¡No comas eso o reducirá tu inteligencia!



Sabemos que hay alimentos que aumentan nuestros triglicéridos, el nivel de hierro, de calcio, que reducen nuestra cintura y nuestro colesterol cuando dejamos de consumirlos pero ¿alimentos que reducen nuestra inteligencia, es eso posible?

Claro que sí, pues estos alimentos interfieren con el correcto funcionamiento del cerebro, en específico la memoria y la inteligencia. Unos ejemplos de este tipo de alimentos son:


1. El azúcar. En artículos anteriores habíamos mencionado el daño que provoca el azúcar a todo el organismo. Pero en particular el azúcar es capaz de reducir la memoria, interferir con la capacidad de aprender y generar problemas neurológicos.

2. Comida Chatarra. De acuerdo a un estudio publicado por la Universidad de Montreal, la gran mayoría de los alimentos que entran dentro de esta categoría (hamburguesas, pizza, papas fritas y un largo etcétera) pueden alterar procesos químicos cerebrales, asociados con depresión y ansiedad. El estudio también afirma que los alimentos ricos en grasa pueden provocar abstinencia si se dejan de consumir pues su consumo afecta la producción de dopamina, así que no generan sensación de saciedad y siempre queremos más. La ausencia de dopamina provoca cambios en la función cognitiva, la capacidad de aprendizaje, el estado de alerta, la motivación y la memoria.

3. El alcohol. Su consumo a largo plazo puede provocar “niebla cerebral”, lo cual sugiere una sensación de confusión mental y afecta la capacidad de pensar con claridad y la memoria. Dentro de todo lo malo, lo bueno es que es reversible si se detiene el consumo de alcohol.

4. Frituras y alimentos procesados. Los alimentos que ya vienen fritos desde la planta donde fueron procesados son muy dañinos, pues destruyen lentamente las células del cerebro. Esto debido a que los aceites en donde fueron fritos son altamente inseguros ya que prácticamente todos los aceites que se usan para este fin a nivel industrial contienen colorantes, aditivos, conservadores y saborizantes artificiales que afectan el comportamiento y el funcionamiento cognitivo. Ello causa hiperactividad en niños y en adultos.

5. La sal. Si bien en entregas anteriores mencionamos los beneficios de consumir sal, cuando esta es consumida en exceso tanto la presión arterial como el corazón se ven afectados. Altas cantidades de sodio pueden afectar la función cognitiva y perjudicar la capacidad de pensar.

6. Los cereales. Existen cada vez más médicos, investigadores y nutriólogos dedicados a examinar el impacto de los granos en el organismo, específicamente en el cerebro. Doctores como William Davis y David Perlmutter han escrito libros que abordan la cuestión de manera extensa. Ellos afirman que consumir granos (excepto aquellos que contienen 100 por ciento grano entero) genera un envejecimiento prematuro, tiene un alto impacto en el cerebro y la salud en general. Afirman que también puede estar relacionado con la demencia y el Alzheimer
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7. Grasas Trans. Estas grasas alentan la calidad de la respuesta y los reflejos y si son consumidas durante mucho tiempo podrían provocar una especie de contracción cerebral (algo similar a la contracción provocada por el Alzheimer). Y como las grasas trans dañan las arterias, con lo cual se altera el flujo sanguíneo, se da una reducción del volumen cerebral.

8. Los edulcorantes artificiales. Muchos de nosotros empleamos edulcorantes para endulzar nuestras bebidas creyendo que son sanos. Nada más incorrecto. Debido a que su origen es químico y no natural, su uso prolongado puede provocar daño cerebral, ya que nuestro organismo no es capaz de procesarlo y lo almacena en el cuerpo. Cuando se consume en grandes cantidades puede llegar incluso a interferir con la capacidad cognitiva.

La realidad es que no es ninguna novedad para nadie que el consumo de cualquiera de los alimentos enlistados previamente es dañino, no solo para nuestro cerebro, sino para nuestro corazón, arterias, hígado y riñones, entre otros. Entonces, la próxima vez que quieras ir corriendo a comerte una hamburguesa, pregúntate si tu salud mental (y la física por añadidura) valen más que ese antojo pasajero.