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Obesidad y actividad fisica

OBESIDAD Y ACTIVIDAD FÍSICA


Se define a la Obesidad como una enfermedad crónica y recidivante, en la cual el peso corporal total se ve aumentado a expensas del aumento del tejido adiposo subcutáneo. En términos generales, un paciente es obeso cuando su peso corporal supera en más del 20% el esperado acorde a su talla, edad, contextura física y sexo. Se la considera una enfermedad crónica debido a que no es posible su cura definitiva; aquel obeso que descendió de peso no puede decir nunca que no los volverá a recuperar jamás. El término recidivante hace referencia a que es una enfermedad que siempre vuelve. Queda claro que ningún paciente obeso soluciona su problema definitivamente, a pesar de poder descender de peso y establecerse en el peso ideal o posible, siempre será potencialmente obeso. Esto se debe a que en un principio el excedente calórico, el cual se almacena en forma de lípidos en las células del tejido adiposo (adipositos), provoca un agrandamiento de la célula adiposa, denominado hipertrofia. Cuando la hipertrofia llega a un punto crítico, el adiposito se divide en dos células, proceso que lleva el nombre de hiperplasia, de modo tal que se encuentran nuevas células formando parte del tejido adiposo con capacidad de hipertrofiarse primero y dividirse después, produciendo un aumento gradual del tejido adiposo corporal total. Cuando el obeso desciende de peso, disminuye la hipertrofia de cada uno de los adipositos, pero en ningún momento el número de células existente disminuye, por lo cual, el tejido adiposo al poseer la misma cantidad de células con capacidad de hipertrofia, está ávido por llenarlas nuevamente de lípidos. Cuando el paciente transgrede el plan alimentario numerosos adipositos están listos para la hipertrofia, lo que produce una veloz recuperación del tejido adiposo antes perdido. Las causas fundamentales que influyen en el desarrollo de la obesidad son: El aumento del consumo de alimentos con un alto porcentaje calórico que conlleva a una ingesta total diaria que excede lo requerido por el organismo. El sedentarismo como estilo de vida. Factores predisponentes (genéticos). La distribución de la grasa es un punto que debe tenerse en cuenta, ya que no todos los tipos de obesidad acarrean el mismo riesgo cardiovascular. Según la distribución del tejido adiposo, algunas obesidades son de alto riesgo, mientras que otras no parecen ser tan peligrosas para las arterias. Obesidad androide o central Se la define como la que posee un exceso de adiposidad subcutánea en la región troncoabdominal. Es la obesidad que más riesgos a la salud acarrea, debido a que también se produce acumulación de tejido adiposo a nivel visceral. Es la obesidad característica del sexo masculino; esto se debe al tipo de hormonas, específicamente la testosterona, que posee el hombre. No obstante muchas mujeres poseen la distribución adiposa mencionada. Obesidad femoroglútea El exceso de tejido adiposo subcutáneo se localizada a nivel de caderas y muslos. Es la obesidad que menos riesgos a la salud acarrea, debido a que no hay compromiso visceral. Es simplemente una obesidad estética. Es característica en el sexo femenino por predominio de otras hormonas como el estrógeno. No obstante muchos hombres poseen la distribución adiposa mencionada. Al hablar de la clínica de la obesidad, es indiscutible la influencia que esta tiene sobre la salud y la expectativa de vida de un individuo. Los diferentes estudios realizados en este aspecto muestran claramente cómo la morbimortalidad es significativamente mayor en pacientes obesos que en personas con peso adecuado. En el paciente obeso el control de la ingesta calórica y la prescripción de actividad física son elementos fundamentales tanto en aspectos preventivos como terapéuticos. Para prevenir o revertir la obesidad se deben tomar en cuenta los hábitos y costumbres del pacientes; fundamentalmente, el tipo de alimentación que mantiene y la actividad física que realiza y con que frecuencia. A la hora de iniciar un plan de alimentación adecuado para el descenso de peso, es importante que el paciente entienda que ese plan debe ser administrado y controlado por un profesional de la salud idóneo en el tema como ser el Nutricionista. LaS dietas recomendadas por parientes, amigos, vecinos o que salen publicadas en las revistas de moda, no representan una solución confiable y saludable al problema. Los planes de alimentación que manejan los nutricionistas para el descenso de peso se denominan dietas hipocalóricas, esto quiere decir, que la ingesta diaria de alimentos será inferior a lo necesario por el organismo; esto obliga al cuerpo a quitar sustratos energéticos almacenados en el organismo para cubrir el déficit. Los lípidos almacenados en los adipositos constituyen uno de los sustratos utilizados por el cuerpo para producir energía, cuando el paciente se encuentra bajo un plan de alimentación hipocalórico. Pero la dieta hipocalórica también provocará una pérdida de masa magra, específicamente masa muscular. Para evitar una pérdida significativa, es importante realizar sistemáticamente una actividad física programada y controlada. El tipo de actividad física se administrará según el grado de sobrepeso y limitaciones musculoesqueléticas que padezca la persona. Si se habla de un exceso de peso moderado y sin ninguna limitación física de otro tipo, entonces se programará un entrenamiento en la sala de musculación destinado al desarrollo de la masa muscular y luego, al termino de este, un entrenamiento aeróbico de larga duración. Llevado a la práctica, se resume a un entrenamiento de hipertrofia en la sala de musculación y luego del mismo un mínimo de 30 minutos en la cinta o bicicleta. La frecuencia e intensidad de entrenamiento aumentará conforme el alumno se adapte; comenzará con una frecuencia de entrenamiento de 3 veces por semana para llevarla progresivamente a 5 días. El entrenamiento total diario provoca un gasto calórico extra, el cual deberá ser amortiguado por el organismo utilizando las reservas como fuente de energía. Específicamente el entrenamiento de hipertrofia provoca una utilización de los lípidos provenientes del tejido adiposo como fuente de energía cuando la persona se encuentra en reposo. El trabajo aeróbico de baja intensidad y larga duración, como es el caso de una caminata en la cinta o andar en bicicleta, provoca un gasto de energía proveniente de la utilización de lípidos durante la realización del trabajo.
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