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Las 10 enfermedades contagiosas más mortíferas

El resurgir del ébola, uno de los virus más mortíferos que se conocen, ha hecho saltar las alarmas de los organismos sanitarios ante el avance imparable de esta enfermedad que se ha cobrado la vida de más de 600 personas en lo que va de año. 

En esta galería podemos encontrar nombres, características y síntomas de diez dolencias gravísimas. Todas ellas son potencialmente mortales en un porcentaje importante de los casos. Y todas ellas están activas, o tendrían posibilidad de estarlo porque se conservan cepas. De algunas tenemos los datos concretos de las víctimas. De otras, que acompañan a la humanidad desde el principio de los tiempos, sólo podemos imaginarlas.


10. Gripe aviar (H7N9)




La última variante de esta enfermedad, mucho más mortífera que la gripe normal, se originó el año pasado en China, de donde parece que surgieron también las versiones anteriores. Se contagia habitualmente en contacto con aves vivas, por lo general pollos y gallinas; también puede recibirse el virus si se permanece en un ambiente húmedo donde antes hubiera habido aves de corral. Afortunadamente, no se transmite por vía aérea. En 2014 ya se han registrado unas cuantas muertes en Hong Kong; el año pasado China informó de 136 infectados en nueve meses, de los que 45 fallecieron.

9. Ébola



Es una enfermedad extremadamente mortal: acaba con entre el 70% y el 90% de los infectados, en función de la cepa. Causa fiebre, dolores de cabeza y musculares, vómitos, diarreas, hemorragias internas y externas, y finalmente fallos multiorgánicos. El virus fue descubierto en 1976, pero el brote más mortífero se ha producido este año afectando a más de 1.200 personas desde que a principios de 2014 se detectaran los primeros casos en Guinea. Desde entonces, el ébola se ha extendido por varios países de África y ya se ha detectado un caso en Estados Unidos. Además un sacerdote español se ha contagiado en Liberia y ha sido trasladado a España para poder ser tratado.


8. Rabia




Es una enfermedad generalmente transmitida por animales, como perros, murciélagos, zorros, mapaches o mofetas, aunque en la práctica cualquier mamífero puede contagiarla. Es fácilmente prevenible mediante vacunas, ya sea en la infancia o inmediatamente después del contagio. Sin embargo, si no se ataja a tiempo, la tasa de mortalidad es muy cercana al 100%. El virus ataca el sistema nervioso central, lo que puede ocasionar episodios de violencia e ira en las víctimas. También provoca intensos dolores y suele acabar induciendo un coma, en el que el enfermo es incapaz de respirar y muere ahogado.



7. Sarampión



Es una enfermedad típica de la niñez que la gente no suele considerar grave, pero que en realidad sí lo es, hasta el punto de que más de 120.000 niños mueren anualmente por su culpa. Se trata de un virus extremadamente contagioso que causa fiebres elevadas, ojos acuosos y enrojecidos, abundante segregación de mocos y tos, síntomas que preceden a las famosas manchas rojizas en la piel. En casos graves, también provoca neumonías, deshidrataciones por diarrea o encefalitis, lo que conduce a la muerte. Las campañas de vacunación masivas comenzaron en 1980; anteriormente se estima que fallecían 2,6 millones de personas al año por esta causa.




6. Fiebre amarilla





Se trata del primer virus humano que se descubrió, que causa una enfermedad con mucha incidencia en las zonas tropicales de África y Sudamérica. Actualmente su virulencia se ha reducido (se estima que el 85% de los contagiados se salva), pero durante los siglos XVIII y XIX y estaba considerada la plaga más mortífera que sufría la humanidad. Uno de los culpables de su contagio es la hembra del mosquito Aedes aegypti, que también puede transmitir el dengue. Sus síntomas, en principio, no son muy diferentes a los de otras enfermedades: temblores, fiebre, náuseas, dolores musculares, de espalda y de cabeza, y pérdida de apetito. En los casos en que la enfermedad es letal, el daño parece desaparecer, pero la fiebre acaba volviendo, acompañada de graves fallos renales y de una coloración amarillenta en los ojos y la piel. Hasta ahora no se conoce cura, más allá de tratar los síntomas por separado.




