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La razón científica que explica tu adicción a Facebook



Cada día, más de 860 millones de personas consultan su Facebook. La red social se ha convertido en una extensión de nuestras vidas, algo que damos por supuesto de manera inconsciente. Como parpadear, entrar en Facebook ya es un acto reflejo. Pero, ¿a qué se debe su capacidad para generar este hábito?, ¿cual es el secreto del poder su poder adictivo?

Para el autor y profesor de Stanford Nir Eyal, la respuesta está en nuestro aburrimiento. “El objetivo de Facebook es que lo asocies con los momentos de aburrimiento, con cada vez que tienes unos minutos libres. Sabemos que, desde el punto de vista psicológico, el aburrimiento es doloroso. Siempre que te aburres, siempre que tienes unos minutos extra, consultar Facebook es un bálsamo contra este dolor”, dice Eyal a Business Insider. Es un argumento difícilmente rebatible. De hecho, probablemente estás leyendo este artículo porque te aburrías en el metro o porque te has tomado unos momentos libres en trabajo.

A este reclamo interno hay que sumarle otro reclamo externo: las notificaciones. Tal y como explica Eyal en su último libro, Hooked: How to Build Habit-Forming Products, cada vez que alguien habla de nosotros o nos etiqueta en una fotografía, el icono que aparece en nuestras pantallas de móvil es una suerte de cartel luminoso que nos recuerda que debemos consultar Facebook.

Llega un momento, sin embargo, en el que estas notificaciones ni siquiera son necesarias: el hábito ya está formado. “Puedo aliviar mi aburrimiento, puedo rascarme ese picor simplemente recorriendo mi feed de noticias”, dice Eyal. Esto explicaría las horas que perdemos comparando cuantos likes consiguen nuestros posts y los de nuestros amigos o leyendo infinitos hilos de comentarios que, en realidad, no nos interesan lo más mínimo.

Lo mejor del caso, desde el punto de vista de Facebook, es que ni siquiera es la red social la que debe preocuparse de atraer a sus usuarios, sino que son los propios nosotros usuarios los que generan los reclamos. “Has posteado una foto y a alguien le ha gustado, ven a verlo. Enviándote esa notificación que tu mismo has provocado consiguen que piques en el anzuelo una vez más, siguiendo en el mismo ciclo. Una y otra vez”, dice.

Esto explicaría la avidez de Facebook a la hora de mandar el máximo de notificaciones posibles. ¿O acaso alguna vez no has lamentado haber puesto un comentario en un hilo que acaba convirtiéndose en una discusión infinita? La conclusión, pues, es que para librarnos de la dependencia de Facebook primero deberemos liberarnos de nosotros mismos. De nuestros ego, de nuestra curiosidad y de nuestra irrefrenable tendencia a la procrastinación. Suena difícil, ¿no? Por algo Facebook está valorada en 200 mil millones de euros.

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