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Taxi Driver y el sindrome de la soledad urbana



“La soledad me ha perseguido siempre. A todas partes. En los bares y en los autos, calles, tiendas… en todas partes. No hay escapatoria. Soy el hombre solitario de Dios”.


La soledad urbana es comparable a dar un paseo con 7000 millones de personas que caminan sin compañía.

Con ‘Memorias del subsuelo’, la obra maestra escrita por Fiódor Dostoyevski en 1864, y ‘Falso culpable’ (‘The Wrong Man’, Hitchcock, 1956) como referentes máximos literarios y fílmicos (aunque Scorsese y Schrader a menudo citan otras fuentes de inspiración diversas) esta película podría ser, fácilmente, uno de los retratos de sonambulismo más espeluznantes de la entera historia del cine, que ha conocido muchos títulos célebres sobre la eterna ciudad nocturna, pero muy pocos que alcancen a esta en oscurantismo, desesperanza y existencialismo. Un existencialismo feroz que envuelve la trágica y siniestra figura de Travis Bickle como un halo de malditismo, convirtiéndole en uno de los personajes scorsesianos más proverbiales, porque encarna como ningún otro la obsesión y la violencia tan propias del cineasta. No queremos seguirle, porque sabemos que todo acabará muy mal, pero no podemos despegar los ojos de la pantalla.



Taxi Driver es una crónica perfecta de los Estados Unidos luego de la guerra de Vietnam, así como una severa crítica a la violencia, corrupción y degenere social resultantes de este conflicto bélico.
Con fundamento en un punto de vista freudiano, la sociedad está sumergida en una catástrofe cultural que es contradictoria, ya que en este caso la cultura de la época, en esa ciudad en específico, es todo lo contrario a lo que Freud refiere como cultura, es decir la represión del deseo vital.




Nadie pronuncia su nombre, ninguno exterioriza su interés por el otro, la sociedad está en un perpetuo aislamiento, hay miles de personas y nadie habla entre sí. Las personas que mantienen una relación de algún tipo con otra es porque son similares o bien comparten ciertas similitudes con aquel que pudiese ser similar a él, no obstante no se mezclan las clases, raramente se mezclan las razas. Todo es hermético.



Juzgando desde un punto de vista ético, la sociedad es una bola de estiércol que algún escarabajo mantiene en constante movimiento y, si el escarabajo se mueve el producto fecal será cada vez más grande. Es más o menos la idea que nos siembra Travis Bickle, un hombre anti-social, con serios problemas existenciales, trastornado por un pasado atormentador y perturbado por un presente de perdición, el hombre grita en silencio por un cambio. La ciudad está infestada por un virus, el virus de la humanidad. Travis desea erradicar este virus ya que la ciudad no posee un sistema inmunológico eficiente para hacerlo por sí. Es inapropiado decir que posea uno, pero creo que lo hay y somos nosotros mismos.



Como individuo tiene poco contacto con la gente, pero observa la violencia y desolación en la que se hunde la ciudad de Nueva York. Travis anota en su diario todas sus impresiones, hasta que un día decide pasar a la acción, a hacer, a cometer algún acto que lo haga sentirse desahogado, que lo haga salir a flote del mar de penumbra y penas que lo atribula. Decide hacer lo que muchas personas en la sociedad hacemos: tratar de ser alguien, en casos más lamentables tratar de ser algo. El poco desarrollo social hace que Travis se enclaustre en la percepción de un mundo cuya percepción es difusa por diversos factores, por eso conserva su trabajo, por eso escribe lo que vive, por eso trabaja de noche, mediante el ocio llega a la producción porque solo con la producción él puede ser consciente.



Disgustado por la delincuencia, la prostitución y demás vestigios de maldad y destrucción de la que es testigo, Travis encuentra una válvula de escape para su frustración y comienza un programa de entrenamiento físico intenso. Él quiere sobresalir y encuentra en ese cóctel de polucion un objetivo existencial para su vida, el cual lo llena de pasión, ímpetu, firmeza y arrogancia, una mezcla que desprende esa típica actitud de ansias de poder, orgullo, desinterés por el prójimo que sentimos en ocasiones.



Es posible que a veces nos invada la paranoia, o un estado de ofuscación ocasionado por la pérdida de lo único puro que tal vez podríamos haber encontrado u obtenido en la vida -llámese como se llame-, cuando esto pasa nos empapamos de un mundo de fantasía donde la limpieza psicológica radica en lo que causa ese estado. Común es el caso de la exteriorización de la furia como un factor de apatía social, es decir, muchas veces el racismo es una causa de esa misma furia, de ese deseo que nos lleva a insultar a alguien que es distinto a nosotros por el simple hecho de ser diferente o porque es un vil y vulgar desagüe de residuos sin más. Todos podemos ser héroes o villanos.



¿Qué es lo que marca la diferencia entre el heroísmo y la villanía? ¿Qué es un héroe o un villano y qué hay de los antihéroes?
En las consecuencias de la violencia, la distinción entre el héroe y el villano es a veces una cuestión de interpretación o una mala interpretación de los hechos.
Scorsese alcanza la perfección técnica absoluta en la planificación y el montaje, y la maestría total en el ritmo, el tono y el punto de vista de la historia. Nueva York como una ciudad inhóspita, gélida y llena de peligros, que a través del punto de vista (cada vez más demente) de Travis, se convierte en un infierno que él, ángel exterminador, debe purgar.


"¿Me estas hablando a mí?”

En ocasiones la sociedad está tan trastornada que no percibe la diferencia entre bien y mal, como cuando Travis se convierte en un héroe popular a costa del asesinato de unas personas. Cabe destacar que estas personas eran la fuente de la ira y del disgusto del protagonista ya que ellos eran una de las fuentes de la infección urbana.



Al final Travis sigue solo, conservando el mismo objeto de deseo, persiste en la ciudad la soledad urbana como un síndrome, como un concurso de signos o síntomas que representan el caos y la desorientación de la sociedad que va en declive. Todo depende de la visión y la perspectiva, al final nadie está bien o tal vez todos estamos mal.







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