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Para disfrutar el verano...



Enfermos de verano





El calor y el mayor contacto con el aire libre son el caldo de cultivo perfecto para el desarrollo de distintas patologías, tales como diarreas, alergias e insolaciones.


Además de descanso y diversión, el verano también es sinónimo de enfermedades.

Las altas temperaturas, el desborde de comida y alcohol que comienza en las fiestas y muchas veces se extiende durante semanas, la exposición al sol y el contacto permanente con la naturaleza generan patologías tan frecuentes como subestimadas y complejas.


Gastroenterocolitis, insolaciones y alergias son algunos de los males característicos estos meses calientes.
Tanto, que los expertos aseguran que la incidencia de cada uno se duplica con respecto al invierno.




Es fundamental tomar consciencia sobre los daños que se pueden ocasionar, así como la manera de prevenirlos y curarlos.

Aquí, algunos consejos para disfrutar el verano sin contratiempos.



Cuidar la panza.


Una de las patologías estivales más comunes es la gastroenterocolitis, una infección digestiva que puede ser de origen viral, bacterial, tóxico o parasitario.
El 90% de los casos responde a causa viral y se manifiesta con vómitos, diarreas, malestar físico y a veces fiebre. El tratamiento no debe incluir medicación porque se trata de un patología banal que retrocede espontáneamente en cuatro o cinco días. Si se recurre a los fármacos para calmar los cólicos abdominales se puede tapar el cuadro digestivo, y a la larga es peor.Lo ideal es realizar una dieta en base a verduras y frutas cocidas, no ingerir dulces ni fritos y hacer reposo.







Otra de las gastroenterocolitis más frecuentes en verano son las de origen tóxico, ocasionadas por alimentos contaminados.

De ahí que se exhorte a tener especial cuidado a la hora de comprar comida, sobre todo cuando ya está preparada, como los sandwiches y las tartas con crema. Ahí la prevención radica en uno, en escoger lugares que trabajen en buenas condiciones.

Los alimentos que no están bien refrigerados también son una fuente de problemas. El ejemplo más común: cuando se pasa el día en la playa, y se almuerza comida que se llevó a la mañana o al salir de camping con viandas incluidas.
Con el calor, los alimentos se descomponen mucho más rápido, y por eso hay que mantenerlos siempre en la heladera, al tiempo que si se está vacacionando en un lugar donde no hay agua potable, hay que hervirla.


De todos modos, para prevenir cualquier gastroenterocolitis se deben considerar las diferentes edades. Los chicos menores de un año tienen que ser amamantados sí o sí por la madre, no sólo porque la leche de ella es seguro que no está contaminada, sino también porque contiene defensas contra los distintos gérmenes que provocan diarrea.

Un consejo para niños y adultos es lavarse siempre las manos antes de cocinar o comer. Y nunca meterse al agua inmediatamente después de una comida, recomendación que muchas veces se subestima y hasta se tilda de mito. Hay que esperar dos horas por lo menos. De lo contrario, se interrumpe el proceso digestivo y se pueden contraer calambres, dolores de estómago y cólicos intestinales.






Bichos y mucho sol.


Picaduras y alergias son otros grandes enemigos en verano. Los motivos son claros: hay mayor contacto con los ambientes naturales.





Al estar a la intemperie el cuerpo está más expuesto al roce con insectos como los tábanos, avispas o abejas. Y a veces una sola picadura alcanza para hacer una reacción alérgica- Siempre hay que llevar repelentes e insecticidas no tóxicos.

Una de las consultas estivales más frecuentes se debe a la piodermitis, una infección cutánea que se produce cuando un insecto pica en la piel y la persona se rasca mucho luego.
Esto hace que entren gérmenes y se infecte la herida, a la vez que especifica que el mal suele aparecer más en los niños. Los padres deben estar atentos al comportamiento de su pequeño, y ante la primera evidencia de la picazón, consultar al médico.






Siguiendo con la piel, el sol también deja sus huellas, con la presencia de insolaciones, quemaduras (las más frecuentes) y golpes de calor. Este último es el mal más suave y se caracteriza por el enrojecimiento de la piel, dolores de cabeza y dificultad para respirar.




La insolación, en cambio, produce cefaleas más intensas, fiebre de 40 grados y se puede llegar a perder el conocimiento.




Respecto a las quemaduras, las más comunes son las de primer grado (la piel enrojece, arde, y a los pocos días se descama). Las de segundo grado presentan los mismos síntomas, con la diferencia que aparecen ampollas.

La prevención para todos estos daños es la misma: no exponerse al sol entre las 10 y 16 horas, y siempre, aunque sea en el horario en el que sí está permitido asolearse, hay que aplicarse protector solar, como mínimo factor 30.





Si bien los dermatólogos coinciden en que los recaudos son más que buenos, también consideran que el tema de los horarios en los que se puede o no ir a la playa ha quedado obsoleto. Hoy tenemos temperaturas más altas que años atrás y habría que darle mayor trascendencia a la cantidad de radiación que producen los rayos ultravioletas. Hay veces, por ejemplo, que son las cinco, seis de la tarde y la radiación es muy alta.




Algo importante: no se trata de ser alarmista.
La idea no es dejar de comer cosas ricas, ir a la playa o acampar.
Sólo es cuestión de cuidarse más. En definitiva, la salud y la diversión van de la mano. ¿ O no?







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