5. Virus H5N1 modificado





En realidad es otra cepa de gripe aviar detectada en 1997 en Hong Kong. En su entorno habitual (aves) no parecía especialmente peligrosa en comparación con otras variedades del virus. Pero a unos científicos holandeses se les ocurrió quedarse con unas muestras del microorganismo para investigar posibles curas. Lo modificaron genéticamente para que fueran transmisibles por aire en lugar de exclusivamente a través de los pájaros, y las consecuencias fueron rotundas: al exponerlo a un grupo de control formado por hurones (animales con un sistema inmunitario muy parecido al nuestro), todos, sin excepción, enfermaron y murieron al poco tiempo. Por fortuna, ese virus está confinado en el laboratorio, pero aterroriza pensar qué pasaría si lograra salir de allí, ya que los humanos no tenemos ninguna defensa contra él.



4. Viruela





La enfermedad que causa este virus se conoce desde, por lo menos, el año 10.000 a.C. A lo largo de la historia se desarrollaron numerosos intentos artesanales de curación, que tenían cierta eficacia, pero aun así la mortalidad no bajaba del 50%, y a los supervivientes se les quedaba la piel marcada con espantosas cicatrices. Por fortuna, en el siglo XVIII el doctor inglés Edward Jenner descubrió que los granjeros que trabajaban con vacas contraían una variante más leve de la enfermedad y luego quedaban inmunizados a la viruela humana; al inocular los virus bovinos en humanos inventó las modernas vacunas. Gracias a ello, hoy la enfermedad se considera extinguida, aunque algunos países, como Rusia o Estados Unidos, conservan cepas inactivas del virus.



3. Peste




Existen numerosos tipos de esta enfermedad (negra, bubónica, etcétera), pero todas están producidas por el mismo patógeno: la bacteria Yersinia pestis. Se cree que surgió en Asia central y que se fue expandiendo por el mundo a través de vías comerciales como la Ruta de la Seda. En conjunto, es la dolencia más mortal de la historia: se estima que ha llegado a matar a 200 millones de personas. Uno de sus brotes, en el siglo XIV, acabó con el 60% de la población de la época de toda Europa. Hoy todavía existe, aunque es muy rara: hay casos esporádicos en países como el Congo, China, Madagascar, o en el estado norteamericano de Nuevo México.


2. VIH (Sida)




El Virus de Inmunodeficiencia Humana es la causa, y suele contagiarse por contactos sexuales sin protección, por compartir jeringuillas o, en general, por situaciones donde fluidos corporales están en contacto (desde alimentar a bebés con leche materna hasta, por ejemplo, accidentes en el que dos personas sufran cortes y las sangres se mezclen). El Síndrome de InmunoDeficiencia Adquirida es la consecuencia: una dolencia que por sí sola no mata, pero debilita el sistema inmunitario y permite a cualquier otra enfermedad atacar con mucha más virulencia de la habitual. Afortunadamente, existen casos en que los portadores del virus no llegan a desarrollar el síndrome, pudiendo mantener una vida normal. Además, investigaciones recientes con fármacos han conseguido aumentar la esperanza de vida de los pacientes, y en un par de casos se ha conseguido eliminar por completo el microorganismo.


1. Gripe española de 1918 (réplica)




La gripe española fue una gran epidemia de gravedad nunca vista hasta entonces, llamada así no porque surgiera en nuestro país (de hecho, los investigadores establecen sus orígenes en el estado norteamericano de Kansas), sino porque, en plena Primera Guerra Mundial, la prensa española, neutral en el conflicto, era la única con libertad para informar al respecto. Se estima que a consecuencia de esta enfermedad murió entre un 3% y un 6% del total de la población mundial, lo que puede suponer, para algunos historiadores, hasta 100 millones de víctimas en sólo dos años. En 2001 un equipo de investigadores encontró, en plena Alaska, el cuerpo congelado de una nativa que se había contagiado en 1918, y consiguió recomponer y activar el virus. La idea, muy loable, es investigar para desarrollar mejores vacunas de cara a epidemias actuales, como la del H5N1. Pero siempre existe el riesgo de que la cepa caiga en malas manos...


Ahora les dejare una imagen graciosa para romper el Hielo





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