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Me pude despedir de alguien que iba a morir

Hace mucho tiempo, cuando tenía unos 5 años, vi a una señora despedirse de este mundo estando en su cama, ha sido un recuerdo que me ha acompañado siempre, a pesar de que mi mente decidió reprimir ciertos detalles del momento, poco a poco fui redescubriéndolo y juntando esas piezas para poder ver de nuevo el cuadro completo y contarte a ti estimado lector, mi experiencia.

Cuando tenía 5 años, el hogar donde sigo viviendo hoy día, estaba alquilado, mi familia y yo éramos uno de los inquilinos de una casa muy grande, habían 5 familias coexistiendo en diferentes partes de ella y eso sin contar a aquellos residentes que alquilaban un cuarto y se quedaban por poco tiempo. Pero esto ya es cosa del pasado, debido a que mi mama años atrás decidió comprarle la casa a la dueña y desalojar a todos los inquilinos.

En una de las habitaciones de la casa, vivía una señora de avanzada edad, su nombre era Silvia, tenía unos 70 años y si no contamos la compañía de su perro, que era algo así como un Pastor Ovejero, estaba sola, perro al cual le tenía mucho miedo, cada momento que lo sacaba a pasear de su habitación yo salía corriendo y me metía a mi cuarto para cerrar la puerta, volviendo al tema, recuerdo a Silvia como una mujer solitaria y cerrada, solo hablaba con mi abuela, no recibía visitas y sus hijos que ya eran adultos se habían independizado y algunos vivían en otros países.

Sus días eran una rutina marcada, en las mañanas salía de su cuarto a su cocina, luego volvía a él para vestirse y sacar a pasear a su perro, llegaba con él un par de horas después, cocinaba su almuerzo y de nuevo se metía a su cuarto solo para salir de nuevo a cocinar su cena, alguna que otra vez salía y hablaba con mi abuela, pero como dije antes no era muy sociable, no hablaba mucho y mi relación con ella era la más débil con respecto a la de mis otros vecinos.

Pero una noche cualquiera, mi abuela se acerca a mi cuarto, me llama desde la puerta y me pide que la acompañe al cuarto de la señora Silvia, ya la situación era muy extraña para mí y en mi inocencia sabía que algo malo estaba pasando, al entrar a su cuarto, el ambiente estaba muy pesado, la señora Silvia estaba acostada en su cama a punto de irse a dormir y su perro estaba allí junto a ella acostado, al verlo se le notaba mucha tristeza en su mirada, pensé que me atacaría y me quede inmóvil pero el no hizo nada, estaba decaído e incluso creo que no se dio cuenta que yo estaba allí.

Al ver a la señora Silvia le sonrió y ella me responde con una sonrisa un poco débil de su parte, no estaba entendiendo nada y a pesar de ser un niño de 5 años el ambiente me estaba incomodando y asustando un poco, volteo a mirar a mi abuela y preguntarle ¿Qué hacemos aquí abuela?. Ella me mira y me responde, - La señora Silvia está mal y quiere despedirse de ti, acércate y despídete de ella-.

Así que eso hice, un poco temeroso me acerque a Silvia y me pare al lado de su cama, ella estaba con su pijama, arropada y acostada boca arriba, pero se notaba que estaba tranquila, incluso un poco feliz, antes de yo decir una palabra, ella se me adelanta y me dice que se tenía que ir a dormir y que no estuviese triste si no la veía más, que iba a descansar por fin, que fuese un buen niño y siempre le hiciera caso a mi abuela y que después de eso me convirtiera en un buen hombre.







Yo no sabía nada acerca de la muerte, por un momento pensé que simplemente quería decirme algo bonito antes de irse a dormir para despertar al día siguiente, pero nada de eso era normal, sentía que ella estaba despidiéndose como si se fuera a ir de viaje en su pijama, su perro que siempre fue enérgico estaba muy manso y mi abuela tenía sus ojos hinchados como si hubiese llorado.

Entonces simplemente decidí tomar la mano de la Señora Silvia, por primera vez para decirle que si lo haría, que sería un buen nieto y le haría siempre caso a mi abuela, que durmiera tranquila, que todo va a estar bien y adiós.

Ella sonríe un poco más y me dice que me cuide, alza su mirada y yo le suelto su mano, y poco a poco me voy alejando hasta la puerta donde estaba mi abuela, ella me acompaña afuera y me pide que vaya a mi cuarto tranquilo, que tenía que quedarse un poco más con la señora Silvia, yo le digo que está bien y regreso a ver televisión, sin tener toda la certeza de que había pasado.

Unas horas después escucho la puerta principal de la entrada de la casa abrirse, por lo tarde que era me asomo para ver quien había llegado y solo logro ver unas luces azules y rojas, prendiéndose y apagándose constantemente, en eso pasan unos señores que nunca había visto en mi vida con una camilla dirigiéndose al cuarto de la Señora Silvia, no vi como los paramédicos sacaban a la señora en la camilla, ya que mi abuela me pidió que no me asomara más y me fuera a dormir, a pesar de mi curiosidad, estaba muy cansado y tenía que ir al colegio el día siguiente, así que le hice caso y fui a descansar, pero la verdad, ese si fue el último día que vi a la Señora Silvia, ya que esa noche murió.

Fue una muerte de una en un millón si lo pienso, que dios te de esa oportunidad de despedirte no es algo común, por lo menos de esa forma, estando tan consciente y en paz contigo mismo, sin sufrimiento alguno y sin tubos o maquinas que te mantengan vivo. De algo puedo estar seguro la señora Silvia se fue con cierta felicidad, no conocí mucho de ella y su vida pasada, pero note en su rostro que estaba tranquila y si su momento había llegado pues lo aceptaba con gusto.

Aunque en ese instante no entendía nada de lo que pasaba, debido a mi corta edad, me dejó esta experiencia, ver a una persona morir poco a poco y poder despedirse agradecida con lo que la vida le obsequio, fue algo bonito aunque triste también, tal vez no sé con exactitud qué hizo la Señora Silvia en vida y nunca lo sabré, pero creo que más allá de palabras vacías o historias inventadas que pueden hacer creerte que una persona es feliz, la mejor manera para saberlo es sentirlo y eso se trasmite más que con palabras.



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