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La importancia del sodio

El sodio es un mineral fundamental para el cuerpo humano. Se encuentra sobre todo en la fase líquida del organismo, especialmente en el medio extracelular. Por ello influye mucho en los movimientos de fluidos entre los tejidos y a nivel vascular (de ahí su importancia en el control de la presión arterial).





El sodio lo incorporamos por la dieta, absorbiéndolo y pasando a la fase líquida del organismo. La concentración de sodio en sangre es equiparable a la del medio extracelular. Esa concentración dependerá de la cantidad de sodio total pero también de la cantidad de agua que constituye esa fase líquida, distribuida por los tejidos y el sistema vascular.

El riñón juega un papel fundamental en el manejo del sodio. Ese sodio se filtra libremente dependiendo, en gran parte, de la presión de filtración renal (no es lo mismo que la presión arterial). Esa presión de filtración viene regulada por la cantidad de unidades funcionales que están filtrando pero también por sistemas hormonales que además de esa presión, regulan la cantidad de sodio que se recupera tras ese primer filtrado. Esos sistemas hormonales forman parte de los sistemas homeostáticos que controlan la presión arterial.

Un aumento del sodio en sangre se debe muchas veces a un déficit de agua, más que a un aumento del sodio corporal. Ese déficit de agua se puede producir por pérdidas inapropiadas o no compensadas, como sucede en situaciones de enfermedades digestivas u otras causas de deshidratación.

El descenso del sodio en sangre puede deberse a un déficit de sodio o a un aumento desproporcionado del agua. Es decir, puede haber un descenso de la concentración de sodio por pérdidas de sodio o bien por que éste se encuentre diluido (o mejor dicho, por un aumento o no del sodio corporal total pero, en todo caso, asociado a un incremento del agua de forma más importante).

Se puede producir un déficit de sodio por consumo insuficiente (sucedería en el caso de dietas hiposódicas muy estrictas) o por pérdidas de origen digestivo (procesos que cursan con malabsorción) o renal (por fármacos como los diuréticos y ciertos hipotensores que reducen la reabsorción del sodio filtrado en el riñón, o un fallo en los mecanismos de regulación hormonal de ese proceso), mientras que el descenso de sodio por un efecto dilucional se asocia especialmente a enfermedades o procesos que cursan con una retención hidrosalina.

Esos procesos de retención hidrosalina, se asocian a la presencia de edemas y signos de congestión en diferentes órganos (sobre todo pulmón y corazón) como ocurre en situaciones de fallo cardíaco o renal. Ese descenso del sodio puede tener consecuencias en la estabilidad del sistema nervioso, pues en cierta forma y sobre todo a través del control del movimiento de los fluidos y su capacidad como neuroestabilizador.

Por todo ello, el sodio juega un papel fundamental en la homeostasis del organismo, especialmente en el manejo de los fluidos y de la presión arterial. No es recomendable la dieta con exceso de sodio (abusando de los suplementos o de su uso en las técnicas de preparación de los alimentos) pues la mayor parte de los alimentos lo aportan en cantidad suficiente y además por sus efectos en la presión arterial y el riesgo de sufrir un cuadro de congestión cardíaca, hepática o renal. Pero también se debe vigilar la aparición de un descenso del sodio plasmático sobre todo por sus efectos sobre el sistema nervioso central, especialmente en ancianos.
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