gusto cuando somos los primeros en estar convencidos de ello. Es algo lógico.


La motivación hace que nos esforcemos en cambiar la realidad a nuestro favor y, gracias a la ilusión que sentimos, el esfuerzo que realizamos bien vale la pena.


Esto hay que subrayarlo: Las cosas no se logran simplemente por desearlas mucho. Hay que actuar.


Independientemente de que se tome conciencia o no del proceso, el “efecto Pigmalión” es algo que vivimos continuamente. Muchas veces, las consecuencias tienen que ver con la actitud que asumimos al inicio.



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